EPISODE · Oct 23, 2015 · 3 MIN
Acuse de Recibo: 'Externalizar el naufragio'
from Podcast Hoy por Hoy, en verano
Para tener la delicadeza de Recaredo I, Marta Poggio anduvo un poco tosca en la tertulia de ayer, cuando con ese acento castizo y un encaste bravo y valiente, proclamó que no iba a entrar en esas tonterías. A no ser que la tontería consista en proclamar a los cuatro vientos, con solemne nota de prensa, un retroceso flagrante en la participación ciudadana porque el Ayuntamiento no pregunta a la gente por el trascendental asunto de de qué nos vamos a disfrazar en carnavales. Para ese tipo de tonterías si está a la orden. Es comprensible que Marta Poggio prefiera el sistema modélico de participación ciudadana promovido por su partido, el Partido Popular, el partido de la Ley Mordaza. El partido que un arrebato de participación ciudadana, hundió tres enanos de piedra en el mar unilateralmente, enanos que Guadalupe y Sergio todavía están buscando con la máscara de esnórquel y las sandalias esqueleto. A eso se le llama un éxito por privatización de la participación, es decir, externalización de la inmersión o privatización del naufragio. La privatización de la gestión es el nuevo mantra de la derecha. En el ámbito público, a menudo la externalización se produce cuando un gestor es demasiado inútil para cumplir con su deber, y regala a los amigantes -amigos mangantes- el servicio en cuestión. Un ejemplo sería el de Pdro Snchz, que incapaz de reunir la credibilidad necesaria para parecer un demócrata descastado, ha privatizado su propia regeneración democrática para ponerla en manos de Irene Lozano a cambio de un escaño y sus correspondientes prebendas. Pues bien. La polémica hoy está en los museos Naval y Contemporáneo, lugares que Marta Poggio y Sergio Matos pretenden que imaginemos no rentables con recursos municipales, en una ciudad a la que llegan 250.000 turistas al año. El argumento es sencillo: el Ayuntamiento no es capaz de optimizar la gestión de estos museos haciendo uso de su personal laboral, pero una empresa privada sí. Entre otras cosas porque el Ayuntamiento no dispone de la inversión económica necesaria, que ha preferido dilapidar tirando al mar enanos de piedra, pecios y otras gilipolleces de proveer. Con esta reflexión en la mano, asumimos la completa inutilidad de los gestores públicos. Así que solo queda recomendar a la empresa adjudicataria que rece a Úrsula Micaela Morata para reconducir semejante ruina que a los ciudadanos de Santa Cruz de La Palma les ha resultado imposible rentabilizar urnas mediante. Palabra que por cierto también rima con mangante. En un gesto de agradecimiento, con los beneficios obtenidos en los próximos cinco años, la empresa adjudicataria podría manufacturar unos pines de solapa con la cara de Marta Poggio y de Sergio Matos para regalar a los turistas y que no se olvide su obra. Esperemos que esta privatización no sea como otras privatizaciones a las que nos tiene acostumbrados el Partido Popular. Como cuando reglaron la mitad de AENA a pesar de que generaba beneficios, entregando parte al multimillonario George Soros. O peor aún, cuando regalaron la funeraria municipal madrileña por cien pesetas, sesenta céntimos de euro, y al año siguiente la funeraria estaba generando beneficios privados por más de tres millones de pesetas. Aunque el PP ya no gobierna, allí está el Partido Socialista henchido para comportarse como la derecha. Porque la ideología neoliberal, como alguien dijo, colma de tranquilidad a los más pudientes.
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