EPISODE · Jan 5, 2026 · 55 MIN
Luis Monge Malo (Mongemalo): «la inflación es un robo que no requiere la violencia»
from Cryptocapital · host Carlos Puig Sagi-Vela
Luis Monge Malo se definía a sí mismo como «el ingeniero que ama las ventas». Es experto en ventas y marketing, orador, escritor y emprendedor, socio de la empresa de ticketing Entradium, y se ha hecho un nombre desmontando los lugares comunes del oficio comercial. Empieza desarmando al presentador: «estaría bien que alguna vez dijerais: hoy tengo un invitado muy poco especial». En el criptotest no se queda a medias: «creo que el Bitcoin es el mejor y mayor invento de la humanidad, el que más trascendencia tendrá, por encima de internet, de la electricidad o de la telefonía». Aviso de transparencia: a mitad de programa Carlos Puig interrumpe para recomendar abiertamente la membresía de ventas del invitado —«si yo me tuviera que quedar solo con una, me quedaría con la tuya»— y aclara en antena que no le han pedido decirlo ni le pagan por ello. DE QUÉ SE HABLÓ La inflación como el peor mal de la humanidad, que es el corazón del programa. La frase la resume: «la inflación es un robo que no requiere la violencia». Y la desarrolla en tres planos. El primero, el conflicto de intereses: quien la genera se beneficia de ella y quien la sufre no tiene ningún poder de decisión, porque el que la decide es un deudor —el Estado— al que devaluar su deuda le abarata pagarla. El segundo, el horizonte vital: sostiene que las grandes obras de la historia se hicieron donde había dinero duro, porque solo entonces se podía acumular capital suficiente para un proyecto que te sobreviviera, y que la sociedad de usar y tirar es hija de lo contrario. El tercero, el más discutible y el que mejor defiende: que las guerras no existirían sin inflación, porque «al comercio no le interesan las guerras; el comercio es una tecnología pacificadora» que allí donde llega concluye que sale más a cuenta negociar que matarse. Y remata con una pregunta que deja en el aire: «un día estudiaremos en la historia cómo pudo una sociedad sobrevivir tantos años con un sistema inflacionario». La crítica más dura a Bitcoin se la hace él mismo. Cuando se le pregunta cuál es el reproche más sólido que se le puede hacer, no se escuda: que no sea inflacionario. Su razonamiento es honesto y poco habitual entre entusiastas: el mejor medio de intercambio sería aquel cuyo valor se mantuviera constante, y para eso haría falta poder emitir lo justo cuando sube la demanda y retirar cuando baja. Con una emisión totalmente inflexible eso es imposible, así que «el Bitcoin hoy ya no sería un buen medio de intercambio, porque no sabes lo que va a valer mañana, y no por un poquito». Su conclusión no es renunciar, sino repartir funciones: Bitcoin como reserva de valor y como manera de trasladar valor en el tiempo, y otros criptoactivos, esos sí con capacidad de emisión, haciendo de medio de intercambio. De ahí que no se considere maximalista: cree que hay sitio para más de una, «y de hecho es necesaria más de una». Por qué el dinero del banco no es tuyo, con casos reales y no con hipótesis. El argumento arranca con algo que cualquiera comprueba cada mes: el IRPF no lo transfieres tú, desaparece de tu cuenta. Y cuando se le objeta que más allá de los impuestos eso suena apocalíptico, responde con una lista de precedentes comprobables: la huelga de transportistas de Canadá, donde se congelaron las cuentas de quienes protestaban; la quita a los depositantes chipriotas en la crisis de 2008; los corralitos de Argentina y los controles de Venezuela; Grecia; Islandia. «El dinero de la cuenta no es tuyo. El activo cripto es tuyo. Valdrá más o valdrá menos, tendrá mucha o poca volatilidad, pero la propiedad es absoluta.» Y la pregunta con la que cierra el bloque: si tuvieras que apostar, ¿dentro de diez años habrá más impuestos o menos? Cómo apostó, y cómo se le escapó la primera vez. Defiende concentrar en lugar de diversificar, con un matiz que importa: «lo de repartir los huevos es un error cuando eres pobre», porque repartiendo se conserva pero no se escala, y la diversificación llega cuando ya has acertado una. Y entonces cuenta su propio fracaso, que es la mejor parte de su relato. En 2014 un cliente con una granja de minado le encargó un software y de paso intentó convencerle; él lo despachó con «esto es una chufa, esto es una estafa», llegó una de las grandes caídas, se dijo «¿ves? qué razón tenía», y se olvidó durante años. No volvió a entenderlo hasta 2020 o 2021. Incluso lo intentó en 2015 y no pudo: era demasiado complicado comprarlo. Su lectura de aquello es generosa: que casi todo el mundo recorre ese camino, y que esa adopción lenta ha protegido al propio Bitcoin de crecer demasiado deprisa. La caja fuerte, y por qué discrepa de Taleb, Buffett y Harari. A la objeción de que Bitcoin no tiene valor intrínseco responde con una imagen: es la caja fuerte más segura del mundo, probablemente la tecnología que más ataques ha recibido en la historia sin que ninguno haya prosperado, y «las cajas fuertes valen dinero». Sobre Warren Buffett es comprensivo y afilado a la vez: