EPISODE · Jun 15, 2013 · 10 MIN
CABRA INFORMACION - Octavio Salazar: “Hay que ser más militante que nunca con los valores de la democracia”
from Podcast CABRA INFORMACION
El escritor y profesor de Derecho Constitucional de la Uniersidad de Córdoba, el egabrense Octavio Salazar Benítez, presentaba ayer en Cabra el libro "Masculinidades y ciudadanía. Los hombres también tenemos género". Conversábamos con él sobre el contenido de éste y sobre diversos temas de la actualidad. ¿Qué nos presentas en este libro? Este libro quizás es una lógica consecuencia del trabajo de investigación que llevo ya haciendo durante varios años, que ha sido siempre en torno al principio de igualdad, la igualdad de género, los derechos de las mujeres y el avance de estos derechos en la historia de la democracia. En este caso lo que hago es poner el foco de atención en los hombres, precisamente. ¿Cuál es el papel que los hombres debemos jugar en esta lucha por la igualdad? ¿Cómo hemos construido el mundo a nivel social, político y económico desde el predominio de lo masculino y qué elementos serían necesarios modificar si queremos avanzar en términos de igualdad en nuestras sociedades? Insisto en el libro de manera muy contundente en que ahí los hombres, tenemos que tener un protagonismo que hasta ahora no hemos tenido, lamentablemente. ¿A qué se debe eso precisamente? Pues que nosotros hemos tenido una posición de privilegio en el sistema. Hemos tenido el poder político y económico, hemos sido educados para ser los protagonistas del sistema y por lo tanto, no hemos tenido la necesidad de plantearnos nuestro lugar en el mundo y a diferencia de las mujeres, que partían de una situación de discriminación. Entonces, esa posición de privilegio ha hecho que obviamente nosotros, no tengamos la necesidad de plantearnos nada y además que tengamos el miedo a perder ese lugar de poder y a tener que revisar las condiciones del pacto, que es el gran reto que creo que ahora mismo hay planteado sobre la mesa. La legislación española, ¿cómo está en este asunto? Creo que en las últimas décadas se han hecho avances muy significativos en materia de igualdad, pero creo que los grandes cambios tienen que venir no tanto de la legislación y del Derecho sino más bien de la cultura y ahí sí insisto en el libro, es fundamental el papel de la educación, de los patrones en los que nos socializamos y ahí son mucho más importantes que las leyes, las políticas públicas. Las leyes son importantes, pero no son suficientes por sí solas para cambiar la sociedad. ¿Es posible a corto plazo un cambio en la sociedad patriarcal en la que vivimos? Lamentablemente soy muy pesimista en ese tema porque creo que ahí y lo apunto en el libro, estamos asistiendo yo creo que incluso, a un resurgimiento de posiciones machistas y yo lo compruebo día a día con mis alumnos en la Facultad, hay posiciones sorprendentemente muy conservadoras en estos temas. Ahora mismo estamos en un momento peligroso y en este sentido creo que habría que incidir mucho en el papel que decía antes de la educación, porque me he estoy dando cuenta que algo hemos hecho mal cuando los jóvenes de 20 y 21 años con los que yo trabajo en la Universidad, siguen teniendo planteamientos muy patriarcales y muy tradicionales en estos temas. ¿Estamos viendo en los últimos años un reforzamiento de la idea clásica de familia que para nada abre las puertas a otras interpretaciones? Esa es una de las cosas que abordo en el libro, la revisión desde el punto de vista del Derecho de lo que ha sido tradicionalmente el Derecho de Familia, porque la sociedad nos está planteando otros interrogantes no solo por todo lo que se ha discutido en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo sino que más allá de eso porque los pactos de convivencia, son ahora completamente distintos y deberían obedecer a patrones totalmente distintos también entre hombres y mujeres. Y ahí creo que está, uno de los retos esenciales. Cómo renegociamos esa vida privada que luego a su vez, tiene repercusiones en lo público. Ahí está el tema de la conciliación de la vida laboral con la vida familiar y personal, el tema de la maternidad y la paternidad y los cambios de patrones que deberíamos plantearnos en ese ámbito de la familia. Lamentablemente y vuelvo a insistir en ello, creo que ahora lo que estamos es volviendo a mitificar todo lo que tiene que ver con la familia tradicional, con el esquema un poco heteronormativo, con el sentido procreativo de la familia y todo lo que vemos a nuestro alrededor en la publicidad, las películas, los mass media ... ... pues todos nos empujan hacia ese modelo. Y claro, las chicas y los chicos jóvenes, pues reproducen ese esquema. El sistema educativo que se está experimentando en los últimos tres años, ¿va en esa línea de apostar por la familia tradicional? Claro, porque yo creo que ahí, aunque en algún momento de las décadas recientes aquí se hizo un esfuerzo por introducir en la educación la transversalidad de la igualdad y del género, yo creo que eso a la larga no ha funcionado y se ha acabado diluyendo el tema de la igualdad en un terreno de nadie. Y ahora estamos precisamente, en una involución también en ese terreno, no solamente porque se pretenda suprimir Educación para la Ciudadanía, que sería un poco la punta del iceberg, sino porque creo que en la escuela y en otros ámbitos de socialización, no se le está prestando la suficiente atención a la necesidad de realizar esos esquemas. Así, fíjate en todo el tema de la violencia de género, que sigue creciendo e incluso entre gente muy joven, la