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Las hijas de Felipe
by Radio Primavera Sound
Todo lo que te esté pasando a ti ya le pasó a alguien los siglos XVI y XVII. Bienvenidas al rinconcito terapéutico del ahistoricismo deliberado: monjas, vidas menudas, disecciones barrocas, entusiasmo carmelita, estrellatos transepocales, pecados nefandos y mucho más. El podcast que te hará tatuarte el dogma de la Inmaculada Concepción.
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Catalina Micaela: fanática de lo sensual
“Señor mío de mi alma, bien creeréis os merezco tengáis tanta memoria de mí, pues yo no hablo ni pienso en otra cosa que en vos y en lo que haréis y así muy fácilmente podéis adivinar lo que hago”. ¿Quién iba a imaginar que, detrás de esos coloretillos, de esas cejas absolutamente divinas, de esos ojitos enormes color miel que despliega la infanta Catalina Micaela en el retrato que le pintó Sánchez Coello en 1584 se escondía, en realidad, la veinteañera más intensa, apasionada, celosilla y demandante del siglo XVI? Con ánimo de paliar los estragos de la resaca de impudicia de nuestro último episodio, nos lanzamos a exhibir los pudores epistolares de otras: sumergidas en las 1804 (MIL OCHOCIENTAS CUATRO) cartas que Catalina le envió a su maridito, Carlos Manuel I de Saboya, os descubrimos todas las intimidades de este joven matrimonio heterosexual. Regalos extravagantes (papagayos! ponies! reliquias de san Vitor!), retorcidos chantajes emocionales, una puesta en práctica temprano moderna del manifiesto contrasexual de Paul B. Preciado, la NRE (new relationship energy) que todas ansiamos y mucha, muchísima fogosidad avivada por el revuelo hormonal de la veintena. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber qué instrucciones le daba naughty naughty Catalina a su maridito para que la “tomara por sobresalto” en mitad de la noche, dadle corriendo a play.
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Instrucción de novicias: secret files
Lo escribió Santa Teresa (primera mención) en algún momento incierto entre 1562 y 1565, pero bien podríamos haberlo escrito nosotras en 2025: "según lo que he pasado en verme escrita y traer a la memoria tantas miserias mías". Perplejas de que nuestra Instrucción de novicias lleve ya dos meses aposentada en vuestras mesillas de noche, maltratada en vuestras mochilas, sudada en vuestras bolsas del gimnasio, manchurreada en vuestras encimeras... nos vemos arrolladas por una barahúnda de emociones y nos lanzamos a rebuscar en nuestros discos duros, nuestras bandejas de entrada, nuestras galerías de fotos para trazar una genealogía absolutamente desquiciada de nuestro rinconcito terapéutico. Los primeros episodios en los que parecíamos dos modelos de cautela académica en el congreso anual de la Renaissance Society of America, el batiburrillo de esquizofrenia intelectual en el que nos sumieron los años de doctorado, un largo ratito de audiolibro aterciopelado, una lectura salvajemente impúdica de nuestros primeros correos electrónicos, una cariñosísima mención a María de Zayas y otra a la persona que nos mandó a dormir en una conocida fiesta de lesbianas para no llegar resacosas a la presentación con Eudald Espluga. En fin, amigas, nuestro episodio más sonrojante y caótico hasta la fecha: bienvenidas a los secret files de Instrucción de novicias. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cuál de nosotras sintió celos pasajeros de la otra en una discoteca madrileña hace veinte años, dale corriendo a play.
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Curanderas: de la brujería al tecnoespacio
¿Acaso os encontráis, devotas nuestras del rebañito humilde del barroco, del otro lado de la temible barrera de los treinta y cinco? Desde que vuestras pepenadas consentidas dejamos atrás la salud todoterreno de la veintena, no tenemos ya más remedio que examinar y compartir nuestros pequeños quebrantos corporales con la misma vigilancia afectiva que nos empuja siempre a preguntarnos qué hemos comido hoy. Por eso, en el episodio de hoy nos ponemos más médicas y boticarias que nunca para cartografiar el escurridizo espacio femenino de las curanderas de nuestros siglos más favoritos de la historia. De la mano de nuestra admiradísima Nieves González y su exposición “El cuerpo sostenido”, os invitamos a un recorrido por las genealogías feminizadas de los cuidados terapéuticos: tecnoespacios domésticos, cocinas transfronterizas, pluriempleos imposibles, ciencia feminizada, procesos inquisitoriales por cargos de hechicería, un montón de nombres preciosos e incomprensibles como “caparrosa empanizada”, y una reconstrucción de la atropellada biografía médica y madrileña de María Sánchez de la Rosa y su hija Elena de Tordesillas. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cómo curar la fiebre de San Antonio librándote de toda sospecha de brujería, dale a play.
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Antonio Pérez 2.0
Atentísimas, como siempre, a vuestras querencias y peticiones, en este episodio volvemos a enfangarnos en la vida más “derramada, no virtuosa, y demasiadamente suntuosa” de nuestros siglos más favoritos. Si os quedasteis prendadas del pornhub mitológico que colgaba de las paredes de su casilla, si todavía no os habéis recuperado de esas declaraciones en las que chillaba que él no había sido “ni p u to ni bujarrón… pecador sí y amigo de mis gustos”, hoy volvemos a desequilibrar el karma conventual con la serpiente manipuladora de Antonio Pérez. Destilamos las 1200 páginas de sus relaciones, cartas y aforismos, recreamos los momentos más lamentables de su persecución —“le hallaron escondido y le sacaron todo lleno de telarañas”–, las traiciones y fidelidades de su “francachela escandalosa” y nos hacemos eco de la mejor frasecilla posible para arrojar amenazas cuando la situación lo requiera: “Plegue a Dios que de camino no me lleve alguna pieza del arnés”. Asqueadas de tantísima testosterona, eso sí, no dejamos de lado a Gregoria Pérez, su hija, y a Juana Coello, su mujer, a la que después de haberle contagiado todas las ETS del Madrid del siglo XVI, Antonio Pérez tenía el cuajo de decirle: “La mi amada, por quien querría yo destilarme y hacerme quintaesencia”. Si no podéis vivir ni un segundo más sin saber a qué sustancia llamaba Antonio Pérez “LECHE DE VIEJOS”, dadle corriendo a play.
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Guadalupana
Es 1660 y Francisca Ruiz de Valdivieso pasea por las calles de la capital de Nueva España suspirando por volver al rinconcito del mundo que la vio nacer: Ágreda. Al fin, el 2 de abril de 1663, tras años alejada de su gélido pueblito a los pies de la Sierra del Moncayo, consigue embarcarse de vuelta a España para cumplir su sueño: enfundarse el irresistible hábito de las concepcionistas y profesar en el convento que María Jesús de Ágreda, con su avispada geopolítica y sus bilocaciones disparatadas, ha conseguido llevar a la cima del estrellato. Francisca no viaja sola: en su maletita llena de sueños lleva hasta el convento un retablo impresionante, firmado por el artista mexicano José Juárez, que incluye la copia del original de la Virgen de Guadalupe más fiel y más antigua que se conserva. Avergonzadas por el erial milagroso de esta temporada, en este episodio nos entregamos a desmenuzar el origen del culto a la Virgen de Guadalupe, la aparición más aesthetic y espectacular de nuestros siglos más favoritos: muchísimo branding contrarreformista, miles de calcos aceitosos, cuatro apariciones marianas, cientos de predicadores exaltados, “insignes trasuntadores”, hechuras milagrosas, medidas y más medidas, también, toda la euforia de la Super Bowl del catolicismo latinoamericano. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber qué tienen que ver Benito y Lady Gaga con todo esto, dale corriendo a play.
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Puertas por donde se franquea el alma
Decía José Gómez de la Parra de las religiosas del convento de carmelitas descalzas fundado en Puebla de los Ángeles en 1604 que por vivir “enclaustradas en la estrecha clausura del convento, y encerradas en las pequeñas celdas”, “los sentidos los tienen mortificados”. Conmovidas por los rigores de este sensorio cercenado, en este episodio decidimos indagar en los extrañísimos recovecos somáticos del cuerpo barroco y sus sentidos. “Receptáculos” y “concavidades” para Juan Luis Vives, “puertas por donde se franquea el alma, en esta cárcel del cuerpo”, para Lorenzo Ortiz, los sentidos son, para el batallón de cetrinos jesuitas obcecados en disciplinar cada rinconcito de la clausura femenina, peligrosas sendas que cauterizar. Si las religiosas mortificadas de Puebla encontraron, entre la exuberancia del castigo y la oportunidad del milagro, los asideros retóricos para hacer del convento un espacio desbordante de sensorialidad, las hijas de Felipe, empeñadas en no acabar con los sentidos mortificados, nos refugiamos en los sonidos y texturas de hashtags como #satisfyingvideos y #slimeasmr para suplir las carencias sensoriales de nuestras largas temporadas de enclaustramiento construyendo, desde la celdita académica, nuestro propio sensorio virtual. Extraños y santos olores, desabridas salsas de chinches, milagrosos chilaquiles y el sabrosísimo costado de Cristo: no cercenes tu sensorio, amiga, y dale a play.
