PODCAST · arts
Podcast de Antonio Sánchez Vicente
by Antonio Sánchez Vicente
Poesía, pensamientos, relatos, en voz de Antonio Sánchez Vicente...
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Llénate de mi. Pablo Neruda
Llénate de mi. Poema de Pablo Neruda con la interpretación de Antonio Sánchez y música Ritual de la Danza del Fuego de Manuel de Falla.
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Corintios 13
Hay muchas formas de leer Corintios 13, hay muchas formas de leer el significado del amor...esta puede ser una de tantas...
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"El ponche de los deseos" de Michael Ende. Narración Antonio Sánchez Vicente
Una pequeña interpretación, a modo de prueba, de unos de los personajes de la novela de Michael Ende, "El ponche de los deseos", en la versión y adaptación de Antonio Sánchez Vicente.
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Demo con mi voz (personaje fantasía)
Demo con mi voz interpretando un personaje de fantasía que puede adaptarse para distintos casos...
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Demo con mi voz (interpretación adolescente)
Interpretación con voz de adolescente para campañas de publicidad.
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Demo con mi voz para publicidad
En esta grabación podrán escuchar una demostración con mi voz para sus campañas publicitarias...
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Crono y viento. Texto y voz Antonio Sánchez Vicente. © Todos los derechos
“Necesito darme la vuelta, llevo mucho tiempo tumbado boca a bajo y creo que nadie se ha dado cuenta…”. “Hola, ¿qué te ocurre?”. “Hola, llevo mucho tiempo tumbado boca abajo, me abandonaron una tarde de diversión, crecieron y nunca más volví a verlos”. “¿A quiénes te refieres?”. “A los niños. Recuerdo el día que me compraron en la tienda y los días de diversión que pasé de mano en mano, cuando estaba repe, como ellos decían, me cambiaban y así recorría mucha, mucha distancia, kilómetros de fantasía e ilusión. ¿Me das un golpecito con la palma de la mano para darme la vuelta?”. “No, lo siento no tengo manos, pero puedo ayudarte de una forma más fácil, soplaré suave y con un poco de tu parte te darás la vuelta”. “Está bien, pero no te veo, como estoy boca abajo”. “No te preocupes, soy el viento, y te voy a devolver a la vida, a la ilusión de todo el mundo, cromos como tú merecen la pena ser disfrutados, como estás boca abajo, nadie ha visto la belleza de tus colores, ¿preparado para triunfar de nuevo?”. “¿Tú crees que lo haré?. “Claro, además, con los años que tienes estarás más cotizado que nunca, suerte en tu nueva vida, ¡allá va!...¡fuuuuu!, ¡fuuuu!, ¡fuuuuu!. “¡Gracias viento!”. “Oye, ¿y esos restos de purpurina?”. “Nada, una cursilada de finales de los setenta, ¿te gusta?...”.
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La voz de la conciencia. Voz Antonio Sánchez Vicente
“ENREDADOS” microrrelatos y cuentos a dos voces. Autor; Antonio Sánchez Vicente…© Todos los derechos. ********* “Escúchame bien lo que te digo, préstame un poco de atención…”. “¿Me dices a mi?”. “Sí, te digo a ti”. “¿Cómo puedes hablarme de forma tan clara?”. “Te hablo así porque sé que si lo hago de esta forma me prestarás más atención”. “Pero, ¿si no te presto atención dejarás de hablarme?”. “Posiblemente lo haga, ten en cuenta que mi voz se activa sólo si tu quieres”. “¿Ah sí?, pues ahora no quiero que me hables”. “No podrás evitarlo”. “¿Cómo qué no?, ya verás, ahora mismo dejo de escucharte”. “Por mucho que no quieras oírme o te pongas tapones en tus oídos seguiré hablándote y lo haré incluso en sueños, en tu despertar o antes de cerrar los ojos; me temo que no eres consciente de mi poder, soy tu conciencia y no necesito tus oídos para que me escuches”. “Me parece genial que lo seas pero te ruego que te actives también para todos los demás”. “¿En quién quieres que lo haga?, no te olvides que la conciencia es algo intransferible y lo que yo te hablo y tú escuchas es para ti, y sólo para ti, en el resto de los casos la conciencia habla de una manera diferente e incluso, en algunos otros, ni siquiera llega a pronunciar palabra porque hay quien la silencia como tú pretendías hacerlo conmigo y de eso has de ser consciente”. Oye, ¿y lo del eco es necesario?. “El eco tiene dos funciones: repetirte las cosas y darle solemnidad a cada palabra…”. ********* © Antonio Sánchez Vicente junio 2015
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Capítulo VII de "El Principito" de Antoine de Saint - Exupéry. Voces narrador y Principito: Antonio Sánchez Vicente. Mús
Capítulo VII de "El Principito" de Antoine de Saint - Exupéry. Voces narrador y Principito: Antonio Sánchez Vicente. Música BSO Amelie - La Valse D'Amelie (Piano) Amelie - La Valse D'Amelie (Piano) TEXTO DEL LIBRO: Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio: —Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no? —Un cordero se come todo lo que encuentra. —¿Y también las flores que tienen espinas?—Sí; también las flores que tienen espinas. —Entonces, ¿para qué le sirven las espinas? Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor. —¿Para qué sirven las espinas? El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió: —Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores. —¡Oh! Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor: —¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas… No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos: —¿Tú crees que las flores…? —¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para quepara que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias. Me miró estupefacto. —¡De cosas serias! Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo. —¡Hablas como las personas mayores! Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió: —¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…! Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados. —Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al pareceresto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo! —¿Un qué? —Un hongo. El principito estaba pálido de cólera. —Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante? El principito enrojeció y después continuó: Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante! No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos. La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!
