PODCAST · arts
Sinfonía de Fuego
by Matt Warrior
Podcast Literario donde encontrarás poemas, relatos y fragmentos del autor Mateo D. Guerrero.Edición y voz a cargo del productor musical Ortiz Studios.
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Filosofía, Iglesia y Estado
Durante siglos, la relación entre la Iglesia y el Estado ha moldeado la historia, el poder y la forma en que entendemos el mundo. En este episodio de Sinfonía de Fuego, exploramos cómo la religión ha legitimado estructuras políticas, cómo la modernidad comenzó a cuestionarlas y por qué la filosofía sigue siendo una fuerza incómoda para los poderes establecidos. Desde la Edad Media hasta el pensamiento contemporáneo, analizamos cómo la filosofía ha actuado como una voz crítica frente a cualquier intento de imponer una única verdad. Inspirados por pensadores como Gilles Deleuze, reflexionamos sobre el papel de la filosofía como acto de resistencia: una herramienta para cuestionar, pensar y desafiar las estructuras que pretenden definir nuestra forma de vivir y comprender la realidad. Porque allí donde el poder busca obediencia, la filosofía siembra duda. Transcripción del episodio. Desde tiempos inmemoriales, la relación entre la Iglesia y el Estado ha sido un tema de interés y controversia. En este soliloquio, quiero hacer un análisis filosófico de esta relación a lo largo de la historia y hasta nuestros días, y subrayar cómo la filosofía ha jugado y debe seguir jugando un papel crítico y contrario a estas dinámicas. Reflexionaré sobre por qué la filosofía no interesa a los poderes establecidos, utilizando como ejemplo a uno de los grandes filósofos contemporáneos: Gilles Deleuze. Desde la antigüedad, la Iglesia ha buscado tener influencia sobre el Estado, justificando su posición a través de doctrinas religiosas. En la Edad Media, la Iglesia Católica tuvo un dominio absoluto sobre las instituciones políticas de Europa. Los monarcas gobernaban con el beneplácito divino, y cualquier desafío al poder eclesiástico era visto como una herejía. Este periodo de la historia es un ejemplo claro de cómo la religión puede ser utilizada para legitimar el poder político y mantener el status quo. Con la llegada de la Modernidad y el Renacimiento, surgió un cuestionamiento de la autoridad de la Iglesia. La Reforma Protestante, liderada por Martín Lutero, y el Humanismo renacentista abrieron paso a una nueva era de pensamiento crítico. Filósofos como Descartes, Spinoza y Locke comenzaron a separar la religión de la política, abogando por la autonomía del individuo y el racionalismo. Sin embargo, incluso en estos tiempos, la relación entre Iglesia y Estado seguía siendo compleja y a menudo conflictiva. En la era contemporánea, la secularización ha llevado a una separación más clara entre Iglesia y Estado en muchos países. No obstante, la religión sigue ejerciendo una influencia significativa en la política, especialmente en cuestiones morales y éticas. En algunos lugares, la Iglesia aún interviene en asuntos de Estado, y los políticos utilizan la religión para ganar el favor de ciertos sectores de la sociedad. Es en este contexto donde la filosofía debe alzar su voz crítica. La filosofía, con su compromiso con la verdad y la razón, siempre ha sido y debe seguir siendo un elemento contrario a cualquier forma de poder que busque imponer una única visión del mundo. La filosofía cuestiona, desafía y desentraña las estructuras de poder, ofreciendo una perspectiva que va más allá de los dogmas y las ideologías. La razón por la cual la filosofía no interesa a los poderes establecidos es precisamente porque pone en tela de juicio sus fundamentos. La filosofía fomenta el pensamiento crítico y autónomo, algo que es peligroso para cualquier forma de autoridad que busque mantener el control. Los poderes políticos y religiosos prefieren una población conformista y obediente, y la filosofía incita a la reflexión, la duda y la rebelión intelectual. Gilles Deleuze, un pensador contemporáneo, es un excelente ejemplo de cómo la filosofía puede servir como una herramienta de resistencia. Deleuze, junto con Félix Guattari, desarrolló conceptos como el "rizoma" y el "cuerpo sin órganos", desafiando las estructuras jerárquicas y las totalidades cerradas. Para Deleuze, la filosofía debía ser una práctica creativa, un acto de resistencia contra las formas opresivas de poder. En su obra "Mil mesetas", Deleuze y Guattari argumentan que la filosofía debe romper con las estructuras arborescentes del pensamiento tradicional y abrazar una multiplicidad de conexiones y flujos. En resumen, la relación entre Iglesia y Estado ha sido y sigue siendo una dinámica compleja y a menudo conflictiva. La filosofía, con su capacidad para cuestionar y criticar, se erige como un baluarte contra las formas opresivas de poder. Es precisamente por esto que la filosofía no interesa a los poderes establecidos: porque desafía sus fundamentos, fomenta el pensamiento crítico y promueve la autonomía del individuo. En un mundo donde la religión y la política aún buscancontrolar y moldear nuestras vidas, la filosofía debe seguir siendo una voz de resistencia, una fuerza que nos invita a pensar, a cuestionar y a buscar la verdad más allá de las apariencias y las imposiciones. Texto: Mateo D. Guerrero Voz: Cristian Ortiz Música: Jorge Aire
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Identidad Perdida
La personalidad, ese concepto que alguna vez pareció sólido, hoy se disuelve entre pantallas, etiquetas y algoritmos. En tiempos antiguos, el individuo se formaba en el silencio, en la repetición de gestos heredados, en la mirada directa del otro. No había necesidad de definirse constantemente, porque el ser era una consecuencia natural del estar. Se vivía sin la urgencia de ser único, sin la presión de destacar. La identidad se tejía lentamente, como una prenda que se usaba toda la vida. Ahora, sin embargo, cada día parece exigir una nueva versión de nosotros mismos. Somos lo que consumimos, lo que compartimos, lo que imitamos. Influencers, tribus urbanas, diagnósticos, modas, ideologías: todos nos ofrecen una personalidad prefabricada, una máscara que encaja en el sistema. Y nosotros, hambrientos de pertenencia, la aceptamos. ¿Dónde queda entonces el yo auténtico? ¿Existe aún esa voz interna que no ha sido contaminada por el ruido? La hiperestimulación nos ha convertido en espejos rotos. Cada fragmento refleja una parte de lo que creemos ser, pero ninguno muestra el rostro completo. Nos definimos por lo que vemos, por lo que nos dicen que somos, por lo que el entorno espera. La personalidad ya no se cultiva, se descarga. Se adapta a la tendencia, se valida por la mirada ajena. Y en ese proceso, algo esencial se pierde: la capacidad de escucharse a uno mismo sin interferencias. Incluso la enfermedad mental, como la depresión clínica, se convierte en una etiqueta más. ¿Es la tristeza profunda una distorsión del yo o una revelación? ¿Nos define el dolor o lo que hacemos con él? En medio de la oscuridad, hay quienes aún sienten que algo permanece: una chispa, un recuerdo, una intuición de lo que fueron antes del abismo. La enfermedad no borra la personalidad, pero la obliga a enfrentarse a sus límites. Y en ese enfrentamiento, a veces, se revela una verdad más cruda que cualquier diagnóstico. La empatía también ha cambiado. Antes era un vínculo directo, una resonancia entre cuerpos presentes. Hoy es una reacción mediada por pantallas, una emoción que se activa por imágenes lejanas pero se apaga ante el sufrimiento cercano. Nos hemos vuelto expertos en sentir por lo que no nos toca, pero indiferentes ante lo que nos rodea. El entorno ya no es un espacio compartido, sino un decorado donde cada uno actúa su papel. Y en ese teatro, la personalidad se convierte en guion, no en experiencia. El Estado, mientras tanto, observa. No con violencia explícita, sino con una sutileza que asusta. Nos educa, nos entretiene, nos vigila. Nos dice qué es normal, qué es deseable, qué es posible. Nos convierte en piezas funcionales, en ciudadanos obedientes, en consumidores previsibles. La personalidad se vuelve útil, moldeada para encajar. Y nosotros, dormidos, confundimos libertad con elección entre productos. Pero no es sólo vigilancia. Es diseño. El Estado moderno ya no necesita imponer, porque ha aprendido a seducir. Nos ofrece comodidad, seguridad, entretenimiento, y a cambio exige conformidad. Nos anestesia con burocracia, nos distrae con espectáculos, nos domestica con miedo. La educación pública no enseña a pensar, enseña a repetir. Los medios no informan, alinean. La ley no protege, delimita. Y en ese entramado, la personalidad se reduce a una función: ser productivo, ser dócil, ser rentable. Incluso la rebeldía está prevista. El sistema permite pequeñas disidencias, siempre que no cuestionen su estructura. Puedes tatuarte el rostro, gritar en redes, marchar por causas, siempre que vuelvas al trabajo el lunes. La personalidad contestataria se convierte en estética, en mercancía. El Estado no teme al grito, teme al silencio que piensa. Por eso nos mantiene ocupados, estimulados, divididos. Porque un individuo que se detiene, que se pregunta, que se niega, es un peligro. Y así, poco a poco, nos convertimos en siervos dormidos. No por imposición, sino por comodidad. Preferimos la ilusión de libertad a la incomodidad de la verdad. Nos dejamos definir por formularios, por algoritmos, por diagnósticos. El Estado nos ofrece identidad empaquetada, y nosotros la aceptamos con gratitud. Porque pensar duele, y ser uno mismo exige una valentía que pocos están dispuestos a ejercer. Pero hay quienes despiertan. No con gritos, sino con preguntas. No con rabia, sino con lucidez. Son los que se niegan a ser moldeados, los que entienden que la personalidad no es una función del sistema, sino una forma de resistencia. Son los que recuerdan que ser uno mismo no es un privilegio, sino una responsabilidad. Y en ese acto silencioso, en esa decisión íntima, comienza la verdadera revolución. Porque si hay una herramienta que ha sobrevivido a todos los sistemas, a todos los Estados, a todas las formas de opresión, es la filosofía. No como disciplina académica, sino como impulso vital. La filosofía no busca respuestas cómodas, sino preguntas incómodas. No ofrece consuelo, sino confrontación. Es el arte de pensar contra el mundo, de mirar lo establecido y decir: “¿por qué?”. Es el ejercicio radical de la libertad. La filosofía nos recuerda que no estamos obligados a aceptar lo dado, que podemos desmontar las estructuras que nos aprisionan, que podemos imaginar otras formas de ser, de vivir, de relacionarnos. Nos enseña que la verdad no está en los manuales, ni en los discursos oficiales, ni en los algoritmos, sino en la experiencia reflexiva del individuo que se atreve a pensar por sí mismo. Y por eso, mientras haya alguien que se pregunte quién es, mientras haya alguien que dude, que cuestione, que se incomode, la filosofía seguirá viva. Como llama que no se apaga, como grieta en el muro, como promesa de que aún es posible ser libre.