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“No pueden ellos ver mejor lo que conviene a cada sujeto”: gobernanzas conventuales
En este episodio, grabado en directo desde el auditorio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, recuperamos tratados de gobierno conventual, una tipología textual olvidada y denostada que, sin embargo, demuestra que, desde finales del siglo XVI, las mujeres rigieron sus vidas en la clausura guiadas por dos premisas: la primera, que «no pueden ellos (los hombres) ver mejor lo que conviene a cada sujeto» y, la segunda, que «aunque sé los muchos santos que de esto han escrito y cada día escriben, creo que sus levantados espíritus no se aplican a menudencias de mujeres [...] y pues nosotras lo somos, tendremos licencia de advertirnos y enseñarnos». Monjas como las carmelitas María de San José y Ana de Jesús, la agustina Mariana de San José o la clarisa Sor Francisca de Jesús de Borja y Enríquez se empeñaron en huir de la autoridad escolástica y optaron, machaconamente, por una construcción de la vida comunitaria siempre inclinada hacia formas dialógicas y colaborativas. Guiadas, como siempre, por la firme convicción de que “todo lo que te esté pasando a ti, ya le pasó a alguien —probablemente a una monja— en los siglos XVI y XVII”, encontramos en las voces conventuales la genealogía perdida, e insospechada, de caminos alternativos (tal vez más utópicos) de pensar la gobernanza y las políticas públicas.
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Antonio Pérez: True Crime barroco
En febrero de 1592, un catedrático de gramática llamado Juan de Basante se sentó a declarar en el proceso inquisitorial del infame ex secretario de Felipe II, Antonio Pérez. En un acto de ventriloquía perversa, Basante aseguró que, ante las acusaciones de sodomía que se habían levantado contra él, Antonio Pérez se había visto en la necesidad de chillar a los cuatro vientos que él no había sido “ni p u to ni bujarrón… pecador sí y amigo de mis gustos”. Estas declaraciones tan Ábalos-core, Epstein-core, Julio Iglesias-core brotaron, efectivamente, de la boca de la persona más aborrecida y adulada del reinado de Felipe II: Antonio Pérez. En nuestro primer coqueteo con el true crime barroco, os contamos todo lo que no sabíais que necesitábais saber sobre el artífice intelectual del asesinato más sonado de finales del siglo XVI, el poseedor de la colección de pornhub mitológico más husmeada de la época, el supuesto amante de la mujer con boquita de piñón, cejas perfiladas y parche en el ojo que todavía hoy nos hace suspirar a todas, el causante de una sonrojante fiebre de hibristofilia conventual y, como decía el historiador Luis Cabrera de Córdoba, el más “derramado, no virtuoso y demasiadamente suntuoso” hombre que jamás se había visto en la Corte. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber qué cuadro obscenamente homosexual escondía Antonio Pérez detrás de una cortina de terciopelo en su “casilla” madrileña, dale corriendo a play.
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“HACÍA EXCESOS COMO LOCA”: enemigos del ocio, moralistas matrióticas y una ravera mística
Mientras las criaturillas de San Ildefonso inauguran con su soniquete cantarín el corazón de las fechas navideñas, nosotras decidimos hacer un alto en el camino recuperando un episodio veraniego. Hartísimas de trabajar mientras todas os dábais al gusaneo y al justísimo abandono de la desidia, en el mes de julio grabamos, con ocasión del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y nada menos que desde el corral de comedias construido por Leonardo de Oviedo en 1628, nuestro episodio más resentido hasta la fecha. En “‘Hacia excesos como loca’: enemigos del ocio, moralistas matrióticas y una ravera mística” damos voz a todos esos jesuitas, franciscanos y carmelitas adustos que hicieron la crítica al teatro su única obligación cristiana, a un puñado de mujercitas nobles que hubieran negado al mismísimo Cristo con tal de erradicar por todos los medios cualquier forma de ocio y a un indeseable grupúsculo de señores que aseguraban que cualquier mujer que moviera un poquito las caderas en una zarabanda era, directamente, una casquivana irredimible. Todo para, en el que probablemente sea nuestro episodio más cascarrabias hasta la fecha, aunar nuestras voces con la de la condesa de Aranda para preguntarnos, como ella, “¿quién dejara de derramar lágrimas viéndolos tan opuestos a estas verdades, que de las veinticuatro horas del día gastan diez en dormir, cuatro en pasear y oír las comedias, seis en conversaciones ilícitas, las demás escuchando adulaciones y ninguna para Dios, que parece no conocen ni profesan su Ley?” Pero que ninguna amiga se preocupe. Al fin y al cabo es navidad, y el ambientillo celebratorio de estos días termina por infiltrarse como una travesura anacrónica en aquella grabación acalorada para que todo termine, de la mano de la espectacular y venerable sierva de Dios María Baptista (tu monja ravera de confianza) en el mejor de los puertos posibles: el jolgorio entre celosías. Si no puedes vivir un día más sin saber por qué compartir espacio de convivencia con la masculinidad cis hetero TM solo puede conducirte a acabar instalada en el rigor y en la cólera, abogando por el fin del ocio y los festejos desde extraños sentimientos “matrióticos”, y si te intriga por qué un rociador de agua de olor fue el gadget más imprescindible de una ravera mística, dale corriendo a play.
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Turismo gallofo, peregrinaje barroco
Consumidas por la fatiga después de un mes de trasiegos y excursiones, suspirando por un dulce regreso al estatismo de la clausura, en este episodio emprendemos un último peregrinaje prenavideño hasta la Iglesia segoviana de San Quirce para diseccionar, con nuestro escalpelo barroco, la que probablemente sea la categoría más odiosa de la subjetividad contemporánea: el turista. De la infame boda veneciana de Jeff Bezos al macroevento filipino-segoviano del siglo XVI; del empeño insaciable y colectivo por traducir lo monumental a lo íntimo a través del souvenir al muy recomendado turismo de stalkeo y el incontestable decálogo anti-turistificación de Gregorio de Nisa. En “Turismo gallofo, peregrinaje barroco” os contamos absolutamente todo lo que necesitáis saber sobre el batacazo del hype de la peregrinación medieval, sobre el peligroso espejo del afán acumulativo, desacralizado y consumista del perfecto jovencito humanista y sobre la reconfiguración de la práctica peregrina como viaje interior. ¿Es este episodio, amigas, un intento de convenceros de que os abstengáis de hacer tanto turismo y de que intentéis poner en práctica métodos más reflexivos para re-sacralizar vuestra relación con la geografía planetaria de una forma menos consumista? No, porque después de haber pasado un año encaramado a trenes, aviones, coches y autobuses este rinconcito terapéutico no tiene autoridad moral ninguna para hacerlo. Pero sí es una invitación a hacernos una pregunta importantísima cada vez que nos dispongamos a hacer una maleta: ¿De qué sirve viajar físicamente a Jerusalén, cuando llevas Sodoma, Egipto y Babilonia enteras en lo más profundo de tu ser? Si no puedes vivir ni un segundo más sin saberlo todo sobre la fosforescencia de los cochinillos segovianos, y sin enterarte de por qué santa nos harían pasar unos traficantes de reliquias fraudulentas que nos secuestraran y cortaran en pedacitos, dale corriendo a play. Eternamente agradecidas al Ayuntamiento de Segovia, a la Agenda Urbana Segovia 2030 y a la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.
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Spanish Style
Atosigadas por los picores de una reinvención contemporánea de la golilla y con nuestros piececillos sufriendo más que si arrastráramos unos pesados chapines, nos aventuramos, desde la Hispanic Society de Nueva York, a experimentar la incomodidad y, con algo de suerte, transmitir algo de la gestualidad mayestática de la moda española barroca. Inspiradas por la maravillosa exposición “Spanish Style: Fashion Illuminated (1550–1700)” y acompañadas por su excepcional comisaria, Amanda Wunder, nos adentramos en un acelerado vaivén transhistórico que va de las controvertidas mordazas de Margiela en la última semana de la moda de París a los hipnóticos retratos de las cartas ejecutorias de hidalguía; de la repulsión que le producían al jurisconsulto Alonso Carranza los guardainfantes de finales del siglo XVII a la peculiarísima nómina de invitados del desfile de Carolina Herrera en la Plaza Mayor de Madrid; de los costes ecológicos y humanos que suponía la obtención del color negro ala de cuervo insignia indiscutible de los Habsburgo al color crema inseparable de la dinastía Kardashian. Si quieres saber qué atrocidad sartorial del siglo XVII puede hacernos pensar en Arturo Pérez Reverte, Javier Marías y las Real Housewives de Salt Lake City, todo a la vez, dale corriendo a play.Agradecimiento especial a la Hispanic Society por la acogida y a Tierra Extraña por la ayuda con la producción.
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Nepocarmelitas: la duquesa de Béjar
En 1619, una de las señoras más relevantes del panorama aristocrático español decidió abandonar la incomodísima opulencia de la gorguera para abrazar la sobriedad estética del recatamiento nuncore. Juana Hurtado de Mendoza y Enríquez le dijo adiós a la suavidad del terciopelo, a la viveza de los arreboles y al frescor de los búcaros para abrazar con entusiasmo el jergón, la toca y el cilicio: un felicísimo camino que la llevó del pussy palace que compartía con el casquivano de su marido y el criptobro de su hijo al jolgorio comunal femenino de las carmelitas descalzas de San José de Sevilla. Acompañadnos, amigas, en este recorrido por maternidades disidentes, pleitos por herencias millonarias, toneladas de papeles manuscritos, penitencias extremas, carmelitas aristócratas, encargos literarios interconventuales, cuerpos incorruptos, y sobre todo, ahora que nadie puede parar de hablar de ellas, muchísimas muchísimas muchísimas monjas.
