EPISODE · Jun 29, 2020 · 18 MIN
Adios- C20 - Misioneros de la luz - Francisco Candido Xavier
"Esperaba la continuación de mis nuevos estudios en compañía de Alejandro; pero, con sorpresa mi amigo Lisias fue portador de una invitación que me enviara el caritativo instructor. Se trataba de una reunión de despedidas. Leí el pequeño y delicado mensaje, dirigiendo los ojos hacia el mensajero. –¿Despedidas? –pregunté. Lisias, presuroso, me aclaró: –Sí. Alejandro, tal y como sucede con otros orientadores de su misma posición jerárquica, de cuando en cuando, se dirigen a los planos más elevados, desempeñando tareas de sublime expresión, que todavía no podemos comprender. Creo que debe partir mañana, en compañía de algunos mentores que le son afines, y desea despedirse esta noche de sus colaboradores y aprendices. –¿Y los trabajos en la Tierra? –indagué. –¿No es Alejandro uno de los instructores directos de una de las grandes agrupaciones espiritistas que conocemos? El compañero respondió con toda seguridad: –Naturalmente, ya fue dispuesta la debida sustitución, de acuerdo con el mérito y aprovechamiento de la institución a la que usted se refiere. Y, tal vez, sintiendo la nostalgia que invadía mi espíritu, Lisias agregó: –Lo que le puedo asegurar, es que el venerable orientador no nos olvidará. Dirigiéndose a esferas más altas, la única preocupación de él será el servicio de Jesús, con el enriquecimiento de sí mismo para sernos más útil. –Mientras tanto –objeté– nos hará mucha falta… Siento que nos dejará en medio de la tarea, cuando tanto necesitábamos de su valioso apoyo para el aprendizaje… Lisias percibió la naturaleza pasional de mi ponderación y arguyó con firmeza: –¡Nada de egoísmo, André! Sabemos que Alejandro se ausentará para trabajar, pero aunque su excursión fuese muy larga y plenamente consagrada al reposo recreativo, nos corresponde a nosotros, sus deudores, la participación en la alegría de sus elevados merecimientos. Es necesario examinar el bien que todavía se puede hacer, vibrando de júbilo y esperanza con las realizaciones venideras, para no ser indolentes e improductivos; por tanto, no debemos olvidar el bien que se hizo o que hemos recibido, con el fin de que no seamos ingratos. Aquella observación tuvo la virtud de despertar mi conciencia. Me coloqué en el equilibrio emocional indispensable. "
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