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Turno de Noche
Me encuentro aquí, bajo la tenue luz de los fluorescentes que apenas logran rasgar la oscuridad. Cada tic del reloj suena como un eco hueco en este vacío que insiste en recordarme que la noche no es amiga, es espejo. En este turno extraño, mientras el mundo duerme, los pensamientos despiertan. Se arrastran como sombras por los pasillos del alma, y uno empieza a preguntarse si hay alguna diferencia entre la vigilia y el insomnio del espíritu. La soledad no solo acompaña, manda. Me enseña a mirar hacia adentro con ojos que no siempre quiero abrir. Me recuerda que no todo lo perdido estaba destinado a volver, que hay silencios que no buscan respuestas, sólo compañía. ¿Es esta la vida? ¿Una sucesión de horas oscuras en las que esperamos ver algo de luz al final? Quizá no se trata de encontrar la esperanza, sino de resistir lo suficiente como para que ella nos encuentre. El té humea con discreción. No se anuncia como el café, no exige atención. Está ahí, en su pequeña ceremonia silenciosa, como quien escucha sin juzgar. Me aferro a su tibieza como quien encuentra algo de luz dentro. Es curioso cómo en la noche todo cobra otro peso. Un sorbo puede ser compañía, un recuerdo puede ser tormenta, y una pausa puede durar horas. El turno no es sólo laboral, es emocional. Vigilamos cosas que no sabíamos que teníamos. El vapor que asciende me recuerda que hay cosas que se disuelven sin ruido. Como las promesas, los sueños que no fueron, los “te quieros” que no llegaron. ¿Será que la noche es también un ritual de despedida, una forma amable de soltar? Me gustaría pensar que no todo lo que se va se pierde. Que hay memorias que se quedan a hacer guardia conmigo, como viejos compañeros que no dicen nada pero están. El té me los recuerda: tibio, amargo, sereno. Hay un silencio aquí que no se puede explicar con palabras. No es el silencio de la ausencia, sino el de la presencia absoluta. De mí conmigo. El té se enfría lentamente, como yo. No por falta de calor externo, sino por el agotamiento interno. He aprendido que hay heridas que no sangran, que simplemente pesan. En esta madrugada suspendida, lo recuerdo todo: las decisiones que tomé por miedo, los caminos que no elegí por amor propio mal entendido. ¿Cuántos destinos mueren por falta de coraje? Pienso en los días en que creí tener certezas. Eran tan frágiles como este vaso de porcelana, y aun así me aferraba a ellas como si fueran anclas. Hoy, en cambio, me dejo flotar. No porque confíe en el mar, sino porque ya no temo hundirme. La soledad me muestra cosas que no quiero ver: cómo me he ocultado de mí mismo tras rutinas, compromisos, risas fingidas. Y aquí estoy, sin ruido, sin distracciones… viendo por fin lo que queda cuando se apagan todas las luces. Quizá vivir no sea otra cosa que esto: aprender a mirar sin pestañear el reflejo oscuro de uno mismo, y aún así decidir quedarse. A veces siento que la esperanza es una palabra que se pronuncia más de lo que se siente. Una especie de consuelo universal que no siempre encuentra eco en mí. Porque la oscuridad ya no me sorprende, me pertenece. La mayoría de mis horas han sido absorbidas por ella, y hay noches en que incluso el recuerdo del día parece ficción. He aprendido a caminar en penumbra sin tropezar, a dialogar con los vacíos, a abrazar la soledad sin nombre. No es que no duela —es que ya no grito. Pero hay algo que sigue ocurriendo, irremediablemente. Algo que ni mis dudas ni mis sombras han logrado impedir. El amanecer. Porque nunca, ni siquiera en mis noches más largas, una noche ha vencido a un amanecer. Puede tardar, puede parecer lejano... pero llega. Y yo sigo aquí, esperando, aunque esperanzas tenga pocas. Esperando no como quien confía, sino como quien resiste. El té, ya frío, sigue en mis manos. Y quizás eso sea todo lo que necesito por ahora: un sorbo, una pausa, y el recuerdo de que la luz —aunque no la vea— está en camino.
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Nada
Nada. Eso es lo que queda cuando el ruido se apaga, cuando las luces se extinguen, cuando incluso el dolor decide marcharse. Nada. Ni rabia, ni llanto, ni esperanza. Solo un hueco que respira por mí, que camina por mí, que finge ser yo. Nada Me levanto, y Nada me acompaña. Me miro al espejo, y Nada me devuelve la mirada. Me hablan, y Nada responde. Me tocan, y Nada se estremece. Nada me habita, me consume, me define. Nada Hay días en que la Nada pesa más. No por su intensidad, sino por su constancia. Es una niebla que no se disipa, una sombra que no se mueve, una presencia que no se va. Y yo, simplemente, me dejo llevar por ella. Nada Como un muerto en vida, como un alma inerte, soy el recipiente de la Nada. No hay color, no hay sabor, no hay sentido. Todo lo que antes ardía, ahora se enfría en la indiferencia de la Nada. Y lo peor no es sentir Nada. Lo peor es acostumbrarse a ella. La Nada no tiene rostro, pero la reconozco en cada gesto que no me conmueve. No tiene voz, pero la escucho en cada silencio que no me incomoda. No tiene forma, pero la siento en cada rincón donde antes habitaba algo. La Nada es sutil, pero absoluta. Nada me duele, porque ya no hay nervios que transmitan. Nada me importa, porque ya no hay sueños que sostener. Nada me mueve, porque ya no hay destino que alcanzar. Nada me salva, porque ya no hay fe que invoque. Intento recordar cómo era el Todo. Ese Todo que alguna vez me hizo vibrar, temblar, amar. Pero la memoria se disuelve en la Nada, como tinta en agua turbia. Y lo que queda es un eco hueco, una sombra sin cuerpo, un suspiro sin aire. Nada. La Nada no grita, no exige, no golpea. Pero su silencio pesa más que mil voces. Es una presencia que no se ve, pero que se siente en cada rincón del pecho. Una ausencia que se instala como huésped eterno en la casa del alma. A veces me pregunto si la Nada es lo que queda cuando uno se ha rendido. No con gritos, ni con lágrimas, sino con una quietud que lo abarca todo. Una rendición sin drama, sin testigos, sin final. Solo el lento desvanecerse en la Nada. Y sin embargo, aquí estoy. Respirando Nada. Pensando en Nada. Escribiendo desde la Nada. Esperando que algún susurro, rompa esta Nada. Pero sé que no vendrá. Porque la Nada es paciente. La Nada es eterna. La Nada es mía. La Nada es... Nada. Texto.:Mateo D. Guerrero Voz y Edición: Cristian Ortiz Música Introducción y Cierre: Jorge Aire
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Brutus y el Narcisismo
El narcisismo, derivado del mito griego de Narciso, es un fenómeno que ha sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia de la filosofía. Este ensayo pretende explorar las implicaciones filosóficas del narcisismo, no solo como un trastorno psicológico, sino también como una manifestación de la condición humana en la sociedad contemporánea. El mito de Narciso nos relata la historia de un joven de extraordinaria belleza que, al contemplar su propio reflejo en el agua, se enamora de su imagen y muere al no poder apartarse de ella. Este relato mítico simboliza la auto-obsesión y la incapacidad de trascender el propio yo, características intrínsecas del narcisismo. Desde una perspectiva filosófica, el narcisismo puede ser entendido como una forma de alienación, donde el individuo se desconecta de la realidad externa para centrarse exclusivamente en su propia imagen y deseos. Jean-Paul Sartre, en su obra "El ser y la nada", aborda la cuestión del narcisismo desde la óptica del existencialismo. Para Sartre, el narcisismo representa una forma de mala fe, una autoengaño donde el individuo se identifica con una imagen idealizada de sí mismo, negando así su libertad y responsabilidad. El narcisista vive en una constante búsqueda de reconocimiento y admiración, pero esta búsqueda es en última instancia vacía, pues se basa en una negación de la auténtica existencia del yo. En contraste, la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud ofrece una interpretación diferente del narcisismo. Freud distingue entre el narcisismo primario, que es una etapa normal del desarrollo infantil, y el narcisismo secundario, que surge como una defensa frente a la frustración y el sufrimiento. Desde esta perspectiva, el narcisismo es una forma de auto-conservación, un intento de proteger el yo de las amenazas externas. Sin embargo, cuando se lleva al extremo, el narcisismo puede convertirse en una patología, manifestándose en comportamientos egocéntricos y una incapacidad para establecer relaciones auténticas con los demás. La filosofía contemporánea también ha explorado el narcisismo en el contexto de la sociedad postmoderna. Gilles Lipovetsky, en su obra "La era del vacío", argumenta que la cultura contemporánea se caracteriza por un narcisismo generalizado, donde la búsqueda de la auto- realización y la satisfacción personal se han convertido en los valores predominantes. Este narcisismo cultural se manifiesta en el culto a la imagen, la obsesión por la apariencia y el consumo, y la fragmentación de las relaciones interpersonales. Brutus, un filósofo contemporáneo, ofrece una perspectiva crítica, el narcisismo no es más que la manifestación de una necesidad insaciable de atención por parte de quienes lo padecen. Esta necesidad de atención se convierte en una excusa para justificar su egoísmo y falta de empatía hacia los demás. Brutus argumenta que, en lugar de enfrentarse a sus propias carencias y trabajar en su desarrollo personal, los narcisistas prefieren buscar la admiración externa y culpar a la falta de atención recibida por su comportamiento egocéntrico. Para Brutus, esta actitud no solo perpetúa un ciclo de autoengaño, sino que también impide el establecimiento de relaciones auténticas y significativas con los demás. En conclusión, el narcisismo, tanto desde una perspectiva individual como colectiva, representa un desafío filosófico y ético. Nos enfrenta a cuestiones fundamentales sobre la naturaleza del yo, la autenticidad y la relación con los demás. A través del estudio del narcisismo, la filosofía nos invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia y las dinámicas que configuran nuestra identidad en la sociedad contemporánea. Es un llamado a trascender la auto-obsesión y a buscar formas más auténticas y significativas de relacionarnos con el mundo y con los demás. La visión de Brutus añade una dimensión crítica a este análisis, señalando que el narcisismo puede ser visto como una excusa para el egoísmo y la falta de empatía, y nos insta a reconocer y enfrentar estas actitudes para poder alcanzar un desarrollo personal y social más pleno. Música cabecera y salida: Jorge Aire Grabación y arreglos: DJ Ortiz Texto: Mateo D. Guerrero