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Tropicoquetas post mortem
Con el destello de las flores de madera doradas que adornan la bóveda de la iglesia del Museo Santa Clara de Bogotá llameándonos en las mejillas y el corazón, y con el felicísimo auspicio de la decimotercera edición del Festival Gabo, en este episodio neogranadino nos dejamos poseer por el espíritu de las monjas de este antiguo Real Convento santafereño para rastrear una genealogía clarisa tropicoqueta que desemboca irremediablemente en Karol G. Ritos mortuorios conventuales, retratos postmortem, coronas, repintes, desenterramientos de dudosísimo gusto, toqueteos cadavéricos y los cien mil rostros de Sor Gertrudis de Santa Inés, el Lirio de Bogotá. Si no puedes vivir ni un segundo más sin conocer cada detalle sobre el glow up barroco definitivo y si estás convencida de que ha llegado para ti el día de imaginarte a un grupo de expedicionistas dominicas de ultratumba contoneándose al ritmo de “los quiero ver con las manos pa’rriba, bailando, sin pena sin pereza, que el meneíto apenas empieza”, dale corriendo a play.
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Hiperglucemia barroca
En el año 1700, en un tratadito titulado Talentos logrados, en el buen uso de los cinco sentidos, el jesuita Diego Calleja no podía sino escandalizarse ante la mera existencia del azúcar. No se contentó el apetito de la barata dulzura en la miel, pareciéndole que era cosa muy fácil —chillaba el jesuita—, y trazó los Ingenios de azúcar, donde el precio de los materiales, la muchedumbre de los artificios y solicitud de cuidados es indecible. Abandonando por un día, y sin que sirva de precedente, el comedimiento de nuestro sobrio cuadradito de chocolate, hoy nos adentramos, arropadas por Diego Callejo y un ejército de moralistas y coadjutores jesuitas, en nuestro episodio más hiperglucémico hasta la fecha: encarnizados pleitos sobre bizcochos de soletilla en Barcelona, trampantojos esculpidos en alcorza en el Reino de Chile, relatos de explotación azucarera en Barbados. Del fervor repostero de las clarisas chilenas a Rosalía y el pastelero Cédric Grolet pasando por los pleitos gremiales más golosos del siglo XVII, os demostramos que el azúcar es y siempre será una irresistible ilusión multisensorial, el disfraz goloso de complejísimos flujos de producción, explotación, manufactura y consumo. Si queréis saber cuántas onzas de harina hacían falta en el siglo XVII para hornear unos bizcochos de sepulcro, dadle corriendo a play.
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“Y si muriere en el camino”: Concilio de Trento
Más abrigadas que nunca por la seriedad abanderada del amparo institucional, y pasmosamente legitimadas por las altas jerarquías de nuestro tiempo, nosotras tan habituadas a sugerir cruisings calenturientos entre Felipe II y su jerónimo favorito, tan dispuestas a hurgar todo lo que haga falta hasta encontrar el lado más blandurrio y anti-canónico de Lope de Vega, nos vemos hoy sentadas en el auditorio del Ministerio de Cultura con ocasión de la inminente celebración de Mondiacult, la cumbre internacional de ministros de cultura que el ministerio organiza en colaboración con la UNESCO y que se celebrará en Barcelona entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre. Rodeadas de tantísima oficialidad ministerial, para sumergirnos en lo que supone juntar a 194 dirigentes de 194 nacionalidades para intentar ponerlos de acuerdo sobre algunos de los temas más cruciales de la cultura contemporánea solo había un acontecimiento de nuestros siglos más favoritos al que volver la mirada. Bienvenidas, amigas, al episodio que nunca supisteis que necesitábais, pero sin el que ya no podréis vivir. Bienvenidas, amigas, AL CONCILIO DE TRENTO. Dieciocho años de contiendas burocráticas, de subalquileres arzobispales, de small talk en latín, de enfrentamientos demasiado testosterónicos, de teólogos con labios carnositos y de sutiles cruisings ecuménicos. Si no puedes aguantar ni un segundo más sin saber cuál fue el insulto tridentino por excelencia o cuántas horas tardaba en llegar un decreto desde Trento hasta Roma, dale corriendo a play.
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“Dios me inclinó a eso”: mudanzas conventuales
Agitadas, exaltadas y jolgoriosas por los principios de nuestra temporada más cargada de novedades, en este episodio aprovechamos nuestra propia mudanza conventual para llevaros de la manita por las incertidumbres existenciales que asaltan a toda chica enfrentada al abismo de elegir el carisma que regirá el resto de su vida espiritual: un camino sinuoso e intermitente guiado por el irremediable anhelo de identificación, el hambre de reconocimiento y ese deseo de completud que solo puede proporcionarte ingresar en el convento de una orden que te haga susurrar, suavito pero firme, “Es que soy yo LITERAL”. Bienvenidas, amigas, a un recorrido por cada detalle del día en que Sor Juana Inés de la Cruz dijo adiós a las carmelitas descalzas de Ciudad de México para enfundarse su hábito blanco y su escapulario marrón, colgarse su venera e ingresar en las jerónimas, y por cada menudencia del día en que Santa Teresa cerró el portón de la Encarnación de Ávila para dejar atrás a las carmelitas calzadas, descalzarse y emprender la reforma carmelita. Caídas estrepitosas por escaleras, anhelos de drag kings jesuitas, fantasías de un Architectural Digest conventual y hasta, recurriendo a Deleuze (!), un agujero espaciotemporal donde todas las criaturitas de ese barroco nuestro perpetuamente elástico conviven en proxemia y armonía. Muchísimas excusas para esquivar, y al final sucumbir, a la epidemia auto-identificativa. Si no puedes vivir ni un segundo más sin descubrir a qué orden pertenecerían Aixa de la Cruz, Laura Weissmahr y Miguel Agnes, y si necesitas saber el número exacto de almohadas que incluía la hoja de dote de Santa Teresa, dale corriendo a play.
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Cursilería, pequeñeces y llagas, Sor Patrocinio
Alicaídas y melancólicas por sabernos ante la grabación del último episodio de la temporada, pero consoladas por los arrumacos aterciopelados del Museo del Romanticismo, por el gozoso y talentosísimo acompañamiento de Lucía Amor y por el aliento desmedido de un público espectacular, en “Cursilería, pequeñeces y llagas: Sor Patrocinio” nos atrevemos a ofreceros la mayor travesura anacrónica que jamás haya ejecutado este podcast. Cautivadas por el reclamo táctil y primoroso de la exposición “Cosas tenidas por pequeñeces”, en este episodio, y sin que sirva de precedente, abandonamos el cobijo portátil que entre todas hemos levantado con esmero y minuciosidad sobre las reliquias de El Escorial, los tapices de las Descalzas Reales, las sandalias mugrientas de Santa Teresa, la grandísima repugnancia de María de San José, las bilociones de María Jesús de Ágreda y tantas alegrías barrocas más para aventurarnos, temerosas, por sillerías isabelinas, fanales polvorientos, cenotafios de pelo, estuches acolchados, dioramas, y todo un lexicón decimonónico radicalmente nuevo en este rinconcito terapéutico nuestro. Bienvenidas, amigas, a nuestro episodio más romántico hasta la fecha: de miniaturas concepcionistas al epicentro del star system conventual del siglo XIX, un recorrido repleto de ensoñaciones, labores de manos, llagas fingidas, atentados fallidos, destierros, engatusamiento epistolares y mucha cursilería. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber con quién estaríamos dispuestas a intercambiar nuestra ropa interior, dale a play.
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Queremos morir mártires: Luisa de Carvajal
Acogidas en los dulcísimos brazos de Sara Torres, en este episodio peregrinamos hasta La Térmica de Málaga, para explorar la erótica del sacrificio: coqueteamos con la sobrecarga testosterónica de los relatos martirológicos y nos adentramos en los martirios de Nagasaki de 1597 para enseguida dejar atrás la épica imperialista de la cultura maritial de nuestros siglos más favoritos y explorar, de la mano de Luisa de Carvajal y Mendoza, el reverso lento, dulce y hasta erótico del martirio. “Muy seca y huraña con mi contrario sexo” desde la infancia, pero con una aversión inquebrantable hacia la clausura, esta pija nacida en Cáceres en 1566 hizo voto de martirio en 1598 y, decidida a “hacer rostro a todo género de muerte, tormentos y riguridad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehusarlo por ninguna vía”, optó por el suplicio más transepocal que ha existido, existe y existirá jamás: una mudanza a Londres. Bienvenidas, amigas, a esta experiencia inmersiva en el erasmus martirológico de Luisa de Carvajal: alteraciones del orden público, prácticas carroñeras de recolección de reliquias, triquiñuelas diplomáticas, penitencias sensuales, cultivo epistolar de la amistad y mucha, muchísimas fobia a los protestantes mohosos. Si no puedes vivir ni un segundo más sin alarmarte con el precio desorbitado del pan de centeno en Londres en 1605 ni consigues conciliar el sueño sin aprenderte el método de etiquetado de reliquias en la morgue mal gestionada que fue la casa de Luisa de Carvajal, dale corriendo a play.
