1.4 Disciplina
Comencemos con algo obvio: en un mundo que coquetea con el permisivismo hasta el punto de bordear los límites de la anarquía, el concepto de disciplina se halla fuertemente devaluado. La palabra “disciplina” hasta genera rechazo en la gran mayoría de las personas. Y sin embargo, tarde o temprano la realidad se encarga de enseñarnos que toda conquista de objetivos complejos – tanto los personales como los de toda una cultura o civilización – resulta por completo imposible sin disciplina. Puede haber muchas maneras de hacer algo; pero la enorme mayoría de las cosas no se puede hacer de cualquier modo. La disciplina no es la sujeción forzada y constante a la voluntad más o menos caprichosa de otra persona. En lo esencial y en principio, la disciplina no es más que un método. Un método de acción o, si ustedes quieren, un procedimiento. Contrariamente a lo que suelen afirmar algunos teóricos militares, ser disciplinado no consiste esencialmente en cumplir a rajatabla con alguna órden impartida por un superior jerárquico. Eso, en rigor, sería tan sólo ser obediente y, de hecho, lo que la disciplina militar enseña es, más que nada, a obedecer. Algo muy necesario, útil y hasta imprescindible en el ámbito militar; pero no necesariamente transferible así como así a la vida civil. Ser disciplinados, en un sentido genérico y amplio, no es más que ser metódicos y ordenados en nuestras acciones. En esencia, la disciplina no es sino un método de acción; una regla de comportamiento.
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