PODCAST · arts
Poesía en la arena
by Eduardo Alcalá
Lectura de poesía y relatos en español
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La última tarde (fabula de terror) - Eduardo Alcalá
La vida es un delicado equilibrio entre la amistad y el instinto, la lealtad y las decisiones que forjan el destino. Este breve relato captura el ciclo inevitable de la vida y la muerte a través de los ojos de un ratón, un perro y un gato cuyos caminos se entrelazan, dejando huellas imborrables en su pequeño pero trascendental universo. Música de Purple Planet Music https://www.purple-planet.com/
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El tiempo no tiene límites - Jack Finney
El autor de La invasión de los ladrones de cuerpos (1955) escribió en 1962 El tiempo no tiene límites para el Saturday Evening Post, donde nos presenta a un hombre que ha perfeccionado una máquina que permite a ciertas persona de interés desaparecer sin riesgo de ser detectados. ¿Pero qué sucederá cuando un testarudo representante de la ley finalmente descubra su método?
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Todo el tiempo del mundo - Arthur C. Clarke
Un reconocido ladrón es visitado por una extraña mujer que porta un brazalete cuyas capacidades rebasan toda imaginación, y quien ha llegado a ofrecerle el trabajo de su vida. Relato escrito en 1952 y publicado en la recopilación de historias de viajes en el tiempo titulada Timescapes (Cronopaisajes) de 1997, por Peter Haining y Miquel Barceló.
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El 'factor Dios' - José Saramago
Texto de opinión publicado en el periódico El País el 17 de septiembre del 2001. https://elpais.com/diario/2001/09/18/opinion/1000764007_850215.html#?prm=copy_link
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La gallina degollada - Horacio Quiroga
La gallina degollada es un cuento de #terror del escritor uruguayo Horacio Quiroga, publicado por primera vez en la revista «Caras y Caretas», en 1909 y posteriormente incluido en el libro Cuentos de amor de locura y de muerte publicado en 1917. Es considerada una obra clásica de la literatura de terror en Latinoamérica y a nivel mundial. https://ciudadseva.com/texto/la-gallina-degollada/
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La noche boca arriba - Julio Cortázar
La noche boca arriba es un cuento del escritor argentino Julio Cortázar. Apareció en Final del juego publicado en 1955. https://ciudadseva.com/texto/la-noche-boca-arriba/
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El Retrato Oval - Edgar Allan Poe
Relato corto escrito por Edgar Allan Poe en el año 1842. Su título originariamente fue La vida en la Muerte. Este texto se destaca por la sutil condensación de los motivos: una reflexión sobre el arte, una reflexión sobre el amor y la visión alucinada de un objeto mágico. Se ha dicho que el retrato del cuento remite a un retrato en miniatura de su madre que Poe conservó siempre consigo. https://es.wikipedia.org/wiki/El_retrato_oval
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La Migala - Juan José Arreola
Relato breve del escritor mexicano Juan José Arreola (1918 - 2001). Este cuento forma parte de la obra titulada cuentos breves latino americanos, publicada en 1952. https://es.wikipedia.org/wiki/La_migala https://aprendeanimal.com/artropodos/migala/
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Superviviente - Stephen King
Pocas cosas hay más aterradoras que ser testigo de tu posible extinción. Este relato de Stephen King se encuentra en una antología de cuentos titulada La Expedición (The Skeleton Crew fue su título original en inglés) publicada en 1985. Narra la historia de un médico cirujano varado en una isla del Pacífico y con circunstancias realmente adversas. Los recursos con los que cuenta para sobrevivir son los mismos que lo llevaron a ese predicamento; sus únicas herramientas son unos cuchillos, dos kilos de heroína y sus manos de cirujano. "Más tarde o más temprano, la pregunta surge siempre en la carrera de un médico: ¿Hasta qué punto puede un paciente soportar un shock traumático? Según las teorías, hay diferentes respuestas, pero, básicamente, la contestación esencial es otra pregunta: ¿Hasta qué punto el paciente quiere sobrevivir? Me llamo Richard Pine y éste es mi diario".
