PODCAST · arts
100 Tenores de Leyenda
by Francesc Xavier Canela Vallès
A lo largo de 100 episodios, más el episodio 0 a modo de presentación y que nos llevará a la apasionante historia del Do de pecho, conoceremos a 100 tenores legendarios y los escucharemos en sus mejores prestaciones vocales. Los tenores seleccionados están situados en la época fonográfica, por lo tanto los más antiguos son los nacidos en el siglo XIX. Serán más de 25 horas de audio para adentrarnos en el apasionante mundo de los tenores.
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Episodio 14 - Piero Pauli, la gran voz que el tenor Viñas envió de Barcelona a Milán.
100 Tenores de Leyenda. Episodio 14 “Pere Paulí, la gran voz que el tenor Viñas envió de Barcelona a Milán”. Bienvenidos a un nuevo episodio de “100 Tenores de Leyenda”. Hoy, en este episodio número 14, nos adentramos en la figura de Piero Pauli, un tenor catalán, nacido en Barcelona, activo en la primera mitad del siglo XX, cuya voz y trayectoria merecen una mirada más profunda. Un tenor de leyenda. CLIP. 1 - Il fior che avevi a me tu dato. Carmen. Fragmento. Saludos. Escuchábamos a Piero Pauli en el aria de la flor de Carmen de Bizet, cantada en Italiano. Quiero aprovechar este medio para felicitar y saludar al grupo “Fanàtics de la lírica” y especialmente a Jordi Pujal, que lo coordina desde Barcelona, España. Amics, aquest programa de Pere Paulí va dedicat a tots els “Fanàtics de la lírica”, grup del que m’enorgulleix ser partícep. Moltes gràcies Jordi Pujal i una abraçada a tothom. Y después de esta mención extraordinária, seguimos.En la historia de la ópera hay nombres universalmente conocidos, pero también artistas que, por varias circunstancias, han quedado un poco más al margen del gran recuerdo popular. Pauli es uno de ellos: no alcanzó la fama de Caruso o Gigli, pero su gran voz y su carrera ofrecen momentos muy interesantes para conocer. Repasaremos su orígenes, su formación, sus grandes papeles y grabaciones, su estilo vocal y teatral, los desafíos a los que se enfrentó, y su legado. Vamos allá. Piero Pauli nació el 10 de julio de 1898 en Barcelona con el nombre de Pere Paulí. Antes de dedicarse plenamente al canto trabajó en un banco, y simultáneamente cantaba en un excelente coro: el Orfeó Gracienc. Allí su voz fue pulida bajo la enseñanza de la profesora Júlia Cerdà. Fue aconsejado por figuras como Francisco Viñas para estudiar en Milán tras escucharle en audiciones en la ciudad condal. Así, abandona la banca y se traslada a Italia donde estudia con Alberto Caffo en 1929, preparándose para la escena. Ya en Italia adopta el nombre artístico “Piero Pauli” en lugar de Pere Paulí, lo que ayudó a integrarse en el mundo operístico italiano. Era frecuente en cantantes de fuera de italia el hecho de italianizar su nombre. Su debut en escena fue en 1929 en el Teatro Politeama Rossetti de Trieste, interpretando a Fausto en la ópera Mefistofele de Arrigo Boito. Antes incluso de que su debut escénico estuviera consolidado, la casa discográfica His Master’s Voice lo contrató como Cavaradossi en una grabación completa de Tosca junto a Carmen Melis y Apollo Granforte, nombres ya consagrados, con la orquesta de La Scala. Y dos años más tarde grabaría también entera la ópera Carmen en italiano al lado de Gabriella Besanzoni con la misma compañía de la Scala. En enero de 1930 ya había cantado Rodolfo (de La bohème) en La Scala. Pongamos ahora otra muestra del arte canoro e interpretativo de Piero Pauli. Vais a escuchar dos gigantes de la interpretación en un momento sublime y dramático de una de las óperas más famosas. ¿Qué decir de Carmen? Juzgad vosotros mismos. La Besanzoni y Paoli están impresionantes y no parece una grabación de estudio. Aquí el drama está servido y detrás de cada nota, de cada palabra, podemos entrever el drama, que no decae en ningun momento. La implicación de los intérpretes es total y no hace falta que veamos la escena para sentir la emoción a flor de piel. Pocas grabaciones de estudio consiguen esta calidez y esta plasmación dramática de primer orden. CLIP 2. Duo de Carmen. Con Gabriella Besanzoni. Compañía de la Scala de Milán. 1931 Escuchábamos un magnífico duo de Carmen de Bizet con Gabriella Besanzoni, Piero Pauli y la compañía de la Scala de Milán bajo la dirección de Carlo Sabajno, grabación de 1931. En 1933 Piero Pauli volvió a La Scala como Rinuccio (de Gianni Schicchi). Estos roles dan pistas de su registro: Rodolfo y Cavaradossi son papeles lírico-dramáticos, que requieren buena línea de canto, expresión emotiva, y cierta presencia escénica. Pauli se movió con comodidad en ese terreno por su voz de tenor lírico spinto. También trabajó en la rádio con radio-óperas, opera contemporánea emitida por la radio italiana) lo que muestra su versatilidad. Su repertorio incluye papeles estándar del repertorio como los citados y también obras menos frecuentes o contemporáneas. Sin duda le gustaban los desafíos. Pauli era un tenor serio, comprometido con su oficio. Un tenor con vocación, que amaba su trabajo. Le escuchamos ahora en un fragmento impresionante de Tosca, al lado de la soprano Carmen Melis y del gran barítono Apollo Granforte. Esta tosca, grabada en 1929 con la compañía de la Scala de Milán no tiene nada que envidiar con otras toscas posteriores en disco. La prestación vocal de los tres intérpretes y su expresión dramática son superlativas. Escuchad con atención. CLIP. 3 - Tosca. Escena acto II. Carmen Melis, Apollo Granforte, Piero Pauli. 1929 Hemos escuchado un fragmento de esta magnífica Tosca de Puccini que Piero Pauli grabó en Milán en 1929 con la Melis y con Granforte bajo la dirección de Carlo Sabajno. Otras grabaciones para HMV en Milán, incluyeron arias de Carmen, Bohème, Mefistofele, Norma, y también Germania de Alberto Franchetti, que aporta un gran valor histórico. Su último registro fue en 1946 en Génova, como Cavaradossi de Tosca. Ese mismo año enfermó y se retiró; vivió en Pisa con su hija, que era médica. A pesar de su gran talento, Pauli no alcanzó la fama internacional de masas. Había mucha competencia en la era de los grandes tenores, estalló la II Guerra Mundial, y una enfermedad precipitó su retiro. La historia merece que lo recordemos como el gran tenor que fue. Sus grabaciones lo atestiguan. Y ahora lo escuchamos para acabar en Adriana Lecouvreur con la soprano Adelaide Sarraceni en otra magnífica interpretación para la leyenda. Y así nos despedimos. CLIP. 4 - Adriana Lecouvreur. Duo con Adelaide Sarraceni. Non più nobile. 1930 Hasta aquí este episodio de cien tenores de leyenda. En la galaxia de los tenores legendarios, hay estrellas que brillan intensamente y otras que lo hacen con luz más tenue pero duradera en el tiempo. Piero Pauli es, sin duda, uno de esos astros discretos que vale la pena descubrir. En el próximo episodio continuaremos con otro gran tenor de leyenda. Mientras tanto, si te ha gustado este episodio, compártelo, déjanos un comentario, y sigue escuchándonos. Gracias por acompañarnos en “100 Tenores de Leyenda”. Hasta la próxima, y que la música te acompañe.
