EPISODE · Sep 26, 2017 · 5 MIN
CINCO MINUTOS CON EL TADECO DEL 26 DE SEPTIEMBRE DEL 2017
Hoy se cumplen tres años de la infamia de Iguala en contra de los estudiantes de Ayotzinapa, un adjetivo que nosotros le hemos dado desde nuestra visión, perspectiva y digna rabia a ese suceso que ha indignado a la humanidad entera. Hoy se cumplen tres años en que confirmamos a través de éste deleznable hecho, que la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales que hemos denunciado desde el 2007, es decir, estos delitos de lesa humanidad se perpetran desde las altas esferas del gobierno y responden a intereses del gran capital para reanimar la acumulación originaria del capital y perpetuarse en el control del planeta y de la humanidad a través del despojo, la explotación, el desprecio y la represión. Las líneas de investigación que estableció el GEI así lo muestran. Hoy se cumplen tres años en que confirmamos que la desaparición de nuestro compañero Jorge Gabriel Cerón Silva hace diez años no era ni una casualidad, ni un hecho aislado, ni un daño colateral, sino que es parte de esa estrategia perversa de la hidra capitalista que instrumentan los malos gobiernos que protegen a sus aliados y socios narco capitalistas y que junto con los casos que reclamamos en nuestro Comité de Familiares y Amigos de Secuestrados, Desaparecidos y Asesinados en Guerrero, son parte de la guerra que sostiene el capitalismo en contra de toda la humanidad. Hoy se cumplen tres años en que, de manera solidaria, desinteresada y comprometida, asumimos el apoyo a las familias e los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos, a los 5 asesinados y a los 2 heridos y que tuvimos que tomar distancia porque el impacto humanitario de éste hecho se convirtió en bandera política de grupos con los que no compartimos y quienes nos estigmatizaron y aislaron, por lo que decidimos distanciarnos sin renunciar a la solidaridad humanitaria. Hoy se cumplen 3 años en que nuestra propuesta y la de muchos colectivos de que los padres de los 43 propiciaran el acercamiento y la unidad de objetivos y principios con todos los colectivos de familiares de víctimas y acompañantes del país fuera desechada de manera prepotente y vanguardista. Hoy hace tres años que aprendimos que todo lo que se haga por verdad y justicia para nuestras víctimas es importante y respetable y que debemos hacer de éstas dos palabras: verdad y justicia, el punto de unidad de nuestras luchas, pues todas las vidas que reclamamos y reivindicamos valen eso, la vida, bajo el entendido de que los desaparecidos y asesinados son de todos, son del pueblo y que como seres humanos que nos hacen falta a todos, que no se pueden juzgar ni condenar a priori y bajo ningún criterio sus casos se pueden clasificar, estratificar, jerarquizar y menos aún discriminar y marginar a las víctimas ni a sus familiares y acompañantes de la lucha contra ésta inhumana violencia. Hace tres años que entendimos que no podemos justificar al Estado ni considerarlo como víctima de la delincuencia y mucho menos aliado en esta lucha por verdad y justicia, tampoco podemos aceptar que algunas de las llamadas ONG’s u organizaciones de diverso tipo, sustituyan y manipulen al sujeto fundamental de esta lucha que son las familias de las víctimas. Hace tres años que hemos advertido que algunos grupos que no se han comprometido ni han sido consecuentes en esta lucha, que, desde una posición de jueces y verdugos, estratifican, jerarquizan y discriminan a las víctimas de ésta inhumana violencia, tratan de sobreponer y destacar algunos casos por encima del conjunto, excluyendo a aquellas víctimas que carecen de los títulos y galardones de heroicidad de su llamada lucha social. Tres años en que hemos dicho que nos parece inadecuado construir “casos emblemáticos” y sobreponer y destacar algunos casos por encima del conjunto, excluyendo a aquellas víctimas que para algunos carecen del estigma de la llamada lucha social, pues esto divide nuestras fuerzas y le hace el juego al Estado, que es quien debería juzgar, esclarecer los casos y dar verdad y justicia Hoy como hace tres años, creemos firmemente que nuestros desaparecidos y asesinados reclaman que seamos dignos, que hagamos de nuestra lucha por ellos y por mundo nuevo que soñamos, un camino sin oportunismos, sin las mentiras del idealismo fantasioso o religioso y sin las desviaciones infantilistas de la izquierda que construye casos emblemáticos o paradigmáticos para arriar a las masas hacia mataderos como el llamado Estado Benefactor gobernado por vanguardias y mandones iguales o peores que los mandones capitalistas. Hoy hace tres años que aprendimos que las palabras verdad y justicia son más grandes que todas las consignas, las acciones heroicas y contundentes y de las formas de lucha superiores, que son dos palabras tan chiquitas y tan llenas de dignidad, que llevarlas en el corazón, la acción cosecuente y la memoria nos orientan en la construcción del mundo nuevo, que si es posible.
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