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Bordas de hielo, Medialuz, Espergesia - César Vallejo
Bordas de hielo Vengo a verte pasar todos los días, vaporcito encantado siempre lejos... Tus ojos son dos rubios capitanes; ¡tu labio es un brevísimo pañuelo rojo que ondea en un adiós de sangre! Vengo a verte pasar; hasta que un día, embriagada de tiempo y de crueldad, vaporcito encantado siempre lejos, la estrella de la tarde partirá. Las jarcias; vientos que traicionan; ¡vientos de mujer que pasó! Tus fríos capitanes darán orden; y quien habrá partido seré yo... Medialuz He soñado una fuga. Y he soñado tus encajes dispersos en la alcoba. A lo largo de un muelle, alguna madre; y sus quince años dando el seno a una hora. He soñado una fuga. Un "para siempre" suspirado en la escala de una proa; he soñado una madre; unas frescas matitas de verdura, y el ajuar constelado de una aurora. A lo largo de un muelle... y a lo largo de un cuello que se ahoga. Espergesia Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: el claustro de un silencio que habló a flor de fuego. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hermano, escucha, escucha... Bueno. Y que no me vaya sin llevar diciembres, sin dejar eneros. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que mastico... y no saben por qué en mi verso chirrían, oscuro sinsabor de féretro, lullidos vientos desenroscados de la Esfinge preguntona del Desierto. Todos saben... y no saben que la Luz es tísica y la Sombra gorda... y no saben que el misterio sintetiza... que él es la joroba musical y triste que a distancia denuncia el paso meridiano de las lindes a las lindes. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave.
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El almohadón de plumas - Horacio Quiroga
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
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Una idea, Happy new year, Te amo por ceja - Julio Cortázar
Una idea. Una idea incandescente se me vino esta mañana, una antorcha que flameaba en lo alto de mi mente, pero sola y sin refuerzos talvez pierda la batalla ya librada de hace tiempo por tu brillo y un cobarde. Un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada, que vacila tras tus pasos y tu melódica mirada, que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos, que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre, que se esconde tras las letras de algún otro nombre y aún así no se atreve a gritar de quién se esconde, que hace frente tan valiente a enredadas tempestades y se escapa como un niño al descubrirse a tu lado, que amanece al medio día y se duerme al despedirte, que susurra tan potente y que grita tan despacio, que camina tan de prisa y con los ojos bien cerrados, sin valor por la cornisa que conduce a tu palacio. Una idea de coraje se me vino esta mañana, de sentarnos frente a frente y quitarme el camuflaje, de soplar mis emociones y transformarlas en palabras, en palabras que te expliquen como cae el agua helada. Una idea tan sublime como tantas que me diste, tan tardía y predecible como tantas he tenido, pero sola y sin refuerzos de valor y otros aliados ha perdido la batalla, ya es de noche, ya te fuiste. Happy new year Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres. Te amo por ceja Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz, voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia. No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada, encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro. Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa. Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío.
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La niña de los fósforos - Hans Christian Andersen
Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría. Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico pesebre: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. http://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/la%20vendedora%20de%20fosforos.pdf
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En ti la tierra, Poema V - Pablo Neruda
En ti la tierra Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra. Poema V Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte para que tú las oigas como quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. Voy haciendo de todas un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas.
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El Corsario XIV - Lord Byron
Mi tierno secreto está sepultado para siempre en mi alma. Mi corazón palpita todavía frecuentemente para corresponder a los latidos del tuyo; pero luego tiembla guardando un profundo silencio. Mi llama es como la luz eterna de una lámpara sepulcral, cuya débil claridad se oculta a todos los ojos. La fría oscuridad de la desesperación no la apagará jamás, aunque sus rayos sean tan inútiles como si nunca hubieran existido. Acuérdate de mí; nunca pases cerca de mi sepulcro sin hacer memoria de aquel cuyas cenizas se hallan allí encerradas. El único tormento que mi corazón no podría tolerar sería el que me olvidaras. Escucha los últimos acentos de una voz moribunda. La virtud no impide que se compadezca a los muertos. Concédeme la sola gracia que te he pedido: una lágrima, la primera y la última recompensa de tu amor.
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No decía palabras, Donde habite el olvido - Luis cernuda
No decía palabras. No decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos, remonta por las venas hasta abrirse en la piel, surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. Un roce al paso, una mirada fugaz entre las sombras, bastan para que el cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe; mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Aunque sólo sea una esperanza porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe. Donde habite el olvido. Donde habite el olvido, en los vastos jardines sin aurora; donde yo sólo sea memoria de una piedra sepultada entre ortigas sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. Donde mi nombre deje al cuerpo que designa en brazos de los siglos, donde el deseo no exista. En esa gran región donde el amor, ángel terrible, no esconda como acero en mi pecho su ala, sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, sometiendo a otra vida su vida, sin más horizonte que otros ojos frente a frente. Donde penas y dichas no sean más que nombres, cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, disuelto en niebla, ausencia, ausencia leve como carne de niño. Allá, allá lejos; donde habite el olvido.