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Episodio 13 - Francesco Albanese. La pureza del canto italiano.
Bienvenidos a un nuevo episodio del pódcast 100 tenores de leyenda en el que descubriremos la voz luminosa de Francesco Albanese, tenor napolitano de timbre puro y fraseo impecable. Repasaremos su carrera en los grandes teatros italianos y escucharemos alguna de sus legendarias grabaciones junto a Maria Callas, donde la pasión y la claridad se encuentran en equilibrio perfecto.CLIP 1. O sole mio. Fragmento. Nacido en Nápoles en mil novecientos trece, Francesco Albanese perteneció a una generación de tenores que crecieron a la sombra de los grandes —como Gigli o Schipa—, pero que encontraron su propio camino a través de la elegancia, la claridad y el estilo. Debutó en su ciudad natal, en el Teatro San Carlo, una de las cunas de la ópera italiana. Allí, su timbre luminoso y su fraseo preciso llamaron la atención de directores y colegas. Muy pronto fue invitado a cantar en los principales escenarios del país: el Teatro alla Scala de Milán, el Teatro dell’Opera di Roma, el Teatro Comunale di Firenze, y más tarde en Lisboa, Londres, Buenos Aires y Río de Janeiro. Su repertorio era extenso, pero Albanese brillaba especialmente en los papeles líricos: el Duque de Rigoletto, Edgardo en Lucia di Lammermoor, Alfredo en La traviata, Elvino en La sonnambula. Todos ellos requerían agilidad, pureza de emisión y una línea de canto continua, sin asperezas: virtudes que definían su estilo.CLIP 2. Duo la boheme con Fineschi. Sin embargo, la historia de Albanese estaría incompleta sin mencionar su colaboración con Maria Callas.Entre mil novecientos cincuenta y dos y mil novecientos cincuenta y tres participó en varias grabaciones históricas bajo la dirección de Tullio Serafin, con Callas en el centro de la escena. En I puritani de Bellini, Albanese interpreta a Arturo con una mezcla de juventud y nobleza. Su timbre claro y flexible se convierte en el contrapunto ideal para la intensidad volcánica de la Callas. En el dúo final, sus voces parecen dialogar entre la tierra y el cielo: él, ligero y brillante; ella, dramática y desgarrada. También coincidieron en Il trovatore y en La traviata, donde su sensibilidad se adapta con naturalidad al universo emocional de Callas.CLIP 3. Un di felice. Callas.Albanese era, ante todo, un cantante musical. No buscaba el efecto, sino la línea; no el aplauso, sino la coherencia. Su forma de cantar recordaba la escuela de Tito Schipa: control, buen gusto, economía del gesto. En una época en que muchos tenores competían en potencia, él optó por el refinamiento. Esa elección hizo que su nombre no alcanzara el brillo mediático de otros colegas, pero le ganó el respeto de críticos y directores. Serafin lo definió una vez como “un artista de pureza rara, que canta como respira”. Durante los años cincuenta continuó su carrera entre Italia y América Latina. En Buenos Aires, fue invitado al Teatro Colón, donde interpretó papeles de Verdi y Donizetti con gran éxito. En Lisboa, fue un habitual del Teatro Nacional de São Carlos, y en Brasil participó en giras junto a orquestas locales, difundiendo el repertorio italiano con elegancia y calidez. Ya en los años sesenta, retirado poco a poco de los escenarios, se dedicó a la enseñanza del canto, transmitiendo a nuevas generaciones la tradición del bel canto napolitano: la pureza de la emisión, el control del fiato, la claridad en la palabra. Francesco Albanese falleció en mil novecientos ochenta y cinco, discretamente, lejos del ruido del mundo operístico. Pero su legado permanece en las grabaciones que dejó: documentos que revelan una voz honesta, limpia, sin artificios. Una voz que parece provenir de otra época, cuando el canto era un arte de equilibrio y verdad.CLIP 4 Mattinata. Leoncavallo. fragmento. Así era Francesco Albanese: un tenor de leyenda, aunque su leyenda sea silenciosa, tejida más por la calidad que por la fama. Una voz que aún nos recuerda que el arte del canto no está en gritar más alto, sino en decir con belleza lo que otros solo sienten. Esto fue 100 tenores de leyenda, episodio trece: Francesco Albanese. Gracias por su atenta escucha. Nos encontramos pronto con otra voz inmortal.
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Episodio 12 - Edoardo Garbin. La transición entre el Bel canto y el verismo. El primer Fenton.
