Audiolibro Juego de tronos (Voz Humana) HQ

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Audiolibro Juego de tronos (Voz Humana) HQ

Juego de tronos es una novela de fantasía escrita por el autor estadounidense George R. R. Martin en 1996.La novela se caracteriza por el uso de numerosos personajes bien detallados, la contraposición de puntos de vista de los múltiples protagonistas, su trama con giros inesperados y el uso sutil de los aspectos mágicos tan comunes en otras obras de fantasía.Este es un espacio dedicado a las personas como yo,que nuestros ojos ya no nos permiten leer,a los invidentes y a personas con baja visión.Todo mi trabajo está realizado de manera altruista y no busco ninguna compensación,solo la satisfacción de saber que ayudo a otras personas.Un gran abrazo a tod@s.

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    Daenerys de la Tormenta,la madre Dragón (FIN)

    La tierra era rojiza, reseca, muerta, y costaba mucho encontrar madera buena. Los forrajeadores regresaron con tan sólo álamos pequeños y retorcidos, arbustos y gavillas de hierba parda. Cogieron los dos árboles más rectos, les cortaron las ramas, les quitaron la corteza, los abrieron en dos a lo largo, y dispusieron los troncos en forma de cuadrado. Rellenaron la parte central de paja, maleza, restos de corteza y hatos de hierba seca. Rakharo eligió un semental de los pocos que les habían quedado. No era ni mucho menos como el de Khal Drogo, pero en realidad pocos caballos estaban a su altura. Aggo lo llevó al centro del cuadrado, le dio de comer una manzana arrugada y lo mató en un momento, con un golpe de hacha entre los ojos. Mirri Maz Duur, atada de pies y manos, observó los preparativos con los ojos negros intranquilos. —No basta con matar un caballo —dijo a Dany—. La sangre sola no vale de nada. No conoces las palabras del hechizo, ni tienes el talento necesario para averiguarlas. ¿Crees que la magia de sangre es un juego de niños? Me llamáis «maegi» como si fuera una maldición, pero en realidad significa «sabia». Eres una chiquilla, con la ignorancia de una chiquilla. No importa qué intentes, no te saldrá. Quítame estas cuerdas y te ayudaré.

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    Juego de tronos. Capítulo 1:BRAN (Edición especial) HQ

    Hace más de un año que monté este primer episodio de Juego de tronos y aunque solo en Ivoox lleva más de 14.000 descargas nunca quedé muy convencido del resultado final.Hoy 15 meses después lo he vueto a editar de nuevo.Espero os guste.Un Saludo. El día había amanecido fresco y despejado, con un frío vivificante que señalaba el final del verano. Se pu sieron en marcha con la aurora para ver la decapitación de un hombre. Eran veinte en total, y Bran cabalgaba entre ellos, nervioso y emocionado. Era la primera vez que lo consideraban suficientemente mayor para acompañar a su padre y a sus hermanos a presenciar la justicia del rey. Corría el noveno año de verano, y el séptimo de la vida de Bran. Habían sacado al hombre de un pequeño fortín de las colinas. Robb creía que se trataba de un salvaje, que había puesto su espada al servicio de Mance Rayder, el Rey-más-allá-del-Muro. A Bran se le ponía la carne de gallina sólo con pensarlo. Recordaba muy bien las historias que la Vieja Tata les había contado junto a la chimenea. Los salvajes eran crueles, les decía, esclavistas, asesinos y ladrones. Se apareaban con gigantes y con espíritus malignos, se llevaban a los niños de las cunas en mitad de la noche y bebían sangre en cuernos pulidos. Y sus mujeres yacían con los Otros durante la Larga Noche, para dar a luz espantosos hijos medio humanos. Pero el hombre que vieron atado de pies y manos al muro del fortín, esperando la justicia del rey, era viejo y huesudo, poco más alto que Robb. Había perdido en alguna helada las dos orejas y un dedo, y vestía todo de negro, como un hermano de la Guardia de la Noche, aunque las pieles que llevaba estaban sucias y hechas jirones.

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    Juego de tronos.Capítulo Extra."Prólogo"

    —Deberíamos volver ya —instó Gared mientras los bosques se tornaban más y más oscuros a su alrededor—. Los salvajes están muertos. —¿Te dan miedo los muertos? —preguntó Ser Waymar Royce, insinuando apenas una sonrisa. —Los muertos están muertos —contestó Gared. No había mordido el anzuelo. Era un anciano de más de cincuenta años, y había visto ir y venir a muchos jóvenes señores—. No tenemos nada que tratar con ellos. —¿Y de veras están muertos? —preguntó Royce delicadamente—. ¿Qué prueba tenemos? —Will los vio —respondió Gared—. Si él dice que están muertos, no necesito más pruebas. —Mi madre me dijo que los muertos no cantan canciones —intervino Will. Sabía que lo iban a meter en la disputa tarde o temprano. Le habría gustado que fuera más tarde que temprano. —Mi ama de cría me dijo lo mismo, Will —replicó Royce—. Nunca creas nada de lo que te diga una mujer cuando estás junto a su teta. Hasta de los muertos se pueden aprender cosas. —Su voz resonó demasiado alta en el anochecer del bosque. —Tenemos un largo camino por delante —señaló Gared—. Ocho días, hasta puede que nueve. Y se está haciendo de noche. —Como todos los días alrededor de esta hora —dijo Ser Waymar Royce después de echar una mirada indiferente al cielo—. ¿La oscuridad te atemoriza, Gared? Will percibió la tensión en torno a la boca de Gared y la ira apenas contenida en los ojos, bajo la gruesa capucha negra de la capa. Gared llevaba cuarenta años en la Guardia de la Noche, buena parte de su infancia y toda su vida de adulto, y no estaba acostumbrado a que se burlaran de él. Pero eso no era todo. Will presentía algo más en el anciano aparte del orgullo herido. Casi se palpaba en él una tensión demasiado parecida al miedo.