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Serpiente circuladora, capitán y las mil bravuras de San Plácido
Después de repasar la cronología de la apertura del sepulcro de Santa Teresa, los matices cromáticos de su paladar y la luminosidad de su cutis para atender a vuestras plegarias, decidimos embarcarnos en una tarea verdaderamente diabólica. Cautelosas de no ahogarnos en un lodazal de nostalgia, nos asomamos tímidamente a nuestro primer episodio: aquel “monjas endemoniadas” en el que, con vocecillas de arcangelotes y mucha pobreza técnica, recorríamos algunos de los highlights de la posesión conventual barroca. Cinco años después volvemos para contaros todo lo que no os revelamos sobre la mayor red flag conventual del siglo XVII: el convento de benedictinas de San Plácido de Madrid. Un casting de monjas que hubiera hecho saltar las alarmas del más explosivo de los realities y un confesor decidido a instrumentalizar los discursos demonológicos para arropar una noción abusiva y torticera del poliamor, convirtieron San Plácido en un caldo de cultivo para todo tipo de “bravuras” diabólicas. Pero detrás de las mil fechorías de Capitán, Serpiente Circuladora, Peregrino el Grande y los muchos otros demonios que invadieron San Plácido, os descubrimos las entretelas del #metoo definitivo de nuestros siglos más favoritos. Si te urge saber por qué Serpiente Circuladora era el demonio más multitasking y workaholic del barroco, si no puedes vivir ni un segundo más sin saber quién se alimentaba de los “bocados mordidos” de fray Francisco García Calderón y si necesitas que la priora de San Plácido te regale su how-to conventual de cómo salir airosa hasta de los atolladeros inquisitoriales más escabrosos, dale corriendo a play.
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Lope, ¿nuevas masculinidades barrocas?
Es harto probable, lo sabemos, que para vosotras el nombre de Lope de Vega evoque espesísimos recuerdos de bachillerato, olor a puro y Agua Brava, una figura envuelta en humareda de tabaco y feromonas que podría perfectamente sentarse a charlar a través de los siglos con Sabina y Pérez Reverte. Sabemos que a este rinconcito terapéutico venís buscando sosiego carmelita y no este susto canónico que hoy os damos. Pero confiad, amigas, porque hoy os proponemos acercaros al Lope derrotado que poco antes de morir escribía: “mis desdichas son como cerezas: / que voy por una, / y de una en una asidas, / vuelvo con todo un plato de tristezas”. Hoy damos la bienvenida al Lope que lloraba si una flor se marchitaba a destiempo, al que nunca pudo superar la muerte prematura de diez de sus hijos, al que, en sus últimos años, mientras lidiaba con su pérdida progresiva de popularidad en el panorama literario, tuvo que además ser testigo de cómo una de sus hijas, Antonia Clara, con 17 años, desvalijaba su casa y lo abandonaba para siempre para fugarse con su amante. ¿Es este, acaso, un episodio sobre nuevas masculinidades barrocas? Podría ser. Es, eso seguro, una reflexión inspirada por “Tragicomedia”, VIII edición del programa “Mutaciones”: una exposición comisariada por Rafael Barbell Cortell en la Casa Museo Lope de Vega que podéis correr a visitar hasta el 13 de julio. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber qué trinitaria descalza encierra la clave absoluta de por qué no debes rellenar tus surcos nasogenianos con ácido hialurónico, dale corriendo a play.
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Too many Santa Rosas
Abrumadas de regocijo en nuestro primer y felicísimo desembarco transatlántico, enardecidas por el entusiasmo internacional de una auténtica epidemia beateril iluminista y, sobre todo, dulcemente arropadas por la inigualable María Gracia Ríos Taboada, en este episodio grabado en directo desde Lima nos atrevemos, más intrépidas que nunca, a diseccionar la infinita y poliédrica figura de la mujer más espectacular del star system peruano. Bienvenidas, amigas, a nuestro episodio sobre Santa Rosa de Lima: de mutaciones faciales a papagayos parlanchines, de Santa Rosa Xena princesa Guerrera al Jesucristo pulgarcito más juguetón pasando por mucha espiritualidad new age y unos mosquitos absolutamente dominados por la santa más animalista del barroco, para acabar aterrizando donde todas querríamos: en una auténtica epidemia beateril iluminista. En nuestro afán por reconstruir el lado más carismático de Santa Rosa, por deshacerla de capas y capas de abultamiento hagiográfico, por sacarla de la soledad de la santidad y devolverla al cobijo amistoso de su vida, en este episodio decidimos arrimarnos al squad Santa Rosa. Porque ni la primera santa de América escapó al felícisimo embrujo de la amistad. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber qué integrante del squad santa rosa eliges ser esta verano —¿María de Santo Domingo, la de los dedos pegados o Inés de Velasco, la voladora?—, dale corriendo a play.
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Carmelitas 360
En recompensa a una temporada alarmantemente escasa en sosiego conventual y regocijo carmelita, y con ánimo de paliar los excesos ruborizantes a los que nos arrastró Giulia di Marco con su club de swingers napolitano, en este episodio nos adentramos en la vida conventual de las carmelitas más repipis, más pijas, más empollonas, más talentosas, más versátiles, más multidisciplinares y con el mayor trastorno thirsty de la personalidad del siglo XVII: Cecilia del Nacimiento y María de San Alberto. Criadas en el sistema de homeschooling más estricto del siglo XVI, Cecilia y María explotarían en el convento todo lo aprendido de mano de su madre, Cecilia Morillas. ¿Tañer el clavicordio? Desde los siete años. ¿Leer latín? Todavía gateaban. ¿Restaurar cuadros al óleo? Mejor que el artista más reputado de Valladolid. ¿Dibujar a mano alzada? Día sí y día también. ¿Componer canciones místicas? Tan buenas que nadie podía creer que no fueran de San Juan de la Cruz. Acompañadnos en esta experiencia inmersiva repleta de DIY cosmográficos, recreaciones botánicas, fantasías eremíticas, bilocaciones textuales, negaciones autoriales, envidias carmelitas y precuelas poéticas de Berta García Faet. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber quién fue la primera mujer en España que ingenió “un globo terrestre, tejido sobre una perfecta bola de corcho y laureados de seda a punta de aguja con sus matices y colores, todos los mares y divisiones de provincias y reinos del orbe”, dale corriendo a play.
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La Caridad Carnal
Turbadísimas y apesadumbradas al darnos cuenta de que en esta temporada escasean los estrellatos conventuales, y resignadas a transitar una vez más el calvario del sonrojo, en esta ordinariez de episodio os regalamos la incorporación más socialité, estratega y casquivana de vuestros cuadernitos de monjas. ¿Su nombre? Giulia di Marco. ¿Su pecado? Haber jugado, como haría cualquiera, a fingir un poquito de santidad y haber fundado, en secreto, la secta poliamorosa más exclusiva de Nápoles. Bienvenidas, amigas, a este recorrido por los cuartos oscuros del virreinato napolitano, la trieja más maquinadora de Italia, un club de swingers frecuentado por monjas, curas, obispos, virreyes, tarifas planas con dios, insólitas terapias de fertilidad, el inquietante espacio Santo Amor y guerras encarnizadas entre dominicos y jesuitas. Acompañadnos en nuestra incursión en las truculencias de la Caridad Carnal: la comunidad pansexual, el cenáculo orgiástico, los Illuminati de Eros. Os garantizamos, eso sí, que a este episodio vendréis por el appeal licencioso pero os quedaréis, al final, por los irresistibles debates teológicos que enfrentaban la predestinación y el libre albedrío. Os advertimos, sobre todo, que sucumbiréis para siempre y sin remedio al arrollador y tiernísimo embrujo de la Caridad Carnal. Si no puedes vivir ni un segundo más sin descubrir cuál es el hilo conductor que conecta a Pitita Ridruejo con todo este desmadre napolitano, dale a play.
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POV De la sombra a lo corpóreo
Construir cartografías alternativas de nuestros siglos más favoritos supone, casi siempre, recorrer el pasado con la frustración pero también con el regocijo de quien se sabe urdiendo una poética de la ruina. Retazos, tachones, pérdidas, usurpaciones y censuras, pero también reconstrucciones, recreaciones, posibilidades y transformaciones infinitas. De la mano del Bode Museum y la Embajada de España en Berlín, en este episodio nos arrojamos a un nostálgico recorrido que, en palabras de uno de nuestros más predilectos jesuitas, avanza “de la sombra a lo corpóreo”, poniendo a prueba nuestro lexicón barroco para rehacer un patrimonio alternativo: espeluznantes POVs históricos, una Santa Inés perdida para siempre en el incendio de un búnker, ventriloquismos de numismáticos decimonónicos por cortesía de la Inteligencia Artificial, mucho ASMR pictórico, diademas de Hello Kitty, pulgas luteranas, reliquias falsificadas y muchos, muchísimos Templos de Salomón. Si no puedes vivir ni un segundo más sin escuchar nuestra respuesta a nuestro hater más afilado, si necesitas saber ahora mismo cómo y por qué defendemos nuestro laboratorio de “factos edulcorados, neoconceptos y anglicismos varios al gusto de las oyentes de la década”, dale corriendo a play.