Episodio 12. Edoardo Garbin. La transición entre el Bel canto y el verismo. El primer Fenton.Hoy, en el episodio número 12 del pótcast 100 Tenores de Leyenda, viajamos al corazón de una época de cambio.La Italia de finales del siglo XIX hervía de pasión, de música, de nuevas ideas.Y en medio de esa transformación, apareció un tenor que supo tender un puente entre dos mundos: el del Bel canto elegante y el del verismo ardiente. Su nombre? Edoardo Garbin.Audio 1. La boheme. Puccini. Che gelida manina. Hemos escuchado a nuestro tenor de hoy en Che gelida manina emitiendo un Do de pecho a tono en una grabación de 1904. Edoardo Garbin nació en Treviso, el 12 de marzo de 1865. Estudió en el conservatorio de Milán, donde pronto llamó la atención por su voz clara, de timbre luminoso y emisión impecable. No era un tenor heroico, ni un declamador poderoso… pero tenía algo que los compositores de su tiempo empezaban a buscar: naturalidad. El Bel canto de Bellini y Donizetti estaba quedando atrás. Las nuevas óperas exigían otra cosa: personajes humanos, pasiones reales, sangre caliente. Y Edoardo Garbin llegó justo a tiempo para encarnar esa transición. En 1892, Garbin se convirtió en el primer Fenton de la historia en Falstaff, la última ópera de Giuseppe Verdi. Un papel de juventud, de ligereza, pero también lleno de vida y picardía. Su canto refinado y flexible encajaba perfectamente con el estilo tardío de Verdi, donde el humor y la humanidad se funden con una escritura vocal exigente. Vamos a escuchar ahora a Garbin en la ópera Zazà de Ruggero Leoncavallo. Se trata del fragmento “Mai più Zazà” grabado en Milano en el año 1908.Audio 2. Zazà. Mai più Zazà. Hemos escuchado a Edoardo Garbin en una grabación de la ópera Zazà de Leoncavallo hecha en Milán en 1908. Vimos como Verdi escogió a Garbin para que fuera el tenor de su última ópera. Y también fue Garbin el último tenor que trabajaría con Verdi. Pero la consagración definitiva de Edoardo Garbin llegaría pocos años después, en 1897, cuando Pietro Mascagni lo eligió para estrenar Iris. Con esa ópera, el verismo daba un paso más allá: el drama se volvía exótico, psicológico, casi simbólico. Garbin fue el primer Osaka, un personaje cruel y sensual, que exigía una mezcla de lirismo y dramatismo que pocos podían lograr. Entre Verdi y Mascagni… entre la elegancia del canto clásico y la crudeza emocional del nuevo teatro musical, Garbin se convirtió en el tenor del cambio. Su voz, de lírico pleno, no imponía por volumen, sino por inteligencia y fraseo. Tenía la virtud de hacer creíble cada palabra, cada intención. En sus grabaciones —esas joyas primitivas de comienzos del siglo XX— todavía puede escucharse ese estilo intermedio: el legato puro del Bel canto, pero ya con la emoción contenida del verismo. Vamos a escuchar ahora a nuestro tenor Garbin en una ópera poco conocida. Se trata de Germania de Alberto Franchetti. Audio 3. Studenti, Udite. Germania. Franchetti. Hemos escuchado a nuestro tenor en la ópera Germania de Alberto Franchetti, en una grabación realizada en Milán en 1908. Edoardo Garbin fue también un hombre discreto. Nunca buscó la fama de los divos, ni la polémica de los nuevos tiempos. Prefirió los teatros italianos, el contacto con su público, el arte sin artificios. Edoardo Garbin se casó con la soprano Adelina Stehle (1860–1945), soprano austríaca naturalizada italiana, muy activa en los estrenos del verismo y compañera habitual de Garbin en escena. Ambos fueron figuras centrales en el estreno de Iris de Mascagni. El tenor que tantos roles veristas de tenor estrenó de compositores como Mascagni, o Franchetti, a parte del Fenton del Falstaff de Verdi que hemos comentado, murió el 12 de abril de 1943, casi olvidado… pero su huella quedó grabada en la historia: fue el tenor que marcó el paso del siglo XIX al XX, el eslabón entre Rubini y Caruso, entre el ideal y la verdad. Edoardo Garbin. el canto como equilibrio, la emoción como verdad. El Fenton de Garbin representa los últimos coletazos del bel canto que dan paso al verismo. Mascagni, Leoncavallo, y otros que hemos citado, buscan dar otro giro a la voz del tenor y su expresión dramática. Para terminar, vamos a escuchar al tenor Garbin en un fragmento de la ópera Mefistofele, de Arrigo Boito. Se trata del aria “Dai campi, dai prati” La grabación és de 1913.Audio 4. Dai campi, dai prati. Mefistofele. Boito. 1913.Escuchábais a Edoardo Garbin en Mefistofele de Boito. Hasta aquí ha llegado otro episodio del pótcast 100 Tenores de Leyenda. Espero que hayáis disfrutado conociendo al gran tenor Edoardo Garbin, el puente entre el Bel canto y el verismo. Nos despedimos ya hasta el próximo episodio donde podréis conocer otro gran tenor. Otro tenor de Leyenda. Gracias por escucharnos una vez más.
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Episodio 11 - Francesc Viñas. El tenor wagneriano que conquistó el mundo.
Bienvenidos al podcast 100 tenores de leyenda. En este episodio viajamos al corazón del canto wagneriano a través de la figura inolvidable de Francesc Viñas. Pastor en su infancia, tenor en los grandes teatros del mundo, Viñas dejó una huella profunda en la historia de la ópera. Hoy exploraremos su vida, su carrera internacional, sus facetas más íntimas y el legado que aún resuena gracias al Concurso Internacional de Canto que lleva su nombre.. Hemos escuchado al tenor Viñas en un fragmento de Lohengrin de Wagner. Nacido el 27 de marzo de 1863 en Moià, Cataluña, Francesc Viñas i Dordal creció en una familia humilde. De niño fue pastor y tejedor, pero su pasión por la música lo llevó a estudiar clarinete y solfeo en su pueblo. A los 16 años se trasladó a Barcelona, donde trabajó en una cerería y comenzó sus estudios en el Conservatori del Liceu, bajo la tutela de Gonzalo Tintorer. Su gran oportunidad llegó en 1888, cuando el maestro Joan Goula le ofreció debutar en el Gran Teatre del Liceu con Lohengrin de Wagner. Fue tal el impacto de su interpretación que el legendario tenor Julián Gayarre, presente en la función, le regaló su propio traje de escena. En solo tres años, Viñas cantó Lohengrin más de 120 veces, convirtiéndolo en su rol emblemático. Escribía el Crítico musical de “La Nación” al día siguiente: Si el señor Viñas se dedica solamente un año al estudio del canto, no habrá tenor que pueda competir con él, ni el mismo Gayarre.” Otro hito wagneriano tuvo lugar el 29 de noviembre de 1903, cuando Viñas cantó el aria In fernem Land en catalán por primera vez en el Liceu, rompiendo con la tradición de interpretar Wagner en italiano. El semanario satírico Cu-Cut! lo inmortalizó como un hito del wagnerismo catalán. Cabe señalar al gran afición a Wagner que atesora desde siempre la ciudad de Barcelona. Vamos ahora a escuchar a Viñas en Otello de Verdi. Se trata de la escena “Ora e per sempre, addio”. Hemos escuchado a Francesc Viñas en la ópera Otello de Giuseppe Verdi. A partir de su impactante debut en el Gran Teatre del Liceu, Francesc Viñas emprendió una carrera internacional fulgurante que lo llevó a los escenarios más prestigiosos del mundo. En 1889, debutó en la Scala de Milán, donde fue aclamado por su interpretación de Lohengrin, consolidando su reputación como tenor wagneriano. Ese mismo año cantó en el Teatro