Acabamos de matar a García Lorca
En Agosto de 1936, Federico García Lorca, el poeta universal, ha sido detenido en su propia tierra, Granada, a donde había huido desde Madrid buscando seguridad a poco de estallar la Guerra Civil. Ni la casa de sus amigos Rosales, viejos falangistas, fue refugio. De aquel domicilio, rodeado por milicias y guardias de asalto que tomaron todas las bocacalles y tejados próximos, Lorca salió para nunca volver. Por eso, lo ocurrido aquella tarde, en un cuarto del gobierno civil y en las horas anteriores a su muerte es algo que estremece de solo pensarlo. El retrato imaginado, aunque real, de esos momentos,, extraordinariamente escritos por Luis Miguel Artabe, a los que hoy decidí ponerles voz sin su autorización, son una muestra clara de hasta dónde puede llegar el odio y la malicia del ser humano por nada. Un retrato fiel de lo que, casi con toda seguridad, fue el trágico final del gran poeta granadino y de la infamia cometida por sus asesinos.
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