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    Juego de tronos.Capítulo 32.El Rey en el Norte

    Catelyn Stark tenía la sensación de que habían pasado mil años desde el día en que salió de Aguasdulces con su hijo recién nacido en brazos, y cruzó el Piedra Caída en un bote para iniciar el viaje al norte, hacia Invernalia. Y en aquel momento cruzaban de nuevo el Piedra Caída, para volver a casa, sólo que el niño llevaba armadura y cota de mallas, en vez de pañales. Robb iba sentado en el bote con Viento Gris, tenía la mano apoyada sobre la cabeza del lobo huargo, mientras los hombres remaban. Theon Greyjoy lo acompañaba. Su tío Brynden los seguiría en un segundo bote, con el Gran Jon y Lord Karstark. Catelyn ocupó un lugar a popa. Descendieron por el Piedra Caída, dejando que la corriente los arrastrara más allá de la Torre del Azud. El chapoteo y el ruido de la gran rueda de aspas del interior era uno de los sonidos de su infancia, y Catelyn sonrió con tristeza. Arriba, en las murallas del castillo, los soldados y los criados gritaban su nombre, el de Robb, y también «¡Invernalia!». En todos los baluartes ondeaba el estandarte de los Tully, una trucha saltando, de plata, sobre ondas de agua azur y gules. Era un espectáculo emocionante, pero no le levantó el ánimo. Se preguntaba si alguna vez volvería a sentir alegría. «Oh, Ned...» Más allá de la Torre del Azud, describieron una curva amplia y cortaron las aguas agitadas. Los hombres tuvieron que esforzarse más. Pronto divisaron el amplio arco de la Puerta del Agua, Catelyn oyó el crujido de las gruesas cadenas cuando alzaron el gran rastrillo de hierro. Se fue elevando poco a poco a medida que se acercaban, y vio que la parte baja estaba roja de óxido. El trozo inferior goteó lodo marrón sobre ellos cuando pasaron por debajo, con las púas a pocos centímetros de sus cabezas. Catelyn observó los barrotes, y se preguntó hasta qué punto estaría oxidado el rastrillo, si resistiría una embestida, si no deberían sustituirlo... En los últimos tiempos siempre pensaba en cosas así.

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    Juego de tronos.Capítulo 31.El fin de Khal Drogo

    Tras la batalla, Dany cabalgó a lomos de la plata por los campos cubiertos de cadáveres. Tras ella iban sus doncellas y los hombres de su khas, sonriendo y bromeando entre ellos. Los cascos de los caballos dothrakis habían desgarrado la tierra y pisoteado el centeno y las lentejas, mientras que los arakhs y las flechas habían sembrado una cosecha nueva y terrible, y la habían regado con sangre. Los caballos moribundos alzaron las cabezas y relincharon a su paso. Los hombres heridos gemían y rezaban. Los jaqqa rhan se movían entre ellos: eran los hombres misericordiosos, con pesadas hachas, que cortaban las cabezas a muertos y moribundos por igual. Tras ellos iba una bandada de niñitas, que arrancaban las flechas de los cadáveres y las ponían en sus cestas. Y, por último, iba la manada de perros salvajes, flacos y hambrientos, que seguía siempre de cerca al khalasar. Las ovejas eran las que llevaban más tiempo muertas. Eran miles, estaban acribilladas a flechazos y se veían negras por las moscas que las cubrían. Dany sabía que aquello era obra de los jinetes de Khal Ogo. Ningún hombre del khalasar de Drogo era tan estúpido para malgastar las flechas con ovejas, pudiendo emplearlas contra los pastores. La ciudad estaba en llamas, las columnas de humo negro se alzaban hacia un cielo azul inmaculado. Bajo los muros destrozados de barro seco, los jinetes galopaban de un lado a otro, haciendo restallar látigos largos mientras sacaban a los supervivientes de entre las ruinas humeantes. Pese a la derrota y a las ligaduras, las mujeres y niños del khalasar de Ogo caminaban con orgullo hosco; se habían convertido en esclavos, pero no parecían tener miedo. En cambio los habitantes de la ciudad eran diferentes. Dany los compadecía, recordaba bien cómo era sentir terror. Las mujeres caminaban a trompicones, con rostros vacíos e inexpresivos, llevando de la mano a sus hijos sollozantes. Sólo había unos pocos hombres: tullidos, cobardes y ancianos.

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    Juego de tronos.Capítulo 30.Traidor

    Las paredes de la sala del trono estaban desnudas, los tapices con escenas de caza que tanto gustaban al rey Robert se encontraban amontonados de cualquier manera en un rincón. Ser Mandon Moore fue a ocupar su lugar bajo el trono, junto a dos de sus camaradas de la Guardia Real. Sansa se quedó junto a la puerta, sin que nadie la vigilara, por primera vez. Como recompensa por su buen comportamiento, la reina le había dado libertad para recorrer el castillo, pero siempre con escolta. Decía que era «una guardia de honor para mi futura hija», pero para Sansa no era ningún honor. «Libertad para recorrer el castillo» quería decir que podía ir adonde quisiera dentro de la Fortaleza Roja, siempre que prometiera no salir fuera de sus muros; fue una promesa que Sansa hizo de buena gana. Además, tampoco habría podido aventurarse más allá. Las puertas estaban vigiladas día y noche por los capas doradas de Janos Slynt, y siempre había cerca un guardia de la Casa Lannister. Y aunque pudiera abandonar el castillo, ¿adónde iría? Tenía suficiente con pasear por el patio, recoger flores en el jardín de Myrcella y visitar el sept para rezar por su padre. A veces rezaba también en el bosque de dioses, ya que los Stark veneraban a las antiguas deidades. Era la primera sesión de corte del reinado de Joffrey, de manera que Sansa miró a su alrededor muy nerviosa. Bajo las ventanas que daban al oeste había una hilera de guardias de la Casa Lannister, y bajo las del este otros tantos Guardias de la Ciudad, con sus capas doradas. No vio ningún plebeyo, pero sí un grupo de señores, unos importantes y otros no tanto, que parecían muy inquietos. No había más de veinte personas, cuando en las sesiones del rey Robert esperaban unas cien.

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    Juego de tronos.Capítulo 29.Guerra de Tronos

    Cuando hubo obtenido placer, Khal Drogo se levantó de las mantas de dormir, imponente como un torreón. La luz rojiza de los braseros le arrancaba destellos de la piel oscura como el bronce, y destacaba las líneas tenues de antiguas cicatrices en el pecho amplio. El pelo suelto, negro como la tinta, le caía sobre los hombros y por la espalda, más allá de la cintura. Su miembro tenía un brillo húmedo. El khal tenía los labios fruncidos bajo los largos bigotes. —El semental que monta el mundo no necesita sillas de hierro. Dany se incorporó sobre un codo para mirarlo, tan alto, tan magnífico. Lo que más le gustaba era su cabello. Nunca se lo había cortado, porque no conocía la derrota. —La profecía dice que el semental cabalgará hasta los confines de la tierra —dijo. —La tierra termina en el mar de sal negra —replicó Drogo al instante. Mojó un paño en un barreño de agua tibia para limpiarse el sudor y el aceite de la piel—. Caballo no puede cruzar agua envenenada. —En las Ciudades Libres hay miles de barcos —le dijo Dany, como tantas veces antes—. Caballos de madera con cien patas, que vuelan sobre el mar con alas llenas de viento. —No hablaremos más de caballos de madera y sillas de hierro. —Khal Drogo no quería oír hablar de aquello. Soltó el paño y empezó a vestirse—. Hoy iré a la hierba a cazar, mujer esposa —anunció mientras se ponía un chaleco pintado y se abrochaba un cinturón ancho, hecho de medallones de plata, oro y bronce. —Sí, mi sol y estrellas —dijo Dany.