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La caricia perdida, Alma desnuda - Alfonsina Storni
La caricia perdida Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿Quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar a la primera que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará... rodará... Si en los ojos te besan esta noche, viajera, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va. Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, oh, viajera, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida, ¿Me reconocerás? Alma desnuda Soy un alma desnuda en estos versos, alma desnuda que angustiada y sola va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, que puede ser un lirio, una violeta, un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta y ruge cuando está sobre los mares y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, dioses que no se bajan a cegarla; alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla con sólo un corazón que se partiera para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera dice al invierno que demora: vuelve, caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve en tristezas, clamando por las rosas con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas a campo abierto, sin fijar distancia, y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia, de un suspiro, de un verso en que se ruega, sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega, y negando lo bueno el bien propicia porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia palpar las almas, despreciar la huella, y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, como los vientos vaga, corre y gira; alma que sangra y sin cesar delira por ser el buque en marcha de la estrella.
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Algo muy grave va a suceder en este pueblo - Gabriel García Márquez
Cuento. https://ciudadseva.com/texto/algo-muy-grave-va-a-suceder-en-este-pueblo/
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Soneto de la dulce queja, Alba - Federico García Lorca
Soneto de la dulce queja Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas; y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla, para el gusano de mi sufrimiento. Si tú eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado. Alba Mi corazón oprimido siente junto a la alborada el dolor de sus amores y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva semilleros de nostalgias y la tristeza sin ojos de la médula del alma. La gran tumba de la noche su negro velo levanta para ocultar con el día la inmensa cumbre estrellada. ¡Qué haré yo sobre estos campos cogiendo nidos y ramas rodeado de la aurora y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos muertos a las luces claras y no ha de sentir mi carne el calor de tus miradas! ¿Por qué te perdí por siempre en aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco como una estrella apagada.
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La culpa es de uno, Enamorarse y no - Mario Benedetti
La culpa es de uno Quizá fue una hecatombe de esperanzas, un derrumbe de algún modo previsto. Ah, pero mi tristeza solo tuvo un sentido. Todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y por cierto me vieron. Hasta aquí había hecho y rehecho mis trayectos contigo, hasta aquí había apostado a inventar la verdad, pero vos encontraste la manera, una manera tierna y a la vez implacable, de desahuciar mi amor. Con un solo pronostico lo quitaste de los suburbios de tu vida posible, lo envolviste en nostalgias, lo cargaste por cuadras y cuadras y despacito, sin que el aire nocturno lo advirtiera, ahí nomas lo dejaste a solas con su suerte que no es mucha. Creo que tenés razón, la culpa es de uno cuando no enamora y no de los pretextos ni del tiempo. Hace mucho, muchísimo, que yo no me enfrentaba como anoche al espejo y fue implacable como vos, mas no fue tierno. Ahora estoy solo francamente solo. Siempre cuesta un poquito empezar a sentirse desgraciado. Antes de regresar a mis lóbregos cuarteles de invierno, con los ojos bien secos por si acaso, miro como te vas adentrando en la niebla y empiezo a recordarte. Enamorarse y no Cuando uno se enamora las cuadrillas del tiempo hacen escala en el olvido, la desdicha se llena de milagros, el miedo se convierte en osadía y la muerte no sale de su cueva. Enamorarse es un presagio gratis, una ventana abierta al árbol nuevo, una proeza de los sentimientos, una bonanza casi insoportable, y un ejercicio contra el infortunio. Por el contrario, desenamorarse es ver el cuerpo como es y no como la otra mirada lo inventaba, es regresar más pobre al viejo enigma y dar con la tristeza en el espejo.
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Poema 15 - Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
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Sólo en sueños, Me dueles - Jaime Sabines
Sólo en sueños. Sólo en sueños, sólo en el otro mundo del sueño te consigo, a ciertas horas, cuando cierro puertas detrás de mí. ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, y ahora estoy preso en su sortilegio, atrapado en su red! ¡Con qué morboso deleite te introduzco en la casa abandonada, y te amo mil veces de la misma manera distinta! Esos sitios que tú y yo conocemos nos esperan todas las noches como una vieja cama y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. Me gusta decirte lo de siempre y mis manos adoran tu pelo y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. A veces lo recuerdo. A veces sólo el cuerpo cansado me lo dice. Al duro amanecer estás desvaneciéndote y entre mis brazos sólo queda tu sombra. Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza. Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor. Entre los escombros de mi alma, búscame, escúchame. En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio. Atravesando muros, atmósferas, edades, tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) viene desde la muerte, desde antes del primer día que despertara al mundo. ¡Qué claridad de rostro, qué ternura de luz ensimismada, qué dibujo de miel sobre hojas de agua! Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. Soy como el hijo de tus ojos, como una gota de tus ojos soy. Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, del suelo, de la sombra que pisas, del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. Levántame. Porque he caído de tus manos y quiero vivir, vivir, vivir.
