EPISODE · Aug 11, 2015 · 3 MIN
Acuse de Recibo 'Por ahí se empieza'
from Podcast Hoy por Hoy, en verano
¿A qué juega Cristina, acaso legítima representante del ciudadano más colectivamente irresponsable?, ¿a justificar un sueldo de 300€? Por si fuera como Zapata, he esperado unos días para ver una disculpa, la declaración de que se trataba de una broma de mal gusto, otro chiste de judíos. Pero no, a pesar de que me prometí que no lo haría, interrumpo mis vacaciones con agostosidad y alevosía porque Cristina Tavío lo dijo en serio, su vómito era un orgulloso acto de afirmación en lo inhumano, de regocijo en el lodo como los puercos en la dehesa, lo contrario al humanismo como lo correcto, la perversidad como rudimento del sistema. Cristina Tavío contestó prevaricando, a conciencia, de forma espontánea, natural pero sincera y seria, sin intención de retractarse. La Diputada fue víctima de la trampa moral de su propia ideología, sustentada en la miseria. Esa es la palabra, miseria. Miseria por el acto miserable de contestar con un “por ahí se empieza” a quien mantiene a su familia con 340€ al mes. Miseria por ser pobreza de moral extrema frivolizar de esa manera con la pobreza de verdad. Miseria por avaricia y mezquindad, por maldad, por cicatería, por impavidez moral roñosa y sórdida. Cristina Tavío celebra que baja el paro ignorando que la mitad de esos contratos duran una semana, y cuando alguien en su desesperación le pregunta cómo alimentar a su familia con 300€, ella responde con un frívolo “por ahí se empieza”, invirtiendo la carga de la prueba, cargando sobre quien sobrevive en la práctica indigencia la responsabilidad de su propia pobreza, convirtiendo a la víctima en culpable de su desgracia. Late tras ello que en el fondo, que eres pobre porque de alguna manera, te lo mereces. Miseria grave porque en realidad, no hay ninguna diferencia entre ese “por ahí se empieza” y un “por ahí te pudras”, una ratificación en el individualismo que da sustento a su ideología, una ideología que aboga por una sociedad de individuos atomizados, aislados, luchando en vertical por el sueño americano sin que importe que para subir, haya uno que te pisa el cuello mientras otro mira cómo te ahogas y sigue subiendo sin inmutarse. Es otra versión del “que se jodan” de Andrea Fabra, un acto de sinceridad espontánea recurrente en la derecha española que los desnuda, los radiografía moralmente, los descubre. Porque sin esa miseria en lo moral el sistema que defienden no funciona. Estoy hablando, no lo duden, de ese sistema que quiere, como Cristina Tavío, un mundo para disfrute de la opulencia. Un sistema, el neoliberal, que se ha demostrado tan agotado como su antagonista se demostró en las ruinas del Muro de Berlín, en el que más de la mitad de la riqueza mundial está en manos del uno por ciento de la humanidad, mil quinientos millones de seres humanos, el 25% de la humanidad, literalmente, sobra, como dijo Saramago, humanos para desechar. Seguramente Cristina Tavío considera que por ahí también se empieza. Pero Cristina Tavío tiene razón. En el sistema que ella cree adecuado por ahí se empieza, lo que no dijo Cristina es cómo se acaba. Se empieza cobrando 300€ y se puede acabar de dos maneras, como ella, teniendo que defenderte ante los tribunales por pagar hasta las bragas con el erario pero más tarde cobrando 4.800 alegres euros como Diputada sin importar tus canalladas en twitter, o se acaba durmiendo en la calle, sin comida y sin techo. En este último caso, seguirá habiendo miserables que para que no se estorbe al turismo, preferirán prohibir a los mendigos hasta dormir en la calle. No hablo de Stalin, no hablo de Chávez, no hablo de Pablo Iglesias, no hablo de Pol Pot ni de Gengis Kan. Hablo de José Saramago, de José Luis Sampedro, de Eduardo Galeano, de Goytisolo. Por ahí si se empieza.
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