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    Juego de tronos.Capítulo 28.El Honor de los Stark

    Jon estaba tomando un desayuno a base de pastel de manzana y morcillas cuando Samwell Tarly se dejó caer pesadamente en el banco. —Me han llamado al sept —dijo Sam con un susurro emocionado—. Me van a sacar del entrenamiento. Me harán hermano al mismo tiempo que a vosotros. ¿Te lo imaginas? —No, ¿de verdad? —De verdad. Mi deber será ayudar al maestre Aemon con la biblioteca y con los pájaros. Necesita a alguien que sepa leer y escribir cartas. —Lo harás muy bien —sonrió Jon. —¿No tendríamos que ir ya? —Sam miró a su alrededor con ansiedad—. No quiero llegar tarde, puede que cambien de opinión. Al cruzar el patio cubierto de hierbajos iba casi saltando. Era un día cálido y soleado. Del Muro descendían reguerillos de agua, con lo que el hielo parecía centellear. En el interior del sept, el gran cristal reflejaba la luz de la mañana que entraba por la ventana orientada hacia el sur y formaba un arco iris sobre el altar. Pyp se quedó boquiabierto al ver a Sam, Sapo dio un codazo a Grenn en las costillas, pero ninguno se atrevió a decir nada. El septon Celladar movía un incensario que impregnaba el aire de su fragancia. A Jon le recordaba el pequeño sept de Lady Stark en Invernalia. El septon estaba sobrio, para variar.

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    Juego de tronos.Capítulo 27.Juramentos de Sangre

    —El dolor es un regalo de los dioses, Lord Eddard —le dijo el Gran Maestre Pycelle—. Significa que el hueso se suelda y que la carne se cura. Podéis estar agradecido. —Estaré agradecido cuando la pierna me deje de doler. —La leche de la amapola, para cuando el dolor sea demasiado gravoso. —Pycelle puso un frasco con corcho sobre la mesita, junto a la cama. —Ya duermo demasiado. —El sueño es el mejor médico. —Tenía la esperanza de que lo fuerais vos. —Me alegra veros de un humor tan agresivo, mi señor. —Pycelle le dedicó una sonrisa débil. Se inclinó hacia él y bajó la voz—. Esta mañana llegó un cuervo, una carta para la reina de su señor padre. Me pareció que debíais saberlo. —Alas negras, palabras negras —citó Ned, sombrío—. ¿Qué mencionaba? —Lord Tywin está muy furioso porque enviasteis hombres en busca de Ser Gregor Clegane —le confió el maestre—. Justo como yo temía. Ya recordaréis que os lo dije en el Consejo. —Que siga furioso —replicó Ned. Cada vez que le palpitaba la pierna, recordaba la sonrisa de Jaime Lannister y a Jory muerto entre sus brazos—. Que escriba todas las cartas que quiera a la reina. Lord Beric cabalga bajo el estandarte del rey. Si Lord Tywin interfiere con la justicia del rey tendrá que responder ante el propio Robert. Si hay algo que a Su Alteza le gusta más que cazar es hacer la guerra contra los señores que osan desafiarlo.

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    Juego de tronos.Capítulo 26.El principio del fin

    —Sois los mocosos más inútiles que he entrenado jamás —les informó Ser Alliser Thorne cuando estuvieron todos reunidos en el patio—. Tenéis unas manos que sólo valen para quitar el estiércol a palazos, no para empuñar espadas, y si de mí dependiera os mandaría a todos a cuidar de los cerdos. Pero anoche me dijeron que Gueren viene por el camino real con cinco chicos nuevos. Con suerte alguno de ellos valdrá una mierda. Como tengo que hacerles sitio, he decidido pasaros a ocho al Lord Comandante, para que haga con vosotros lo que le venga en gana. —Fue anunciando los nombres uno a uno—. Sapo. Cabeza de Piedra. Uro. Amoroso. Espinilla. Mono. Ser Patán. —Por último miró a Jon—. Y el Bastardo. Pyp gritó de alegría y lanzó su espada al aire. Ser Alliser clavó en él sus ojos de reptil. —A partir de ahora dirán que sois hombres de la Guardia de la Noche, pero si os lo creéis es que sois más estúpidos que este mono de titiritero. No sois más que unos críos, estáis verdes, apestáis a verano y, cuando llegue el invierno, caeréis como moscas. —Sin decir más, Ser Alliser Thorne se dio media vuelta y se marchó.El resto de los chicos se reunió en torno a los ocho elegidos entre risas, maldiciones y felicitaciones. Halder dio un buen golpe a Sapo en las nalgas con el plano de la espada. —¡Sapo, de la Guardia de la Noche! —exclamó.

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    Juego de tronos.Capítulo 25.La traición de los Lannister

    Volvió a tener el mismo sueño de hacía tiempo, el de los tres caballeros con capas blancas, la torre caída y Lyanna en su lecho de sangre. En el sueño, sus amigos cabalgaban con él, como había sucedido en la realidad: el orgulloso Martyn Cassel, padre de Jory; el fiel Theo Wull; Ethan Glover, que había sido pupilo de Brandon; Ser Mark Ryswell, de verbo amable y corazón bondadoso; el lacustre Howland Reed; Lord Dustin a lomos de su semental alazán. Ned había conocido sus rostros tan bien como el suyo propio, pero los años habían erosionado los recuerdos, incluso aquellos que había prometido no olvidar jamás. En el sueño no eran más que sombras, espectros grises cabalgando sobre caballos de niebla. Eran siete, y se enfrentaban a tres. En el sueño, tal como había sucedido en la realidad. Pero no eran tres jinetes cualesquiera. Habían estado esperando ante la torre redonda, con las montañas rojizas de Dorne a sus espaldas, las capas blancas ondeando al viento. Y no eran sombras; sus rostros seguían siendo claros pese al tiempo. Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer, con una amplia sonrisa en los labios. La empuñadura de su espadón, Albor, le asomaba por encima del hombro derecho. Ser Oswell Whent tenía una rodilla hincada en el suelo y afilaba su hoja con una piedra de amolar. En su yelmo blanco, el halcón que era el emblema de su Casa desplegaba las alas negras. Entre ellos se encontraba el torvo Ser Gerold Hightower, el Toro Blanco, Lord Comandante de la Guardia Real. —Os busqué en el Tridente —les dijo Ned. —No estábamos allí —replicó Ser Gerold. —De haber estado el Usurpador lloraría lágrimas de sangre —dijo Ser Oswell. —Cuando cayó Desembarco del Rey, Ser Jaime mató a vuestro rey con una espada dorada. ¿Dónde estabais entonces?