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Nocturno, Inventar la verdad - Xavier Villaurrutia
Nocturno Todo lo que la noche dibuja con su mano de sombra: el placer que revela, el vicio que desnuda. Todo lo que la sombra hace oír con el duro golpe de su silencio: las voces imprevistas que a intervalos enciende, el grito de la sangre, el rumor de unos pasos perdidos. Todo lo que el silencio hace huir de las cosas: el vaho del deseo, el sudor de la tierra, la fragancia sin nombre de la piel. Todo lo que el deseo unta en mis labios: la dulzura soñada de un contacto, el sabido sabor de la saliva. Y todo lo que el sueño hace palpable: la boca de una herida, la forma de una entraña, la fiebre de una mano que se atreve. ¡Todo! circula en cada rama del árbol de mis venas, acaricia mis muslos, inunda mis oídos, vive en mis ojos muertos, muere en mis labios duros. Inventar la verdad Pongo el oído atento al pecho, como, en la orilla, el caracol al mar. Oigo mi corazón latir sangrando y siempre y nunca igual. Sé por qué late así, pero no puedo decir por qué será. Si empezara a decirlo con fantasmas de palabras y engaños al azar, llegaría, temblando de sorpresa, a inventar la verdad: ¡Cuando fingí quererte, no sabía que te quería ya!
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El Cuervo - Edgar Allan Poe
El texto no cabe completo, así que dejo esta liga para su lectura Traducción de Julio Cortázar. https://narrativabreve.com/2017/02/el-cuervo-allan-poe-en-estado-puro.html
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Qué ruido tan triste - Luis Cernuda
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman, parece como el viento que se mece en otoño sobre adolescentes mutilados, mientras las manos llueven, manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas, cataratas de manos que fueron un día flores en el jardín de un diminuto bolsillo. Las flores son arena y los niños son hojas, y su leve ruido es amable al oído cuando ríen, cuando aman, cuando besan, cuando besan el fondo de un hombre joven y cansado porque antaño soñó mucho día y noche. Mas los niños no saben, ni tampoco las manos llueven como dicen; así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños, invoca los bolsillos que abandonan arena, arena de las flores, para que un día decoren su semblante de muerto.
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Transmigración del tacto - Juan José Alcolea
Quiero guardar tu tacto inmune en la memoria, quiero librar tu imagen de la erosión del tiempo, quiero llevar donde el silencio diga el turbio roce de tu rumor de encuentro. Quiero dejar la sombra y el gemido de tu caricia en mi recuerdo impreso, y el yugo abierto en que tu cuerpo yace y el dulce cauce en que te invado y muero. Quiero, cuando las venas se adormezcan, llevarme al aire tu clamor despierto, tu latitud de musgo por mis manos, tu redención oscura por mis dedos. Quiero de la mordaza de tus labios dejar mi boca atenazada y, luego, en las calladas tardes del olvido, gozar su jugo de sabor intenso. De tu perfil de poma y sembradura quiero la curva doble de tu seno, quiero la miel que grana en tus pezones, quiero la negra llaga de tu pelo. Quiero que tu presencia me ilumine, ara en que de hombre me inmolé sin precio, cuando los pulsos tardos se detengan por las cavernas hondas de mi cuerpo. Quiero en el margen quieto de lo sido de tus pupilas su paisaje abierto y por las turbias sendas de la muerte hacer camino en tu presencia quiero. Quiero llevar tu tacto inmune en la memoria quiero en las hondas yemas de mis dedos robar la acequia que en tu piel se posa y hacerla insomne temblor... siempre latiendo. Porque tu tacto tiene aromas imposibles, porque tu boca tiene orgiásticos venenos, porque tus ojos miran alquimias insondables y en tu cintura habitan mágicos advientos. Y si es que acaso un día aquí volviera del implacable exilio del destierro, que el palpitante hueco que desnudas fuera de nuevo... cauce de mi cuerpo.
