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LA CULTURA - 04 ULTIMA GENERACION
by kitsume
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches…—Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse.La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta.Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta.—¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semeja
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 08
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 07
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 06
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 05
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 04
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 03
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 02
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0407 ULTIMA GENERACION 07 ULTIMA GENERACION 01
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0406 ULTIMA GENERACION 06 RETAZO
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0405 ULTIMA GENERACION 05 OPERACION LIMPIEZA
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0404 ULTIMA GENERACION 04 DESCENDIENTE
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0403 ULTIMA GENERACION 03 ACOPLAMIENTO EXTRAÑO
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0402 ULTIMA GENERACION 02 CORTESIA CULTURA
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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0401 ULTIMA GENERACION 01 CARRETERA CRANEOS
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches… —Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse. La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta. Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta. —¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semejante tamaño. Esto es un castigo divino, puro y duro… Volvió a mirar al frente; el senil conductor seguía dormido, a pesar de los frenéticos botes del vehículo. Más adelante, el viejo cuadrúpedo de orejas anchas que avanzaba entre los ejes de la carreta estaba encontrando ciertas dificultades para abrirse paso sobre los enormes cráneos que componían la carretera en dirección a… Mc9 dejó vagar la mirada por aquella delgada línea blanca hasta perderla en la distancia, y la posó, finalmente, en la ciudad. Un borrón reluciente se vislumbraba allá en el horizonte de la llanura. La mayor parte de aquella megalópolis legendaria era todavía inapreciable, pero sus brillantes y puntiagudas torres resultaban inconfundibles, incluso envueltas en aquella neblina azulada y cambiante. Mc9 sonrió al verla, después fijó la mirada en aquel equino silencioso y precario que traqueteaba y se resbalaba por la carretera; estaba sudando profusamente y acuciado por una pequeña nube de moscas que zumbaba en torno a su cabeza de orejas inquietas, cual fastidiosos electrones en torno a algún núcleo reacio.
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