Regio de Turín y en el Carlo Felice de Génova, donde su voz lírica y su dominio del alemán sorprendieron a públicos acostumbrados al repertorio italiano.En 1891, Viñas llegó al Covent Garden de Londres, donde interpretó Tannhäuser y Tristán e Isolda, siendo uno de los primeros tenores españoles en cantar Wagner en inglés. Su éxito en Inglaterra lo llevó a actuar en el Teatro San Carlo de Nápoles, donde alternó roles wagnerianos con títulos italianos como Aida y Lucia di Lammermoor. En 1893, debutó en el Metropolitan Opera House de Nueva York, convirtiéndose en uno de los pocos tenores europeos en cantar Parsifal en ese escenario, junto a artistas como Emma Eames y Jean de Reszke. Escucharemos ahora de nuevo a nuestro tenor Viñas en un fragmento de Aida, de Verdi, grabado en 1905. Hemos escuchado a Francesc Viñas en un fragmento de Aida de Verdi, grabado en 1905. Durante la década de 1890 y principios del siglo XX, Viñas realizó giras por América Latina, destacando sus actuaciones en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde cantó Cavalleria Rusticana y Mefistófeles con gran éxito. También se presentó en el Teatro Real de Madrid, donde fue recibido como héroe nacional, y en el Teatro Nacional de México, donde interpretó Lohengrin en español, acercando el repertorio wagneriano al público hispanoamericano.Su repertorio abarcó más de 40 títulos, con especial énfasis en Wagner, pero también en Verdi, Donizetti, Mascagni y Boito. Fue el primer tenor español en cantar Parsifal fuera de Bayreuth, y uno de los pocos en dominar el estilo declamatorio alemán con acento lírico mediterráneo. Su voz, descrita como “solar y vibrante”, le permitió alternar entre papeles heroicos y románticos con una naturalidad que pocos lograban. Escucharemos ahora al tenor Viñas cantando el aria “Ecco mia giovinezza” de la ópera Lorenza, de Edoardo Mascheroni, en una grabación de 1905. Hemos escuchado a Francesc Viñas en una grabación del año 1905 de una de las arias de tenor de la ópera Lorenza, de Mascheroni. En su vida personal, se casó con la mezzosoprano italiana Giulia Novelli, con quien tuvo una hija. Aunque vivió en Roma durante años, mantuvo un fuerte vínculo con su pueblo natal. En Moià, fundó en 1905 la Fiesta del Árbol Frutal, una celebración cívico-ecológica que aún perdura. También escribió el tratado El arte del canto, donde volcó su experiencia y técnica vocal. Su última actuación fue en 1918, con la ópera Acté de Juan Manén. Tras retirarse, se dedicó a actividades culturales y sociales. Falleció en Barcelona el 14 de julio de 1933, a los 70 años, víctima de un cáncer de pulmón. Como homenaje a su legado, en 1963 se creó el Concurso Internacional de Canto Tenor Viñas, impulsado por su yerno Jacint Vilardell. Este certamen, con sede en el Gran Teatre del Liceu, se ha convertido en uno de los más prestigiosos del mundo, descubriendo talentos como Elena Obraztsova, Violeta Urmana, Javier Camarena y Tamara Wilson, entre muchos otros. Cada año, jóvenes cantantes de más de 60 países compiten por premios, becas y contratos en los principales teatros de ópera internacionales. Para terminar, un último fragmento musical, del duo de soprano y tenor de Aida, en el que escucharemos a Francesc Viñas y la soprano Ester Mazzoleni. La grabación es del año 1908. 1908.Hasta aquí este episodio del podcast 100 tenores de leyenda, que hemos dedicado a la figura insigne de Francesc Viñas. Su voz, su legado y su memoria perduran en la historia del canto. Gracias por acompañarnos.
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Episodio 10 - Giuseppe Taccani. El tenor milanés que apenas cantó en su teatro alla Scala.
Episodio 10: Giuseppe Taccani – El tenor milanés que apenas cantó en su teatro Alla Scala. “No toda leyenda vive en el recuerdo colectivo. Algunas se esconden en surcos de vinilo, esperando a ser redescubiertas.” Bienvenidos a 100 tenores de leyenda, el podcast donde las grandes voces vuelven a cantar. En este décimo episodio, viajamos a la Italia de entreguerras para redescubrir a una figura cuyo nombre ha quedado algo difuminado por el tiempo, pero cuya voz merece ocupar un lugar entre las más destacadas de su época: Giuseppe Taccani. CLIP AUDIO. Gioconda. Hemos escuchado a nuestro tenor de leyenda de hoy, Giuseppe Taccani, en un fragmento de la ópera La Gioconda de Amilcare Ponchielli. Giuseppe Taccani nació en Milán en 1885, en una ciudad donde la ópera no solo se escuchaba, sino que se respiraba. Creció entre el murmullo de las arias y el bullicio de una metrópolis que tenía a La Scala como faro cultural. A temprana edad mostró una afinidad especial por la música y fue aceptado en el Conservatorio Giuseppe Verdi, un templo del bel canto donde perfeccionó su técnica bajo la tutela de maestros exigentes, como Gaetano Bavagnoli.Su formación fue rigurosa y minuciosa, basada en el control de la emisión, la claridad del timbre y el dominio del fraseo. Su voz no era rotunda ni espectacular, pero sí profundamente musical, ideal para papeles líricos donde la expresión es tan importante como el volumen. A principios del siglo XX, comenzó a cantar en pequeños teatros lombardos, interpretando roles como Nemorino, Alfredo y Rodolfo con una elegancia nada afectada.Taccani se formó en una Italia dividida entre la tradición romántica y las corrientes de modernidad que asomaban en el arte. Él, discreto pero firme, representaba esa tensión: un tenor que respetaba la escuela antigua, pero que abría paso a nuevas maneras de entender la emoción en escena. Vamos a escuchar ahora a Taccani en una escena de Il Trovatore de Giuseppe Verdi. CLIP AUDIO. Ah si ben mio. Trovatore. Hemos escuchado el aria Ah si ben mio. De la ópera Il Trovatore de Giuseppe Verdi, interpretada por Giuseppe Taccani, nuestro tenor de leyenda de hoy. Estudió en Milán con el gran barítono Lelio Casini y debutó en 1904 en el Teatro Sociale de Lecco con Manon Lescaut. En 1905 se presentó en el Politeama Azeglio de Bolonia como Milio en Zazà. Poco después actuó como artista invitado en La Habana. Su carrera en Italia fue notablemente exitosa.En 1906 participó en el estreno de la ópera Hermes de Attilio Parelli en Génova. En 1908 cantó en el Teatro Regio de Turín y en el Teatro San Carlo de Nápoles, y también se presentó en el Politeama Argentino de Buenos Aires. En 1910 actuó en el Teatro Khediviale de El Cairo.Durante la temporada 1908–1909 formó parte del elenco de la Manhattan Opera House de Nueva York. En 1911 volvió a Italia como invitado en el Teatro Regio de Parma, interpretando el rol de Enzo en La Gioconda de Ponchielli.En 1913 se presentó en el Teatro Costanzi de Roma en los estrenos de las óperas L'Arabesca de Domenico Monleone y La Leggenda delle sette Torri de Alberto Gasco. En 1923 volvió al San Carlo de Nápoles para el estreno de Morenita de Mario Persico, y en 1929 participó en el estreno de Don Giovanni de Felice Lattuada en el mismo teatro. En 1930 hizo una aparición especial en Holanda. Vamos a escuchar ahora a Giuseppe Taccani en una aria verista no muy conocida. Se trata de S’è spento il sol, de la ópera Silvano de Pietro Mascagni. CLIP AUDIO. Silvano. Hemos escuchado al tenor Giuseppe Taccani en la poco conocida ópera de Pietro Mascagni, Silvano. A pesar de sus