3. Única salida
from Crónicas de un Abogado de Oficio.
Estaba en un momento de relax, tomando un café en la cafetería de la esquina. No sé por qué me vino a la mente la película de “El resplandor”, particularmente la escena en la que Jack Torrance persigue con un hacha a su mujer, intentando asesinarla en un momento de locura trepidante. Quizá sea porque la letrada de la parte contraria me tenía la cabeza como un bombo y estaba deseando que terminara la vista que teníamos pendiente en el juzgado. La noche anterior me llamaron de la guardia para atender a un hombre en comisaría al que le imputaban un delito de malos tratos hacia su mujer. – Se lo juro, abogado, ni la he tocado. – Pues en la denuncia ella dice que la agarró de las muñecas, la tiró al suelo y la arrastró de los pelos por toda la habitación. Ya llevábamos un rato hablando de lo ocurrido en la sala de los calabozos de comisaría, me costó un poco que confiara en mí, con éstas, mi cliente bajó la cabeza, se quedó pensativo unos segundos, y comenzó a explayarse con los ojos llorosos: – Hace como unos seis meses empecé a notar en ella una cierta distancia. Yo, por razones laborales, llegaba bastante tarde de trabajar, pero siempre llegaba justo para dar un beso a mis hijos antes de irse a acostar. Pero de un tiempo a esta parte los niños ya estaban dormidos cuando yo llegaba. Ella me ponía la excusa de que tenían que dormir más, y de lunes a viernes ya no les veía. Entonces todo fue en picado: empezaron insultos, gritos, me decía que ya no me quería, y lo peor, puso a mis hijos en mi contra. Hace tres días, ella pensaba que no la escuchaba, la oí hablar con alguien por teléfono, y le decía que me iba a hacer la vida imposible y que lo tenía todo dispuesto, y que pronto estarían juntos. Deduje que estaba con alguien, que tenía un amante. Ayer se puso muy agresiva, llegando a agredirme, y mire como me dejó (me enseñó los brazos llenos de arañazos y moretones). Yo sólo me defendí, abogado, y no sé ni cómo ni cuándo, vino la policía y aquí estoy. Yo le vi hundido, pero sabía que me decía la verdad. En esta profesión, con el tiempo aprendes cuándo mienten y cuándo dicen la verdad, y mi cliente era honesto. Lo único que quería era no perder a sus hijos. Yo le expliqué todo el procedimiento que iba a acontecer y al día siguiente pasó a disposición judicial. Puedes leer el relato completo en: https://agemfis.com/unica-salida/
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