Charles Dickens.El Guardavia2/3
from Podcast de Misterios
Puntual con mi cita, la noche siguiente puse el pie en la primera hendidura del zigzagueante camino cuando los relojes daban las once. Me esperaba allá en el fondo, con su linterna encendida. –No le he avisado –dije, cuando estuvimos más cerca–. ¿Puedo hablar ahora? –Por supuesto, señor. –En ese caso, buenas noches, y aquí está mi mano. –Buenas noches, señor. Aquí está la mía. Tras esto, caminamos, uno al lado del otro, hasta la caseta; entramos, cerró la puerta y nos sentamos junto al fuego. –Ya me he decidido, señor –comenzó inclinándose, en cuanto nos hubimos instalado, y habló en un tono que era poco más que un susurro–. No tendrá que preguntarme por segunda vez qué es lo que me turba. Anoche le tomé por otra persona. Lo que me turba es precisamente eso. –¿Esa confusión? –No. Esa otra persona. –¿Quién es? –No lo sé. –¿Es como yo? –No lo sé. Nunca he visto su cara. El brazo izquierdo le cubre el rostro y agita el derecho. Lo agita violentamente. Así. Seguí sus indicaciones con la mirada, mientras movía un brazo como queriendo dar a entender con la mayor pasión y vehemencia: «Por el amor de Dios, despejen el camino.»
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