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La monja gitana. Federico G. Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente.
La monja gitana. Federico G. Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente. Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris, siete pájaros del prisma. La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba. ¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar flores de su fantasía. ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas! ¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almería. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor último y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanías, se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa. ¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba. ¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía.
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PALABRAS. Letra y voz Antonio Sánchez Vicente.
PALABRAS. Letra y voz Antonio Sánchez Vicente. Es posible que, algún día, las lenguas que hoy silencian palabras, que no dichos, realidades, que no cuentos, hechos, que no mentiras, ese día, ese gran día, sea el día de las palabras y hablen como han de hacerlo para dejar mudos a quienes las escuchen. Palabras para enaltecer o hundir, palabras para bendecir o huir, palabras para aclarar o embrutecer pero, a fin de cuentas, palabras. Las palabras que “se lleva el viento” no se pierden ni destruyen sólo vuelan un tiempo y, tras ese tiempo, vuelven a sonar en lo oídos de quienes son sus verdaderos receptores por ser quienes verdaderamente las sienten, las comprenden y las interiorizan, sean del peso que sean, e incluso, las que son respondidas. Ni sordos a palabras necias ni palabras voladoras que se las lleve el viento…Siempre palabras para entender aún no entendiendo su significado o lo que quieren decir y dicen. Ni mi palabra contra la tuya ni la tuya contra la mía.
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Pisaré tu huella. voz y letra Antonio Sánchez Vicente
PISARÉ TU HUELLA. VOZ Y LETRA ANTONIO SÁNCHEZ VICENTE. Pisaré tus huellas que se dibujaron sobre la tierra pero, no para borrarlas sino, para sentir lo mismo que sentiste al pisar la tierra que pisaste y hoy piso por ti en tu ausencia. Pisaré la tierra para que tu huella se funda en la mía pero, no para que ambas se mezclen en la tierra que pisaste y hoy piso sino, para que tu huella le hable a la mía y le cuente los avatares de tu camino que ahora es el mío. Pisaré tu huella antes que se borre porque, si no la piso ahora, tu huella morirá en el último recuerdo de quien venga detrás de ti y no sepa quién eres ni porque pisaste aquel camino, que ahora yo piso, sintiendo los mismos pasos del que ahora es nuestro camino.
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El ciprés, sombras largas de verano y cortas de invierno. Autor y voz Antonio Sánchez Vicente.
