EPISODE · May 9, 2026 · 1H
Si la orden es jugar, la respuesta es hacer trampas. Con Javier Pérez Barricarte
from Pol&Pop
Por culpa de pensarlo, se cae en la cuenta de que una de las actividades más divertidas que existe no es sino completar otra de las más aburridas: seguir normas. En el último Pol&Pop hablamos sobre jugar con Javier Pérez Barricarte, sobre su libro, “El placer de la domesticación. De la gimnasia al videojuego” (Renacimiento, 2026). Parte del interés por esta actividad es que se ha situado del lado de lo banal, de lo que no es serio ni profesional -las excusas más habituales para instarnos a hacer lo insoportable-, lo que incrementa la importancia de estas formas humanas de repetir con pequeñas variaciones bajo distintos conjuntos de normas. Una actividad clave en la socialización de los nuevos sujetos y en la subjetivación de los adultos. O ¿acaso no es un reclamo de la cultura del gimnasio que éste forja tanto más un carácter que un cuerpo? El juego moldea las etapas de una vida: los niños a los muñecos, los adolescentes al Tiktok, quienes se resisten a la vida adulta al Instagram y sus mayores al Facebook. El juego moldea la realidad: el Kriegsspiel prusiano convirtió la guerra en un tablero en el que no tenían cabida el cansancio, el hambre o las vísceras, sino que se podía aprender como un espacio racional de planificación, igual que el shooter en primera persona anticipó el dron de combate. El juego -los nuevos, las variaciones y gustos de los viejos- repasan las líneas de la jerarquía social cuando el empuje de los de abajo amenaza con borrarlas. Toda apelación al fair play y al espíritu olímpico han sido expresiones de políticas del tono con pantalones cortos por oleadas contra obreros, personas no blancas, mujeres y transexuales. En el mundo digital, el neoliberalismo ha querido introducir dentro del videojuego una variación del no hay alternativa. La interactividad ha escondido a menudo una acción aún más encerrada por el software que el juego de mesa o al aire libre y ha incorporado hasta tal punto la idea de trabajo después del trabajo, que cuando el diablo nos ha querido instarnos a hacer cosas indeseables, lo ha plagado de píxeles y lo ha llamado ludificación. Y sin embargo seguimos jugando. Lo que constituye el juego es un deseo que quiere tocar tierra en ese campo normativizado, pero al mismo tiempo no puede dejar de tensar sus costuras, desafiar lo instituido, buscarle los límites, hacerle trampas, migrar y fundar nuevos juegos cuando todo estaba decidido. Suponemos que les suena esa actitud.
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Si la orden es jugar, la respuesta es hacer trampas. Con Javier Pérez Barricarte
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