numerosos triunfos en los principales escenarios de Italia, Taccani nunca cantó en La Scala de Milán hasta 1931, cuando alternó con Francesco Merli en el papel de Radamés en Aida de Verdi.En la segunda parte de su carrera incorporó a su repertorio obras de Wagner, como Tannhäuser y Siegfried. Ya en 1925 interpretó Tannhäuser en el Teatro San Carlo de Nápoles, y en 1933 fue Siegfried en Siegfried de Wagner en el Teatro La Fenice de Venecia.Tuvo una carrera larga y sólida, que concluyó en 1949 con una función de Cavalleria Rusticana en el Teatro Sociale de Savigliano. Tras su retiro, fundó una escuela de canto.Fue uno de los primeros tenores italianos en grabar para el sello Parlophone, y aunque su discografía es escasa, esas pocas grabaciones son testimonio de una voz pura, contenida, delicadamente labrada. Se le ha comparado con Tito Schipa por su refinamiento y con Beniamino Gigli por su ternura, pero Taccani tenía una personalidad vocal propia, menos extrovertida, más íntima. Vamos ahora a escuchar a Taccani en duo con uno de los grandes barítonos de su época, Pasquale Amato. Se trata del magnífico duo de Barítono y tenor de La Forza del destino de Verdi. CLIP AUDIO. Forza del destino con Pasquale Amato. Hemos escuchado al tenor Giuseppe Taccani con el barítono Pasquale Amato en una grabación de La Forza del Destino de Verdi. A mediados de los años cincuenta, Giuseppe Taccani se retiró discretamente de los escenarios y se dedicó a la enseñanza. No tuvo grandes homenajes ni retrospectivas, y su nombre se fue apagando en la memoria colectiva. Pero quienes lo escucharon, ya sea en teatro o a través de sus grabaciones, coinciden en que fue un artista íntegro, devoto del arte más sincero.Para terminar este episodio le escuchamos en un fragmento de la ópera Andrea Chenier de Umberto Giordano. CLIP AUDIO. Andrea Chenier. Escuchábamos al tenor Giuseppe Taccani en Andrea Chenier. Hoy, volvemos a escucharlo con nuevos oídos. Porque Giuseppe Taccani nos recuerda que las leyendas no siempre gritan: a veces susurran. Y si prestamos atención, su voz aún canta desde el pasado.Gracias por acompañarnos en este episodio de 100 tenores de leyenda. En el siguiente, abriremos el telón a otro tenor olvidado que merece ser redescubierto. Hasta entonces… que la música los acompañe.
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Episodio 9 - Edward Johnson. La voz legendaria canadiense que dirigió el Met de Nueva York.
Edward Johnson. La voz legendaria canadiense que dirigió el Met de Nueva York. En este episodio del podcast 100 tenores de leyenda nos adentramos en la vida de un tenor que no solo conquistó los escenarios más prestigiosos del mundo sino que también dirigió uno de los teatros más emblemáticos de la ópera. Desde su Canadá natal, hasta la cúspide del Met de Nueva York, epicentro mundial del arte lírico. Esta es la historia y la leyenda de Edward Johnson. Edward Patrick Johnson nació el 22 de agosto de 1878 en Guelph, Ontario, en Canadá. Desde niño mostró aptitudes musicales, cantando como solista en el coro de su iglesia local. Su padre deseaba que fuera abogado pero afortunadamente el destino le llevó en otra dirección. En 1897, la contralto Edith Miller lo animó a mudarse a Nueva York para estudiar canto. Allí se formó con varios maestros y debutó como solista en Carnegie Hall en 1904. El gran tenor Enrico Caruso lo escuchó cantar en Broadway y quedó fascinado por su voz, fue en 1907 cuando Johnson cantaba la opereta “A waltz dream” de Oscar Strauss. En 1908, siguiendo el consejo de Caruso, viajó a Europa para perfeccionarse en Florencia con Vincenzo Lombardi. Llegado a Italia adoptó el nombre artístico de Edoardo Di Giovanni. Era habitual italianizar el nombre por parte de cantantes extranjeros poco conocidos y que querían destacar en este arte. Inició así una carrera internacional que lo llevaría a los principales teatros del continente. Su debut operístico fue en Padua en 1912 como Andrea Chénier. Pronto se convirtió en tenor principal en La Scala de Milán, donde cantó durante cinco temporadas consecutivas. En Roma, en el Teatro Costanzi, interpretó roles como Luigi y Rinuccio en el estreno italiano de Il Trittico de Puccini en 1919. En 1914, bajo la batuta de Arturo Toscanini, interpretó el papel de Parsifal en la primera versión italiana de la obra de Wagner. También cantó en Madrid, Río de Janeiro, Buenos Aires y Londres, donde debutó en Faust junto a la legendaria soprano Nellie Melba.Tras la muerte de su esposa en 1919, regresó a América. Debutó en la Chicago Opera como Loris en Fedora y permaneció allí tres años. En 1922 se incorporó al Metropolitan Opera de Nueva York, donde cantó durante trece años. Fue el primer Pelléas, de la ópera Pelléas et Melissande, del Met en 1925 y protagonizó estrenos mundiales como The King's Henchman (1927) y Peter Ibbetson (1931), ambas del compositor nuevayorkino Deems Taylor. En 1935, tras retirarse del canto, asumió la dirección general del Met, sucediendo a Herbert Witherspoon. Durante quince años, Johnson lideró la institución en tiempos difíciles como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Fue un innovador: instauró las audiciones por radio para descubrir nuevos talentos y promovió una programación más diversa. Bajo su gestión, el Met se consolidó como referente internacional.Johnson recibió múltiples distinciones, entre ellas la Orden del Imperio Británico y títulos honorarios de universidades como Toronto y Western Ontario. En 1950 se retiró y regresó a Guelph, donde fundó el Edward Johnson Music Foundation y promovió la educación musical. Falleció el 20 de abril de 1959, víctima de un infarto, mientras asistía a un recital de ballet en su ciudad natal. Y vamos ahora con el último fragmento sonoro de este episodio. En 1928, en una transmisión especial de radio desde Canadá, Edward Johnson interpretó una de las canciones más emblemáticas del país: The Maple Leaf Forever. (La hoja de Arce para siempre).Compuesta en 1867 por Alexander Muir, esta melodía celebraba los hitos británicos en la historia de Canadá y se convirtió en una expresión vibrante del patriotismo anglófono. La voz cálida y elegante de Johnson dio nueva vida a esta canción, llevándola más allá de sus orígenes históricos para convertirse en un símbolo del orgullo nacional. Su interpretación fue transmitida por la Canadian National Railway Radio Network, y muchos la recuerdan como uno de los momentos en que la música unió tradición, identidad y emoción. Edward Johnson en “The maple leaf forever”. La hoja de arce, símbolo de unión y diversidad, resonó en cada nota bajo la voz de un tenor que, aunque recorriera el mundo entero, nunca dejó atrás sus raíces canadienses.Edward Johnson fue más que una voz excepcional. Fue un visionario que entendió la ópera como arte y como institución. Su legado vive en cada nota que resuena en el Met y en cada joven talento que encuentra su camino gracias a las puertas que él abrió. En "100 Tenores de Leyenda", celebramos no solo al artista, sino al hombre que hizo historia. Hasta aquí llegó este episodio dedicado al gran tenor y empresario del MET Edward Johnson. Os esperamos en próximos episodios que nos llevaran a descubrir nuevas leyendas del canto tenoril. Muchas gracias.