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Artífice estatuaria y perdidosa: Luisa Roldán
Las hijas de Felipe es el refugio sonoro del ahistoricismo deliberado, un espacio donde los rincones más remotos de los siglos XVI y XVII y los resquicios más impenetrables del presente se solapan en un anacronismo estratégico para, con suerte, sugerir cavilaciones y conexiones insospechadas. En este episodio de ensueño en directo desde la capilla del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, nos adentraremos en la materialidad hipnótica de las esculturas de Luisa Roldán, en la minuciosidad de sus mundos abreviados, en su búsqueda incansable de una autoría que, con los siglos, acabaría opacada tras la figura de su padre. De Sevilla a Cádiz y de Cádiz a Madrid, seguiremos los pasos de esta “insigne artífice”, como ella misma se reconocía, para terminar desvelando su papel central en la ejecución de regalos devocionales para posicionarse en la mismísima Basílica de San Pedro; y también para encontrar algo de sosiego terapeútico al descubrir que hasta la escultora de cámara más codiciada del barroco español tuvo que pelearse machaconamente con sus patrones para cobrar lo que le correspondía por sus obras (porque, amigas, nunca olvidéis todo lo que te esté pasando a ti ya le pasó a alguien en los siglos XVI y XVII).
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“No sé cómo batallar con esto”: Desastres Naturales
Siendo este podcast nuestra guarida terapéutica, pero también el cobijo sonoro donde confesar y expiar nuestros más íntimos pecados, en este episodio entresacado de los archivos más recónditos de Las hijas de Felipe aprovechamos para enmendar algunos de nuestros deslices más sonrojantes charlando sobre cambio climático, catástrofes naturales y todo tipo de calamidades meteorológicas. Para no sucumbir a tanta desolación y no acabar rendidas como Luis de Haro, sin saber “cómo batallar con esto si no es ahogándome yo mismo”, iniciamos un recorrido que parte de la fecha exacta de 1610 y la palabra clave “antropoceno” y continúa por las inclemencias de la Pequeña Edad de Hielo, se asoma por el Chthuluceno y concluye en las pastorales del miedo de los predicadores del siglo XVII. Porque (para sorpresa de nadie) en el origen del infame mercadeo mediático con las catástrofes, está un franciscano llamado Juan de Palma. Todo esto arropadas por la maravillosa banda sonora de nuestra admirada Caliza y su exorcismo climático contemporáneo, El descenso. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cómo exorcizar desastres, remediar catástrofes con reliquias y abrir juicios utilísimos y necesarios a plagas de langostas, dale corriendo a play.
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Costumi un po’ licenziosetti: Ribera
En este episodio grabado nada menos que entre la gran magnirrotura de mosaicos, columnas jónicas, cúpulas y ramillete de bajorrelieves que alberga el Petit Palais de París, nos adentramos, de la mano de la exposición “Ténèbres et lumière”, en el sensorio barroco que palpita en la pintura de José de Ribera: cruisings martirológicos, santos muy inviting bottoms, dermis sanguinosas y santísimos sacramento agusanados. Una travesía por el crudo tenebrismo de una pintura que, en las inmisericordes palabras del escritor Théophile Gautier, “parece haber sido ejecutada para caníbales”, con figuras a las que “deja retorcerse como trozos de serpiente en una sombra hosca y amenazadora que no ilumina el mayor rayo divino”. Acompañadnos, amigas, en este intento parisino por averiguar si en los orígenes de la mafia napolitana está un español nacido en Játiva, calibrar los compromisos del mecenazgo y demostrar una vez más que el convento está siempre agazapado hasta en los rincones más insospechados y “licenziosetti” del barroco. Si no puedes vivir ni un segundo más sin escuchar nuestra momento más “Bertín Osborne-coded” hasta la fecha, dale corriendo a play. Gracias y aplausos y amores al Instituto Cervantes de París por auspiciar el desembarco parisino del barroco, a Eduardo Navarro por su delicioso apostolado y a todas las amigas que vinisteis a arroparnos (¡también las que no pudisteis entrar!)
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Céspedes
Entregadas en cuerpo y alma a descubrir todas las vidas menudas del barroco, en este episodio llevamos a cabo una operación de reciclaje que no es, en ningún caso, fruto de la desidia, sino una respuesta a todas las oyentes que desde hace años nos pedís que recuperemos a una de las personitas más fascinantes, olvidadas y tergiversadas de nuestros siglos más favoritos. “Céspedes — Elena y Eleno de, natural de Alhama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo, después y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la Guerra de los Moriscos de Granada, se examinó de cirujana y se casó con una mujer. Fue presa en Ocaña y llevada a la Inquisición donde se le acusa y condena por desprecio al matrimonio y tener pacto con el demonio. Sentenciada a salir al Auto público de fé que se celebró en la plaza del Zocodover de Toledo el domingo, 18 de diciembre e 1588, al que salió en forma de penitente con coroza e insignias que manifestaban su delito, abjuró de leve, y se le dieron cien azotes por las calles públicas de Toledo y otros cien por las de Ciempozuelos, reclusión de diez años en un hospital para sirviese sin sueldo en las enfermerías”. Entre acusaciones de “embaidora y embustidera”, de “invenciones y embelecos”, “embustes y embelesamientos”, asoma toda la violencia inquisitorial volcada en vencer la molesta ilegibilidad de un cuerpo fronterizo. Con este primer folio del proceso inquisitorial que se le abrió a Céspedes, comenzamos nuestro biopic barroco más demandado hasta la fecha: reconstrucciones históricas delirantes, atosigantes miradas panópticas, asombrosas transformaciones anatómicas y un constante nombrarse y renombrarse en el espacio mismo de la ilegibilidad. Si no podéis vivir ni un minuto más sin saber por qué el apellido de la mujer de Céspedes parece un jaque mate desternillante a la disciplina inquisitorial, dadle corriendo a play.
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Catarina, vísteme
Se nos ocurren pocos regalos navideños más golosos y embriagadores que este retablo de dolores y angustias: el relato de la vida de una aspirante a santa tan cuajada de polémica que, en palabras del jesuita con carita de brontosaurio Antonio Núñez de Miranda, “ha de pulsar de susto el corazón, y latir de sobresalto en el alma”. En este episodio novohispano hablamos de alguien con más fervor jesuita que nosotras, de alguien que se resistió a los arrumacos de los hombres con más empeño que una lesbiana estrella dorada, una mujer que viajó, padeció, soportó, y luego rozó con las yemas de los dedos el tick azul de la santidad. Acompañadnos, amigas, en este biopic mexicano sembrado de secuestros, milagros, Baby Jesus con apego evitativo, Baby Jesus acosadores, bilocaciones bélicas y, sobre todo, un aparatoso entramado jesuita e inquisitorial bajo el que intentaremos llegar a la auténtica voz de la inconmensurable, muy manoseada, y después olvidada, Catarina de San Juan. Igual que el Niño Dios se encaramaba desnudo y suplicante al regazo de Catarina susurrándole al oído “Catarina, vísteme”, así nosotras nos encaramamos zalameras al micrófono para implorar: “México, invítanos”. Si no puedes seguir respirando hasta saber por qué este año nuevo tienes que cambiar el manifesting por la profecía, y si te va la vida en contabilizar las veces en que Catarina salvó milagrosamente la vida en su Destino final barroco, dale corriendo a play.
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Problemas por todas partes: María Estuardo
En el cabecero de la cama que vigilaba el sueño de María Estuardo durante su larguísimo arresto domiciliario, María mandó pintar un retrato suyo “arrodillada ante la cruz y su corona y su cetro a sus pies y sus manos al cielo” y, sobre él, el lema “Angustiae Undique”. Que María decidiera recordar, cada día al amanecer, que su vida nunca había dejado de ser una odisea espinosa en la que solo había “PROBLEMAS POR TODAS PARTES” nos parece, sinceramente, lo mínimo. Animadas por la primorosa fanfiction operística que se estrena el 14 de diciembre en el Teatro Real de Madrid, en este episodio elucubramos, de la mano del compositor Gaetano Donizetti y del director de ópera David McVicar, sobre la enemistad femenina más icónica de la historia. Ni Kim Catrall y Sarah Jessica Parker, ni Joan Crawford y Bette Davis, ni Paris Hilton y Lindsay Lohan: Isabel I de Inglaterra y María Estuardo. Acompañadnos, amigas, por este reguero de posesiones inalienables, carísimos regalos, Pimpinelas belcantistas, la bochornosa condescendencia de los cronistas de nuestros siglos más favoritos, jovencitos perfecta y angelicalmente homosexuales, calvinistas mohosos y unos enternecedores gorros de dormir. Si queréis saber qué escritor del siglo XX tuvo el descaro de usar el sintagma “pelea entre gatas” para desmenuzar el conflicto más sonado del siglo XVI, dadle corriendo a play.
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Infierno destino turístico
Rodeadas por un muestrario abrillantado de Kens jesuitas y por dos Santa Teresas con coloretillos bien encendidos, en este episodio cumplimos el sueño de toda chica obsesionada con nuestros siglos más favoritos: grabar arropadas por el sosiego que solo puede darte un retablo barroco. En directo desde la Igrexa da Compañía de Santiago de Compostela, os invitamos a recorrer con nosotras los espacios más gentrificados del infierno, el fuego y el azufre más manoseados por predicadores y teólogos, un inframundo tantas veces cartografiado que se parece más a tus noches de insomnio sin orfidal que al espeluznante castigo eterno. Por suerte, desde la cama de Santa Liudivina hasta el Tratado del Infierno de Francesca Romana pasando, por supuesto, por el infierno mainstream que cinceló nuestra querida Santa Teresa, conseguimos convertir este paseo por el infierno en el cofre regalo con el que fantasea toda aventurera enclaustrada. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cuánto pensaba Galileo que medía exactamente el brazo de Lucifer, si la vida se te hace imposible de sobrellevar sin sumergirte en la experiencia infernal 4D de los Ejercicios espirituales de San Ignacio, dale corriendo a play. Gracias infinitas al Área de Cultura de la Universidad de Santiago de Compostela por invitarnos y a Blackie Books por su Divina Comedia liberada.