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    Juego de tronos.Capítulo 24.Tierra de Lobos

    Estaba cayendo una ligera nevada. Bran sentía en las mejillas los copos, que se deshacían en la más suave de las lluvias en cuanto le llegaban a la piel. Se irguió en el caballo y observó cómo levantaban el rastrillo. Por mucho que intentara mantener la calma, el corazón le revoloteaba como una mariposa en el pecho. —¿Preparado? —preguntó Robb. Bran asintió, tratando de que no se le notara el miedo. No había salido de Invernalia desde la caída, pero estaba decidido a cabalgar con tanto orgullo como cualquier caballero—. Entonces, adelante. —Robb clavó los talones a su gran capón gris y blanco, y el caballo trotó bajo el rastrillo. —Vamos —susurró Bran a su montura. Rozó ligeramente el cuello de la potranca castaña, que echó a andar. Bran la había llamado Bailarina. Tenía dos años, y según Joseth era más lista que ningún otro caballo. La habían entrenado especialmente para que respondiera a las riendas, a la voz y a los toques. Hasta entonces Bran sólo la había montado por el patio. Al principio Hodor o Joseth la guiaban, con Bran asegurado con cinturones a la silla de gran tamaño que había dibujado el Gnomo, pero en los quince últimos días la había montado solo. Había ido al paso, al trote, en círculos, y cada vez se volvía más audaz.Pasaron junto a la caseta del guardabarrera, cruzaron el puente levadizo y salieron al exterior. Verano y Viento Gris trotaban junto a ellos sin dejar de olfatear el aire.

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    Juego de tronos.Capítulo 23.Nido de Cuervos

    —Te lo suplico, Robert —rogó Ned—, piensa bien qué dices. ¡Hablas de asesinar a una niña! —¡Esa puta está preñada! —El rey descargó un puñetazo que resonó como un trueno sobre la mesa del Consejo—. Te lo avisé, Ned, te dije qué iba a pasar. Te lo dije durante el viaje, pero no me hiciste caso. Pues ahí lo tienes. Los quiero ver muertos, a la madre y al bebé, y al imbécil de Viserys también. ¿Te ha quedado claro? ¡Los quiero ver muertos! El resto de los consejeros hacían lo posible por fingir que no se encontraban allí. Sin duda eran más inteligentes que él. Pocas veces Eddard Stark se había sentido tan solo. —Si lo haces, te deshonrarás para siempre. —Pues que caiga la deshonra sobre mi cabeza, mientras mueran. No estoy tan ciego como para no ver la sombra de un hacha cuando la tengo sobre el cuello. —No hay hacha alguna —dijo Ned a su rey—. Si acaso, es la sombra de una sombra de hace veinte años. —¿Si acaso? —preguntó Varys con voz suave, al tiempo que se frotaba las manos empolvadas—. Me tomáis por lo que no soy, mi señor. ¿Acaso presentaría yo una mentira al rey y al Consejo?

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    Juego de tronos.Capítulo 22.Conspiraciones

    —Lo he velado yo —dijo Ser Barristan Selmy mientras contemplaban el cadáver del carro—. No tenía a nadie aquí. Me han dicho que su madre vive en el Valle.A la luz pálida del amanecer, el joven caballero parecía dormido. En vida no fue atractivo, pero la muerte le había suavizado los rasgos bastos y las hermanas silenciosas lo habían vestido con su mejor túnica de terciopelo. El cuello alto ocultaba los destrozos que la lanza le había causado en la garganta. Eddard Stark miró al muchacho, y se preguntó si había muerto por su culpa. Un banderizo de los Lannister lo había matado antes de que Ned tuviera ocasión de hablar con él. ¿Pura casualidad? Ya nunca lo sabría. —Hugh fue escudero de Jon Arryn durante cuatro años —siguió Selmy—. En su memoria, el rey lo nombró caballero antes de emprender el viaje hacia el norte. El chico lo deseaba con todo su corazón. No estaba preparado. —Nadie lo está. —Ned había dormido poco y mal, y se sentía tan cansado como si tuviera mil años. —¿Para que lo nombren caballero? —Para que lo maten......

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    Juego de tronos.Capítulo 21.Catelyn,Sansa y Meñique

    —Deberíais cubriros la cabeza, mi señora —le dijo Ser Rodrik mientras los caballos trotaban hacia el norte—. Os vais a resfriar. —No es más que agua, Ser Rodrik —replicó Catelyn. Tenía la cabellera empapada y pesada, con mechones pegados a la frente, y se imaginaba el aspecto descuidado que debía de tener, pero por una vez no le importaba en absoluto. La lluvia del sur era suave y cálida. A Catelyn le gustaba sentirla en la cara, dulce como el beso de una madre. La hacía volver a su infancia, a los largos días grises en Aguasdulces. Recordaba bien el bosque de dioses, las ramas dobladas por el peso de la humedad, las risas de su hermano que la perseguía entre montones de hojas mojadas. Recordaba cómo preparaba con Lysa pasteles de barro, lo pesados de eran, cómo le resbalaba el lodo entre los dedos. Se los habían servido a Meñique entre risitas, y el niño había comido tanto barro que se había pasado una semana enfermo. Qué jóvenes eran entonces. Catelyn casi había olvidado aquello. En el norte la lluvia caía fría y dura, a veces se helaba durante la noche. Mataba tantas cosechas como nutría, y hacía que los hombres corrieran en busca del refugio más cercano. No era una lluvia bajo la que jugaran las niñas.

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    Juego de tronos Capítulo 19: El mar dothraki

    —El mar dothraki —dijo Ser Jorah Mormont al tirar de las riendas para detenerse junto a ella al borde del risco.Bajo ellos la llanura se extendía, inmensa y desierta, hasta perderse en el lejano horizonte. Dany pensó que sí, que era un verdadero mar. A partir de aquel punto no había colinas, ni montañas, ni árboles, ni ciudades ni caminos, sólo una llanura eterna cubierta de hierba que se ondulaba con el viento como si formara olas. —Es tan verde... —comentó. —Aquí y ahora —asintió Ser Jorah—. Tendríais que verlo cuando florece. Se cubre de flores color rojo oscuro hasta donde abarca la vista, parece un mar de sangre. Si se ve en la estación seca, el mundo se vuelve del color del bronce viejo. Y esto no es más que hranna, niña. Ahí hay cientos de tipos de hierbas, algunas amarillas como el limón y otras oscuras como el índigo, hierbas azules y anaranjadas, y otras que son como un arco iris. Se cuenta que, en las Tierras Sombrías más allá de Asshai, hay océanos de hierba fantasma, más alta que un hombre a caballo y más blanca que la leche. Mata a todas las demás hierbas y brilla en la oscuridad con los espíritus de los condenados. Según los dothrakis algún día la hierba fantasma cubrirá el mundo entero y será el fin de toda vida.