EL CIPRÉS, SOMBRAS LARGAS DE VERANO Y CORTAS DE INVIERNO. AUTOR Y VOZ ANTONIO SÁNCHEZ VICENTE. A la sombra de los cipreses, sombras largas de verano y cortas de invierno, vengo a contarte que lo mismo te canto y canto, lo mismo te cuento y cuento, que estos cipreses que hoy dan sombra, sombras largas de verano y cortas de invierno, fueron testigos de otros que también vinieron a contar y a cantar a cada sombra larga de verano y corta de invierno. Y ahora calla, calla y deja que sople y hable el viento, y que mueva los cipreses en este corto espacio de tiempo porque, ese ciprés, alto y de sombra larga en verano y corta en invierno, también fue testigo, antes que tú, de lo que otros vinieron a contar y cantar en otro tiempo, en otro lugar del tiempo y cuando soplaban otros vientos
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Muerte de Antoñito el Camborio -F. García Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente
Muerte de Antoñito el Camborio -Federico García Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. Voces antiguas que cercan voz de clavel varonil. Les clavó sobre las botas mordiscos de jabalí. En la lucha daba saltos jabonados de delfín. Bañó con sangre enemiga su corbata carmesí, pero eran cuatro puñales y tuvo que sucumbir. Cuando las estrellas clavan rejones al agua gris, cuando los erales sueñan verónicas de alhelí, voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. * Antonio Torres Heredia, Camborio de dura crin, moreno de verde luna, voz de clavel varonil: ¿Quién te ha quitado la vida cerca del Guadalquivir? Mis cuatro primos Heredias hijos de Benamejí. Lo que en otros no envidiaban, ya lo envidiaban en mí. Zapatos color corinto, medallones de marfil, y este cutis amasado con aceituna y jazmín. ¡Ay Antoñito el Camborio digno de una Emperatriz! Acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. ¡Ay Federico García, llama a la Guardia Civil! Ya mi talle se ha quebrado como caña de maíz. * Tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil. Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Un ángel marchoso pone su cabeza en un cojín. Otros de rubor cansado, encendieron un candil. Y cuando los cuatro primos llegan a Benamejí, voces de muerte cesaron cerca del Guadalquivir.
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Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla. Federico García Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente
Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla. Federico García Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros. Moreno de verde luna anda despacio y garboso. Sus empavonados bucles le brillan entre los ojos. A la mitad del camino cortó limones redondos, y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro. Y a la mitad del camino, bajo las ramas de un olmo, guardia civil caminera lo llevó codo con codo. * El día se va despacio, la tarde colgada a un hombro, dando una larga torera sobre el mar y los arroyos. Las aceitunas aguardan la noche de Capricornio, y una corta brisa, ecuestre, salta los montes de plomo. Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, viene sin vara de mimbre entre los cinco tricornios. Antonio, ¿quién eres tú? Si te llamaras Camborio, hubieras hecho una fuente de sangre con cinco chorros. Ni tú eres hijo de nadie, ni legítimo Camborio. ¡Se acabaron los gitanos que iban por el monte solos! Están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo. A las nueve de la noche lo llevan al calabozo, mientras los guardias civiles beben limonada todos. Y a las nueve de la noche le cierran el calabozo, mientras el cielo reluce como la grupa de un potro.
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"Estados de ánimo". Mario Benedetti. Voz Antonio Sánchez Vicente
"Estados de ánimo". Mario Benedetti. Voz Antonio Sánchez Vicente. Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces me siento como un acantilado y en otras como un cielo azul pero lejano. A veces uno es manantial entre rocas y otras veces un árbol con las últimas hojas. Pero hoy me siento apenas como laguna insomne con un embarcadero ya sin embarcaciones una laguna verde inmóvil y paciente conforme con sus algas sus musgos y sus peces, sereno en mi confianza confiando en que una tarde te acerques y te mires, te mires al mirarme.
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CORAZÓN CORAZA. Mario Benedetti. Voz Antonio Sánchez Vicente. Noviembre 2014
CORAZÓN CORAZA. Mario Benedetti. Voz Antonio Sánchez Vicente. Noviembre 2014. Porque te tengo y no porque te pienso porque la noche está de ojos abiertos porque la noche pasa y digo amor porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes porque eres linda desde el pie hasta el alma porque eres buena desde el alma a mí porque te escondes dulce en el orgullo pequeña y dulce corazón coraza porque eres mía porque no eres mía porque te miro y muero y peor que muero si no te miro amor si no te miro porque tú siempre existes dondequiera pero existes mejor donde te quiero porque tu boca es sangre y tienes frío tengo que amarte amor tengo que amarte aunque esta herida duela como dos aunque te busque y no te encuentre y aunque la noche pase y yo te tenga y no.
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Romance de la luna. Federico García Loca. Voz Antonio Sánchez Vicente
Romance de la luna. Federico García Lorca. Voz Antonio Sánchez Vicente. La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. Niño déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño déjame, no pises, mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. ¡Cómo canta la zumaya, ay como canta en el árbol! Por el cielo va la luna con el niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. el aire la está velando.
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¡Qué lástima!. León Felipe. Voz Antonio Sánchez Vicente.
