793. El Kaggen y la Luna (Leyenda Kalahari Africa) episode artwork

EPISODE · Sep 9, 2026 · 6 MIN

793. El Kaggen y la Luna (Leyenda Kalahari Africa)

from Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda · host Juan David Betancur Fernandez

Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.Juan David Betancur [email protected]ía una vez, en lo que hoy llamamos la sabana de Kalahari en el sur del África un dios embaucador y sabio llamado Kaggen. Este dios tenía la forma de una mantis religiosa y caminaba por la tierra en las épocas iniciales cuando todavía el mundo no se había terminado de formar completamente y los animales caminaban como hombres. En aquellos días remotos, la noche no era como la conocemos hoy ya que no existía la luna por lo que no se podía ver la luz de plata que apacigua las sombras, sino que todo era una penumbra espesa, gélida y absoluta que devoraba cualquier intento de ver más allá de la propia respiración cuando el sol desaparecia.|Kaggen era básicamente un dios creador y en su interior guardaba un secreto que colmaba su corazón de orgullo: El había modelado y creado  con sus propias manos al primer antílope de proporciones majestuosas llamado el eland, Este antílope tiene un lomo suave y ojos profundos que semejan a pozos de agua en las épocas de sequía. Pero el dios Kaggen también conocía el alma de los habitantes de aquellas tierras y en especial los suricatos que vivían con una codicia que podría llegar a poner en riesgo a su Eland. Por lo que decidio esconderlo en un oasis rodeado de cañaverales altos y espinosos. Así que en cada amanecer, la Mantis recolectaba miel silvestre y cera dorada de las colmenas que encontraba escondidas entre las rocas, y recogiéndolas con mucho cuidado se las llevaba al Elan en secreto. Con ternura, frotaba la miel perfumada sobre el pelaje de la criatura y dejaba que bebiera agua clara, hasta que la piel del animal brillaba tanto que parecía hecha de sol puro.Sin embargo, los ojos pequeños y curiosos de los suricatos nunca dormían. Estos pequeños seres que eran capaces de estar  observando atentamente la sabana durante días y días detectaron como Kaggen regresaba cada tarde de la espesura con manchas doradas en los dedos y una sonrisa radiante. Así que  Una mañana, los cazadores siguieron sigilosamente el rastro de perfume a cera y polen que la Mantis dejaba a su paso y la siguieron en total silencio.  Cuando llegaron a los cañaverales y contemplaron la deslumbrante silueta del eland, la codicia nubló su juicio. Sin dudarlo, afilaron sus flechas de hueso, rodearon al noble antílope y, con certera puntería, apagaron la vida de la más amada creación de |Kaggen.Cuando la Mantis regresó tarareando, con un nuevo panal rebosante de miel en las manos, se topó con el suelo empapado de rocío rojo. No había cantos, ni aliento, ni la mirada cálida de su criatura; solo quedaban huellas apuradas que se alejaban hacia el campamento de los cazadores suricatos. El llanto de |Kaggen fue un lamento seco que quebró la tranquilidad de la tarde. Furioso, siguió el rastro de los cazadores hasta encontrarlos junto al fuego, ya desollando la carne y repartiendo la grasa del eland.Ciego de ira, |Kaggen intentó luchar contra ellos, pero los cazadores eran muchos y estaban armados con el poder del animal que habían consumido. Burlándose del dolor de la Mantis, lo empujaron contra la bilis del eland, un fluido amargo y oscuro que salpicó sobre las rocas. En ese instante de humillación, el sol se desplomó detrás de las dunas rojas y la nada se cerró sobre la llanura. La oscuridad se volvió tan asfixiante que los mismos cazadores gritaron de miedo, incapaces de distinguir a sus hermanos de los depredadores que acechaban en las sombras.A tientas, humillado y desconsolado en medio de la negrura absoluta, |Kaggen tanteó el polvo con sus largas patas hasta encontrar algo familiar: una de sus viejas sandalias de piel, empapada con el polvo rojizo de la tierra y la esencia de su querido animal. La sostuvo contra su pecho y, comprendiendo que ni siquiera los culpables merecían morir congelados en una noche sin fin, tomó impulso con todo el dolor y la magia que le quedaban en el alma.Lanzó la sandalia con fuerza descomunal hacia lo más alto de la bóveda celeste. Al romper el aire helado, el cuero reseco no cayó; se infló de resplandor blanco y comenzó a destilar una luz fría, suave y compasiva sobre la tierra. Así nació la Luna. Y dicen los ancianos que si la miras con atención cuando está llena, todavía puedes distinguir la silueta oscura y polvorienta de la suela de la sandalia de |Kaggen, velando para que las criaturas del mundo encuentren siempre el camino de regreso a casa. 

Episode metadata supplied by the publisher feed · Published Sep 9, 2026

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793. El Kaggen y la Luna (Leyenda Kalahari Africa)

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