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Ruidos, Baile - Gabriela Rosas
Ruidos No pude marcharme ilesa de la noche los labios nunca son serenos los agita el silencio De cada beso uno regresa distinto o no regresa y uno se queda solo en las esquinas del mundo porque estarlo no depende de la gente de su ruido depende del silencio que somos. Baile ¿Quieres que mienta? diga que puedo defenderme salir victoriosa de tanta palabra tuya de la torsión que significa habitar también tu cuerpo o que tú habites el mío como si no tuviese fondo claro que me apena la falta de cintura entre otras cosas que no quiero que veas curioso me observas como si toda la lluvia se contuviese para caer allí sobre nosotros dices: tranquila amor no pasa nada y pasa la ternura de tu verbo pasa que me recitas al oído sobre tu cama sobre la nueva sábana de hilos recién comprada chocamos un segundo nuestros dientes para cumplir el requisito de equivocarnos sin agotar nunca todas nuestras destrezas la próxima palabra es el siguiente baile afuera en el mundo no hay mayores secretos que en nuestro interior y pasas la mano por mi cabello junto a la caricia que lo aparta de mis ojos como si tal vez por un segundo la poesía no doliera pero duele duele ser el poema y como cierto dolor me es placentero lo dejo hasta que pase.
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Hermano lobo - Manuel Mejía vallejo
Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo. —Es horrible lo que piensan y escriben —exclamó. —No todos —dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las parábolas que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender. —¿Dónde está ese santo? —En el cielo. —¿En el cielo hay lobos? El ermitaño no pudo contestar. —¿Y tú qué haces? —preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba. —Y cuando mueras, ¿irás al cielo? —preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal. —Hago por merecer el cielo —dijo apaciblemente el ermitaño. —Si fueras mártir, ¿irías al cielo? —En el cielo están todos los mártires. El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus mandíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar, se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.
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Te espero - Mario Benedetti
Te espero cuando la noche se haga día, suspiros de esperanzas ya perdidas. No creo que vengas, lo sé, sé que no vendrás. Sé que la distancia te hiere, sé que las noches son más frías, Sé que ya no estás. Creo saber todo de ti. Sé que el día de pronto se te hace noche: sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices, sé que soy un idiota al esperarte, pues sé que no vendrás. Te espero cuando miremos al cielo de noche: tu allá, yo aquí, añorando aquellos días en los que un beso marcó la despedida, quizás por el resto de nuestras vidas. Es triste hablar así. Cuando el día se me hace de noche, y la Luna oculta ese sol tan radiante, me siento sólo, lo sé; nunca supe de nada tanto en mi vida, solo sé que me encuentro muy sólo, y que no estoy allí. Mis disculpas por sentir así, nunca mi intención ha sido ofenderte. Nunca soñé con quererte, ni con sentirme así. Mi aire se acaba como agua en el desierto, mi vida se acorta pues no te llevo dentro. Mi esperanza de vivir eres tu, y no estoy allí. ¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás. ¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti? Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí. Porque todas las noches me torturo pensando en ti. ¿Por qué no solo me olvido de ti? ¿Por qué no vivo sólo así? ¿Por qué no solo...?
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Némesis - H.P. Lovecraft
A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules, Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna, He vivido mis vidas sin número, He sondeado todas las cosas con mi mirada; Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento Arrastrado con horror a la locura. He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos, Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa; He visto bostezar al oscuro universo, Donde los negros planetas giran sin objeto, Donde los negros planetas giran en un sordo horror, Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre. He vagado a la deriva sobre océanos sin límite, Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags, Que resuenan con histéricos alaridos, Con gemidos de demonios invisibles Que surgen de las aguas verdosas. Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda De la inmemorial espesura originaria, Donde los robles sienten la presencia que avanza Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse, Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente Entre las ramas que se extienden en lo alto. He deambulado por montañas horadadas de cavernas Que surgen estériles y desoladas en la llanura, He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas; Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas Que me guardaré de no volver a ver. He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra, He hollado sus estancias deshabitadas, Donde la luna se eleva por encima de los valles E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros; Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente Que no soporto recordar. Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales Las macilentas praderas del entorno, El pueblo de múltiples tejados abatido Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros; Y desde la tierra de las blancas urnas de mármol persigo Ansiosamente la erupción de un sonido. He frecuentado las tumbas de los siglos, En brazos del miedo he sido transportado Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo; Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías, Y en reinos donde el sol del desierto consume Aquello que jamás volverá a animarse. Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo; Yo era viejo en aquellas épocas incalculables, Cuando yo, sólo yo, era astuto; Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba En la gloria de la lejana isla del Ártico. Oh, grande fue el pecado de mi espíritu, Y grande es la duración de su condena; La piedad del cielo no puede reconfortarle, Ni encontrar reposo en la tumba: Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas De las despiadadas tinieblas. A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules, Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna, He vivido mis vidas sin número, He sondeado todas las cosas con mi mirada; Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento Arrastrado con horror a la locura.