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Golfera
Transcripción Hay días en los que el peso del mundo se vuelve insoportable, donde todo lo que antes parecía firme y seguro comienza a derrumbarse sin previo aviso. La vida, con su cruel indiferencia, me golpea con una realidad áspera, implacable. La decepción, la soledad, el sinsentido de todo… Se acumulan como nubes oscuras que no dejan pasar la luz. Me busco en el reflejo de un espejo y apenas reconozco al que está ahí. ¿Cuándo fue que todo empezó a quebrarse? ¿Cuándo fue que el suelo dejó de ser sólido bajo mis pies? Pero hay algo que no cambia, algo que permanece cuando todo lo demás se desmorona. El golf. En el golf, como en la vida, avanzamos con una meta clara, pero el camino no es recto. Hay obstáculos imprevistos: bunkers que parecen trampas del destino, roughs que nos desvían de la trayectoria ideal, y greens que engañan con su aparente sencillez. Cada golpe exige concentración absoluta, un cálculo preciso, una ejecución cuidadosa. Y sin embargo, incluso con la mejor preparación, hay variables fuera de nuestro control: el viento, la pendiente, el azar. Tal como en la existencia, debemos aceptar que no todo depende de nosotros. La perfección es una ilusión, la excelencia una aspiración, y el verdadero triunfo reside en la capacidad de adaptarse, de aprender de cada error, de seguir adelante. En el campo, en ese vasto espacio de césped meticulosamente cuidado, hallo una estabilidad que el resto de mi vida me niega. Cuando todo es caos, el golf sigue siendo orden: un objetivo claro, una rutina precisa, una lógica que no traiciona. El golpe, la alineación, el tempo… aquí todo depende de mí. Aquí no hay giros inesperados, ni traiciones, ni palabras que lastiman. Solo el palo, la pelota y el silencio que envuelve cada movimiento. En el mundo fuera del campo, los pensamientos me ahogan, me arrastran hacia un abismo del que no sé si alguna vez podré salir. Pero aquí, en este santuario, todo se desvanece. La ansiedad, el dolor, la desesperanza… Por un instante, cuando el swing se ejecuta en perfecta sincronía y la pelota emprende su vuelo, experimento una claridad que nunca encuentro en otro lugar. Es solo un instante, pero en él está todo lo que necesito: un respiro, una tregua, una certeza. El golf no me juzga, no me exige explicaciones, no me mira con lástima. Solo me pide que juegue, que sienta, que persista. Y así lo hago. Porque mientras tenga un campo al que regresar, mientras pueda sentir el peso del palo en mis manos y escuchar el sonido puro de un buen golpe, sé que todavía hay algo que es mío, algo que permanece inmutable cuando el resto de la vida se desmorona. No sé cuánto tiempo más podré cargar con este peso. No sé si algún día la tormenta interna se disipará. Pero sé que el golf siempre estará ahí. Me espera, me sostiene, me devuelve un poco de la paz que la vida insiste en arrebatarme. Y por eso sigo jugando, porque mientras haya golf, todavía queda algo de orden en este caos. Texto: Mateo D. Guerrero. Voz y grabación: Cristian Ortiz. Intro: Jorge Aire
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Placer Manipulado
Transcripción El concepto de manipulación a través del placer puede rastrearse hasta los escritos de Platón, quien en su obra "La República" advierte sobre los peligros de la indulgencia excesiva en los placeres sensoriales. Platón argumenta que el placer, cuando no se controla, puede llevar al individuo a perder su capacidad de juicio y discernimiento, convirtiéndose en un esclavo de sus deseos. Esta idea se refleja en la alegoría de la caverna, donde los prisioneros, al estar encadenados y solo poder ver sombras, son manipulados por sus percepciones sensoriales y no pueden acceder a la verdad. En la filosofía moderna, el utilitarismo de Jeremy Bentham y John Stuart Mill también aborda la cuestión del placer, aunque desde una perspectiva diferente. Bentham sostiene que el placer es el principio fundamental que guía la conducta humana, y que la moralidad debe basarse en la maximización del placer y la minimización del dolor. Sin embargo, esta visión utilitarista puede ser criticada por su potencial para justificar la manipulación, ya que, si el placer de la mayoría se maximiza a expensas de la autonomía de algunos individuos, se corre el riesgo de caer en un utilitarismo hedonista y manipulador. La manipulación a través del placer también puede ser analizada desde la perspectiva de la teoría crítica, especialmente en los escritos de Herbert Marcuse. En su obra "El hombre unidimensional", Marcuse argumenta que la sociedad capitalista utiliza el placer como una forma de control social, creando necesidades artificiales y promoviendo el consumo excesivo. Según Marcuse, esta manipulación a través del placer lleva a la alienación del individuo, quien se convierte en un mero consumidor pasivo, incapaz de cuestionar las estructuras de poder que lo oprimen. Las consecuencias de la manipulación a través del placer son múltiples y complejas. En primer lugar, la manipulación puede llevar a la pérdida de la autonomía y la libertad individual, ya que el individuo se convierte en un objeto de control externo. Además, la manipulación a través del placer puede generar una dependencia emocional y psicológica, donde el individuo busca constantemente la gratificación inmediata, sin considerar las implicaciones a largo plazo de sus acciones. En segundo lugar, la manipulación a través del placer puede tener consecuencias éticas, ya que implica una forma de engaño y explotación. Manipular a alguien a través del placer es utilizar sus deseos y vulnerabilidades en su contra, lo que plantea serias cuestiones sobre la integridad y la responsabilidad moral de quien manipula. Finalmente, la manipulación a través del placer puede tener consecuencias sociales, ya que puede perpetuar estructuras de poder y desigualdad. Cuando el placer se utiliza como una herramienta de control, se refuerzan las dinámicas de dominación y sumisión, y se socavan los principios de justicia y equidad. En conclusión, la manipulación a través del placer es un fenómeno que plantea importantes cuestiones filosóficas y éticas. Nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del placer, la autonomía individual y las dinámicas de poder en la sociedad. Al abordar estos temas, la filosofía nos ofrece herramientas para comprender y cuestionar las formas en que el placer puede ser utilizado para manipular y controlar, y nos insta a buscar formas más auténticas y responsables de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Voz y grabación: Cristian Ortiz Música Introducción y Cierre Jorge Aire Texto Mateo D. Guerrero
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Vesubio
¡Estamos de regreso! Estrenamos formato y temporada. Nuevo episodio de la nueva temporada, que en este caso constará de un episodio mensual. Esperamos contar con vuestro apoyo como hasta ahora. Acompañarnos también en Instagram y no os perdáis ninguna novedad respecto al podcast. @sinfoniadefuego Transcripción del episodio. Vesubio. En el torbellino de tus besos, hallé pasión, Nuestro amor, loco y desenfrenado, sin razón, Jugamos con el fuego, ardía nuestra conexión, Un volcán de risas y abrazos, en erupción. En las noches de estrellas y luna llena, Nuestros cuerpos se fundían en una danza sin pena, Sin pensar en el mañana, vivíamos en el ahora, Un amor tan intenso, que el mundo ignorara. Pero un día, como el Vesubio en su furor, Todo se derrumbó, y llegó el dolor, De repente, sin aviso, como un relámpago en la noche, Nuestro amor se apagó, y el destino hizo su reproche. Las cenizas de nuestro amor, al viento esparcidas, Arrasaron con mi alegría, en mil pedazos divididas, Quedé solo en la penumbra, sin tu risa, sin tu voz, Un náufrago en el recuerdo, buscando tu calor. Ahora, en el eco de los días, susurro tu nombre, En un mundo vacío, donde el amor ya no responde, Pero aunque el Vesubio haya destruido lo que fuimos, En mi corazón guardo el fuego de lo que vivimos. Música de introducción y contra intro de @jorgeairemusica ¡Gracias a todos!
