EPISODE · Jun 23, 2016 · 55 MIN
#CafeDeNegocios 133 Editorial de Juan Marcos Tripolone:inflación,dólar,tasas | #CaféDeCoaching : gerenciar las emociones
from Café de Negocios
El pasado jueves 23 de junio de 2016 en #CafeDeNegocios analizamos el editorial de Juan Marcos Tripolone en Diario Clave acerca del dólar, las tasas y la inflación: "Un tango de a tres" ( http://www.diarioclave.com/editorial/2016/06/un-tango-de-a-tres/ ). A las 17:30 hs. y como todos los jueves, llegaron nuestros columnistas de ?#?CaféDeCoaching? y un tema imperdible: Cómo gerenciar las emociones para no perjudicar nuestra planificación y productividad empresarial. Nos acompañó nuestro equipo completo de coaches! Vero Banega de Diario de Cuyo, Daniel G. Carmona de Vistage CUYO, Germán Peralta Danderfer de PISO ONCE Coaching de Vida, Maria Lorena Salas y Maria Josè Almerich Maurin de Conexxion. 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Visto y considerando que el sobrepeso del ajuste bestial sobre el umbral de la paciencia social provocó que éste se encuentre cercano a ceder, las luces amarillas en el tablero de comando gubernamental destellaron y el volantazo de timón desde las recetas ortodoxas para ajustar desbarajustes hacia el neodesarrollismo ya resuena al menos en el congreso con leyes para PyMEs y jubilados. Las apariencias importan, y hay que mostrar que lo peor pasó. ¿Macri se volvió populista? Analizar este viraje a una suerte de kirchnerismo prolijo conlleva a repasar la triada inflación-dólar-tasas y la obra de relojería suiza requerida para que los jinetes del equipo económico logren domar al unísono a estos tres purasangre. Lejos de cirugía fina, Massa dijo tiempo atrás que el gobierno ingresó al quirófano con una motosierra. Así graficó al herramental ultraconservador de política económica al que echó mano el gabinete y que redundó en una caída que canta 9,2% en el consumo en mayo y 10% para la industria. La imagen se parece bastante a la de un Presidente, que en el afán de mostrar rápidos reflejos, envía un claro mensaje a los alfiles de su dream team acerca de quién manda en casa. Los números del frenazo espantan, y al mandatario no le interesa que se le haga demasiado tarde para reaccionar. No solo en el congreso se ve el cambio del equipo del cambio: día a día la tasa y el dólar empiezan a replegarse: ¿se percibirá algún brote verde también en una inflación descendente? Analistas pregonan que la inflación de core, exceptuando la suba estacional de tarifas, habría comenzado a morigerarse. Aún así, el daño está hecho. Pero aquello que quería curarse (el déficit fiscal que deviene en inflación por emisión): ¿Se arregló realmente? Los números indican que la cifra que dejó el kirchnerismo, nunca vista luego del Gobierno de Alfonsín, a duras penas se reducirá un magro 0,4% este año. Más parece que en lugar de ajuste hubo reasignación presupuestaria. El problema es que esa reasignación, que se lleva las palmas en el sector productivo vía quita de retenciones, causa que el ciudadano de a pié al menos en el corto plazo masculle comprensible bronca, especialmente al salir del supermercado o abonar las boletas. Es que a fin del año pasado la plata en el mercado sobraba, pero no alcanzaba; y ahora no ocurre ni una ni la otra. Al Gobierno le costó mucho el timing para sincronizar esa apuesta al crecimiento resultante de normalizar la economía sin dañar bruscamente el mientras tanto. Parte de este complejo dilema se ve en la primera bailarina del tango económico. Se recurrió en 2016 a las tasas de referencia del Central para esterilizar pesos y desviar a los dolarizadores hacia LEBACS, pero luego de la sangría que esto trasladó a la economía, se hicieron evidentes los riesgos subyacentes y ya comenzaron a aflojar el torniquete. De esos subyacentes son los miles de millones en intereses acumulados de LEBACS que el BCRA deberá honrar. Déficit fiscal transformado en déficit cuasifiscal que, a medida que sigan bajando las tasas y menos inversores vayan a este instrumento, significarán nuevos pesos circulando en la economía por esos mismos intereses a abonar. Es de manual: el crédito es el principal mecanismo de creación de dinero, y la duda radica en si esta nueva emisión por los intereses pagaderos llegará justo a