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EPISODE · Jun 26, 2023 · 15 MIN

Philips, el gigante electrónico que ya no fabrica bombillas

from Historias de la economía · host elEconomista

En los rincones industriales de Eindhoven, una pequeñísima ciudad holandesa, que en los inicios del siglo XIX superaba por poco los 2.000 habitantes, se gestó la historia de una empresa que desafió los límites de la innovación y acabó conquistando el mundo. En sus más de 130 años de vida, la compañía, que empezó fabricando bombillas, ha liderado avances en campos tan diversos como la iluminación, la electrónica de consumo o la atención médica.Todo surge de la cabeza de Gerard Philips, nacido en la ciudad holandesa de Zaltbommel en 1858. Tras graduarse como ingeniero mecánico, se va a trabajar a los astilleros de Glasgow. Es en la ciudad escocesa donde despierta su interés por la bombilla eléctrica, que allí ya se utilizaban a gran escala para iluminar barcos, fábricas, tiendas... incluso cuenta con alumbrado público por las calles. Tal es su pasión que compagina su empleo con los estudios nocturnos sobre luz eléctrica y transmisión de energía.Alumno destacado, deja Escocia para irse a trabajar a Londres y Berlín, adquiriendo experiencia en la producción, la instalación, la gestión empresarial y el comercio internacional. Conoce a Emil Rathenau, fundador de AEG, la compañía que contaba con la licencia de las patentes de Thomas Alva Edison en Alemania, que le pide que represente a su compañía.Es entre 1890 y 1891 cuando sienta los cimientos científicos de sus bombillas, y cuando llega a la conclusión de que su futuro no está ni en el comercio ni en la instalación, sino en la fabricación.En 1891, cuando tiene la suficiente confianza en el producto que quiere producir, compra una antigua factoría en Eindhoven, donde va a comenzar a fabricar sus bombillas de filamento de carbono. Sin suficiente dinero, recurre a su padre, Frederik Philips, banquero (además de primo de Karl Marx, pero esa es otra historia). Él se encarga de financiar el proyecto, convirtiéndose en socio fundador.Los primeros años son muy complicados, con un sector, el de las bombillas, con fuerte competencia, controlado por las compañías alemanas, y en el que los precios están cayendo.En 1895, con la compañía al borde de la bancarrota, llega a la empresa Anton Philips, hermano menor de Gerard, mucho más joven, que se incorpora como representante comercial. Autodidacta en ese campo, sus aportaciones son clave para el éxito de la compañía. Comienza a viajar por Países Bajos, Bélgica y el oeste de Alemania, cerrando numerosos contratos.Gracias a esos ingresos, la compañía progresa rápidamente, desarrollando mejores bombillas, y sobre todo más duraderas, que eran la clave del éxito en aquel momento. Avanza tan rápido que logra competir con las principales empresas europeas del sector: las alemanas AEG y Siemens. En 1898, viaja a Rusia, donde cierra un acuerdo clave con el mismísimo Zar: un contrato de 50.000 bombillas para iluminar el Palacio de Invierno de San Petersburgo. Suponía la mitad de la producción de Philips. Un año después, se convierte en copropietario de la empresa.

En los rincones industriales de Eindhoven, una pequeñísima ciudad holandesa, que en los inicios del siglo XIX superaba por poco los 2.000 habitantes, se gestó la historia de una empresa que desafió los límites de la innovación y acabó conquistando el mundo. En sus más de 130 años de vida, la compañía, que empezó fabricando bombillas, ha liderado avances en campos tan diversos como la iluminación, la electrónica de consumo o la atención médica.Todo surge de la cabeza de Gerard Philips, nacido en la ciudad holandesa de Zaltbommel en 1858. Tras graduarse como ingeniero mecánico, se va a trabajar a los astilleros de Glasgow. Es en la ciudad escocesa donde despierta su interés por la bombilla eléctrica, que allí ya se utilizaban a gran escala para iluminar barcos, fábricas, tiendas... incluso cuenta con alumbrado público por las calles. Tal es su pasión que compagina su empleo con los estudios nocturnos sobre luz eléctrica y transmisión de energía.Alumno destacado, deja Escocia para irse a trabajar a Londres y Berlín, adquiriendo experiencia en la producción, la instalación, la gestión empresarial y el comercio internacional. Conoce a Emil Rathenau, fundador de AEG, la compañía que contaba con la licencia de las patentes de Thomas Alva Edison en Alemania, que le pide que represente a su compañía.Es entre 1890 y 1891 cuando sienta los cimientos científicos de sus bombillas, y cuando llega a la conclusión de que su futuro no está ni en el comercio ni en la instalación, sino en la fabricación.En 1891, cuando tiene la suficiente confianza en el producto que quiere producir, compra una antigua factoría en Eindhoven, donde va a comenzar a fabricar sus bombillas de filamento de carbono. Sin suficiente dinero, recurre a su padre, Frederik Philips, banquero (además de primo de Karl Marx, pero esa es otra historia). Él se encarga de financiar el proyecto, convirtiéndose en socio fundador.Los primeros años son muy complicados, con un sector, el de las bombillas, con fuerte competencia, controlado por las compañías alemanas, y en el que los precios están cayendo.En 1895, con la compañía al borde de la bancarrota, llega a la empresa Anton Philips, hermano menor de Gerard, mucho más joven, que se incorpora como representante comercial. Autodidacta en ese campo, sus aportaciones son clave para el éxito de la compañía. Comienza a viajar por Países Bajos, Bélgica y el oeste de Alemania, cerrando numerosos contratos.Gracias a esos ingresos, la compañía progresa rápidamente, desarrollando mejores bombillas, y sobre todo más duraderas, que eran la clave del éxito en aquel momento. Avanza tan rápido que logra competir con las principales empresas europeas del sector: las alemanas AEG y Siemens. En 1898, viaja a Rusia, donde cierra un acuerdo clave con el mismísimo Zar: un contrato de 50.000 bombillas para iluminar el Palacio de Invierno de San Petersburgo. Suponía la mitad de la producción de Philips. Un año después, se convierte en copropietario de la empresa.

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