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Episodio 8 - Giulio Crimi, el maestro de Tito Gobbi.
En el firmamento de los grandes tenores del siglo XX, hay nombres que aún hoy resuenan con fuerza. Pero entre ellos, hay uno que, aunque no tan recordado, dejó una huella indeleble en el mundo del bel canto: Giulio Crimi. Hoy, en '100 tenores de leyenda', redescubrimos la vida y el arte de este siciliano que conquistó el mundo operístico en apenas dos décadas." Giulio Crimi (1885–1939) fue parte de una destacada cosecha de tenores italianos —Martinelli, Pertile y Taccani fueron otros— nacidos también en el año 1885. Se da el caso que Martinelli y Pertile nacieron en el mismo pueblo de Montagnano no solo el mismo años, sino con pocos dias de diferencia. Hijo de un abogado, Crimi era originario de Paternò, en la provincia siciliana de Catania. Tras acabar la secundaria, ingresó en la facultad de Derecho, con la intención de seguir los pasos de su padre. Sin embargo, tras dos años, la muerte de éste dejó a la familia en una situación precaria. Crimi tuvo que abandonar los estudios y empezó a trabajar como empleado en la oficina telegráfica local. Como en tantas historias de tenores en ciernes, cantaba durante el trabajo, lo que divertía a sus compañeros, quienes lo animaron a buscar un buen maestro de canto. Lo encontró en Matteo Aderno, con quien comenzó a trabajar en 1906. En los siguientes cuatro años, Crimi también estudió con los tenores Raffaele Grani y Alfonso Garulli, y viajaba periódicamente a Milán para recibir clases del célebre director Giuseppe Gallignani. Aunque atravesaba serias dificultades económicas, Crimi estaba decidido a continuar, sin importar los sacrificios. Apartaba un tercio de su sueldo para pagar las lecciones (los otros dos tercios los destinaba a mantener a su madre viuda), y a menudo se saltaba el almuerzo… por no hablar del desayuno y la cena… durante aquel periodo sombrío.Debutó en Palermo en 1910 como Manrico en Il Trovatore. Su carrera se interrumpió al ser llamado a filas para la guerra ítalo-turca en 1911. Recibió un disparo en el abdomen (una herida que lo aquejaría durante años) y fue dado de baja a principios de 1912. Tras retomar su carrera, Crimi actuó durante un tiempo en teatros más modestos. Su primera aparición en una sala importante fue en el Teatro Regio de Turín, donde interpretó el papel de Paolo en el estreno mundial de Francesca da Rimini de Zandonai, el 19 de febrero de 1914. Le siguieron debuts relevantes en el Covent Garden, la Ópera de los Campos Elíseos en París, La Scala, el Teatro Real de Madrid y el Teatro Colón. Su debut en EE. UU. tuvo lugar en noviembre de 1916 como Radamés en Aida con la Ópera de Chicago, donde fue muy admirado durante cinco temporadas. En 1918, debutó en el Metropolitan Opera de Nueva York, también como Radamés. Según The New York Times, “El debut de Giulio Crimi fue exitoso. Cantó con considerable potencia. Recibió una ovación ensordecedora tras el Acto III, especialmente.” Fue allí donde estrenó los roles de Rinuccio en Gianni Schicchi y Luigi en Il tabarro, durante el estreno mundial del Trittico de Puccini. En sus cuatro temporadas en el Met, Crimi interpretó más de cien funciones en roles principales de Tosca, La Bohème, Manon Lescaut, Il Trovatore, Don Carlo, La forza del destino, La Traviata, Zazà, Pagliacci, Cavalleria Rusticana, Andrea Chénier, Lucia di Lammermoor, La Navarraise y Carmen. Alternando entre Chicago y el Met, pasó los veranos en Buenos Aires. Este ritmo agotador no ayudó al tenor, y antes de los cuarenta años, su voz empezaba a mostrar señales de fatiga. Su salud también se resintió (sufría hipertensión crónica), y el esfuerzo de una carrera internacional se volvió difícil. Su última función en el Met fue como Pinkerton en Madama Butterfly el 13 de febrero de 1922. Siguió cantando con la Ópera de Chicago, además de dar conciertos y recitales por EE. UU., antes de regresar a Italia en febrero de 1924.Ya de vuelta, Crimi retomó de inmediato su actividad, con actuaciones en La Scala, el Costanzi de Roma y el San Carlo de Nápoles. Una función de Andrea Chénier en 1926 en Nápoles sería su última aparición. Ese mismo año, con 41 años, sufrió una hemorragia retiniana en el ojo izquierdo que le provocó una ceguera parcial, lo cual lo obligó a retirarse. Se instaló en Roma, donde se consolidó como uno de los maestros de canto más respetados, teniendo entre sus alumnos al célebre barítono Tito Gobbi. Lamentablemente, su etapa docente fue incluso más breve que su carrera escénica. El 29 de octubre de 1939, mientras caminaba como de costumbre hacia su estudio, se desplomó en la calle a causa de un infarto fulminante. Tenía solo 54 años.Durante su carrera —tan breve como intensa— Giulio Crimi disfrutó del éxito a ambos lados del Atlántico. Su repertorio, de casi treinta óperas, incluyó Mefistofele, Loreley, Isabeau, Les Huguenots, L’amore dei tre re, La fanciulla del West y La battaglia di Legnano. Crimi grabó unas cincuenta piezas entre 1918 y 1923 para el sello Vocalion. Estas revelan a un tenor spinto robusto, con un centro baritonal rico y agudos brillantes. Las grabaciones más tardías también muestran cierto esfuerzo en las notas altas, recurriendo con frecuencia a transposiciones descendentes. No obstante, el arte y la musicalidad de Crimi hacen de sus registros un auténtico deleite. Vamos a escuchar ahora a Giulio Crimi en uno de sus mejores discos, en el que luce su más puro estilo verista “Vesti la giubba” de Pagliacci de Leoncavallo, grabado en Nueva York para Vocalion en 1921.