Qué lástima de León de Felipe. Voz Antonio Sánchez Vicente. ¡Qué lástima que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! ¡Qué lástima que yo no pueda entonar con una voz engolada esas brillantes romanzas a las glorias de la patria! ¡Qué lástima que yo no tenga una patria! Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa desde una tierra a otra tierra, desde una raza a otra raza, como pasan esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca. ¡Qué lástima que yo no tenga comarca, patria chica, tierra provinciana! Debí nacer en la entraña de la estepa castellana y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada; pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña. Después... ya no he vuelto a echar el ancla, y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta para poder cantar siempre en la misma tonada al mismo río que pasa rodando las mismas aguas, al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. ¡Qué lástima que yo no tenga una casa! Una casa solariega y blasonada, una casa en que guardara, a más de otras cosas raras, un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla. ¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla, retratado con una mano cruzada en el pecho, y la otra en el puño de la espada! Y, ¡qué lástima que yo no tenga siquiera una espada! Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? ¡Qué voy a cantar si soy un paria que apenas tiene una capa! Sin embargo... en esta tierra de España y en un pueblo de la Alcarria hay una casa en la que estoy de posada y donde tengo, prestadas, una mesa de pino y una silla de paja. Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia y muy blanca que está en la parte más baja y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara esta sala tan amplia y tan blanca... Una luz muy clara que entra por una ventana que da a una calle muy ancha. Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas. Aquí me siento sobre mi silla de paja y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo cómo pasa la gente a través de la ventana. Cosas de poca importancia parecen un libro y el cristal de una ventana en un pueblo de la Alcarria, y, sin embargo, le basta para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa cuando pasan ese pastor que va detrás de las cabras con una enorme cayada, esa mujer agobiada con una carga de leña en la espalda, esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana, y esa niña que va a la escuela de tan mala gana. ¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre y se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. ¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada con la barbilla sumida y la naricilla chata! Yo me río mucho mirándola y la digo que es una niña muy guapa... Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha. ¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha caminando hacia la escuela de muy mala gana, ni se para en mi ventana, ni se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. Que un día se puso mala, muy mala, y otro día doblaron por ella a muerto las campanas. Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha, al través de la ventana, vi cómo se la llevaban en una caja muy blanca... En una caja muy blanca que tenía un cristalito en la tapa. Por aquel cristal se la veía la cara lo mismo que cuando estaba pegadita al cristal de mi ventana... Al cristal de esta ventana que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja tan blanca. Todo el ritmo de la vida pasa por el cristal de mi ventana... ¡Y la muerte también pasa! ¡Qué lástima que no pudiendo cantar otras hazañas, porque no tengo una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada, y soy un paria que apenas tiene una capa... venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
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DON JUAN TENORIO José Zorrilla. 'No es cierto ángel de amor...' Voz Antonio Sánchez Vicente
DON JUAN TENORIO, "No es cierto ángel de amor..." José Zorrilla Cálmate, pues, vida mía; reposa aquí, y un momento olvida de tu convento la triste cárcel sombría. ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor? Esta aura que vaga llena de los sencillos olores de las campesinas flores que brota esa orilla amena; esa agua limpia y serena que atraviesa sin temor la barca del pescador que espera cantando el día, ¿no es cierto, paloma mía, que está respirando amor? Esa armonía que el viento recoge entre esos millares de floridos olivares, que agita con manso aliento; ese dulcísimo acento con que trina el ruiseñor de sus copas morador, llamando al cercano día, ¿no es verdad, gacela mía, que están respirando amor? Y estas palabras que están filtrando insensiblemente tu corazón, ya pendiente de los labios de don Juan, y cuyas ideas van inflamando en su interior un fuego germinador no encendido todavía, ¿no es verdad, estrella mía, que están respirando amor? Y esas dos líquidas perlas que se desprenden tranquilas de tus radiantes pupilas convidándome a beberlas, evaporarse a no verlas de sí mismas al calor, y ese encendido rubor que en tu semblante no había, ¿no es verdad, hermosa mía, que están respirando amor? ¡ Oh ! Sí, bellísima Inés, espejo y luz de mis ojos, escucharme sin enojos como lo haces, amor es; mira aquí a tus plantas, pues, todo el altivo rigor de este corazón traidor que rendirse no creía, adorando, vida mía, la esclavitud de tu amor.