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Gran magnirotura: La visita del príncipe de Gales en 1623
Cuando el presente se ensombrece hasta encapotarnos el espíritu sin remedio, existe un recoveco diminuto, derrochón y estrafalario del barroco al que acudimos con desconsolado afán escapista: el Potosí en cantimploras, el Aranjuez en flores, el Oriente en olores y la gran magnirrotura que fue la visita a Madrid del príncipe de Gales en 1623. Acompáñanos en este episodio en el que intentamos aliviarte la zozobra llevándote de la mano por un Madrid más iluminado que las navidades de Vigo, invadido por hooligans diplomáticos, poblado por elefantes, linces y avestruces: un fracaso político de dimensiones inigualables, pero también un absoluto triunfo estético, un delirio festivo. Del outfit check de pipiolos del primer encuentro entre Felipe IV y el príncipe de Gales al affaire entre la mujer del Conde-duque de Olivares y el duque de Buckingham, te contamos hasta el último detalle (y hasta el último ducado) del Tomorrowland madrileño de 1623 hasta llegar, por fin, a las celosías del convento para recuperar los calculados mimbres estratégicos del inigualable “complot de las Descalzas” y del chantaje lacrimógeno de Mariana de San José desde el convento de la Encarnación. Si no puedes vivir un día más sin saber cómo un puñado de monjas logró desbaratar el enlace entre la infanta María Ana de Austria y el protestante mohoso del príncipe de Gales, y si te va la vida en descubrir y almacenar en tu cabeza para siempre el número exacto de platos que el conde de Monterrey sirvió en el banquete que ofreció en su palacio el 2 de abril de 1623, dale corriendo a play.
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Futuros barrocos
Pocas cosas desencadenan más ansiedad que elucubrar sobre el futuro. Por eso, cuando nos invitaron a participar en la edición de este año de la Biennal de Pensament de Barcelona, concebida bajo el marbete de “el mañana de todo”, corrimos temerosas a buscar refugio terapéutico en los delirios proféticos, en el desasosiego cronofóbico y en la temporalidad escatológica de nuestros siglos más favoritos. Acompañadas (contra todo pronóstico) por Francis Bacon y sus desiderata, de la mano de un (hasta este instante) desconocídisimo fray Juan del Pozo y su minuciosa manía por textualizar deseos tan necesarios como la multiplicación de anguilas en cualquier estanque y arropadas por Lucrecia de León, la veinteañera más embaucadora del Madrid del siglo XVI, en este episodio rebobinamos hasta los futuros barrocos para aplacar las ansiedades de nuestro propio porvenir. Si las personitas del barroco sabían que lo único que merecía la pena era la búsqueda incansable de lugares utópicos alejados de la tiranía de la productividad, si encontraron en una preciosísima ética del capricho el asidero necesario para combatir el pánico ante esa inminencia llamada futuro, nosotras (y vosotras) no vamos a dejarnos consumir por la nebulosa de lo que está por llegar. Si no puedes seguir viviendo sin saber por qué Lucrecia de León mandó construir unos bunkers en Villarubia de Ocaña, si te va la vida en descubrir por qué Robert Boyle hubiera sido más feliz en el Berghain que en la Royal Society, dale corriendo a play.
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Muchas deshonestas, las más dudosas y ninguna casta
Siendo como somos (y lo sabéis) las pepenadas más consentidas, vuestras repipis predilectas, gusanillas patológicamente complacientes y ultimísima trinchera del recato, en este episodio nos atrevemos sin embargo a dejar atrás las celosías y la molicie aterciopelada de la intimidad doméstica para echarnos a las calles, como corsarias de cuantos puertos hay desde Atocha a Palacio, a seguir los pasos de las auténticas potaxies del barroco. De la mano de María de Navas y Teresa de Robles, dos actrices de todo menos discretas y ajenas a la polémica, os contamos cómo la élite de la interpretación y el estrellato barroco intervino con su propio desacato en las costumbres domésticas y urbanas; de cómo actrices como Navas y Robles fueron referentes imprescindibles para convertir a todas las madrileñas en un atajo de “deshonestas, las más dudosas y ninguna casta”; de desafíos a la autoridad y arrestos domiciliarios y sobre todo de GESTOS, muchos gestos y muchísima sassiness. Porque, amiga, da igual en qué siglo escuches esto: como los moralistas del barroco, todas sabemos que una gesticulación, un aspaviento exagerado y un meneo desmedido pueden siempre convertirse en la ventana abierta a un divorcio, a un escándalo amoroso o a una fuga de la justicia. Si no puedes vivir ni un día más sin enterarte de quién era la persona que más afters madrileños pisaba en el siglo XVII, y si te va la vida en descubrir cuántos segundos tardaban las clarisas de las Descalzas Reales en poner en marcha su U-Haul conventual para socorrer a una amiga, dale corriendo a play.
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TOTA PULCHRA
Da igual en qué siglo escuches esto: mientras tú pochas una cebolla, te grabas un Get Ready With Me o rezas una súplica ante el Santo Sagrario, no hay duda de que, en algún lugar no muy lejano, un grupo de hombres discute sobre si una mujer está o no está libre de pecado. En este episodio profundamente sevillano e inesperadamente bético (con un fugaz pero primoroso cameo de Héctor Bellerín) por fin damos rienda suelta al que quizá sea nuestro capricho más longevo: charlar largo y tendido sobre la polémica teológica en torno al dogma de la Inmaculada Concepción. Un sermón de 1613 capaz de cambiarlo todo, una Sevilla aterrorizada por los dominicos, esos fifes de la contrarreforma, chifladas hipótesis teológicas en torno al útero y los arrumacos de la pobre Santa Ana que nada tienen que envidiar a la rumiación conspiranoica de un buen hilo de forocoches, el abc de la geopolítica inmaculista y, sobre todo, el fervor concepcionista que no sabías que necesitabas. Si no puedes vivir ni un día más sin descubrir qué hizo Beatriz da Silva después de ser encerrada en un arcón durante tres días por un ataque de celos y recibir la aparición de la Purísima Concepción, y si te urge saber por qué tu próximo tatuaje debería ser TOTA PULCHRA, dale corriendo a play.
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De la caduca edad cansada
VUELVE TU SOSIEGO. VUELVE EL BARROCO. Arrebatadas y felices por volver a este rinconcito terapéutico nuestro, no podemos sin embargo evitar que la mano se nos escape nerviosa a toquetear las nuevas arrugas con que inauguramos la temporada, ni somos capaces de esconder bajo nuestro compromiso con la sonrisa perpetua el manojito de desarreglos intestinales, altibajos hormonales y demás achaques que nos atosigan en esta incipiente caduca edad cansada. Tras saciar la curiosidad de todas con un noticiario conventual en el que por fin nos pronunciamos sobre la rabiosa actualidad de las monjas cismáticas de Belorado y la apertura del sepulcro de santa Teresa, pasamos por fin a intentar encontrar el inesperado sosiego que se esconde en las peripecias de envejecer y el sobresalto de aterrizar en la categoría señoras. Baltasar Castiglione y las fantasías de perpetua juventud en su manual de perfecta pluma heterosexual para cortesanos, el secreto de la longevidad de las monjas de San Jacopo di Ripoli y Santa María Annunziata delle Murate y el tiernísimo declive de Juana Esperanza de San Alberto. Porque todo lo que te esté pasando a ti, ya le pasó a alguien en los siglos XVI y XVII. También los desasosiegos ante las primeras patas de gallo, el abrazo entusiasta de una cabellera totalmente canosa y el regocijo fantasioso ante promesas de longevidad. Si llevas toda una vida esperando a saber quién huele a cisco y alcrebite o cómo una monja de noventa y un años puede ayudarte a combatir el alzhéimer, dale a play.
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¿Quién contará los suspiros de las dos hermanas en la despedida?
Presas del terrible desamparo que nos consume ante un trance que jamás quisimos afrontar, Las hijas de Felipe recurrimos a un rosario de despedidas barrocas, desgarros amistosos y separaciones cortesanas y conventuales para enjugar las lágrimas que empapan nuestros tristísimos ojos. Este episodio, amigas, es un pequeño repaso por el repertorio sentimental de las despedidas barrocas: un intento de buscar en nuestros siglos más favoritos un poquito de aliento para daros una noticia seguramente dolorosa pero también muy necesaria. Pero, por favor, que nadie se hunda en la pesadumbre, que como siempre, al final del recorrido, y del viaje, hay jolgorio y regocijo, sonrisa perpetua y entusiasmo carmelita. Partimos, pero no sin el amparo de nuestro escuadrón angelical de ilustrísimas oyentes.