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    Juego de tronos Capítulo 18:El consejo del Rey y La Guardia De La Noche

    Eddard Stark cruzó a caballo las imponentes puertas de bronce de la Fortaleza Roja. Estaba magullado, cansado, hambriento e irritado. Aún no había descabalgado, y soñaba con un largo baño caliente, una gallina asada y un colchón de plumas, cuando el mayordomo del rey le dijo que el Gran Maestre Pycelle había convocado una reunión urgente del Consejo. Se solicitaba que la Mano los honrara con su presencia en cuanto lo considerase conveniente. —El momento más conveniente sería mañana por la mañana —gruñó Ned mientras descabalgaba. —Transmitiré vuestras disculpas a los consejeros, mi señor —dijo el mayordomo con una profunda reverencia. —No, maldita sea —suspiró Ned. No era conveniente ofender al Consejo incluso antes de empezar su trabajo—. Iré a verlos. Pero antes quiero ponerme algo más presentable. —Sí, mi señor —asintió el mayordomo—. Os hemos preparado las antiguas habitaciones de Lord Arryn, en la Torre de la Mano. Espero que os resulten adecuadas. Haré que suban vuestras cosas allí.

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    Juego de tronos.Capítulo 17: Desembarco del Rey

    —Llegaremos a Desembarco del Rey en menos de una hora. —Tus remeros nos han prestado un gran servicio, capitán —dijo Catelyn mientras se apartaba de la borda forzando una sonrisa—. Cada uno de ellos recibirá un venado de plata como muestra de mi gratitud. —Sois demasiado generosa, Lady Stark. —El capitán Moreo Tumitis hizo una breve reverencia—. La única recompensa para ellos es el honor de transportar a una dama de vuestra alcurnia. —Pero seguro que aceptarán la plata. —Como deseéis —dijo Moreo con una sonrisa. Hablaba a la perfección la lengua común, con apenas un deje tyroshi. Le contó que llevaba treinta años surcando el mar Angosto, al principio como remero, luego como oficial, y al final como capitán de galeras mercantes propias. El Danzarín de las Tormentas, una galera de dos mástiles y sesenta remos, era su cuarta nave y la más rápida de todas. Era sin duda la nave más rápida disponible en Puerto Blanco cuando Catelyn y Ser Rodrik Cassel llegaron tras su agotadora cabalgada río abajo. Los tyroshis tenían fama de avaros, y Ser Rodrik habría preferido alquilar una chalupa pesquera en Tres Hermanas, pero Catelyn insistió en hacerse con la galera. Fue una suerte. Habían tenido el viento en contra la mayor parte del viaje, y sin los remos de la galera en aquellos momentos todavía estarían pasando por los Dedos, en vez de volar hacia Desembarco del Rey y el final del viaje. «Falta muy poco», pensó Catelyn. Los dedos heridos por la daga aún le palpitaban bajo las vendas de lino. Sentía como si el dolor la espolease, le impidiera olvidar. No podía doblar el dedo anular ni el meñique de la mano izquierda, y jamás recuperaría plenamente el movimiento de los otros tres. Pero era un bajo precio por la vida de Bran. Ser Rodrik apareció en cubierta en aquel momento. —Mi buen amigo —saludó Moreo a través de su barba verde. A los tyroshis les gustaban los colores vivos hasta en el vello facial—. Me alegra constatar que tienes mejor aspecto.

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    Juego de tronos.Capítulo 16: EDDARD, La mano del Rey

    —La han encontrado, mi señor. —¿Nuestros hombres o los de Lannister? —preguntó Ned mientras se levantaba a toda prisa. —Ha sido Jory —respondió su mayordomo, Vayon Poole—. No ha sufrido daño alguno. —Alabados sean los dioses —dijo Ned. Sus hombres llevaban cuatro días buscando a Arya, pero los de la reina también habían salido de caza—. ¿Dónde está? Dile a Jory que la traiga aquí ahora mismo. —Lo siento, mi señor —dijo Poole—. Los guardias de la entrada eran hombres de los Lannister, e informaron a la reina en cuanto Jory la trajo. La han llevado directamente ante el rey... —¡Maldita mujer! —rugió Ned mientras se encaminaba a zancadas hacia la puerta—. Busca a Sansa y llévala a la cámara de audiencias. Quizá tenga que declarar. Rojo de ira, bajó por las escaleras de la torre. Él mismo había dirigido la búsqueda los tres primeros días, y apenas si había dormido una hora desde la desaparición de Arya. Aquella mañana se había sentido tan cansado, tan invadido por el dolor, que apenas si se tenía en pie, pero en aquel momento la rabia lo invadía otra vez y le daba nuevas fuerzas. Varios hombres lo llamaron cuando cruzó el patio del castillo, pero Ned tenía demasiada prisa para hacerles caso. Habría echado a correr, pero era la Mano del Rey, y la Mano debe conservar la dignidad siempre. Era perfectamente consciente de los ojos que lo seguían, de las voces que, en susurros, se preguntaban qué iba a hacer.

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    Juego de tronos.Capítulo 15: SANSA

    Mientras desayunaban, la septa Mordane dijo a Sansa que Eddard Stark había salido al amanecer. —El rey lo mandó llamar. Creo que se han ido otra vez de caza. Tengo entendido que por estas tierras todavía quedan uros salvajes. —Nunca he visto un uro —dijo Sansa al tiempo que daba un trocito de panceta a Dama, por debajo de la mesa. La loba huargo lo tomó de su mano con la delicadeza de una reina. —Una dama noble no echa de comer a los perros en la mesa —dijo la septa Mordane con un bufido de desaprobación al tiempo que partía otro trozo de panal para que la miel goteara sobre una rebanada de pan. —No es una perra, es una loba huargo —señaló Sansa; Dama le lamía los dedos con su lengua áspera—. Además, mi padre dijo que podíamos traerlas con nosotras si queríamos. —Eres una niña muy buena, Sansa. —Aquello no había servido para aplacar a la septa—. Pero en lo que respecta a esas criaturas pareces tan testaruda como tu hermana Arya. —Frunció el ceño—. Por cierto, ¿dónde está Arya? —No tenía hambre —dijo Sansa. Sabía que, con toda probabilidad, su hermana habría bajado a hurtadillas a la cocina muchas horas antes, y engatusado a algún pinche para que le diera el desayuno. —Recuérdale que hoy se tiene que poner un vestido bonito. Como el de terciopelo gris. Nos han invitado a viajar con la reina y con la princesa Myrcella en el carromato real; debemos estar impecables.

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    Juego de tronos.Capítulo 14:CATELYN Y ROBB

    Ya habían transcurrido ocho días desde que Ned y las niñas se fueron de Invernalia cuando el maestre Luwin fue a verla de noche al cuarto de Bran, llevando con él una lamparilla y los libros de contabilidad. —Ya es hora de que repaséis las cuentas, mi señora —dijo—. Tenéis que saber cuánto nos ha costado esta visita regia. Catelyn contempló a Bran en el lecho y le apartó el cabello de la frente. Se dio cuenta de que le había crecido mucho. Pronto tendría que cortárselo. —No me hace falta ver las cifras, maestre Luwin —replicó sin apartar los ojos del niño—. Ya sé lo que nos ha costado la visita. Llévate esos libros fuera de mi vista. —Mi señora, el séquito real gozaba de un apetito muy saludable. Tenemos que reabastecer las despensas antes de... —He dicho que os llevéis esos libros —lo interrumpió—. El mayordomo se encargará de eso. —No tenemos mayordomo —le recordó el maestre Luwin. Catelyn pensó que era como una rata gris; no la iba a dejar escapar—. Poole se ha ido al sur para ocuparse de la casa de Lord Eddard en Desembarco del Rey. —Ah, sí, ya lo recuerdo —asintió Catelyn, distraída. Bran estaba muy pálido. Pensó que debería acercar más la cama a la ventana, para que le diera el sol de la mañana. El maestre Luwin puso la lamparilla en un nicho junto a la puerta y jugueteó con el pábilo, inquieto. —Tenéis que prestar atención de inmediato al tema de los nombramientos, mi señora. Además del mayordomo, necesitamos un capitán de los guardias para ocupar el puesto de Jory, un caballerizo...