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Filosofándote
En el abismo de la existencia, donde el hombre se forja, Encuentro en ti, hija mía, la razón de mi lucha. Nietzsche habló del Übermensch, del ser que se eleva, Y en tu risa, en tu mirada, veo la fuerza que renueva. Eres mi voluntad de poder, mi eterno retorno, En cada paso que das, en cada sueño que adornas. La vida es un caos, un devenir sin sentido, Pero en tu abrazo, en tu amor, hallo mi destino. Como el filósofo que busca la verdad en la sombra, Yo encuentro en ti, mi pequeña, la luz que me asombra. Eres mi creación, mi obra más sublime, En ti veo el futuro, en ti mi ser redime. Así como Nietzsche desafió a los dioses y al destino, Yo desafío al mundo, por ti, mi amor divino. Eres mi superación, mi razón de ser, En ti, hija mía, encuentro mi poder. En el ocaso de mis días, cuando el tiempo se acorta, Tu sonrisa es el faro que mi alma reconforta. Nietzsche habló del amor fati, del destino abrazar, Y en tu presencia, hija mía, encuentro mi hogar. Eres mi esperanza, mi sueño eterno, En cada latido, en cada invierno. La vida es un viaje, un constante devenir, Y contigo a mi lado, siempre quiero seguir. En el flujo del tiempo, donde todo se desvanece, Tu amor es la constante que mi espíritu fortalece. Nietzsche habló de crear nuestro propio destino, Y en ti, hija mía, encuentro mi camino divino. Eres mi inspiración, mi razón de existir, En cada momento contigo, encuentro mi sentir. La vida es un reto, un constante aprender, Y contigo, mi pequeña, siempre quiero crecer
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Ética de la Amistad
La amistad es uno de los pilares fundamentales de la experiencia humana. Desde tiempos inmemoriales, filósofos y pensadores han debatido sobre su naturaleza y su importancia en nuestras vidas. Aristóteles, en su obra “Ética a Nicómaco”, distingue tres tipos de amistad: la amistad por utilidad, la amistad por placer y la amistad por virtud. De estos, la amistad por virtud es la más elevada, ya que se basa en el aprecio mutuo por el carácter del otro y no en beneficios externos. La amistad tiene un valor intrínseco que trasciende las meras relaciones transaccionales. Es en la amistad donde encontramos un refugio emocional, un espacio de confianza y apoyo incondicional. La amistad verdadera nos permite ser nosotros mismos sin máscaras, y nos ofrece una comprensión y aceptación que rara vez se encuentra en otros tipos de relaciones. La amistad por utilidad se basa en el beneficio mutuo que los amigos obtienen el uno del otro. Es una relación pragmática y, a menudo, temporal, ya que dura mientras ambas partes encuentren útil la relación. Aunque puede parecer superficial, estas amistades son importantes en la vida cotidiana, ya que facilitan la cooperación y el intercambio de recursos. En la amistad por placer, las personas se unen por el disfrute y el placer que obtienen de la compañía del otro. Es común en la juventud, cuando las personas buscan diversión y experiencias compartidas. Aunque estas amistades pueden ser intensas y apasionadas, también tienden a ser efímeras, ya que están basadas en emociones cambiantes y deseos temporales. La amistad por virtud es la más noble y duradera de todas. Se basa en el respeto mutuo y la admiración por el carácter y las virtudes del otro. En este tipo de amistad, los amigos desean el bien del otro por su propio bien, no por algún beneficio personal. Estas amistades son raras y requieren tiempo y esfuerzo para desarrollarse, pero son las más gratificantes y estables. La clasificación de Aristóteles nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestras propias amistades y a valorar aquellas que se basan en la virtud. Mientras que las amistades por utilidad y placer tienen su lugar en nuestras vidas, es la amistad por virtud la que realmente enriquece nuestra existencia y nos ayuda a crecer como individuos. En última instancia, la verdadera amistad es un reflejo de nuestras mejores cualidades y un testimonio de nuestra capacidad para amar y ser amados de manera desinteresada. La sinceridad es un componente esencial en cualquier tipo de amistad, ya que establece una base de confianza y autenticidad. En las amistades por utilidad, la falta de sinceridad puede llevar a malentendidos y desconfianza, erosionando rápidamente la relación. Aunque estas amistades son pragmáticas, la transparencia en las expectativas y beneficios mutuos es crucial para mantener una cooperación efectiva y evitar conflictos. En las amistades por placer, la sinceridad permite una conexión más profunda y genuina. Sin ella, las relaciones pueden volverse superficiales y frágiles, basadas únicamente en la búsqueda de diversión y evitando conversaciones significativas. La sinceridad en estas amistades facilita una comprensión mutua y una apreciación más auténtica de la compañía del otro, enriqueciendo la experiencia compartida. La amistad por virtud, siendo la más elevada según Aristóteles, depende en gran medida de la sinceridad. En este tipo de amistad, los amigos se valoran por sus cualidades morales y carácter, y la falta de sinceridad sería una traición a estos principios fundamentales. La sinceridad en estas relaciones fomenta un ambiente de confianza y respeto mutuo, permitiendo que ambos amigos se apoyen y se desafíen a crecer como individuos. La importancia de la sinceridad no solo radica en la salud de la amistad, sino también en la paz interior de cada individuo. Ser sincero con los amigos y con uno mismo evita la carga emocional de mantener apariencias o esconder la verdad. La sinceridad libera a las personas de la ansiedad y el estrés asociados con la falsedad, promoviendo un estado de bienestar y autenticidad. La sinceridad es vital para la estabilidad y profundidad de cualquier tipo de amistad. Facilita la confianza, el respeto y la comprensión mutua, elementos esenciales para una relación saludable y duradera. Además, ser sincero contribuye al bienestar emocional de cada individuo, permitiendo una vida más auténtica y en paz consigo mismo. En el ámbito de la amistad, el amor desempeña un papel fundamental que trasciende las meras interacciones sociales y utilitarias. El amor, entendido en su forma más pura y desinteresada, es el vínculo que une a los amigos en una relación de profunda reciprocidad y aprecio mutuo. Aristóteles, en su concepción de la amistad por virtud, sugiere que el amor es el elemento que eleva esta relación a su máxima expresión, donde los amigos no solo buscan el bien propio, sino también el bien del otro por su propio mérito. El amor en la amistad se manifiesta a través de la philia, un tipo de amor que se caracteriza por la afección y el compromiso mutuo. Este amor no es meramente emocional, sino que implica una voluntad activa de promover el bienestar del amigo, reflejando una armonía de almas que se reconocen y valoran mutuamente. La philia se distingue del eros, que es un amor más apasionado y a menudo posesivo, y del agape, que es un amor universal y altruista. En la amistad, la philia se convierte en el fundamento sobre el cual se construye una relación duradera y significativa. La importancia del amor en la amistad radica en su capacidad para fomentar una conexión auténtica y profunda. El amor permite a los amigos trascender las diferencias y conflictos, promoviendo una comprensión y aceptación incondicional. Este amor se expresa a través de actos de bondad, sacrificio y apoyo mutuo, creando un entorno en el que ambos amigos pueden florecer y desarrollarse plenamente. Desde una perspectiva filosófica, el amor en la amistad también tiene implicaciones éticas. La philia en la amistad por virtud implica una relación de igualdad y justicia, donde ambos amigos se tratan con respeto y dignidad. Este amor fomenta la virtud y el crecimiento moral, ya que los amigos se inspiran mutuamente a ser mejores personas y a actuar de acuerdo con principios éticos elevados. En conclusión, el amor es el elemento esencial que da vida y significado a la amistad. Es a través del amor que la amistad se convierte en una relación de valor intrínseco, donde los amigos encuentran en el otro un reflejo de sus propias virtudes y aspiraciones. La philia en la amistad no solo enriquece la vida de los individuos, sino que también contribuye al bienestar de la comunidad, promoviendo relaciones basadas en el respeto, la justicia y la bondad. Un amigo no te dice un amigo está para algo. Un amigo no dice quiero ser tu amigo.
