EPISODE · Feb 2, 2015 · 8 MIN
5. El pecado
from Ejercicios del P. Marcos Pizzariello
Si tuvieras el comedor de tu casa, la pieza en la que vives o la cocina misma, en un estado deplorable y lamentable, todo regado, sucio, mal oliente, lleno de desperdicios de todo tipo de cosas, como para no poder mostrárselos a nadie; y tuvieras que recibir un invitado muy importante para ti, te darías a la tarea de levantar aquella inmundicia. ¿Pero cómo la levantarías si no sabes dónde y cómo va cada cosa? Sin saber por dónde empezar y qué cosa sí y qué cosa no, no podrías arreglar aquello, ni recibir a aquella persona tan importante para ti. Cuando vivimos lejos de Dios, todo es igual. Tenemos el alma llena de inmundicia y no podemos ordenarnos, no sabemos, no queremos. Hemos despreciado la paz que nos da su voluntad, nos hemos alejado de Él, no queremos encontrarle, no disponemos de los medios. Los ejercicios nos disponen a ordenar nuestra alma, como aquella casa desordenada. ¿En qué nos vamos a basar para ordenarla? En la voluntad de Dios; tu desorden es contrario a su voluntad. No puedes recibir a Dios en tu casa ni encontrarte con él si mantienes ese desorden llamado pecado, porque a Dios le repugna. Los ángeles se des-ordenaron un día y fueron a parar al instante al fondo del abismo: su malicia los alejo para siempre de Dios; lo perdieron todo, se acabó todo para ellos porque no están más en la gracia de Dios, en su amistad, en su amor, en su favor. Adán y Eva, nuestros padres, se equivocaron y todos penamos, pero ellos tuvieron una promesa, la de un redentor. Este Redentor muere en la cruz y nos da la oportunidad de no ser como aquellos ángeles que al instante son enviados a penar por siempre: tenemos siempre, mientras estemos vivos, otra oportunidad. Dios no devuelve su gracia por el amor de Cristo. ¡Que terrible cosa es esa del pecado que nos roba todo! ¡Que tristísimas sus consecuencias, pues nos pone en contra de Quien todo lo puede! ¡Cómo podremos contrariar a todo un Dios! ¡Cuánta miseria y cuanto dolor! Pero sin saber cómo quiere Dios que luzca nuestra casa, no podremos ordenarla; si no sabemos qué está en desorden es imposible. Debemos pedirle conocer nuestra malicia, qué significa lo que hacemos, lo qué es enemistarnos con Él, tomar conciencia de nuestro desorden y amar nuestra corrección y compostura. Los ejercicios nos van adentrando ya en ese mar de la misericordia divina que nos muestra poco a poco el desorden, la malicia de nuestras faltas, contrarias a Él y a su amor.
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5. El pecado
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