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    Juego de tronos.Capítulo 13: Tyrion y los dragones de targaryen

    El norte parecía eterno. Tyrion Lannister se sabía los mapas tan bien como cualquiera, pero dos semanas en el miserable sendero de cabras en que se convertía allí el camino real le habían demostrado que los mapas eran una cosa y el terreno otra muy diferente. Habían salido de Invernalia el mismo día que el rey, en medio de la confusión causada por la partida real, acompañados por los gritos de los hombres, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carromatos y los chirridos de la enorme casa con ruedas de la reina. Caía una ligera nevada. El camino real estaba poco más allá del castillo y la ciudad. En aquel punto los banderizos, los carromatos y las columnas de caballeros y jinetes libres se dirigieron hacia el sur llevándose con ellos el tumulto, mientras que Tyrion se encaminó hacia el norte con Benjen Stark y su sobrino. Después de aquello todo fue más frío, y mucho, mucho más silencioso. Al oeste del camino quedaban los riscos de pedernal, grises y escarpados, con altas torres de vigilancia en las cimas. Hacia el este el terreno descendía hasta convertirse en una llanura ondulada que se extendía hasta perderse de vista. Vieron puentes de piedra que salvaban riachuelos de aguas turbulentas, y pequeñas granjas que formaban círculos en torno a modestas fortalezas con cercas de madera y piedra. El camino estaba muy concurrido, y por la noche podían acomodarse en las rudimentarias posadas que lo bordeaban.

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    Juego de tronos.Capítulo 12:EDDARD Y ROBERT

    La orden le llegó una hora antes del amanecer, cuando el mundo estaba tranquilo y gris. Alyn lo sacudió para arrancarlo bruscamente de sus sueños, y Ned, somnoliento, salió con torpeza al gelido exterior donde el sol todavía no había salido. Se encontró con su montura ya ensillada, y al rey a lomos de la suya. Robert llevaba guantes marrones y una gruesa capa de piel con capucha que le cubría las orejas, parecía un oso a caballo. —¡Venga, Stark! —rugió—. ¡Vamos, vamos! Tenemos que discutir asuntos de estado. —Desde luego —dijo Ned—. Pasa, Alteza. Alyn levantó la solapa de la tienda. —No, no, ni hablar —dijo Robert. Su aliento formaba una nube de vapor con cada palabra—. El campamento tiene oídos. Además, quiero cabalgar un poco por tus tierras. Ned advirtió que Ser Boros y Ser Meryn aguardaban tras él con una docena de guardias. No había nada que hacer excepto frotarse los ojos hasta espantar el sueño, vestirse y montar.

  24. -3

    Juego de tronos.Capítulo 11:Daenerys y Khal Drogo

    Daenerys Targaryen se casó con Khal Drogo con miedo y esplendor bárbaro en un prado fuera de las murallas de Pentos, porque los dothrakis creían que todo acontecimiento importante en la vida de un hombre debía celebrarse a cielo abierto. Drogo había convocado a su khalasar para que lo acompañara, y acudieron los cuarenta mil guerreros dothrakis junto con innumerables mujeres, niños y esclavos. Acamparon tras los muros de la ciudad con sus vastos rebaños, erigieron palacios de hierba trenzada, devoraron todo lo que encontraron y día a día hicieron crecer el nerviosismo entre los habitantes de Pentos. —Mis colegas magísteres han doblado la guardia en la ciudad —les comentó Illyrio una noche en la mansión donde había vivido Drogo, ante enormes bandejas de pato a la miel y chiles anaranjados. El khal se había ido con su khalasar y la casa había quedado a disposición de Daenerys y su hermano hasta el día de la boda. —Más vale que casemos pronto a la princesa Daenerys, antes de que la mitad de las riquezas de Pentos vayan a parar a los bolsillos de mercenarios y malhechores —bromeó Ser Jorah Mormont. El exiliado había ofrecido su espada a Viserys la noche en que Dany fue vendida a Khal Drogo. Su hermano la había aceptado de buena gana. Desde entonces, Mormont los acompañaba constantemente. El magíster Illyrio dejó escapar una risita a través de la barba, pero Viserys ni siquiera sonrió. —Por mí como si se la quiere llevar mañana —dijo. Miró a Dany, que bajó los ojos—. Mientras pague lo acordado, claro.

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    Juego de tronos. Capítulo 10:JON Y ARYA

    Jon subió por las escaleras despacio, tratando de no pensar que tal vez fuera la última vez que las pisaba. Fantasma caminaba en silencio junto a él. En el exterior, la nieve se arremolinaba y se colaba por las puertas del castillo, en el patio todo era ruido y reinaba el caos, pero entre los gruesos muros de piedra hacía calor y reinaba el silencio. Demasiado silencio, para el gusto de Jon. Llegó al rellano y se detuvo durante un rato, asustado. Fantasma le hociqueó la mano. Eso le dio ánimos. Se irguió y entró en la habitación. Lady Stark estaba junto a la cama. Llevaba allí casi quince días con sus noches. No se había alejado ni un momento de Bran. Le llevaban allí las comidas, y le habían puesto un orinal y un camastro, aunque se decía que apenas dormía. Era ella en persona quien lo alimentaba con la miel, el agua y la mezcla de hierbas que lo mantenían con vida. No había salido ni una vez de la habitación. De manera que Jon no había entrado. Pero ya no quedaba tiempo. Se detuvo en la puerta un instante, sin atreverse a decir nada, sin atreverse a acercarse. La ventana estaba abierta. Abajo, un lobo aullaba. Fantasma lo oyó y alzó la cabeza.