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Mísera Humanidad
Desde los albores de mi existencia, he contemplado el mundo con una mezcla de asombro y melancolía. El ser humano, esa criatura que se autoproclama racional, ha dejado una estela indeleble de miseria y devastación en su tránsito por la Tierra. Nos hemos erigido como los artífices de nuestra propia desdicha, edificando sociedades que perpetúan la desigualdad, la violencia y la desesperanza. Cada jornada, al observar mi entorno, soy testigo de los estragos de nuestras acciones: la naturaleza desolada, los océanos contaminados, las especies extintas. Hemos instaurado un sistema económico que valora más el vil metal que la vida misma, y una cultura que ensalza el poder y la codicia. Nos hemos alejado tanto de nuestra esencia primigenia que hemos olvidado lo que significa vivir en armonía con el cosmos que nos rodea. La humanidad, en su afán de dominación, ha despojado al mundo de su pureza, transformando parajes idílicos en desiertos de desesperanza. Hemos construido urbes que se alzan como monumentos a nuestra arrogancia, mientras en sus sombras se ocultan los desheredados, los olvidados, aquellos a quienes hemos relegado a los márgenes de nuestra sociedad. En medio de estas cavilaciones, me encuentro solo, sumido en un profundo soliloquio. Me pregunto, ¿cómo hemos llegado hasta este punto? ¿Qué nos ha llevado a convertirnos en una especie tan destructiva? Y entonces, como un rayo de claridad, la lógica aristotélica se impone en mi mente. Si el ser humano es una mala especie, y yo soy un ser humano, entonces, por ende, yo también soy malo. Este pensamiento me golpea con la fuerza de una verdad ineludible. Siento cómo la desolación se apodera de mi ser, un peso insoportable que amenaza con aplastarme. ¿Cómo puedo vivir con este conocimiento? ¿Cómo puedo reconciliarme con la idea de que formo parte de una especie que trae tanta miseria al mundo? La lógica es implacable, y no puedo escapar de su conclusión. Me miro en el espejo y veo en mis ojos el reflejo de toda la humanidad, con sus fallos y sus pecados. La oscuridad se cierne sobre mi alma, y la desesperanza se convierte en mi única compañera. No hay redención posible, no hay esperanza en el horizonte. Solo queda la certeza de que, como especie, estamos condenados a perpetuar nuestra propia ruina. La desolación es total, y en este abismo de desesperanza, solo puedo contemplar el vacío que hemos creado con nuestras propias manos.
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Sonrisa del Este
En el horizonte del Este nace una sonrisa, brilla en lo profundo, en la noche precisa. Mujer valiente, auténtica, rebelde, su corazón de fuego, su esencia indeleble. Camina entre sombras de pasado incierto, sus ojos sinceros reflejan un desierto. Sensible guerrera de alma tempestuosa, en cada amanecer enciende su luminosa. Sensible al mundo, su espíritu vuela, Con cada latido su corazón lo revela. Cada paso que da, es un canto a la vida, aunque en su reflejo, su valor se olvida. Sus ojos, espejos de un mar sin final, donde la verdad y la pureza son igual. Su sonrisa, un faro en la tormenta, que ilumina caminos, que el miedo ahuyenta. Valiente guerrera, en la batalla diaria, su esencia es fuerza, su lucha necesaria. Pero en su interior, una duda persiste, no ve su grandeza, aunque en ella existe. El valor que porta se escapa de su vista, como bruma matinal, sutil arista. Su risa resuena con eco de auroras, trayendo consigo las más dulces memorias. En sus labios florece la verdad sin miedo, como un río salvaje, como un sueño anhelado. Mujer enigmática, de esencia pura y clara, en cada paso deja huella encantada. La fuerza que la habita es un verso en silencio, un poema callado, un secreto intenso. A pesar de todo, no ve su propio fulgor, su luz ilumina, su ser es amor. Sonrisa del Este, faro en la tormenta, guardiana de historias, de belleza lenta. En tu mirada encuentro el universo entero, mujer valiente, eres tu propio sendero.|
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Purgatorio
En el abismo de la existencia, un alma rota vaga sin rumbo, atrapada entre la realidad y la imaginación. No sabe quién es ni a dónde va, y cada paso que da parece llevarla más lejos de cualquier sentido de pertenencia. Esta alma, podrida por dentro, siente que su esencia se descompone lentamente, purgando en busca de respuestas que nunca llegan. La confusión entre lo real y lo imaginario es su constante tormento. Como un espectro errante, se mueve a través de un mundo que no reconoce como propio. Las palabras de Arthur Schopenhauer resuenan en su mente: “La vida es un péndulo que oscila entre el dolor y el hastío”. En su caso, el péndulo parece haberse detenido en un punto muerto, donde ni siquiera el dolor puede darle una sensación de realidad. La podredumbre de su alma es un reflejo de su desesperación. Se siente atrapada en un ciclo interminable de autodesprecio y duda existencial. Friedrich Nietzsche, en su obra “Así habló Zaratustra”, habla del “eterno retorno”, la idea de que la vida se repite infinitamente. Para esta alma, la repetición es una maldición, un recordatorio constante de su incapacidad para encontrar significado. En su búsqueda de respuestas, se enfrenta a la pregunta fundamental: ¿qué significa existir? Jean-Paul Sartre, con su concepto de la “náusea”, describe la sensación de repulsión ante la mera existencia. Esta alma siente esa náusea en cada fibra de su ser, una aversión visceral hacia su propia presencia en el mundo. La purga que experimenta es tanto física como espiritual. Busca liberarse de la podredumbre interna, pero cada intento parece solo profundizar su desesperación. En su soledad, se pregunta si alguna vez encontrará redención o si está condenada a vagar eternamente en este limbo existencial.
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Mis Sombras
En este infinito mundo, soy una sombra errante, un ente etéreo que deambula sin rumbo ni propósito. Mi existencia es un eco sordo en el abismo de la nada, un susurro perdido en el viento. Aun cuando el sol brilla y la vida bulle a mi alrededor, no encuentro mi lugar, no hallo sentido en los días que se suceden sin cesar. Soy un pobre alma que vaga por las calles, invisible a los ojos de los demás. Mi ser, aunque capaz de sentir, está sumido en un vacío insondable. No hay alegría ni tristeza, solo una indiferencia abrumadora que me envuelve como un manto pesado. Cada paso que doy es un recordatorio de mi insignificancia, de mi incapacidad para conectar con el mundo que me rodea. La gente pasa a mi lado, inmersa en sus propias vidas, sin percatarse de mi presencia. Soy un espectro, una figura borrosa en el paisaje urbano. Mis pensamientos son densos y oscuros, como un mar de tinta que se extiende sin fin. No hay luz que ilumine mi camino, solo sombras que se alargan y se entrelazan, creando un laberinto del que no puedo escapar. En mi interior, el vacío resuena con una fuerza ensordecedora. Es un abismo que consume todo a su paso, dejando solo un rastro de desolación. No hay esperanza, no hay sueños, solo una existencia monótona y sin sentido. Soy un náufrago en un océano de indiferencia, un ser que flota a la deriva, sin un puerto al que llegar. Así transcurren mis días, en una danza perpetua con la nada. Soy un testigo mudo de la vida, un observador distante que no puede participar en el festín de la existencia. Mi alma, aunque viva, está atrapada en un limbo de apatía y desarraigo. Y así, continúo mi camino, una sombra entre sombras, un ente etéreo que se desvanece en la inmensidad del mundo. Soy aquella sombra que aún viendo nada ve. Aquella sombra que aún oyendo nada oye, la que aún entendiendo nada entiende, la que aún sintiendo nada siente. Soy la nada, el dolor ya no duele, la alegría ya no es tal, al igual que la tristeza, ambas son la misma cara de la misma moneda. Estoy aquí sin estar, vivo sin vivir. Todas las hojas que piso al caminar secas están. No puedo llorar, no puedo reír. Observo mi interior y sólo veo sombras, sombras de sueños incumplidos, sombras de ilusiones rotas. En este purgatorio constante a veces me pregunto ¿Por qué nadie lo ve? Porque no emana sangre de la herida Porque el muerto camina de pie.
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Idolatría Imperfecta
Transcripción En el vasto entramado de la existencia humana, una verdad ineludible se presenta ante nosotros: toda persona, en algún momento, nos fallará. Esta realidad, aunque difícil de aceptar, es una manifestación de la imperfección inherente a nuestra naturaleza. La falibilidad humana no es un defecto, sino una característica esencial que nos define y nos conecta en nuestra vulnerabilidad compartida. Idolatrar a otros, colocándolos en pedestales de perfección inalcanzable, es un acto que a menudo conduce a la desilusión. Cuando atribuimos valores y virtudes superiores a aquellos que no han demostrado poseerlos, nos exponemos a una inevitable decepción. La idolatría, en este sentido, es una forma de autoengaño que nos aleja de la realidad y nos impide ver a los demás como realmente son: seres humanos con fortalezas y debilidades, virtudes y defectos. Desde una perspectiva filosófica, la idolatría puede ser vista como una proyección de nuestras propias inseguridades y deseos no realizados. Al idealizar a otros, buscamos en ellos lo que sentimos que nos falta a nosotros mismos. Sin embargo, este acto de proyección es una trampa que nos impide crecer y desarrollarnos plenamente. En lugar de buscar héroes externos, debemos mirar hacia adentro y reconocer nuestro propio valor y potencial. Existencialmente, la relación más importante que debemos cultivar es la que tenemos con nosotros mismos. La autenticidad y la integridad personal son pilares fundamentales para una vida plena y significativa. Fallarnos a nosotros mismos, traicionar nuestros propios valores y principios, es el mayor error que podemos cometer. La autoaceptación y el compromiso con nuestro propio crecimiento son esenciales para navegar las complejidades de la vida con sabiduría y resiliencia. En conclusión, aceptar la imperfección de los demás y evitar la idolatría nos permite establecer relaciones más genuinas y realistas. Al mismo tiempo, debemos esforzarnos por no fallarnos a nosotros mismos, manteniendo un compromiso inquebrantable con nuestra propia integridad y desarrollo personal. Solo así podremos vivir de manera auténtica y significativa, enfrentando los desafíos de la existencia con coraje y claridad.
