EPISODE · Feb 25, 2023 · 19 MIN
124 Niega tus deseos y hallarás lo que verdaderamente desea tu corazón.
from De María a Jesús
“Niega tus deseos y hallarás lo que de verdad desea tu corazón” ¡NIEGA TUS DESEOS! Que profundidad la de esta cumbre del misticismo. Cuantas y cuantas veces… nuestros deseos son los que verdaderamente estorban lo que el corazón verdaderamente anhela. Recordemos las palabras de Jesús en el Evangelio: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por mi causa, la salvará”. ¡Toma tu cruz de cada día…! Pues de qué te sirve ganar el mundo entero, si pierdes tu alma… Jesús nos enseña el misterio de la Cruz, abrazar ese madero. Cuándo las cruces se nos presentan. ¿Intento esquivarlas? ¿Pasárselas a otros? ¿Coger una más pequeña? O mi respuesta es: Aquí estoy, vamos a llevar la cruz Juntos Señor. Esa unión con Cristo me va a llevar a la eternidad, al mismo Cielo. ¿PENSAMOS ALGUNA VEZ LO LARGA QUE ES LA ETERTNIDAD Y LO CORTA QUE ES LA VIDA? Si vivir la vida es estar muerto, como dicen los santos… Aquel… VIVO SIN VIVIR EN MÍ Y TAN ALTA VIDA ESPERO, QUE MUERO PORQUE NO MUERO. De Santa Teresa de Jesús… Os habéis preguntado: ¿Qué les pasa a los Santos? Que viven de espaldas a lo mundano Y la respuesta es fácil… Para ellos no morir es estar muertos… porque morir es vivir… Gozar de la vida eterna, porque saben dónde están y a dónde van… Abrazan la cruz de Jesús, se niegan a sí mismos, y le siguen por el Calvario, hasta ese Gólgota, camino del Cielo. La Clave es el amor. Qué ese amor, cure mi pequeño y pobre corazón, con el inmenso corazón que Tú nos regalas Señor, con el que lavas nuestras cenizas, nuestras miserias, nuestras vergüenzas, perdonas nuestros pecados y sana, al recibir tu Espíritu, nuestro pobre cuerpo santificando eternamente el alma. Ese Jesús que hizo andar al paralítico, sanar al leproso y resucitar a los muertos. Ese mismo Cristo, al que veremos en la Pasión, clavado en la Cruz, en la que venció al demonio, en la que en un gesto de inmensa generosidad, nos entregó a su mayor creación, al ser que más quería… A Su Madre, a la Santísima Virgen María. Acogiéndonos a lo que Ella dijo, hacemos nuestras sus palabras a San Juan Diego: Oye y ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa, ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás por ventura en mi regazo…? No te apene, ni te inquiete la enfermedad de…/… Está seguro de que sanó. ¡Bendita y alabada seas, Virgen Purísima! ¡Misericordia Señor… Misericordia!
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