su postura le parece perfectamente coherente con un patrimonio construido sobre deuda y apalancamiento, «es como si BlackBerry hubiera dicho: compra un iPhone, que es mejor». Es más, dice que le tranquiliza tenerlo en contra, porque si el statu quo lo apoyara sospecharía. De Taleb opina que habla mucho y que por puro volumen acumula errores, y le reprocha su tratamiento de la moral en «Skin in the Game»; de Harari, que el capítulo sobre el dinero de «Sapiens» contiene incorrecciones. Y recuerda que el cambio de bando es la norma: Michael Saylor tiene fijado en su perfil el tuit de 2014 en que llamaba estafa a Bitcoin, y el propio Taleb prologó «El patrón Bitcoin» antes de cambiar de opinión. Y una previsión, que conviene leer como lo que es. Preguntado por el cálculo de que 0,33 bitcoins equivaldrían hoy al patrimonio de un millonario, responde que un bitcoin llegando a tres millones de dólares «no me cabe duda», y sitúa el plazo, «poniendo mucha prudencia», en quince años. Es una previsión personal hecha el 5 de enero de 2026, no un dato, y así hay que tomarla. Ventas: por qué el cripto no se vende tan mal como parece. Aquí da la vuelta a la pregunta. En 2009 comprar un bitcoin exigía ser «un superfriki», sin carteras, sin exchanges, sin nada, y aun así la planta agarró: «¿qué producto del mundo habría sobrevivido a esas barreras de entrada, si productos mucho más fáciles fracasan por el coste de adopción?». Su explicación es que «el Bitcoin tiene la capacidad de fanatizar más que ningún producto en la historia», y que por eso funciona el boca a boca pese a la mala prensa. Y de la mala prensa da una lectura de intereses: los medios generalistas que dependen de la publicidad institucional y las grandes fortunas construidas sobre deuda están en contra, «y aun así la adopción sigue creciendo». De ahí su regla de oficio, que vale para cualquier sector: «tu coste de captación es directamente proporcional a lo aburrido que seas». Cuando se le pide el mensaje que usaría si le contratara un bróker de cripto, no duda: decirle a un público con dinero que «te crees rico, pero eres pobre; eres adinerado, que no es lo mismo; rico hay muy pocos en el mundo y hay muy pocas oportunidades de serlo, y esta es una». Y explica por qué casi nadie se atreve: porque es cómodo refugiarse en «mi caso es distinto», «mi cliente se ofendería», «mi producto es aburrido». Su método es empujar la frontera hasta encontrarla: «¿qué es lo peor que puede pasar si se ofende? Que se ofenda». Por qué ha cambiado de tema en su canal. Resume así el giro: «yo pensaba que vendía ventas. Yo vendo libertad». Considera hablar de cripto una forma de activismo, pero acota su papel con honestidad —«yo no soy el que más sabe», y recomienda dos veces a Pepe Díaz, que había pasado ya por este mismo programa— y anuncia que seguramente no volverá mucho sobre el asunto: «esta es mi contribución a que eso avance; ahí lo dejo». UNA ACLARACIÓN NECESARIA Al hablar de qué pasará si el precio sube tanto que un satoshi valga mucho, en antena se menciona «una fórmula que se llama split» que permitiría llegar a más decimales. El propio invitado avisa de que no es su terreno y remite a un experto, y conviene precisar: el satoshi es la unidad mínima en cadena —un bitcoin se divide en cien millones, ocho decimales— y esa cifra está fijada en el protocolo. Aumentar la divisibilidad exigiría un cambio de protocolo acordado por la red; no existe ningún mecanismo llamado «split» que lo haga, y la analogía con el desdoblamiento de acciones no se aplica aquí. Fuera de la cadena, la red Lightning ya lleva la cuenta en milisatoshis, es decir, en fracciones más pequeñas que un satoshi. EL CRIPTOENIGMA ¿Cuál es la principal diferencia entre una blockchain pública y una privada en términos de transparencia y privacidad? En una pública, como la de Bitcoin o Ethereum, todas las transacciones son visibles para cualquiera: se puede ver la información completa aunque no se conozca la identidad de quien está detrás, lo que permite auditarla de forma abierta. En una privada, el acceso a las transacciones se limita a un grupo concreto de participantes, normalmente aprobado por la entidad que administra la red, de modo que los datos pueden mantenerse reservados, algo pensado para empresas que necesitan controlar la visibilidad de sus operaciones. Y el criptoconsejo del día, muy en la línea del invitado: simplifica. En cripto y blockchain, menos es más; si el cliente no entiende, no comprará. LA FRASE CON LA QUE SE DESPIDE La toma prestada del filósofo Antonio Escohotado: «investiga para encontrar, no para confirmar». Un antídoto contra el sesgo de confirmación que, dice, mata muchas buenas ideas. ENLACES DEL INVITADO Su web y su membresía de ventas: https://mongemalo.com Su canal de YouTube, «Luis Monge Malo», donde están los tres vídeos que se comentan en el programa: «Las reglas del dinero», «El mejor invento de la humanidad: cómo funciona el Bitcoin» y «Bitcoin: motivos para desconfiar» Es además socio de Entradium, empresa de ticketing Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.
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