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El Pasado era Azul
Transcripción El pasado es un vasto y enigmático territorio, un entramado de recuerdos que se entrelazan para formar la urdimbre de nuestra existencia. En él, la nostalgia actúa como un puente etéreo que nos transporta a épocas que, en nuestra memoria, se presentan como idílicas y plenas de significado. Sin embargo, esta idealización puede ser una trampa, una ilusión que nos hace olvidar las sombras y las luces que coexistían en esos momentos. La nostalgia, esa dulce melancolía, nos envuelve con su manto, evocando sensaciones de calidez y añoranza. Nos hace revivir instantes de felicidad, pero también puede sumergirnos en abismos de tristeza y arrepentimiento. Los recuerdos positivos nos brindan consuelo, mientras que los negativos nos recuerdan las cicatrices de nuestras experiencias pasadas. El pasado, con su carga de enseñanzas y vivencias, es un maestro implacable. Nos muestra el camino recorrido, las decisiones tomadas y las consecuencias de nuestros actos. Sin embargo, aferrarse a él puede ser un lastre que impide nuestro avance. La vida es un río en constante flujo, y lo que una vez fue, nunca volverá a ser exactamente igual. Incluso si algo del pasado regresa, lo hace transformado, bajo nuevas circunstancias y perspectivas. Por ello, es imperativo aprender a soltar el pasado. No se trata de renegar de él, sino de integrarlo como parte de nuestra historia, sin permitir que nos defina. Aceptar y liberar, he ahí la clave. Aceptar que esos momentos, con sus luces y sombras, son parte de nuestro ser, pero no determinan nuestro devenir. Liberar la nostalgia que nos ata y abrirnos a las infinitas posibilidades del presente y del futuro. Al final del día, el pasado es un capítulo cerrado en el libro de nuestra vida. Nos ha dotado de herramientas y sabiduría, pero la verdadera esencia de la existencia reside en el aquí y el ahora. Vivir plenamente el presente, con la sapiencia del pasado pero sin sus cadenas, es el camino hacia una vida auténtica y plena. En este devenir constante, encontramos la verdadera libertad y la posibilidad de ser, en cada instante, la mejor versión de nosotros mismos.
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Vida y Muerte
Primer episodio de la segunda temporada. En este caso un reflexión sobre la vida y la muerte. Transcripción En un rincón tranquilo del universo, la Vida y la Muerte se encontraron para conversar. La Vida, vibrante y llena de colores, miró a la Muerte, serena y vestida de sombras, y le preguntó: “¿Por qué te temen, querida Muerte? ¿No ven que eres el descanso que sigue a mi danza?” La Muerte sonrió suavemente y respondió: “Me temen porque soy el final desconocido, el silencio después de tu canción. Pero tú y yo sabemos que somos dos caras de la misma moneda.” La Vida asintió y dijo: “Sin ti, no habría aprecio por los momentos efímeros, ni deseo de crecer y florecer. Eres el contraste que da profundidad a mi existencia.” “Y sin ti,” continuó la Muerte, “no habría lugar para el nuevo comienzo, ni paz para los cansados. Juntas, damos sentido al ciclo eterno.” La Vida, con su manto de infinitos tonos, se inclinó hacia la Muerte y susurró: “Dime, hermana oscura, ¿qué lecciones puedes enseñar a los seres que solo me conocen a mí?” La Muerte, con una mirada tan profunda como el vacío entre las estrellas, respondió: “Les enseño que cada final es un acto de amor, un último suspiro que da paso a la renovación. En mi abrazo, los dolores se calman y las cargas se liberan.” La Vida reflexionó sobre estas palabras y luego dijo: “Es cierto, y mientras yo exista, llevaré esos suspiros y los transformaré en risas de niños, en el florecer de las flores y en el cálido abrazo del sol.” “Y yo”, continuó la Muerte, “recogeré las hojas caídas, las estrellas fugaces y los sueños cumplidos para tejer con ellos el manto de la noche, bajo el cual todo puede descansar.” La Muerte confesó con voz tenue y cansada, “Vida, hermana de luz, soy la sombra olvidada. En el final de tus días, soy yo quien aparece, Y en ese último aliento, el amor parece desvanecerse. Soy el susurro en la noche que nadie quiere oír, El inevitable destino que todos quieren huir. Aunque traigo el descanso, me ven como la oscuridad, Y en su miedo a lo incierto, pierden la serenidad.” La Vida, con su abrazo cálido y eterno, replicó en verso, “Oh, querida Muerte, no eres maldición, sino universo. Eres el final de un capítulo, pero no de la historia, Cada alma que tocas, la envuelves en memoria. No estás sola en tu danza, ni en tu silente tarea, Pues en cada despedida, mi esencia aún ondea. Eres la promesa de paz cuando la jornada termina, Y en el corazón de la vida, tu presencia se anida.” Entonces, la Vida tomó de la mano a la Muerte y juntas danzaron, creando un espectáculo de luces y sombras, de encuentros y despedidas, recordando a todos que no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
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Filosofía, eres tú.
Breve poema en el que se refleja y compara el amor de un padre hacia su hija con algunos grandes filósofos y sus doctrinas filosóficas. Transcripción: Filosofía eres tú En el río de Heráclito, siempre cambiante, Como el amor que siento por ti, mi niña radiante, Dos veces no te bañas en la misma corriente, Así mi amor por ti, siempre diferente. Sócrates, con su mayéutica sabia, Buscaba la verdad en cada alma, Como el amor que siento por ti, mi pequeña, Nos revela la verdad más plena. Platón, en su mundo de ideas, Veía el amor como una estrella, Un reflejo de la belleza eterna, Que en tu sonrisa, mi corazón aferra. Aristóteles, con su ética y razón, Veía el amor como una virtud en acción, Un equilibrio entre dar y recibir, En ti, hija mía, encuentro mi vivir. Hume, con su escepticismo agudo, Dudaba de todo, incluso del mundo, Pero en el amor que siento por ti, hallo certeza, Una pasión que supera la naturaleza. Nietzsche, con su voluntad de poder, Veía el amor como un renacer, Una fuerza que nos impulsa a ser, Más allá de lo que podemos ver. Así, en la filosofía y el amor, Encontramos un mismo fervor, Una búsqueda de lo verdadero y puro, En ti, mi amor, hallo mi futuro.
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Atemporal
Nuevo episodio semanal. En este caso una reflexión atemporal escrita y narrada por Cristian Ortiz de Ortiz Studios. Transcripción Siempre he creído que estaba fuera del lugar en el tiempo y nunca he sabido realmente el por qué, al menos no a ciencia cierta. No sé si es por el tiempo, por el lugar, por la compañía o por mi mismo ser. Como algo que creer ser una pieza de un puzzle y debe de encajar pero no encaja, ¿ Y si no soy ninguna pieza de un puzzle?¿ Y si no soy una media naranja? Y si no soy? Quiero pensar que no sobre pienso las cosas pero cuanto más lo pienso más perdido me veo. Como un pequeño barco de papel al que han dejado en el vasto océano a merced del aire y de las olas. En los momentos en los que el aire y las olas me dan una pequeña tregua siempre observo a las gaviotas, básicas, guiadas por el simple impulso de todo ser vivo y sin rumbo aparente. Si tienes la capacidad de volar, ¿por qué conformarte con el cielo? Si echo la vista abajo más de lo mismo, peces de toda clase y tamaño guiados por ese mismo impulso. Sólo soy un barco de papel, no estoy hecho para el cielo ni estoy hecho para el agua. ¿Por qué debo estar aquí a merced del tiempo?
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El Viento y la Nube
Primer capítulo del Cuento del mismo nombre. Puedes encontrar dicho cuento en el libro Un Mundo Bajo la Luna. Transcripción: Caía la tarde en una de aquellas hermosas y paradisiacas playas del Pacífico. Era un día con mucho viento por lo que los surfistas de la zona estaban aprovechando antes de que los últimos rayos de Sol desaparecieran para coger las últimas olas del día. Todos estaban encantados con el magnífico viento que hacía. Al caer la noche, todas las personas del lugar observaban con asombro la majestuosidad de la luna iluminando el ancho océano. - ¡Esto es el Paraíso!- exclamaban algunas personas. - Hasta que aparezca la nube y lo estropee.- replicaban otras. Sucedió así, que a la mañana siguiente amaneció la playa con el cielo completamente encapotado, ni siquiera los turistas bajaban a visitarla. La nube, que ya estaba acostumbrada a semejantes desprecios y aunque sabía que ella estaba cumpliendo perfectamente su misión, ya que Todos tenemos una misión por cumplir en esta vida, no podía evitar derramar algunas lágrimas. La lluvia es la Tierra que llora. Cada vez llovía más y más, esto hacía que las personas se irritasen y se quejasen con mayor vehemencia, con lo cual más lágrimas derramaba la nube. Ocurrió, que una mala presencia se le apareció a la nube, la cual completamente destrozada y ansiosa porque alguien le prestara un poco de atención accedió a escucharla. - ¡Sé cómo hacer para que todos los que te humillan te respeten! espetó la presencia. - ¿Cómo? preguntó nerviosa la nube. - Presentándote al viento y uniendo vuestras fuerzas. La nube, consciente de que la unión de ambos puede provocar en algunas ocasiones grandes catástrofes naturales preguntó a la presencia: - ¿Y no será peligroso? Podrían sufrir muchas personas. -Acaso se han preocupado ellos alguna vez por cómo te has sentido tú por culpa de sus comentarios, preguntó la presencia. Esta cuestión despertó en la nube los sentimientos de venganza e ira. Decidió acceder y conocer al viento. El desastre ocasionado fue mayúsculo, no quedaron ni un árbol ni una playa que no fueran sacudidos por sus fuerzas. La imagen er a desoladora, el viento fue desapareciendo paulatinamente. La nube, en cambio, permaneció inmóvil, llorando, sintiéndose culpable ante tan dantesco paisaje. La Luna, el alma de la Tierra, observaba con atención la escena.