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Episodio 7 - Rockwell Blake, el acróbata del bel canto.
Bienvenidos a 100 tenores de leyenda, el podcast que desentraña las voces que hicieron historia. Hoy viajamos al corazón del bel canto para encontrarnos con un tenor que desafió los límites de la agilidad vocal: Rockwell Blake, el acróbata del repertorio rossiniano. Una voz que quizás no encajó del todo en los moldes tradicionales, pero que dejó una huella imborrable en el arte de cantar.Rockwell Blake nace en 1951 en Plattsburgh, una pequeña ciudad del norte del estado de Nueva York. Hijo de un granjero de visones, sus comienzos no presagiaban un destino lírico. Sin embargo, su camino musical se fue labrando con disciplina férrea. Durante su servicio en la Armada de EE. UU., no solo cantó en el coro Sea Chanters, sino que perfeccionó una técnica vocal única, guiado por la maestra Renata Carisio Booth. Debutó en 1976 como Lindoro en L’italiana in Algeri, papel que se convertiría en una de sus señas de identidad, al igual que el propio Rossini. En 1978 gana el primer premio de la fundación Richard Tucker. Al año siguiente, 1979, debuta en la New York City Opera con Le comte Ory de Rossini. A partir de estos éxitos canta por toda Europa y Estados Unidos. Su debut en el Metropolitan Opera de Nueva York fue, como no podía ser de otra manera, con el Lindoro de L’Italiana in Algeri, siete años más tarde de aquel debut de Washington, lo cantó ahora en el epicentro operístico mundial, el Met, en 1981. Rockwell Blake fue mucho más que un tenor ligero. Dominaba la tesitura del tenor contraltino, tan exigente como infrecuente, que requiere una coloratura endiablada, agilidad casi instrumental, y un rango que roza lo acrobático. Desde principios de los años 80, se convirtió en invitado habitual del Rossini Opera Festival de Pésaro, dando nueva vida a óperas olvidadas y a arias que parecían imposibles. En su voz, piezas como “Ah! mes amis” de Donizetti o “Cessa di più resistere” de Rossini se transformaban en verdaderos desafíos olímpicos de técnica y respiración. Si bien no todos los oídos se rindieron a su timbre —para algunos algo nasal o metálico—, su virtuosismo técnico jamás fue puesto en duda. Blake no buscaba la belleza complaciente, sino la fidelidad estilística, la precisión casi quirúrgica. Tras retirarse del escenario, dedicó su tiempo a la docencia, formando nuevas generaciones en instituciones como la Accademia di Santa Cecilia y el Conservatorio de París. Rockwell Blake quizá no llenó estadios, pero transformó un repertorio olvidado en una tierra fértil para la excelencia vocal que otros detrás de él están cultivando. Gracias a él, hoy muchos tenores se atreven a desafiar la gravedad del canto florido. Fue un virtuoso, sí, pero también un revolucionario.
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Episodio 6 - Francisco Araiza. De México al Mozarteum.
Hoy en el episodio seis del podcast 100 tenores de leyenda. Francisco Araiza. De México al Mozarteum. Desde las coloridas calles de la Ciudad de México hasta los salones reverberantes del Mozarteum en Salzburgo, la voz de Francisco Araiza ha trazado un camino único, forjado con elegancia, disciplina y un talento vocal que conquistó los escenarios más exigentes del mundo.Tenor de técnica depurada y alma versátil, Araiza se convirtió en embajador natural del repertorio mozartiano. Su Belmonte en Die Entführung aus dem Serail marcó una época y lo consolidó como uno de los grandes intérpretes del siglo XX. Pero su legado va más allá de un nombre en cartel: es el puente entre la pasión latinoamericana y el rigor centroeuropeo; una prueba viva de que el arte no tiene fronteras.Hoy, en 100 tenores de leyenda, seguimos su travesía: de México al Mozarteum, de la ópera al mito.Nacido en Ciudad de México el 4 de octubre de 1950, Francisco Araiza comienza, como muchas grandes trayectorias musicales, con una curiosidad temprana y un encuentro inesperado con la música coral. Fue en el coro de la Universidad Nacional Autónoma de México donde su voz empezó a llamar la atención, destacándose entre muchas por su timbre limpio y natural. Aquella experiencia universitaria no solo despertó su vocación, sino que lo llevó a estudiar formalmente con una figura emblemática del canto mexicano: la soprano Irma González, quien sería su mentora y guía en los primeros pasos del camino.
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Episodio 5 - Augusto Scampini, una carrera truncada por la primera guerra mundial.
El tenor Augusto Scampini, nacido en Garlasco, cerca de Milano, en el año 1880, tuvo un impacto significativo en la ópera de su época, especialmente en la interpretación del repertorio lírico spinto. Su voz potente y expresiva le permitió destacar en roles exigentes como Radamés en Aida, Manrico en Il Trovatore y Andrea Chénier, consolidándose como un tenor de referencia en los teatros de Italia, España y América del Sur.Además, su carrera coincidió con la expansión de la fonografía, lo que permitió que su legado vocal quedara registrado en algunas grabaciones históricas. Aunque no alcanzó la fama de otros tenores de su generación como Caruso, Tamagno u otros muchos, su técnica y estilo fueron apreciados por críticos y colegas, y su influencia se extendió a través de su labor como maestro de canto en Barcelona, donde formó a nuevas generaciones de cantantes, como su propia hija Brunilda, quien llegaría a cantar en el mismo Liceu de Barcelona el 23 de diciembre de 1952.