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Fieramente humanas
Las hijas de Felipe es el refugio sonoro del ahistoricismo deliberado, un espacio donde los rincones más remotos de los siglos XVI y XVII y los resquicios más impenetrables del presente se solapan en un anacronismo estratégico para, con suerte, sugerir cavilaciones y conexiones insospechadas. En este episodio en directo desde el Museo Thyssen de Málaga, dialogarán con la exposición Fieramente humanos para pensar los procesos de canonización desde la construcción contemporánea de la fama y la celebridad. Desde los rasgos exactos de Santo Domingo revelados por el demonio a las dominicas de San Plácido hasta las implicaciones del lip combo de Rosalía: un suculento y trepidante recorrido por los vericuetos de la santidad y el estrellato.
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Casuística amorosa
Felicísimas de poder aliviar al fin la quemazón que nos carcomía ante la falta de invitaciones para participar en actividades ontológicamente lésbicas, en este episodio grabado en el Festival Visibles de Barcelona, nos entregamos con desenfreno a una apología de lo que más nos encandila y atormenta a las lesbianas: la casuística amorosa. Ayudadas por las enrevesadas herramientas casuísticas de los jesuitas, os enseñaremos todo lo que necesitáis saber para navegar con éxito las pantanosas aguas de la incondicionalidad amorosa; arropadas por Madame de Scudéry y su ramillete de amigas précieuses, militantes de la agamia barroca, os guiaremos por una liosísima cartografía de los afectos para desembocar en el desenfreno lujurioso de Inés de Santa Cruz y Catalina de Ledesma, Las Cañitas, nuestras Tukus barrocas, y desmentir de una vez por todas el mito de la lesbian death bed. Si te urge saber quiénes eran la Holland Taylor y la Sarah Paulson del barroco, si no puedes vivir ni un minuto más sin averiguar cómo acaba el estropicio poliamoroso de Las Cañitas, dale corriendo a play.
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Gastar el tiempo para no ocuparle
Arulladas por el gusaneo y la desidia que acompaña siempre el comienzo de un nuevo año, en este episodio os traemos la tercera y, prometemos, última versión del remotísimo episodio piloto con el que nacieron Las hijas de Felipe. Angustiadas de reencontrarnos con las Ana y Carmen de hace cuatro años, perplejas ante nuestra perpetua capacidad de ralentización, empezamos el año recuperando el único placer culpable que compartimos con nuestro padre: el aplazamiento. Entre el soleado halo marbellí de Julio Iglesias y la palidez escurialense de Felipe II existe un puñadito inesperado de correspondencias que ya hiló muy juiciosamente Patricia Esquivias. Continuando con su malabárico ejercicio de anacronía estratégica, encontramos en las plácidas sobremesas de Julio en su mansión de Indian Creek el reflejo invertido de las "tardes dulces y apelusadas como un melocotón" vividas por Felipe II en su Escorial. Si Julio es la ociosidad tostada por el sol dorado del desarrollismo, nuestro padre es el cansancio perpetuo de un trabajo improductivo, perdido en laberintos interminables de pliegos y papeles, "holgándose en menudencias" y aplazando el sinfín de urgencias que requería un reino en ebullición. Con razón protestaba Diego de Silva en 1589: "la menudencia con que Su Magestad trata los negocios más menudos es materia de lástima, porque perder el tiempo para no ocuparle, esso es lo que los hombres llaman pasatiempo, mas ocuparle para perderle cosa es a que no se puede poner nombre". Pero Las hijas, estudiantes perpetuas y aplazadoras natas, sabemos que sí hay un nombre para su incesante pero infructífera labor: se trata de nuestra amiga LA PROCRASTINACIÓN. En este episodio os llevamos de la mano por los sudores de la microgestión obsesiva, os abrimos una rendijita a la intimidad sonrojante de nuestra escritura y os desvelamos la infalible técnica de los 5 minutos para vencer el síndrome de la procrastinación.
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Sométicas, baldreseras, fricatrices
Si de algo sabemos las lesbianas es de fantasía: de reconstruir inmensidades a partir de señales casi imperceptibles, de aferrarnos todo lo posible a un mosquetón, un pantaloncito de chándal, una mirada furtiva, un comer con las manos, un encenderse un cigarro con gracia. Ahora y hace 500 años. En honor a esa fe transhistórica en la fantasía del deseo lésbico, rastreamos para el Festival de Literatura Queer en Español en Londres atrevidas menciones y veladas alusiones al deseo lésbico en la literatura de nuestros siglos más favoritos. Un tesoro para sométicas, baldreseras y fricatrices: el regalo navideño más suculento que vais a recibir estas navidades. Las fugaces esperanzas del travestismo escénico, la to-do-list pastoril para tener la mejor primera cita de tu vida y la literatura devocional de exaltación mariana convertida en inesperado pero certero acicate de la polución con una misma. Todo para concluir, como el personaje de Flora en la novela de María de Zayas, que “donde las veo y más tan bellas…se me van los ojos tras ellas”.
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Púlpito, gimnasio y dispositivo
Las hijas de Felipe es el refugio sonoro del ahistoricismo deliberado, un espacio donde los rincones más remotos de los siglos XVI y XVII y los resquicios más impenetrables del presente se solapan en un anacronismo estratégico para, con suerte, sugerir cavilaciones y conexiones insospechadas. Este episodio-performance se integra en Clima Fitness con el mismo ánimo: trenzar coincidencias y desencuentros en el gesto transhistórico de los rituales de adaptabilidad. Para ello, ejerceremos de extrañas ventrílocuas de la caterva de predicadores que, desde púlpitos y tratados, asediaron a los religiosos que llegaban a Nueva España con estrictos mandatos de adaptabilidad al nuevo entorno. Pero también veremos que, a su vez, estos fabricadores de sermones se instan unos a otros, desde sus manuales de predicación, a ejercitar un rigurosísimo entrenamiento somático. Son textos que articulan toda una poética del cuerpo del predicador (el sudor, la saliva, los mocos) para eliminar cualquier atisbo de fuga o contaminación ambiental. Y, en un último gesto, ponemos a prueba, en nuestros propios cuerpos, los mandatos del sermón. Un surtido de rituales de adaptabilidad barrocos, una hibridación de exigencias y saberes y un felicísimo encuentro en el púlpito-gimnasio-dispositivo de Clima Fitness.
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Tanta dicha como Sofonisba
Entre la abundancia de reliquias, bordados, cartas, cuadros y tesoritos con los que podemos deleitarnos al visitar el Monasterio de la Encarnación de Ávila, las monjas han preservado una pintura que, por sus trazos gruesos, su precariedad técnica y su remota ubicación, no suele retener la atención de visitantes y estudiosas. Las vigas de madera que sostienen el techo de una de las diminutas celdas conservan el peregrino autorretrato que alguna carmelita de las muchas que circularon por este convento (en el que nuestra santa Teresa vivió entre 1535 y 1562) se animó a pintar justo donde caía su mirada al tumbarse boca arriba sobre el jergón de la cama. Deshechas en ternura, admiración y sorpresa ante las pinceladas rápidas y toscas de la carmelita, en este episodio nos adentramos en claustros de clarisas y de agustinas recoletas, de jerónimas y de benedictinas, para recordar que las monjas de nuestros siglos más favoritos de la historia no solo se entregaron a meticulosas labores de manos y rentables elaboraciones de objetos suntuarios, sino que también sucumbieron a la pintura, el dibujo y la escultura. Entre la célebre clarisa de Lerma Sor Estefanía de la Encarnación, que aseguraba que “todos los que entraban a verme pintar” juzgaban que tenía “tanta dicha como Sofonisba” y aquella anónima carmelita, de la que solo sabemos que un día se atrevió a mojar un pincel en pintura negra para bosquejar su autorretrato, descubrimos una larga genealogía de monjas que, espoleadas por un ansia de pertenencia cívica y cultural, decididas a ostentar una marca diferencial de devoción, necesitadas de patronazgo o, simplemente, deseosas de adornar las paredes de los conventos con sus propios trabajos, pasaron no pocas horas de la clausura entre lienzos y cinceles.
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La leche polifónica
¿Piensas por ventura que la naturaleza dio de balde tetas a las mujeres y que puso allí aquellos dos pezoncitos como dos berruguitas no por más de por una cierta gentileza o hermosura de los pechos? Buenos estábamos por cierto. No lo hizo sino a fin de que la madre habiendo parido tuviese con que poder criar a su hijo, según hacen todas las otras alimañas.” Que esta espantosa sentencia de Juan Luis Vives, carísimas oyentes, no os abisme en el desasosiego, porque con este episodio verdaderamente espectacular venimos a demostrar que también en todo lo que concierne a la leche y a la lactancia, lo que los humanistas te quitan, las monjas barrocas te lo devuelven, y los sinsabores que los tratados médicos te dan, ellas te los quitan. Sobrecogidas y colmadas de regocijo lácteo os presentamos uno de nuestros episodios más favoritos hasta la fecha, un delicioso recorrido por vírgenes lactantes, reliquias de leche en polvo, nodrizas a precios desorbitados, hombres amamantadores, la cripta láctea de Belén, humanistas desquiciados con disciplinar la leche materna, pezones milagrosos, lactancias mercenarias, Cristos lactantes y, como siempre, un manojito espléndido de místicas, dominicas y clarisas para demostrar que, como siempre, fueron las monjas las que supieron como nadie dar empaque semiótico a los fluidos corporales y resignificar hábilmente la obsesión láctea del siglo para hacerse un huequito en el mundo más allá de las celosías.