tiempo, cuando la economía comience a reactivarse. Otra vez, el timing y la sintonía fina en manos del central. Pero ese colateral luce insignificante si el observador pone su mirada en el segundo bailarín: el dólar. Cabe preguntarse por la calidad de los dólares que ya están ingresando y estresan a la mesa de dinero de la autoridad monetaria. ¿Cuánto de inversión real puede haber en un país con alta inflación, en la cual difícilmente una inversión en la economía productiva le gana con riesgo moderado a las LEBACS? Inversión que, de necesitar recapitalización deberá obtener créditos a tasas altísimas convalidadas por el mismo emisor de estas LEBACS. Más lógico parece concluir que lo que está ingresando es mucho de capital especulativo golondrina, que se pasa a pesos, va a la tasa, y sale rápidamente quizá incluso con un tipo de cambio inferior al que entró, convalidando la famosa bicicleta. Queda claro que con este instrumento con suerte se combate una de las patas (para algunos, la principal) de la inflación, que es el exceso de liquidez en moneda local, pero es una medida de corto a mediano plazo, y no combate eficientemente la inflación estructural de expectativas, la especulativa y el componente de concentración económica. Para lo segundo de la lista anterior, vuelve a la escena el dólar. La pregunta en la city durante la semana fue si se volvió a la historia de siempre, y la divisa se encuentra planchada nuevamente. Los agroexportadores, insaciables quizá, dicen que este dólar se quedó corto. ¿El gobierno juega ahora, como el anterior, al atraso cambiario como ancla inflacionaria? Algunos funcionarios se sentían más cómodos con el dólar a 15. Sea como sea, ya no es novedad para nadie que el Gobierno fijó su banda de flotación en un techo de los 16 de marzo y un piso de los 14 de junio. Estando ya en el piso, la incógnita decanta en lo que hará el BCRA. ¿Lo planchará y luego, como siempre, soportará todas las consecuencias juntas del atraso cambiario una vez más; o comenzará a intervernir, emitiendo pesos que van a la inflación por emisión, y luego al ciclo de tasas para reabsorverlos? Es útil recordar que el Central ya se ve forzado a emitir para cambiarles por pesos los dólares del nuevo endeudamiento a las provincias, Buenos Aires a la cabeza. Quizá para no volver a fomentar la bicicleta esperará al tan mentado “segundo semestre”: ¿Llegará este año? De nuevo, en el supuesto de la devaluación, la herramienta del dólar puede mejorar levemente la competitividad de corto, pero no soluciona los problemas de núcleo, y finalmente el “passthrough” (traslado a precios) se come la mejora. Para el mediano plazo en lo competitivo, ya Hacienda y el Central no inciden tanto y en el ajuste de esta perilla deberá tomar arte y parte el Ministerio de Producción: ¿Cómo canalizará las inversiones que aumenten capacidad instalada y calmen la inflación de demanda? ¿Más sustitución de importaciones o más integración en cadenas globales de valor? Hay más sobre esta tercer bailarina inflacionaria. Durante la década ganada, se utilizó como instrumento de política económica para estimular el consumo y desincentivar el ahorro, a la vez que en nominal el estado recaudaba más por ganancias e IVA ficticios y licuaba sus deudas en pesos. La idea era poner plata para la política en la calle, vía coparticipación. Lo que se olvidó en la receta fue el daño colateral de haber exterminado una vez más la credibilidad de la moneda y provocado la dolarización como instrumento de cobertura de los actores económicos ante la pérdida de valor de los ahorros. Tasas aún altas y dólar cayendo intentarían desmotivar este comportamiento dolarizante, hasta que el retraso sea tal que las expectativas devaluacionistas vuelvan y el ciclo sin fin vuelva a foja cero. La pregunta final en esta historia es si el misterioso plan económico no revelado o revelado en cuotas, radica en haber ejecutado una política fiscalista hasta mediados de año, achicar déficits y con ese nuevo colchón reasignar partidas para así poder enseñar grandes cambios en los indicadores económicos desde julio y demostrar que realmente los resultados mejoraron. Habrá que observar de cerca dichas variables. Observar y aguantar.
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