Trovador de la Luna

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Trovador de la Luna

Audio poemas del Trovador de la Luna

  1. 6

    La cogida y muerte de Ignacio Sánchez Mejías

    Poema de Federico García Lorca declamado por Toni López "El Trovador de la Luna". La cogida y la muerte A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones del bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro, solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde, cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde. Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde. Las heridas quemaban como soles a las cinco de la tarde, y el gentío rompía las ventanas a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. ¡Ay qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

  2. 5

    La Sangre Derramada de Federico García Lorca

    Poema declamado por Toni López "Trovador de la Luna. Este poema de García Lorca es el tercero de los cuatro cantes de la gran obra poética titulada: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Este poema está dedicado a un amigo suyo, torero, que murió en la plaza, corneado por un toro, reflejando de manera magistral lo ocurrido en ese día.

  3. 4

    El Claro

    Comienzan a caer las gotas, que se evaporan al contacto con nuestros cuerpos entrelazados, no soportan el calor de nuestra pasión ni del placer que se ha liberado. Amarte en la inmensidad del bosque, nuestro lecho es este claro, donde el cielo nos envidia por nuestro amor, lloviendo celos en clamor cada vez que nos besamos. Con elegancia sinuosa digna de la pureza de doncella y fervor latente del corazón de una diosa, elevas las piernas para seducir al placer con tu fragancia de rosa, y el cáliz me sumerjo a beber de los pétalos de tu frágil copa. Espirales de pasión, atrapan mis sentidos, en el claro del bosque, donde se nos hizo de noche en un en un eclipse por el orgasmo concebido.

  4. 3

    El Iluso

    He probado el delirio de tus labios cada vez que sueño con la luna, devorándote despacio, cuando estás cubierta de espuma. Mar salada, a veces fría, a veces templada, ardiente al tacto de mis dedos, cuando descubren tu alma. Sabes que he soñado contigo, sabes que te hice el amor cada madrugada, sin moverme del sitio, tumbado en mi cama y tu presente en mi mente hasta que el alba golpeaba en mi ventana. Te quiero y no te he tocado, te siento y realmente no te he besado, aunque mi corazón sonríe por saber que estoy emocionado y no me importa que no me quieras, aunque yo si esté enamorado, pues algo que no se empieza jamás podrá ser finalizado.

  5. 2

    Perdido en el desierto

    La brisa huele a tormenta. Borrasca venidera de presagios sombríos de la que he de huir para no derrotar la fe y reencontrarme con el suplicio. Subí la montaña desorientado, buscando alcanzar el sol, creyendo encontrar mi fantasía en esa cima, la que sin duda me regalaría caricias de emoción Sólo encontré frío y dudas, dudas y silencio, decepción y lágrimas de luna. Descendí sin pensármelo, necesitaba entrar en calor, habría sido capaz de ir al mismísimo infierno. Habría ido por los dos. Continúe mi camino, ese lleno de sombras y silencios, lamentando cada mañana mi total entrega hacia aquel quebrado recuerdo. Pensando en mi realidad cautiva y nuevamente desorientado, me adentré en un desierto de aroma desolado. Vagué desnudo de toda esperanza, sintiendo mi corazón cada vez más cansado, creyendo mi final cerca, hambriento de llanto y destrozado. En el horizonte otee un destello de esperanza, aquella que me faltaba, era un oasis plantado entre fuego y arena, todo se había solucionado, por fin lavaría mi pena. Estaba lleno de júbilo, mis pulsaciones se habían liberado de la cárcel de la tristeza, ya no volvería a probar los sinsabores de mi pasado ni de mis acumuladas quejas. Pero al llegar al manantial rodeado de tanta belleza y poesía en flor, descubrí que era sólo un espejismo, que me hizo tropezar conmigo mismo y de un plumazo todo se desvaneció. Que estúpido al creer en ese cambio, que inocente he sido, pensar que todo había retornado al placer que había conocido. Ahora, después de someterme a la realidad de los gestos y descubrir que las palabras se llenan de silencios... ahora que ya no siento nada, por descubrir ningún misterio... renunciaré a cualquier tipo de alianza que me quiera endulzar el pensamiento. Pues no hay mayor distancia que sentirse alejado de quien pensamos tan atentos si nos esquiva sin escrúpulos, olvidando todo un mundo diluyéndolo en el tiempo. Maldigo aquella vez cuando quisimos pintar el cielo, pensando en el mismo color, creyendo el mismo final de un mágico cuento. Derechos reservados de autor. Toni López-El Trovador de la Luna.

  6. 1

    Sal para las heridas

    Cada segundo se concentra midiendo la distancia de los besos, tus besos que son palabras escritas en un pergamino de tiempo. La demora de la voz sufre de la virginidad del encuentro, desestimada razón que se pierde con el viento en una perpetua imagen que llora en cada rincón con el inevitable temor de que todo esto acabe y se llame perpetuo a ese silencio. Una noria de pensamientos callados, de turgentes pasiones desmedidas, un mareante desengaño que termina en despedida. La lava que recorrió flamante el cauce de mis venas quebró en ceniza petrificando mi condena, encontrando en el gélido gesto un paroxismo mortal que lacró con sorpresa celestial el ultimo vaivén de tus cantos de sirena. Hoy mueren las dudas, injertos sin flor de una enredadera de dilemas que ya no regaré jamás, para evitar que se asfixie mi paz y me ahogue la tristeza. La sal de mis lágrimas cicatrizará está herida, que en la nobleza del buen hacer, creí curar al extirpar aquel tumor y que, ahora vuelve a nacer recayendo por tu ayer, en una espiral del mismo dolor. Adiós tiempo, adiós esperanza, adiós consuelo, bienvenida desconfianza.

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