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Alma errante
Breve poema que explica los sentimientos de un alma errante. Contenido Inédito y exclusivo de este podcast. Transcripción Alma Errante En la noche donde el silencio mora Se desliza el alma que en vida implora Busca en sombras lo que el tiempo devora Y en su eco la existencia llora. Vaga sola sin rumbo, la esencia pura. En el vasto vacío su figura oscura. El reloj del universo, su marcha dura Marca el paso de una travesía incierta y segura. Del ayer al hoy, del ser al no ser Transita el alma sin saber a donde irá a caer. En su viaje la eternidad llega a entrever. Un destello de luz antes de desaparecer. Así el alma Errante en su danza final Deja atrás la vida, su carga terrenal. En el infinito busca su paz celestial. Un suspiro en el viento, un ocaso original.
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Brutus y la Educación
En este audio podemos encontrar una profunda reflexión filosófica realizada por Brutus en la que cuestiona el modelo educativo, así como un diálogo de estilo platónico con Brutus y Sócrates como protagonistas. Transcripción: Brutus: En esta era de información dirigida y conocimiento manipulado, donde la educación se ha convertido en un yugo impuesto por el estado, me pregunto, ¿dónde queda la libertad del pensamiento? La filosofía, ese faro de la razón humana, se ve relegada a las sombras, marginada por sistemas educativos que prefieren la docilidad sobre la dialéctica, la obediencia sobre la ontología. La verdadera educación no debería ser una herramienta para moldear autómatas ideológicos, sino un proceso socrático que despierte la mente y fomente la paideia, la formación del carácter y el alma. ¿Cómo podemos aceptar una pedagogía que no cuestiona, que no desafía el status quo, que no busca la aletheia, la verdad desvelada? La filosofía nos enseña a cuestionar, a buscar la esencia de las cosas más allá de las apariencias, a no conformarnos con la doxa, la opinión común, sino a alcanzar la episteme, el conocimiento verdadero. Nos insta a examinar nuestras vidas, a no vivir sin examinar, porque una vida sin examen no vale la pena ser vivida. Debemos resistirnos a ser meros engranajes en la maquinaria del estado, a ser simples espectadores de nuestra propia existencia. La filosofía debe ser el núcleo de una educación emancipadora, una que nos enseñe a ser libres, a ser verdaderamente humanos. Porque en la reflexión filosófica encontramos la auténtica libertad, la capacidad de pensar por nosotros mismos y de forjar nuestro propio destino. Sócrates: Saludos, Brutus. Me han dicho que tienes preocupaciones sobre cómo la educación puede convertirse en una cadena más que en una herramienta de liberación. ¿Es esto cierto? Brutus: Así es, Sócrates. Aunque la educación tiene el potencial de liberar, observo que a menudo se utiliza para inculcar una obediencia ciega al estado, limitando así nuestra capacidad de pensar libremente. Sócrates: Interesante perspectiva. Pero dime, ¿no es la educación el medio por el cual aprendemos a razonar y cuestionar el mundo que nos rodea? Brutus: Debería serlo, pero ¿qué sucede cuando el contenido de esa educación está controlado por aquellos en el poder? ¿No se convierte entonces en un instrumento de control más que en uno de emancipación? Sócrates: Veo tu punto. Sin embargo, ¿no es responsabilidad de cada individuo usar el conocimiento adquirido para cuestionar y desafiar las normas impuestas? Brutus: En teoría, sí. Pero en la práctica, el estado a menudo desalienta o incluso castiga tal disidencia. La verdadera educación debería fomentar la crítica y la innovación, no la conformidad. Sócrates: Entonces, ¿cómo propones que reformemos este sistema para que la educación sirva como un medio de liberación y no de esclavitud? Brutus: Debemos comenzar por diversificar las voces y perspectivas que forman parte del currículo educativo. Además, debemos enseñar a los jóvenes a pensar críticamente, a cuestionar todo y a buscar su propia verdad. Sócrates: Un camino noble, sin duda. Pero recuerda, la búsqueda de la verdad es una tarea que nunca termina y siempre está sujeta a revisión. Brutus: Sócrates, creo que la filosofía debe ser la piedra angular de nuestra educación. Es a través de la filosofía que aprendemos a reflexionar y cuestionar el mundo, formando así una ética y una moral sólidas. Sócrates: Estoy de acuerdo, Brutus. La filosofía nos enseña a buscar la verdad y a entender nuestras propias vidas. Pero, ¿cómo aplicarías esto a la educación actual? Brutus: Propongo que la educación se centre en el estudiante, adaptándose a sus necesidades y fomentando su pensamiento crítico. Deben aprender a ser maestros de sí mismos, con los educadores actuando como facilitadores de su aprendizaje. Sócrates: Eso suena prometedor. Pero, ¿cómo aseguramos que esta educación no se convierta en una herramienta para la conformidad? Brutus: Debemos integrar la educación interdisciplinaria y el aprendizaje práctico. La evaluación debe ser formativa, y la tecnología educativa debe usarse para mejorar el aprendizaje. Además, la educación emocional es crucial para desarrollar la inteligencia emocional y las habilidades sociales. Sócrates: Veo que buscas una educación que no solo informe, sino que también transforme. ¿Cómo garantizamos que los estudiantes se conviertan en ciudadanos globales responsables? Brutus: La educación para la ciudadanía global es esencial. Debemos enseñar a los estudiantes a ser conscientes del mundo y a actuar con responsabilidad y ética. La filosofía, con su enfoque en la reflexión y el cuestionamiento, puede guiarlos en este camino. Sócrates: Entonces, lo que propones es una educación que prepare a los individuos para enfrentar los desafíos del futuro, no solo con conocimiento, sino con la capacidad de pensar y actuar éticamente. Brutus: Exactamente, Sócrates. Una educación que inspire a los estudiantes a buscar su propia verdad y a vivir una vida que valga la pena ser vivida. Sócrates: Contemplo la polis, la ciudad-estado que es el núcleo de nuestra existencia cívica, y me pregunto sobre la naturaleza de la libertad que nos ofrece. ¿Es acaso la polis una entidad que nos brinda la oportunidad de alcanzar la eudaimonía, la verdadera felicidad, o se convierte en una cárcel para el alma que busca la areté, la excelencia virtuosa? Vivir bajo las leyes del estado es aceptar un contrato social, un acuerdo tácito donde sacrificamos parte de nuestra autonomía a cambio de orden y protección. Pero, ¿cuál es el costo de este pacto? ¿Renunciamos a la posibilidad de alcanzar la autarquía, la autosuficiencia del espíritu, al someternos a la autoridad del estado? La justicia, la dikaiosyne, debería ser el principio rector de cualquier estado. Sin embargo, cuando las leyes se alejan de la justicia y se convierten en instrumentos de poder, la libertad se ve socavada. La vida dentro de un estado así no es más que una sombra de la verdadera vida, una existencia desprovista de la praxis, la acción reflexiva y moral. Debemos, por tanto, cuestionar y examinar las leyes y estructuras de nuestro estado, asegurándonos de que promuevan la libertad y no la restrinjan. Solo entonces podremos vivir vidas que reflejen la sofrosyne, el equilibrio y la moderación, y que nos permitan perseguir la sabiduría, la sophia, en su forma más pura. Brutus: Sócrates, tu reflexión sobre la polis y la eudaimonía resuena con la inquietud de mi alma. Sin embargo, debo disentir en un punto crucial: la libertad verdadera dentro de los confines del Estado es una ilusión, una quimera que se desvanece al contacto con la realidad de las leyes y decretos que nos encadenan. El Estado, en su afán por perpetuar su existencia, emplea la educación como el mecanismo más sutil y poderoso para moldear a sus ciudadanos. Nos enseñan desde jóvenes a valorar la conformidad por encima de la autenticidad, a medir el éxito por nuestra utilidad para el colectivo, no por nuestra capacidad de alcanzar la autarquía. La pedagogía estatal no busca la iluminación del individuo, sino su sometimiento. Nos priva de la libertad más fundamental: la libertad de pensamiento. Nos inculcan una versión de la realidad que favorece al Estado, una realidad donde la filosofía es vista como un mero ejercicio académico y no como la herramienta de liberación que verdaderamente es. La educación debería ser el vehículo para la liberación del espíritu, no el yugo que lo somete. Debería inspirarnos a buscar la sophia, la sabiduría, no a través de la memorización y repetición, sino a través del cuestionamiento constante y la búsqueda de la verdad. Solo entonces podremos aspirar a vivir vidas que reflejen la areté en su máxima expresión.