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19
Rayuela (Cap. 7) Toco tu boca - Julio Cortázar
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
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Tu cuerpo está a mi lado - Jaime Sabines
Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos. Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio, tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios. Te digo a media voz cosas que invento a cada rato y me pongo de veras triste y solo y te beso como si fueras tu retrato. Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos.
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Corazón coraza - Mario Benedetti
Porque te tengo y no porque te pienso porque la noche está de ojos abiertos porque la noche pasa y digo amor porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes porque eres linda desde el pie hasta el alma porque eres buena desde el alma a mí porque te escondes dulce en el orgullo pequeña y dulce corazón coraza porque eres mía porque no eres mía porque te miro y muero y peor que muero si no te miro amor si no te miro porque tú siempre existes dondequiera pero existes mejor donde te quiero porque tu boca es sangre y tienes frío tengo que amarte amor tengo que amarte aunque esta herida duela como dos aunque te busque y no te encuentre y aunque la noche pase y yo te tenga y no.
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El mar y tú - Julia de Burgos
La carrera del mar sobre mi puerta es sensación azul entre mis dedos, y tu salto impetuoso por mi espíritu es no menos azul, me nace eterno. Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo nadan a mi encuentro, y en locura de amarme hasta el naufragio van rompiendo los puertos y los remos. ¡Si tuviera yo un barco de gaviotas, para sólo un instante detenerlos, y gritarle mi voz a que se batan en un sencillo duelo de misterio! Que uno en el otro encuentren su voz propia, que entrelacen sus sueños en el viento, que se ciñan estrellas en los ojos para que den, unidos, sus destellos. Que sea un duelo de música en el aire las magnolias abiertas de sus besos, que las olas se vistan de pasiones y la pasión se vista de veleros. Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo estiren en un sueño que se lleve mi barco de gaviotas y me deje en el agua de dos cielos.
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Nocturno VI - José Ángel Buesa
Así estás todavía de pie bajo la lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa; de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo. Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos. Y tu voz, que nacía del fondo de tus ojos, y tus manos cansadas que se iban en el viento... Y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles, y la hoja aquella que te cayó en el seno... y el rocío nocturno dormido en tus pestañas, y engarzando diamantes en tu vestido negro. Así estás todavía lejanamente cerca, desde tu lejanía de sombra y de silencio... Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia; de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño. La vida es tan pequeña que cabe en una noche. —Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso—. Y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia, el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo. Sí. Me has dejado triste. Porque pienso que acaso ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo; y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia, con las manos temblando de frío y de deseo. Pero, aunque habrá otras noches cargadas de perfumes, y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo, siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, bajo la lluvia clara de una noche de invierno.
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El viento en la isla, Soneto LXIX - Pablo Neruda
El viento en la isla. El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo. Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos. Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable. Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos. Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme. Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amor mío. - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Soneto LXIX Tal vez no ser es ser sin que tú seas, sin que vayas cortando el mediodía como una flor azul, sin que camines más tarde por la niebla y los ladrillos, sin esa luz que llevas en la mano que tal vez otros no verán dorada, que tal vez nadie supo que crecía como el origen rojo de la rosa, sin que seas, en fin, sin que vinieras brusca, incitante, a conocer mi vida, ráfaga de rosal, trigo del viento, y desde entonces soy porque tú eres, y desde entonces eres, soy y somos, y por amor seré, serás, seremos.
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Misterio - Manuel Acuña
Si tu alma pura es un broche que para abrirse a la vida quiere la calma adormecida de las sombras de la noche; si buscas como un abrigo lo más tranquilo y espeso, para que tu alma y tu beso se encuentren sólo conmigo; y si temiendo en tus huellas testigos de tus amores, no quieres ver más que flores, más que montañas y estrellas; yo sé muchas grutas, y una donde podrás en tu anhelo, ver un pedazo de cielo cuando aparezca la luna. Donde a tu tímido oído no llegarán otros sones que las tranquilas canciones de algún ruiseñor perdido. Donde a tu mágico acento y estremecido y de hinojos, veré abrirse ante mis ojos los mundos del sentimiento. Y donde tu alma y la mía, como una sola estrechadas, se adormirán embriagadas de amor y melancolía. Ven a esta gruta y en ella yo te daré mis desvelos, hasta que se hunda en los cielos la luz de la última estrella. Y antes que el ave temprana su alegre vuelo levante, y entre los álamos cante la vuelta de la mañana, yo te volveré al abrigo de tu estancia encantadora, donde el recuerdo de esa hora vendrás a soñar conmigo... Mientras que yo en el exceso de la pasión que me inspiras iré a soñar que me miras, e iré a soñar que te beso.
