CAMINANTE
from Podcast de Pepe Castro Jimenez
CAMINANTE Las luces le ciegan y no divisa bien el camino, mira a lo lejos y encuentra a alguien que espera. Pasa a su lado y saluda, pero no le escucha, cree que no ha hablado lo suficientemente alto y eleva el tono de voz, más aún así, él sigue callado. Continúa su largo camino, y observa que ya las luces no le ciegan, por lo que aminora el paso. Pasa por senderos pedregosos, por vías de tren abandonadas, y bosques habitados por hadas. En aquel bosque de hadas hace una larga parada, desayuna con ellas y escucha sus historias que no le gustan nada. Le cuentan que en su bosque antes florido y lleno de vida, ahora se están muriendo las flores, los robles y los almendros. No entienden la razón, ya que el sol sale todos los días e inunda con su luz todo su bosque, y de vez en cuando llueve un poco calmando la sed de todos. El caminante tras observar a todas las hadas le pregunta al hada más pequeña: ¿qué crees tú que puede ocurrir en el bosque? y la pequeña le contesta que mire hacia el norte. Así lo hace y contempla en esa dirección un pueblecito pequeño donde las personas habitan y no parecen que al bosque hagan daño. Se acerca sigilosamente, y ve a personas que no parecen personas, a flores que no parecen flores, a robles que no parecen robles y a almendros que no parecen almendros. Observa como las personas caminan con un lastre todas ellas, y se acerca hacia un niño de poco más de seis años, para advertir que los lastres que portan son pesadas monedas, tan pesadas que no pueden erguirse y van encorvados. El niño lo observa con la misma extrañeza, pues ve a un hombre casi anciano que no lleva lastre ni va encorvado. El niño le cuenta que el lastre aunque sea pesado es algo que han de llevar todos, ya que desde tiempos inmemorables ha sido así y no debe ser jamás cambiado. También le cuenta que no disponen de suficiente oxígeno y que por ello han de traer las flores, robles y almendros hacia su pequeño pueblo, y que estos le disponen del oxígeno necesario. El caminante le pregunta al niño que por qué las flores, robles y almendros han de llevar el mismo lastre cargado con multitud de monedas. El niño solo contesta: no sé, siempre ha sido así, no me lo había preguntado antes ni creo que deba ser distinto a como es. El caminante le propuso que hicieran una prueba, que dejasen a las flores, robles y almendros sin lastre, ya que las hadas del bosque le habían contado que el bosque se estaba quedando sin vida. El niño se lo propuso al consejo de su pueblo , y este aceptó no de muy buen agrado, ya que las tradiciones no debían cambiar, así había sido por siempre jamás. Al día siguiente el caminante volvió al bosque, y pudo comprobar con asombro, como las flores, robles y almendros de nuevo vivían y florecían. Aunque no llegó a convencer a los habitantes del pueblecito, que si soltaban el lastre que portaban podrían caminar como él, y no irían encorvados nunca más si se desprendían del peso que tenían que soportar. Ellos no se dejaron embaucar por aquel hombre anciano, caminante de caminos, que andaba siempre erguido y no respetaba las tradiciones de sus respetables ancestrales. Las hadas siguieron en su bosque, cuidando de las flores, robles y almendros y el caminante anciano a pesar de sus ruegos, volvió de nuevo a su camino. Camino , unas veces más llano, y otras en cambio abrupto y pedregoso, pero al fin y al cabo , camino, que habría que continuar hasta sus días finalizar. La Rambla, a 5 de noviembre de 2013
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