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Arte de bien morir
El 31 de marzo de 1614 El Greco empuñaba la pluma para firmar, agotado y tembloroso, un último documento: Sepan cuantos esta carta de poder para testamento vieren cómo yo Dominico Teotocopuli pintor vecino de esta ciudad de Toledo estando echado en una cama enfermo de enfermedad que dios nuestro señor fue servido de me dar…digo que por cuanto por la gravedad por cualquier causa e razón que sea dejo e nombro en todos ellos por mi universal heredero a el dicho Jorge Manuel mi hijo y de la dicha Jerónima de las Cuevas para que todos ellos los haya y herede e goce y disponga dellos como cosa suya con la bendición de Dios y mía. Debilitado por las dolencias que le llevarían a la muerte el 7 de abril de ese mismo año, El Greco otorgaba a su único hijo una carta de poder para que hiciera testamento en su nombre. Además de un buen puñado de deudas, Jorge Manuel recibió de su padre minuciosas indicaciones sobre cuántas misas y novenarios debían seguir a su entierro, cuántos frailes franciscanos debían velar su cuerpo, quiénes eran los clérigos que seguirían su cadáver hasta el convento de Santo Domingo donde sería enterrado. Pasmadas ante una pormenorización tan exhaustiva de los protocolos que debían seguirse a su muerte, en este episodio grabado en el Museo de El Greco de Toledo venceremos el desasosiego a que tan fúnebres pensamientos nos asoman para desembrollar el mortuorio decálogo de reglas, métodos y rituales que pautaban el delicado arte del morir barroco. Aunque algunos, como el jesuita Juan Bautista Poza en su Práctica de ayudar al buen morir (1619), quisieran zanjar el más misterioso de los trances con una áspera enumeración — “El cuerpo a la tierra, las deudas a los acreedores, la hazienda a los herederos, la limosna a los necesitados”—, Las hijas de Felipe perseveramos hasta desempolvar todo lo que las artes moriendi encierran de autorretrato inusitado, ritual de desasimiento y escabrosa autoficción.
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La Monja Alférez
“Ella es de estatura grande y abultada para mujer, bien que por ella no parezca no ser hombre. No tiene pechos: que desde muy muchacha me dijo haber hecho no sé qué remedio para secarlos y quedar llanos, como le quedaron”. Con esta sintaxis movediza e inestable describía en 1626 Pietro della Valle, amigo del Papa Urbano VIII, la escurridiza identidad de Catalina / Antonio de Erauso. De novicia huida a alférez pendenciero, de dominica conflictiva a intrépido mulero-mercader, Erauso se convirtió en uno de los personajes más diseccionados, aclamados y ficcionalizados del siglo XVII. En este episodio, desgranamos cada detallito de su ajetreada biografía para acabar confesandoos, amigas, nuestra animadversión hacia este colaborador con el genocidio colonial, y para finalmente cobijarnos en su transformación en icono mítico y así trazar, acomopañadas de reconocidas voces de artistas y teóricas, un atiborrado ramillete de genealogías disidentes: precedente trans, precursora butch, travestida pre-drag king y poliédrica virgen-guerrero. Si no podéis vivir ni un minuto más sin saber con qué manual de esgrima se preparó la actriz Luisa Robles su arrojado papel para convertirse en monja alférez en 1626, y si necesitáis averiguar qué une a Juana de Arco, Mulán y Santa Tecla, dadle corriendo a play. Consigue tu entrada para el live show de Las hijas de Felipe en Pamplona el 21 de octubre https://teatrogayarre.com/las-hijas-de-felipe/
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Dar es señorío, recibir esclavitud
“Dar es señorío, recibir esclavitud”. Incapaces de hacer nuestro el lema de los Mendoza que amparó a la marquesa del Cenete en su delirante fiebre del regalo y en su labor de sugar mami intelectual, y ansiosas por disfrutar de nuestro espíritu más regalado y regalón, en este episodio desmenuzamos para nuestras dadivosísimas oyentes las múltiples tesituras del gesto transhistórico del obsequio. Con un elenco de personajes insoportablemente VIPs y algún inevitable devaneo por ese reducto feudal que es la reviste Hola, recuperamos el circuito de reciprocidad de la economía del regalo, nos regodeamos en el anciano acercamiento discursivo a emblemas y memes, recuperamos el costoso adiestramiento en coleccionismo de Mencía de Mendoza, la Blue Ivy del barroco, advertimos contra souvenirs embarazosos y molestas aduanas y, en un insospechado recorrido que enlaza mejillas de santas y demás reliquias de las Descalzas Reales con injertos de pelo y otros sobornos de la Gürtel, os invitamos a lagrimear con nosotras por el descalabrado declive en la coacción del agasajo diplomático. Si no podéis vivir ni un minuto más sin descubrir qué amistad de nuestra santa Teresa sufrió ciertas marejadillas por la latosa jerarquía del agasajo o si necesitáis saber inmediatamente con qué primoroso intercambio de regalos echamos la lazada final a este episodio, dadle corriendo a play.
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La estrecha amistad que nos tenemos
Carísimas oyentes, siervitas nuestras del barroco, rebañito humilde del anacronismo estratégico: Las hijas de Felipe volvemos hoy en una nueva temporada, porque bien sabemos que no existe remedio mejor para las borrascas de este siglo que el refugio de un amistoso rinconcito terapéutico. Después de un verano aciago, volvemos dispuestísimas a trazar en este episodio una genealogía de alegrías, sosiegos, turbulencias y erupciones de la amistad. Porque, ya lo sabéis, cada nuevo episodio de este podcast es la secuela de un flechazo amistoso, el nuestro, casi tan arrebatado como el que en 1608 llevó a la carmelita Ana de Jesús a escribirle a su adorada Beatriz de la Concepción “que estamos hechizadas la una con la otra, porque el día que no hablo con vuestra reverencia no puedo vivir”. Y también porque es la urgencia de ubicar las coordenadas históricas de las redes de amistad femenina y el deseo de trazar y compartir genealogías celebratorias en las que reconocernos todas lo que sigue alentando nuestro extrañísimo empeño de sostener un podcast ceñido a la cultura de los remotos y manoseados siglos XVI y XVII. “Todo lo que te pasa a ti ya le pasó a alguien en los siglos XVI y XVII”, decimos siempre. También la euforia, los desvelos, las turbulencias, los cuidados, el rigor y la devoción de las amigas.
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Disecciones conventuales, anatomía barroca
Incapaces de frenar nuestros instintos más escabrosos, en este episodio no nos resistimos a revivir la fascinación con la que nuestras personitas del barroco se empeñaron en desvelar qué escondían las “repugnantes interioridades” corporales. Entre conocidísimos armatostes anatómicos como el tratado De humani corporis fabrica (1543) de Andrés Vesalio y sonadas descripciones disectivas como la que tuvo lugar en Santo Domingo en 1548 de “unas mellizas unidas por el cordón umbilical”, venimos a descubriros una práctica feminizada, y a menudo olvidada, de la disección. Despegándonos del academicismo médico masculino, abandonamos momentáneamente el barroco para viajar entre susurros conventuales hasta la Italia del siglo XIV para asistir, acompañadas de las majísimas Margherita, Lucia, Caterina y Francesa al cuidadoso descuartizamiento y escrutinio del cuerpo incorrupto de su compañera de religión —veremos cómo “la dicha Francesa lo abrió por la espalda por su propia mano, como habían acordado”, porque “las monjas no podían descansar ni sosegar hasta saber qué cosas” había ahí dentro—, para acabar, de vuelta en el barroco, celebrando el minucioso conocimiento anatómico y disectivo de nuestra adorada Sor Juana Inés de la Cruz.
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Invencioneras y ardilosas: Javiera Mena y Úrsula Suárez
Decididas a convertirnos por un ratito en mediums transhistóricas, hábiles orquestadoras de solapamientos biográ cos, nos aventuramos a enhebrar, en nuestro episodio más arriesgado hasta la fecha, las vivencias adolescentes de dos joyas chilenas: a una de ellas, Úrsula Suárez, la invocamos a través de la larguísima Relación autobiográfica que escribió entre 1708 y 1732 en el convento de clarisas de Santa Clara de la Victoria de Santiago; a la otra, Javiera Mena, la tenemos junto a nosotras de cuerpo presente en el caluroso Madrid de 2023. Guiadas por la mano díscola de Úrsula, la monja con la adolescencia más con ictiva y caprichosa del barroco, indagamos en esquemas juveniles y educaciones sentimentales, aborrecimientos matrimoniales y fantasías voyeurísticas, jerarquías familiares y culpa católica. Si queréis saberlo todo sobre las fantasías y ansiedades de estas dos mujeres “invencioneras y ardilosas”, “presuntuosas y fantásticas”, “comediantas y alegres”, dadle corriendo a play.
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ABOUT THIS SHOW
Todo lo que te esté pasando a ti ya le pasó a alguien los siglos XVI y XVII. Bienvenidas al rinconcito terapéutico del ahistoricismo deliberado: monjas, vidas menudas, disecciones barrocas, entusiasmo carmelita, estrellatos transepocales, pecados nefandos y mucho más. El podcast que te hará tatuarte el dogma de la Inmaculada Concepción.
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Radio Primavera Sound
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