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Orillas del amor - Luis Cernuda
Como una vela sobre el mar resume ese azulado afán que se levanta hasta las estrellas futuras, hecho escala de olas por donde pies divinos descienden al abismo, también tu forma misma, ángel, demonio, sueño de un amor soñado, resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba hasta las nubes sus olas melancólicas. Sintiendo todavía los pulsos de ese afán, yo, el más enamorado, en las orillas del amor, sin que una luz me vea definitivamente muerto o vivo, contemplo sus olas y quisiera anegarme, deseando perdidamente descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma, hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.
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11
Los Amorosos - Jaime Sabines
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida.
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10
Destino - Rosario Castellanos
Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca. Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere un olvido, una ausencia, a veces menos. Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia de respirar con un pulmón ajeno! El aire no es bastante para los dos. Y no basta la tierra para los cuerpos juntos y la ración de la esperanza es poca y el dolor no se puede compartir. El hombre es animal de soledades, ciervo con una flecha en el ijar que huye y se desangra. ¡Ah! pero el odio, su fijeza insomne de pupilas de vidrio; su actitud que es a la vez reposo y amenaza. El ciervo va a beber y en el agua aparece el reflejo de un tigre. El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve —antes que lo devoren—(cómplice, fascinado) igual a su enemigo. Damos la vida sólo a lo que odiamos. Imagen <a href='https://www.freepik.es/fotos/patron'>Foto de Patrón creado por chevanon - www.freepik.es</a>
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9
Acuérdate de mí - José Ángel Buesa
Cuando vengan las sombras del olvido a borrar de mi alma el sentimiento, no dejes, por Dios, borrar el nido donde siempre durmió mi pensamiento. Si sabes que mi amor jamás olvida que no puedo vivir lejos de ti dime que en el sendero de la vida alguna vez te acordarás de mí. Cuando al pasar inclines la cabeza y yo no pueda recoger tu llanto, en esa soledad de la tristeza te acordarás de aquel que te amó tanto. No podrás olvidar que te he adorado con ciego y delirante frenesí y en las confusas sombras del pasado, luz de mis ojos, te acordarás de mí. El tiempo corre con denso vuelo ya se va adelantando entre los dos no me olvides jamás. ¡Dame un recuerdo! y no me digas para siempre adiós. Imagen. <a href='https://www.freepik.es/fotos/fondo'>Foto de Fondo creado por ijeab - www.freepik.es</a>
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Poema 6 - Pablo Neruda
Te recuerdo como eras en el último otoño. Eras la boina gris y el corazón en calma. En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. Y las hojas caían en el agua de tu alma. Apegada a mis brazos como una enredadera, las hojas recogían tu voz lenta y en calma. Hoguera de estupor en que mi sed ardía. Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma. Siento viajar tus ojos y es distante el otoño: boina gris, voz de pájaro y corazón de casa hacia donde emigraban mis profundos anhelos y caían mis besos alegres como brasas. Cielo desde un navío. Campo desde los cerros. Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos. Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
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Para hallarte esta noche... - Julia de Burgos
Para hallarte esta noche las pupilas distantes, he dominado cielos, altamares, y prados. He deshecho el sollozo de los ecos perdidos... tengo el hondo infinito jugando entre mis manos. Siénteme la sonrisa. Es el último sueño de una espiga del alba que se unió a mi reclamo... Yo quiero que adelantes en espíritu y alas mi canción enredada de trinos y de pájaros. Te esperaré la vida. Levántame el ensueño. Mírame todo en ascuas. Recuéstate en mis labios. ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía, se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos! Vuélvete la caricia. No quiero que limites tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio. Recorrerme es huirse de todos los senderos... Soy el desequilibrio danzante de los astros. <a href='https://www.freepik.es/fotos/arbol'>Foto de Árbol creado por wirestock - www.freepik.es</a>
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Saberte aquí - Mario Benedetti
Podés querer el alba cuando quieras he conservado intacto tu paisaje podés querer el alba cuando ames venir a reclamarte como eras aunque ya no seas vos aunque mi amor te espere quemándose en tu azar y tu sueño sea eso y mucho más ésta noche otra noche aquí estarás y cuando gima el tiempo giratorio en esta paz ahora dirás quiero esta paz ahora podés venir a reclamarte penetrar en tu noche de alegre angustia reconocer tu tibio corazón sin excusas los cuadros las paredes saberte aquí he conservado intacto tu paisaje pero no sé hasta dónde está intacto sin vos podés querer el alba cuando quieras venir a reclamarte como eras aunque el pasado sea despiadado y hostil aunque contigo traigas dolor y otros milagros aunque seas otro rostro de tu cielo hacia mí.