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Episodio 4 - James King, un gran heldentenor cuya autobiografía se inspiró en Lohengrin.
El tenor norteamericano James King nació en Dodge City, Kansas, el 22 de Mayo de 1925. Después de estudiar con el barítono Martial Singher y el gran tenor Max Lorenz, empezó su carrera como barítono. Pero King pronto cambió a la cuerda de tenor. Ganando unas audiciones en Cincinnati pudo embarcarse en su primera gira europea, que le llevó a cantar el rol de Cavaradossi de Tosca en Florencia. Después fue contratado como tenor residente en la Deutsche Oper de Berlin, en 1962. En el mismo año fue contratado también para cantar en Salzburg, al año siguiente en Viena, y en 1965 llegaría su debut en el teatro de Richard Wagner en Bayreuth. Tres años más tarde debutaría en la Scala de Milan.En Estados Unidos James King hizo su debut en la Opera de San Francisco en 1961 en el rol de Don José de la ópera Carmen de Bizet. Su debut en el Met fue cinco años más tarde, en 1966, cantando Fidelio de Beethoven en el rol de Florestán. Uno de los roles preferidos de James King, quien, por otro lado, hablaba un alemán perfecto, fue el del emperador en la ópera Die Frau ohne Schatten, (la mujer sin sombra) de Richard Strauss, que cantó a menudo con gran éxito. La voz de James King era brillante, lírica, con facilidad para el registro agudo, y resultó ideal para los roles más ligeros de Wagner, como Walther von Stolzing, Parsifal, o Lohengrin. El repertorio de este gran tenor de Kansas incluía también, Otello, Siegmund, y Palestrina (de la ópera homónima de Pfitzner).James King escribió su autobiografía, titulada Nun sollt Ihr mich befragen (Ahora podéis preguntarme), que hace referencia a la ópera Lohengrin de Wagner, en la que el protagonista tenor, en un primer momento dice a Elsa: "Elsa, si debo ser tu esposo, si debo protegerte a ti, a la tierra y a su gente,si nada debe arrancarme de tu lado, debes prometerme una cosa: Nunca debes preguntarme,ni preocuparte por saber, de dónde vine ni cuál es mi nombre y origen." Se trata de un momento clave en la historia de la ópera, donde el protagonista establece una condición fundamental para su amor. Más tarde Lohengrin canta la misma frase que lleva por título la autobiografía de James King “Nun sollt Ihr mich befragen” ahora podéis preguntarme, que es el otro momento clave de la ópera, cuando finalmente el protagonista, Lohengrin, revela su identidad después de que Elsa ha roto la promesa de no preguntarle sobre su origen. El tenor James King murió el 20 de noviembre de 2005, a los 80 años de un ataque al corazón.
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Episodio 3 - Leonid Sobinov, un gran tenor ruso vitoreado en Madrid.
Leonid Sobinov nació el 26 de Mayo de 1872 en Jaroslávl, una ciudad rusa que se encuentra a unos 250 km al noreste de Moscú, a orillas del curso alto del río Volga. A la edad de 19 años lo encontramos en Moscú para estudiar la carrera de derecho.Allí, en el coro de la universidad, Sobinov se convirtió en primer tenor solista.Fue siempre Sobinov un hombre comprometido con la gente de su país y ayudó en Moscú a gente necesitada y sobretodo a estudiantes que no podían pagar sus estudios. Lo hizo ofreciendo conciertos benéficos. Al principio de su carrera de tenor, no sale de Rusia, cantando solo en los teatros imperiales Bolshoi y Mariinski. Más tarde su fama se extenderá y será llamado a cantar en casi todos los teatros de opera del mundo. En el teatro Bolshoi, Sobinov hace su debut en el personaje de Sinodal de la ópera Demon de Rubinstein, con tal éxito que el público le pide el bis del aria.
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Episodio 2 - Richard Tucker. El más grande tenor de Estados Unidos.
Richard Tucker nació en Nueva York en 1913. El mismo año que el tenor y empresario Giovanni Zenatello y su esposa, la barcelonesa María Gay, crearon el Festival de la Arena de Verona que se presenta desde entonces cada verano. En 1947 Richard Tucker es contratado por Zenatello para cantar en Verona el Rol de Enzo de la Gioconda de Ponchielli. A su lado, una joven soprano desconocida, María Callas.El rol de Eleazar de La Juive de Halévy fue uno de los más queridos por Richard Tucker, aunque no pudo llegar a cantarlo en Nueva York en su adorado teatro del Met. En diciembre de 1974 Tucker cantó la Juive en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en la que sería su última encarnación de este rol operístico, pues dos semanas más tarde murió de un ataque al corazón fulminante mientras dormía.
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Episodio 1 - John McCormack, la gloria de Irlanda.
En el episodio número uno hablaremos del gran tenor irlandés John McCormack, nacido en Athlone el 14 de junio de 1884. Este cantante fue una gran Celebrity, como diríamos hoy en día, que rodó una película como protagonista dirigida por un famoso director de Hollywood ganador de 2 oscars. McCormack cantó y grabó discos con la soprano más célebre de su tiempo, una australiana que incluso dio nombre a un postre internacionalmente conocido. ¿Qué decir de la preciosa voz de John McCormack? La gloria de Irlanda.
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Episodio 0 - La increíble historia del Do de pecho.
¿Por qué se suicidó el tenor Adolphe Nourrit arrojándose por la ventana de un hotel en 1839? ¿Qué hecho extraordinario aconteció en París dos años antes, cuando Gilbert Duprez cantaba Guillermo Tell y que no dejó indiferente al mundo de la ópera, para el que marcaría un antes y un después? ¿Qué relación pudo tener este hecho con la muerte del Nourrit? ¿Por qué algunas óperas tenían notas tan endiabladamente agudas, que nos pueden parecer casi imposibles de cantar? ¿Cómo se cantaban en el siglo XIX? ¿Qué estrecha relación, artísticamente hablando, mantuvieron el compositor Vincenzo Bellini y el gran tenor Giovanni Battista Rubini? Os lo contamos todo en este episodio.
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ABOUT THIS SHOW
A lo largo de 100 episodios, más el episodio 0 a modo de presentación y que nos llevará a la apasionante historia del Do de pecho, conoceremos a 100 tenores legendarios y los escucharemos en sus mejores prestaciones vocales. Los tenores seleccionados están situados en la época fonográfica, por lo tanto los más antiguos son los nacidos en el siglo XIX. Serán más de 25 horas de audio para adentrarnos en el apasionante mundo de los tenores.
HOSTED BY
Francesc Xavier Canela Vallès
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