última asesinada una chica de 21 años, entonces ahí, está pasando algo. Nos hemos equivocado en muchísimas cosas en esta sociedad y creo que en el terreno educativo, nos seguimos equivocando. El papel de la Iglesia Católica en esos cambios en la educación y en general en la concepción de la familia y los posibles cambios también que se pudieran producir en la Iglesia Católica, ¿serían fundamentales también en los próximos años? Cuando hablamos de educación, hay que tener presentes todos los instrumentos que influyen en la socialización del individuo y que configuran un poco, el clima moral de una sociedad. Está claro que en el caso de nuestro país la Iglesia Católica sigue teniendo un peso decisivo en la vida pública, sigue manteniendo un discurso muy beligerante en algunas cuestiones y en todos estos temas, pues obviamente está contribuyendo a mantener esa posición absolutamente reaccionaria. Hoy mismo venían unas declaraciones del obispo de Córdoba insistiendo que nunca una mujer podría llegar a tener digno papel en la Iglesia o el obispo de Alcalá de vez en cuando, con su obsesión por el tema de la homosexualidad. Entonces claro, el altavoz tan potente que se le sigue dando a todos estos individuos, eso acaba calando en la sociedad y acaba generando una determinada opinión pública. Por eso digo siempre que en estos temas, ahora hay que ser más militante que nunca. Se contrapone eso último que comenta con unas declaraciones del Dalai Lama en las que decía que su sucesor podría ser una mujer. Efectivamente. Uno de los principales problemas que tienen en general, sobretodo las religiones monoteístas, es que son unas religiones muy patriarcales y entonces, en el sentido contrario me alegró escuchar a este hombre y hacer ese planteamiento. Además una de las cosas que digo en el libro, al final ya en las conclusiones, es que si hay alguna posibilidad de ir superando esta crisis que estamos viviendo en muchos niveles, es precisamente apostando por otra manera de hacer las cosas. Los hombres que hemos tenido el poder durante siglos, hemos construido una manera de entender el mundo, que nos estamos dando cuenta que no nos sirven muchos de sus aspectos. Deberíamos dar entrada a determinadas capacidades y determinadas habilidades, que tienen que ver con lo femenino. Por eso creo que el Dalai Lama iba por ahí, más allá del hecho que sea un hombre o una mujer el que ocupe una situación de poder, sino más bien cómo es ese hombre y cómo es esa mujer porque también hay mujeres machistas y mujeres que reproducen los cánones machistas. La clave está en esa feminización de hombres y de mujeres. ¿La crisis económica está contribuyendo a que pervivan esas estructuras conservadoras? Están contribuyendo sobretodo porque están debilitando algo que es fundamental para cambiar todo ese esquema, que son las políticas de tipo social. Cuando hablamos de políticas sociales y del Estado de bienestar, hablamos fundamentalmente de igualdad y entonces lo que vemos que primeramente se está recortando, es todo lo que tiene que ver con la atención a situaciones de vulnerabilidad y en nuestras sociedades las más vulnerables dentro de los vulnerables, son las mujeres y siguen siendo las mujeres. De entrada ya tenemos ahí un dato irrefutable, pero es un dato objetivo, que nos está diciendo que estamos dando pasos hacia atrás y las principales sufridoras de la crisis están siendo las mujeres y están siendo las políticas de igualdad. Eso creo que es clarísimo y no es una opinión, son datos estadísticos. En estos tiempos que corren en España y en Europa donde estamos viendo el auge de posturas prácticamente fascistas, ¿cree que es el momento de posicionarse? ¿Hay salida? ¿Hay alguna alternativa? Esa es la gran pregunta. Como decía antes, yo creo que hay que ser más militante que nunca con los valores de la democracia, pero entendido en el sentido más hondo del término. Y cuando hablamos de valores que tienen que ver con el feminismo y con la igualdad, estamos hablando de valores democráticos. Entonces claro, la salida de esto no puede ser otra cosa que, más y mejor democracia y quizás la gran tragedia de esto es que difícilmente vamos a cambiar esto, saliéndonos del sistema. Habrá que cambiarlo desde dentro pero habrá que apostar por otros hombres, por otras mujeres y por otras maneras de gestionar lo público. Creo que la revolución desde fuera tiene muy pocas posibilidades e insisto que hay que hacerla más desde dentro. ¿Es fundamental una reforma de la política desde el punto de vista del funcionamiento interno de los partidos? Claro. Desde el momento en que los partidos funcionan como máquinas cerradas y oligárquicas que olvidan el mandato de democracia interna y que siguen controlados por cúpulas en este sentido también muy patriarcales y que además, se han distanciado enormemente de la ciudadanía a la que dicen representar, obviamente el meollo del cambio debería estar ahí, en los instrumentos que hasta ahora hemos considerado imprescindibles en las democracias representativas. Mientras que no modifiquemos eso, cualquier otra apuesta que hagamos, será un brindis al sol, porque son precisamente los partidos y los representantes, los que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar las leyes y de cambiar incluso la Constitución o de cambiar determinadas reglas del juego. Pero claro, para cambiar esas reglas del juego, hay que cambiar primero los actores que pueden cambiar las reglas, si no, estamos en un círculo vicioso sin salida. Sábado, 15 de junio del 2013.
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