Reflexión martes 6 de agosto de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango. episode artwork

EPISODE · Aug 6, 2024 · 8 MIN

Reflexión martes 6 de agosto de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

from Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. · host Padre Juan Diego Ruiz Arango.

Primera lectura Dn 7,9-10.13-14 Su vestidura era blanca como la nieve. Lectura de la profecía de Daniel EN una visión nocturna vi que colocaban unos tronos y que un Anciano tomó asiento. Su vestidura era blanca como la nieve, su cabellera como lana purísima; su trono era de llamas ardientes con ruedas de fuego encendido; y un río de fuego brotaba delante de él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Y comenzó el juicio y se abrieron los libros. Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo la figura de un hombre, que se acercó al Anciano, y lo presentaron ante él. Y recibió el poder y el honor y la dignidad real, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran. Su poder es eterno, no se acaba jamás, y él no dejará nunca de ser rey. Palabra de Dios. Salmo Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 (R.: 1a y 9a) R. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. V. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R. V. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R. V. Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. R. Segunda lectura 2P 1,16-19 Esa voz venida del cielo la escuchamos nosotros Lectura de la Segunda Carta del apóstol San Pedro QUERIDOS hermanos: Lo que les hemos dicho del poder que se manifestará en la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, no se basa en mitos ni en ficción, pues vimos personalmente al Señor en toda su grandeza. Lo vimos revestido de honor y de gloria cuando Dios Padre, desde lo alto del cielo, dijo de él: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia.» Esa voz venida del cielo la escuchamos nosotros cuando estuvimos con él en la montaña santa. Y así hemos visto cumplirse en él la palabra de los profetas. Préstenle, pues, toda atención, porque esa palabra es como lámpara que brilla en la oscuridad, hasta que despunte el día y nazca el lucero matinal en su corazón. Palabra de Dios. Aclamación R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia. Escúchenlo. R. Evangelio Mc 9, 2-10 Éste es mi Hijo amado Lectura del santo Evangelio según san Marcos EN aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: —«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: —«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Palabra del Señor.

Primera lectura Dn 7,9-10.13-14 Su vestidura era blanca como la nieve. Lectura de la profecía de Daniel EN una visión nocturna vi que colocaban unos tronos y que un Anciano tomó asiento. Su vestidura era blanca como la nieve, su cabellera como lana purísima; su trono era de llamas ardientes con ruedas de fuego encendido; y un río de fuego brotaba delante de él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Y comenzó el juicio y se abrieron los libros. Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo la figura de un hombre, que se acercó al Anciano, y lo presentaron ante él. Y recibió el poder y el honor y la dignidad real, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran. Su poder es eterno, no se acaba jamás, y él no dejará nunca de ser rey. Palabra de Dios. Salmo Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 (R.: 1a y 9a) R. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. V. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R. V. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R. V. Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. R. Segunda lectura 2P 1,16-19 Esa voz venida del cielo la escuchamos nosotros Lectura de la Segunda Carta del apóstol San Pedro QUERIDOS hermanos: Lo que les hemos dicho del poder que se manifestará en la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, no se basa en mitos ni en ficción, pues vimos personalmente al Señor en toda su grandeza. Lo vimos revestido de honor y de gloria cuando Dios Padre, desde lo alto del cielo, dijo de él: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia.» Esa voz venida del cielo la escuchamos nosotros cuando estuvimos con él en la montaña santa. Y así hemos visto cumplirse en él la palabra de los profetas. Préstenle, pues, toda atención, porque esa palabra es como lámpara que brilla en la oscuridad, hasta que despunte el día y nazca el lucero matinal en su corazón. Palabra de Dios. Aclamación R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia. Escúchenlo. R. Evangelio Mc 9, 2-10 Éste es mi Hijo amado Lectura del santo Evangelio según san Marcos EN aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: —«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: —«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Palabra del Señor.

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