  26. -5

    Juego de tronos. Capítulo 8:BRAM Y JAIME

    La partida de caza se puso en marcha al amanecer. El rey quería que hubiera jabalí en el banquete de la noche. El príncipe Joffrey cabalgaba con su padre, así que Robb había recibido permiso para ir también con los cazadores. Junto con ellos iban su tío Benjen, Jory, Theon Greyjoy, Ser Rodrik e incluso el extraño hermano pequeño de la reina. Al fin y al cabo era la última cacería: al día siguiente por la mañana emprenderían el viaje hacia el sur. Bran había tenido que quedarse en Invernalia con Jon, las niñas y Rickon. Pero Rickon no era más que un bebé, las niñas no eran más que niñas, y Jon y su lobo parecían haberse esfumado. Bran tampoco los buscó con demasiado interés. Tenía la sensación de que Jon estaba enfadado con él. Últimamente Jon parecía enfadado con todo el mundo. El niño no entendía por qué. Sabía que su medio hermano iba a marcharse con el tío Ben al Muro, para unirse a la Guardia de la Noche. Aquello era casi tan emocionante como ir al sur con el rey. El que se tenía que quedar en Invernalia era Robb, no Jon. Llevaba días muriéndose de impaciencia, no veía la hora de iniciar el viaje. Iba a recorrer el camino real a caballo, no a lomos de un poni, sino de un caballo de verdad. Su padre sería la Mano del Rey, vivirían en el castillo rojo de Desembarco del Rey, el castillo que habían construido los Señores Dragón. La Vieja Tata decía que allí había fantasmas, y mazmorras donde habían pasado cosas horribles, y que los muros estaban adornados con cabezas de dragón. Sólo con imaginarlo a Bran le daban escalofríos, pero no tenía miedo. ¿Por qué iba a tenerlo? Su padre estaría con él, y el rey, y todos los caballeros del rey, y sus espadas leales.

  27. -6

    Juego de tronos. Capítulo 7:ARYA

    Las puntadas de Arya volvían a estar todas torcidas. Las contempló con el ceño fruncido, desalentada, y miró de hurtadillas hacia donde estaba su hermana Sansa con las otras niñas. Las labores de costura de Sansa eran siempre exquisitas. Todo el mundo lo decía. «Las labores de Sansa son tan bonitas como ella —dijo una vez la septa Mordane a su señora madre—. Tiene unas manos tan hábiles, tan delicadas... —Cuando Lady Catelyn le preguntó por Arya, la septa lanzó un bufido—. Arya tiene manos de herrero.» Arya echó una mirada furtiva hacia el otro extremo de la sala, temerosa de que la septa Mordane pudiera leerle el pensamiento, pero aquel día no le prestaba atención. Se había sentado con la princesa Myrcella y era todo sonrisas y adulación. La septa no tenía ocasión de instruir a una princesa en las artes femeninas todos los días, como había dicho a la reina cuando llevó a la niña para que estuviera con ellas. A Arya le pareció que las puntadas de Myrcella también estaban algo torcidas, pero por la manera en que las alababa la septa Mordane nadie lo habría imaginado. Examinó de nuevo su labor, buscando alguna manera de rescatarla, y al final suspiró y dejó la aguja. Miró a su hermana con gesto abatido. Sansa charlaba alegremente mientras cosía. A sus pies se sentaba Beth Cassel, la hija pequeña de Ser Rodrik, que se bebía cada palabra que salía de sus labios. Jeyne Poole, a su lado, le susurraba algo al oído.

  28. -7

    Juego de tronos. Capítulo 6:CATELYN Y EDDARD

    De todas las habitaciones del Gran Torreón de Invernalia, las cámaras de Catelyn eran las más cálidas. Rara vez tenían que encender la chimenea. El castillo se alzaba sobre manantiales naturales de agua termal, y las aguas hirvientes recorrían el interior de los muros como la sangre por el cuerpo de un hombre; espantaban el frío de las salas de piedra y llenaban los invernaderos interiores de una humedad cálida que impedía que la tierra se congelara. En una docena de patios, los pozos abiertos humeaban día y noche. En verano nadie prestaba atención al tema; en invierno, suponía la diferencia entre la vida y la muerte. El cuarto de baño de Catelyn estaba siempre caliente y lleno de vapor, y las paredes eran cálidas. Aquel ambiente le recordaba a Aguasdulces, a los días al sol con Lysa y Edmure. Pero Ned nunca había soportado el calor. Los Stark estaban hechos para el frío, le decía. Ella siempre se reía y le replicaba que, en ese caso, habían elegido el peor lugar para edificar el castillo. De manera que, cuando terminaron, Ned se dio media vuelta y se bajó de la cama como ya había hecho mil veces. Atravesó la habitación, descorrió los pesados cortinajes y fue abriendo de una en una las ventanas altas y estrechas para que la cámara se llenara con el aire de la noche. El viento le azotó el cuerpo desnudo cuando se asomó a la oscuridad con las manos vacías. Catelyn se subió las pieles hasta la barbilla y lo miró. Le parecía más menudo, más vulnerable, como el joven con el que se había casado en el sept de Aguasdulces hacía quince largos años. Sentía las ingles doloridas, el sexo había sido apasionado y apremiante. Era un dolor grato. Notaba la semilla de su esposo en su interior, y rezó para que diera fruto. Ya habían pasado tres años desde que naciera Rickon. No era demasiado vieja, aún podía darle otro hijo.

  29. -8

    Juego de tronos. Capítulo 5:JON

    Había ocasiones, aunque no muchas, en las que Jon Nieve se alegraba de ser el hijo bastardo. Aquella noche, mientras se llenaba una vez más la copa de vino de la jarra de un mozo que pasaba junto a él, pensó que ésa era una de ellas. Volvió a ocupar su lugar en el banco, entre los escuderos jóvenes, y bebió. El sabor dulce y afrutado del vino veraniego le impregnó la boca y dibujó una sonrisa en sus labios. La sala principal de Invernalia estaba llena de humo y el aire cargado del olor a carne asada y a pan recién hecho. Los estandartes cubrían los muros de piedra gris. Blanco, oro y escarlata: el huargo de los Stark, el venado coronado de los Baratheon y el león de los Lannister. Un trovador tocaba el arpa alta al tiempo que recitaba una balada, pero en aquel rincón de la sala apenas se lo escuchaba por encima del crepitar de las llamas, el estrépito de los platos y las copas, y el murmullo de cientos de conversaciones ebrias. Corría la cuarta hora del festín de bienvenida dispuesto en honor al rey. Los hermanos de Jon ocupaban sitios asignados con los príncipes, junto al estrado donde Lord y Lady Stark agasajaban a los reyes. Seguramente su padre permitiría a los niños beber una copa de vino dada la importancia de la ocasión, pero sólo una. En cambio allí abajo, en los bancos, nadie impedía a Jon beber tanto como quisiera para saciar su sed.