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Recuerdo que el amor era una blanda furia - Eduardo Lizalde
Recuerdo que el amor era una blanda furia no expresable en palabras. Y mismamente recuerdo que el amor era una fiera lentísima: mordía con sus colmillos de azúcar y endulzaba el muñón al desprender el brazo. Eso sí lo recuerdo. Rey de las fieras, jauría de flores carnívoras, ramo de tigres era el amor, según recuerdo. Recuerdo bien que los perros se asustaban de verme, que se erizaban de amor todas las perras de sólo otear la aureola, oler el brillo de mi amor ─como si lo estuviera viendo─. Lo recuerdo casi de memoria: los muebles de madera florecían al roce de mi mano, me seguían como falderos grandes y magros ríos, y los árboles ─aun no siendo frutales─ daban por dentro resentidos frutos amargos. Recuerdo muy bien todo eso, amada, ahora que las abejas se derrumban a mi alrededor con el buche cargado de excremento.
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Aunque bien sé que no me extrañas - Rubén Bonifaz Nuño
Aunque bien sé que no me extrañas, aunque tengo la razón, me acuerdo: el cáncer terminó; te ausentas por todo lo mal que supe amarte. Ya fui desventurado cuando estuviste aquí, y en el momento donde te vas, me desventuro. La sola ventaja de estar ciego es acaso no poder mirarte. Ya morir sin arrepentimiento es mi esperanza, y te lo digo porque al fin te conozco; que si he pedido muchas cosas, pude pagar con sobreprecio las pocas que me fueron dadas. Mientras más mal te portas, mucho más te voy queriendo, y porque espero menos, me injurio y te acrecientas. Así tuvo que ser: de tanto que te procuré, me aborreciste; tan sólo pesares te he dejado. Raspaduras de celos, dudas que no opacaron la certeza de cuanto en ti me desolaba. Tú, como si nada, te diviertes; pero entristécete: si todos sabrán que estoy quemado, ninguno sabrá que por tus llamas. Vete como de veras; pierde el número atroz de este teléfono, la dirección que no aprendiste, aquel corazón tan despistado. Igual sigue siendo todo; nadie hay como tú, por mi fortuna; pero a nadie como tú he llegado. En el agua escrito y en el viento quedó el amor perpetuo. Sombras. Y me quemo, y de mejor violencia ─ay, mamá─ te alumbro al apagarme. Ya te conozco, ya obligado soy a bien quererte y despreciarme. Pero no, porque me da vergüenza; pero sí, porque me estoy muriendo sin voluntad ni penitencia. Y por todo: porque no quisiste permanecer, porque me olvidas, porque me voy tristeando, gracias te doy. Y por andar de noche.
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3
Dime - Jorge Luis Borges
Dime por favor dónde no estás en qué lugar puedo no ser tu ausencia dónde puedo vivir sin recordarte, y dónde recordar, sin que me duela. Dime por favor en qué vacío, no está tu sombra llenando los centros; dónde mi soledad es ella misma, y no el sentir que tú te encuentras lejos. Dime por favor por qué camino, podré yo caminar sin ser tu huella; dónde podré correr, no por buscarte, y dónde descansar de mi tristeza. Dime por favor cuál es la noche, que no tiene el color de tu mirada; cuál es el Sol, que tiene luz tan sólo, y no la sensación de que me llamas. Dime por favor dónde hay un mar, que no susurre a mis oídos tus palabras. Dime por favor en qué rincón, nadie podrá ver mi tristeza; dime cuál es el hueco de mi almohada, que no tiene apoyada tu cabeza. Dime por favor cuál es la noche, en que vendrás, para velar tu sueño; que no puedo vivir, porque te extraño; y que no puedo morir, porque te quiero.
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2
Poema 20 - Pablo Neruda
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
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1
Nocturno IV - José Ángel Buesa
Nocturno IV Así estás todavía de pie bajo la lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa, de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo. Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos y tu voz que nacía del fondo de tus ojos y tus manos cansadas que se iban en el viento y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles y la hoja aquella que te cayó en el seno y el rocío nocturno dormido en tus pestañas y engarzando diamantes en tu vestido negro. Así estás todavía lejanamente cerca desde tu lejanía de sombra y de silencio. Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia, de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño. La vida es tan pequeña que cabe en una noche. Quizá fue que en la sombra me encontré con tu beso y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia, el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo. Si, me has dejado triste porque pienso que acaso ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo. Y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia con las manos temblando de frío y de deseo. Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo, siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, bajo la lluvia clara de una noche de invierno...
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