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Noche Oscura
Mini relato extraído del libro Un Mundo Bajo la Luna que describe los sin sabores y las alegrías de las noches oscuras. Transcripción: La oscuridad de la noche, momentos de espíritus y fantasmas, momentos de contrabandos, momentos de pasiones, momentos de besos de enamorados. La noche oscura en una habitación, viaje a través de pesadillas, miedos, quebrantos, insomnio, somnolencia, duermevelas, inquietud, sudor, frío, calor, huir de peligros que nos atacan, demonios(tanto ficticios como personas que se comportaron en nuestra vida como tal...) Noche oscura, sueños, ilusiones, deseos, plenitud, satisfacción, viajes con el alma a donde el cuerpo y la mente solo pueden imaginar ,poder volar, estar con la persona amada solo con cerrar los ojos, regresar a tu infancia, a tu vieja casa, volver a estar con tus seres queridos que ya partieron, jugar y corretear con tu ya desaparecido perro... Noche oscura, besos en los portales, caricias, inocencia, timidez disfrazada en el cielo zaino de la noche... Despertar... ¿Realidad o Ficción? ¿Acaso necesitamos estar viendo la luna para saber que existe?
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Brutus y Dios
Reflexión del filósofo contemporáneo Brutus acerca de la existencia de una deidad a lo largo de la historia de la filosofía y de la humanidad. Contenido Inédito Transcripción: Brutus, sentado en su escritorio bajo la tenue luz de un amanecer que no prometía milagros divinos, reflexionaba sobre la naturaleza de Dios. Para él, la idea de un ser supremo era una construcción social, una entidad creada por el hombre para explicar lo inexplicable, para dar sentido a lo absurdo, para imponer orden en el caos de la existencia. “La humanidad”, escribía Brutus, “ha inventado a Dios como un niño inventa un amigo imaginario; una presencia reconfortante en momentos de soledad, pero una ilusión al fin y al cabo.” La religión, argumentaba, había sido una herramienta de control, una forma de mantener a las masas en línea, ofreciéndoles consuelo en la promesa de una vida después de la muerte, mientras los poderosos se beneficiaban de su sumisión. “Nietzsche declaró que ‘Dios ha muerto’, pero yo sostengo que nunca estuvo vivo,” continuaba Brutus. “No hay cadáver divino que llorar, porque nunca hubo un aliento celestial para comenzar.” La frase “Dios ha muerto” no era un lamento, sino una liberación, la aceptación de que el ser humano no estaba atado a los designios de una entidad superior. Para Brutus, la inexistencia de Dios era una oportunidad para que la humanidad asumiera plena responsabilidad por sus acciones, sin atribuir sus logros o fracasos a la voluntad de un ser omnipotente. “Somos los únicos artífices de nuestra moral, de nuestro destino,” afirmaba. “La ética no es divina, es humana, y es en la humanidad donde debemos buscar las respuestas a nuestras preguntas más profundas.” El filósofo moderno veía en la muerte de Dios, no un vacío que llenar con desesperación, sino un espacio para el florecimiento de la razón y la autodeterminación. “La ausencia de Dios nos invita a crear un mundo basado en la compasión, la justicia y la igualdad, no porque lo dicta un mandato celestial, sino porque es la esencia de nuestra humanidad compartida.” Con estas palabras, Brutus no solo concordaba con Nietzsche, sino que también extendía su pensamiento, invitando a sus contemporáneos a abrazar la inexistencia de Dios como el primer paso hacia una sociedad más justa y racional.
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Balada de las Diosas Pelirrojas
Poema que ahonda en la historia de la mujer pelirroja, su belleza y sensualidad. Contenido Inédito. Transcripción: En la penumbra de la historia se esconde, la leyenda de las diosas de cabellos de fuego. Condenadas por su brillo que responde, al miedo de un mundo ciego. En la hoguera, su destino fue marcado, por aquellos que temían su poder. Su espíritu indomable, nunca domado, en las llamas, se negó a perecer. Pelirrojas diosas, belleza sin igual, en la inquisición, su magia fue pecado. Mas el fuego que las consumió en el ritual, en su alma, un nuevo fuego ha despertado. A través de los siglos, su mito ha crecido, en el arte, en la pasión, en la poesía. Su presencia, un deseo incontenible y nacido, de las cenizas de su antigua tiranía. Cautivadoras, su encanto no tiene fin, su mirada, un abismo donde se pierden razones. Quien se acerca, se encuentra en un jardín, de sueños rojos y ardientes emociones. El fuego que una vez fue su condena, ahora es su fuerza, su esencia, su bandera. En cada pelirroja, la llama aún suena, como un canto de libertad que la tierra entera espera. Diosas de la aurora, su pelo al viento, son el deseo y la sensualidad encarnados. En su fuego interior, hallan su aliento, y en su belleza, los corazones han hallado. Así, las diosas pelirrojas caminan entre nosotros, con el fuego que las hizo inmortales. En su paso, dejan rastros misteriosos, y en su mirada, historias inigualables. Sus almas, tejidas con hilos de pasión, resplandecen más allá de la comprensión. Son musas que inspiran sin cesar la creación, y en su honor, se alza la más dulce canción. En cada era, su leyenda se renueva, con cada pelirroja que el mundo ve nacer. Su esencia, como un vino que se envejece y eleva, en la memoria colectiva, se niega a desaparecer. Son faros en la oscuridad, guías de luz, que con su sola presencia, el alma seducen. Y aquel que osa mirarlas, pronto descubre, que en su fuego, todas las penas se reducen. Por siempre serán símbolo de un poder ancestral, que en su cabello rojo, llevan con orgullo. Y aunque el mundo a veces parezca inmoral, ellas brillan con un fulgor que nunca es oscuro. Que las diosas pelirrojas sean eternas, en cada mirada, en cada gesto, en cada sonrisa. Que su fuego interior, como estrellas modernas, ilumine el camino en nuestra premura y prisa. Que su historia sea contada, de generación en generación, como un recordatorio de su inquebrantable voluntad. Que su legado de amor, fuerza y revolución, sea un faro de esperanza, en la eternidad.
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Insomnia
Nuevo episodio, en este caso con un breve fragmento que habla sobre la dificultad que provoca una larga y fría noche de insomnio. Fragmento extraído del libro Un Mundo Bajo la Luna. Transcripción: Insomnio, noche larga y fría, pesadillas por doquier... Un mal pensamiento que entra, un mal pensamiento que sale, pero que aumenta el sudor frío, la nebulosa que se cierne sobre mi cabeza y el sueño. Cama donde tantos sueños se tienen y muchos se hacen realidad soñándolos despierto, pero no hoy... desafortunadamente esta noche no es una de aquellas... Esta noche no me visitará ninguna musa, ni ninguna diosa del paraíso, esta noche no viajaré por lugares donde el alma llega con facilidad y el cuerpo sólo puede imaginar que existen... Esta noche los espectros y las ánimas de la oscuridad son mis únicos compañeros de viaje... Solicito clemencia... Suplico por un amanecer que no llega... ... ¿Despertar?...
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La Luna me ilumina
Poema sobre la luna que se basa en la estructura y musicalidad de las coplas del Carnaval de Cádiz. Lo puedes encontrar en el libro Un Mundo Bajo la Luna: Retales de mi Blog Transcripción: La luna me ilumina La luna me ilumina por las noches y forma parte de mis días La luna me sonríe y me llora a la vez Y yo le digo: ¿luna qué te pasa? Si eres la luz más bella que alumbra mi casa y eres de todas las musas la más hermosa y la única inmortal. La luna es como una mujer te cuida, te abraza y te consuela y si la necesitas siempre estará, siempre estará a tu vera... La luna desde su cuarto creciente me observa nerviosa como una niña que acaba de nacer y cuando llega a la media luna, es toda inseguridad porque la niña ya se ha hecho mujer. Pero cuando está llena me mira tranquila y hasta sosegada, me acaricia el pelo y juntitos paseamos por la playa. Te recuerdo en mi vida vacía tú me sonreías y me completabas. Pero de pronto sentía que te me ibas que me faltabas. Y me dijiste tranquilo, que los sueños nunca se apagan Mañana renazco... ...en nuestra playa.
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Abrazando Ánimas
Fragmento extraído del libro Un Mundo Bajo la Luna Transcripción: Madrugada fría y larga, un amanecer que no llega... un viento que sopla cada vez más fuerte, cada vez más flojo, el agua de lluvia que va y viene con diferente intensidad, y en el centro solo yo y mil ánimas. Ánimas que revolotean por el firmamento, que aparecen y desaparecen fugazmente, ánimas que arrastran cadenas a ras de suelo, ánimas joviales, ánimas deterioradas... Ánimas que me miran sin ojos, me sonríen sin dientes, me hablan sin voz... Ánimas que ríen, que lloran, que me piden bailar, pasear... ¿y yo? ¿Quiero?... No presto atención, pongo mi vista en la única farola encendida que hay en la plaza, ¿es una plaza? Quizás pueda ser cualquier otro lugar... La luz cambia fugazmente, refleja miles de sombras sobre los jardines que rodean a este lugar... Sombras que hablan, que miran e incluso sonríen... sólo sombras... ¿y yo? ¿Solo soy una sombra de aquel que fui? Vuelvo a desviar mis pensamientos y mis ojos, un grupo de personas se acerca hacia el lugar en el que me encuentro hallado, tienen ojos, dientes y escucho su voz, mas no me miran, ni me hablan ni me sonríen... ¿y yo? ¿Siempre he prestado atención a lo que ha ocurrido a mí alrededor? Me entrego a las ánimas, rio y paseo con ellas... Me entrego a las sombras, juego y bailo con ellas... Escalofríos... ...Oscuridad... Descansar.
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ABOUT THIS SHOW
Podcast Literario donde encontrarás poemas, relatos y fragmentos del autor Mateo D. Guerrero.Edición y voz a cargo del productor musical Ortiz Studios.
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Matt Warrior
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