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    Juego de tronos. Capítulo 4:EDDARD

    Los visitantes entraban como un río de oro, plata y acero bruñido por las puertas del castillo, más de trescientos, la elite de los banderizos, los caballeros, las espadas leales y los jinetes libres. Sobre ellos ondeaban una docena de estandartes dorados, agitados por el viento del norte, en los que se veía el venado coronado de Baratheon. Ned conocía personalmente a muchos de los jinetes. Allí estaba Ser Jaime Lannister, de cabellos tan brillantes como el oro batido, y Sandor Clegane, con el espantoso rostro quemado. El muchachito alto que cabalgaba junto a él sólo podía ser el príncipe heredero, y el hombrecillo atrofiado que iba detrás de ellos era sin duda el Gnomo, Tyrion Lannister. Pero el hombretón corpulento que cabalgaba al frente de la columna, flanqueado por dos caballeros con las capas níveas de la Guardia Real, era casi un desconocido para Ned... hasta que se bajó del caballo de guerra con un rugido harto familiar, y lo estrechó en un abrazo de oso que le hizo crujir los huesos. —¡Ned! ¡Cómo me alegro de verte! ¡Sigues igual, no sonríes ni aunque te maten! —El rey lo examinó de pies a cabeza y soltó una carcajada—. ¡No has cambiado nada! Ned habría deseado poder decir lo mismo. Habían pasado quince años desde que cabalgaran juntos para conquistar un trono. El señor de Bastión de Tormentas era entonces un joven de rostro afeitado, ojos claros y torso musculoso; el sueño de cualquier doncella. Con sus dos metros de altura, se erguía por encima de todos los demás, y cuando se ponía la armadura y el gran yelmo astado de su Casa se convertía en un verdadero gigante. También tenía la fuerza de un gigante, y su arma favorita era una maza de hierro con púas que Ned apenas si podía levantar. En aquellos tiempos, el olor del cuero y la sangre lo envolvía como un perfume.

  31. -10

    Juego de tronos. Capítulo 3:DAENERYS

    Su hermano le mostró el traje largo para que lo examinara. —Mira qué belleza. Tócalo. Venga, acaricia la tela. Dany lo tocó. El tejido era tan suave que parecía deslizarse como agua entre los dedos. Nunca había llevado nada tan delicado. Se asustó y apartó la mano. —¿De verdad es para mí? —Un regalo del magíster Illyrio —asintió Viserys con una sonrisa. Aquella noche, su hermano estaba de buen humor—. Este color te resaltará el violeta de los ojos. Y también dispondrás de joyas de oro, muchas. Me lo ha prometido Illyrio. Esta velada debes parecer una princesa. «Una princesa», pensó Dany. Ya se había olvidado de cómo era aquello. Quizá nunca lo había sabido del todo. —¿Por qué nos ayuda tanto? —preguntó—. ¿Qué quiere de nosotros? Llevaban casi medio año viviendo en la casa del magíster, comiendo en su mesa y mimados por sus criados. Dany tenía trece años, edad suficiente para saber que regalos como aquéllos rara vez eran desinteresados allí, en la ciudad libre de Pentos. —Illyrio no es ningún idiota —dijo Viserys. Era un joven flaco, con manos nerviosas y ojos color lila claro, siempre febriles—. El magíster sabe que, cuando esté sentado en mi trono, no olvidaré a mis amigos. Dany no dijo nada. El magíster Illyrio comerciaba con especias, piedras preciosas, huesodragón y otras mercancías menos delicadas. Según los rumores tenía amigos repartidos por las Nueve Ciudades Libres, y aún más lejos, en Vaes Dothrak y en las legendarias tierras que se extendían más allá del mar de Jade. También se decía que jamás había tenido un amigo al que no hubiera vendido de buena gana por un precio razonable. Dany escuchaba los comentarios en las calles y oía aquellas cosas, pero nunca se le ocurriría discutir con su hermano mientras éste tejía sus redes de sueños. No quería bajo ningún concepto suscitar su ira, lo que Viserys llamaba «despertar al dragón».

  32. -11

    Juego de tronos. Capítulo 2:CATELYN

    A Catelyn nunca le había gustado aquel bosque de dioses. La sangre Tully le corría por las venas, había nacido y se había criado en Aguasdulces, muy al sur, en el Forca Roja del Tridente. Allí el bosque de dioses era un jardín alegre y despejado, en el que las altas secuoyas proyectaban sombras sobre las aguas de arroyuelos cristalinos, los pájaros cantaban desde sus nidos escondidos y el aroma de las flores impregnaba el aire. Los dioses de Invernalia tenían un bosque muy diferente. Era un lugar oscuro y primitivo, tres acres de árboles viejos que nadie había tocado en miles de años, mientras el castillo se alzaba a su alrededor. Olía a tierra húmeda y a putrefacción. Allí no crecían las secuoyas. Era un bosque de recios árboles centinela parapetados tras agujas color verde grisáceo, robles imponentes y tamarindos tan viejos como el propio reino. Allí los gruesos troncos negros estaban muy juntos, y las ramas retorcidas tejían una techumbre tupida, mientras las raíces deformes se entrelazaban bajo la tierra. El silencio y las sombras imperaban, y los dioses de aquel bosque no tenían nombres. Pero sabía que allí era donde estaría su esposo aquella noche. Siempre que le quitaba la vida a un hombre, buscaba la tranquilidad del bosque de dioses.

  33. -12

    Juego de tronos. Capítulo 1:BRAN

    El día había amanecido fresco y despejado, con un frío vivificante que señalaba el final del verano. Se pusieron en marcha con la aurora para ver la decapitación de un hombre. Eran veinte en total, y Bran cabalgaba entre ellos, nervioso y emocionado. Era la primera vez que lo consideraban suficientemente mayor para acompañar a su padre y a sus hermanos a presenciar la justicia del rey. Corría el noveno año de verano, y el séptimo de la vida de Bran. Habían sacado al hombre de un pequeño fortín de las colinas. Robb creía que se trataba de un salvaje, que había puesto su espada al servicio de Mance Rayder, el Rey-más-allá-del-Muro. A Bran se le ponía la carne de gallina sólo con pensarlo. Recordaba muy bien las historias que la Vieja Tata les había contado junto a la chimenea. Los salvajes eran crueles, les decía, esclavistas, asesinos y ladrones. Se apareaban con gigantes y con espíritus malignos, se llevaban a los niños de las cunas en mitad de la noche y bebían sangre en cuernos pulidos. Y sus mujeres yacían con los Otros durante la Larga Noche, para dar a luz espantosos hijos medio humanos. Pero el hombre que vieron atado de pies y manos al muro del fortín, esperando la justicia del rey, era viejo y huesudo, poco más alto que Robb. Había perdido en alguna helada las dos orejas y un dedo, y vestía todo de negro, como un hermano de la Guardia de la Noche, aunque las pieles que llevaba estaban sucias y hechas jirones.

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Juego de tronos es una novela de fantasía escrita por el autor estadounidense George R. R. Martin en 1996.La novela se caracteriza por el uso de numerosos personajes bien detallados, la contraposición de puntos de vista de los múltiples protagonistas, su trama con giros inesperados y el uso sutil de los aspectos mágicos tan comunes en otras obras de fantasía.Este es un espacio dedicado a las personas como yo,que nuestros ojos ya no nos permiten leer,a los invidentes y a personas con baja visión.Todo mi trabajo está realizado de manera altruista y no busco ninguna compensación,solo la satisfacción de saber que ayudo a otras personas.Un gran abrazo a tod@s.

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