EPISODE · Apr 2, 2022 · 29 MIN
7. Discernir en tiempos desolados. Tony Catalá
from Podcasts de Pablo Rodriguez-Bilella
Momento 7 | Cuidar con nuestro actuar con dulzura, levedad y suavidad El gran criterio, es: “lo que es del Señor perdura.” Todos (as) tenemos situaciones vividas de encuentros con personas, situaciones familiares, laborales que al rememorarlas seguimos experimentando consuelo. Y eso es del Señor. Lo que el Señor nos ha ido regalando lo traemos a la memoria con mucho afecto y la consolación perdura. Por eso afirmamos que eso es del Señor. Y pasan años y cuando rememoramos esas situaciones decimos: “el dedo de Dios estaba allí.” Y ¡cuántas cosas hemos hecho creyendo que íbamos a redimir al mundo! Lo que hemos hecho es el poco, es un diluido. Pongamos atención al proceso, (principio, medio, fin). Porque si a lo largo de ese proceso se me va colando el enredo, la turbación, el desasosiego, la rigidez, la crítica amarga, el enflaquecimiento del alma, la mirada de reojo, la dimensión farisea de: “yo no soy como ese”. Cuando empieza esa dinámica, hay que corregir porque eso no es del espíritu. Para corregir hay que ser humildes y libres. Y es una gracia que hay que pedir. Y ahí es cuando San Ignacio nos decía: “toma nota y en la medida de lo posible no te metas dos veces por ese camino”. El cristiano que crece en el ámbito del discernimiento va aprendiendo vitalmente qué caminos dan vida, si entro por ellos genero vida; y qué caminos tomo en los que me destrozo o puedo destrozar. Es una ingenuidad creer que todos podemos hacer todo a la vez y siempre. Partimos de la acción de gracias, no somos superhombres, o supermujeres. Sino como criaturas vulnerables pero agraciadas. Y en ese sentido, discernir es un camino de libertad. San Ignacio nos da un criterio muy abierto: el Espíritu actúa, dulce, leve y suavemente cuando hay deseos sinceros de seguir al Señor en fidelidad evangélica. Es decir cuando deseamos que nuestra vida sea una vida realmente en servicio, deseando sinceramente crecer en el compartir con otras y con otros el techo, el pan y la palabra. Allí el Espíritu actúa, dulce, leve y suavemente sin estridencias. ¡Qué gran verdad es esto! Y de esto todos tenemos experiencia. Si echo la vista atrás, tengo que reconocer que he vivido situaciones que si antes de vivirlas me las presentan en una película, yo realmente huyo. Y hay situaciones que hemos vivido a veces dolorosas pero las hemos vivido porque el Señor ha estado ahí presente. El Espíritu del Señor nos trabaja interiormente más de lo que creemos. En él nos movemos, existimos y somos (cfr. Hch. 17, 28-30). Y Él viene en auxilio de nuestra debilidad (cfr. Rom 8,26). Pero el Espíritu del Señor actúa dulce, leve y suavemente, que quiere decir sin estridencias paralizantes. San Ignacio utiliza una imagen que no necesita explicación. Es que cuando realmente se dan esos deseos de fidelidad, de servicio, el Espíritu actúa como gota que cae sobre esponja. Imaginemos la gotita de agua que cae sobre la esponja y la va empapando, no hace ruido. No es estridente. No molesta. El mal espíritu actúa con las trampas, los engaños como la gota que cae sobre piedra. Esto es un tormento. Sentir ese sonido es una técnica de tortura. Por lo tanto, el criterio es muy abierto. Cuando hay deseo sincero, (la suavidad, la sencillez y la dulzura) es del espíritu. La estridencia, (la provocación fuera de tono y de lugar), no es del espíritu.” Toni Catalá, Discernimiento en tiempo desolado. Después de ver y escuchar atentamente el video: Escriba en pocas palabras o frases cortas un aprendizaje que le ha llamado la atención del video del día de hoy. ¿Cómo llevará a la práctica en su vida cotidiana el contenido que ha reflexionado?
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