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Déjame ser. Letra y voz de Antonio Sánchez Vicente
Letras escritas por Antonio Sánchez Vicente para la gala de la Noche del Calzado de Elche celebrada en el palacio de Altamira, la noche del 28 de octubre de 2014.
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La princesa casadera (sufí popular)
LA PRINCESA CASADERA. (sufí popular) Voz: Antonio Sánchez Vicente. Música de la biblioteca libre de Youtube. "Side Path" Kevin MacLeod. TEXTO DEL CUENTO Una princesa que sólo tenía 17 años estaba locamente enamorada de un capitán de su guardia. Deseaba casarse con él, aún a costa de lo que pudiera perder. Su padre, el Rey, que tenía fama de sabio no cesaba de decirle: —No estás preparada para recorrer el camino del amor. El amor es renuncia y así como regala, crucifica. Todavía eres muy joven y a veces caprichosa. Si buscas en el amor sólo la paz y el placer, no es éste el momento de casarte. La princesa respondía: —Pero padre, ¡seré tan feliz junto a él! No me separaré ni un solo instante de su lado, compartiremos hasta el más profundo de nuestros sueños. Entonces el rey reflexionó y se dijo: —Las prohibiciones hacen crecer el deseo. Si le prohíbo que se encuentre con su amado, su deseo por él crecerá desesperadamente. Además los sabios dicen: “Cuando el amor os llegue, seguidlo, aunque sus senderos sean arduos y penosos” De modo que, al fin, el Rey dijo a su hija: —Hija mía, voy a someter a prueba tu amor por ese joven. Vas a ser encerrada con él cuarenta días y cuarenta noches. Si al final siguen queriéndose casar es que estás preparada y entonces tendrás mi consentimiento. La princesa, loca de alegría, aceptó la prueba y le dio las gracias a su padre. Todo marchó perfectamente, pero tras la excitación y la euforia de los primeros días no tardó en presentarse la rutina y el aburrimiento. Lo que al principio era música celestial para la princesa, se fue tornando en ruido. Comenzó a vivir un ir y venir entre el dolor y el placer, la alegría y la tristeza. Así, antes de que pasaran dos semanas ya estaba deseando tener otro tipo de compañía, llegando a repudiar todo lo dijera o hiciese su amante. A las tres semanas estaba tan harta de aquel hombre que chillaba y aporreaba la puerta de su recinto. Cuando al fin pudo salir de allí, se echó en brazos de su padre agradecida de haberle librado de aquel a quién había llegado a aborrecer. Al tiempo, cuando la princesa recobró la serenidad perdida, le dijo a su padre: —Padre, háblame del matrimonio. Y su padre, el rey, le dijo: —Escucha lo que dicen los poetas de nuestro reino: “Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios. Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión. Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis de la misma. Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo. Y permaneced juntos, más no demasiados juntos, pues ni el roble ni el ciprés, crecen uno a la sombra del otro”. Sufí popular.
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Y UNO APRENDE. Jorge Luis Borges. Voz Antonio Sánchez Vicente
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas. Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla. Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes. Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual. Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado. Y UNO APRENDE...Jorge Luis Borges. Voz Antonio Sánchez Vicente. Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido. Pero desafortunadamente, solo con el tiempo...
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Muere lentamente. Mharta Medeiros atribuído, erróneamente, a Pablo Neruda
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música quien no encuentra gracia en sí mismo Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien no conversa con quien no conoce. Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente éstas que regresanel brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados. Muere lentamente quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo, o su amor, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir atrás de un sueño quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, huir de los consejos sensatos...... ¡ Vive hoy ! ¡ Arriesga hoy ! ¡Hazlo hoy ! ¡ No te dejes morir lentamente ! ¡ No te impidas ser feliz ! Nota: El poema « muere lentamente » no es del poeta chileno Pablo Neruda, es de la escritora brasileña Martha Medeiros.
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No te rindas. Mario Benedetti.
No te rindas, poema de Mario Benedetti. Voz Antonio Sánchez.
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Si el hombre pudiera decir. Luis Cernuda
SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR. LUIS CERNUDA Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo como una nube en la luz; si como muros que se derrumban, para saludar la verdad erguida en medio, pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor, la verdad de sí mismo, que no se llama gloria, fortuna o ambición, sino amor o deseo, yo sería aquel que imaginaba; aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos proclama ante los hombres la verdad ignorada, la verdad de su amor verdadero. Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu como leños perdidos que el mar anega o levanta libremente, con la libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad por que muero. Tú justificas mi existencia: si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
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