EPISODE · Sep 21, 2026 · 55 MIN
Ricard Bou (Xakamoto): su padre quiso bitcoin y se echó atrás al oír «autocustodia»
from Cryptocapital · host Carlos Puig Sagi-Vela
Ricard Bou es ingeniero de telecomunicaciones por la Politécnica de Cataluña y ha pasado quince años dirigiendo proyectos para multinacionales en consultoras como NTT Data (la antigua Everis), NAE e Intelcia. Está en Bitcoin desde 2018 —aunque ya en 2010 intentó minar con un PC porque un amigo se lo explicó— y en enero de 2026 lo dejó todo para fundar Xakamoto y fabricar en España el Xaka, que él define como una caja fuerte hecha joya. Sale al mercado este mes de octubre. Dos apuntes de su biografía que explican bastante: a los diez años su padre le regaló un ZX Spectrum, y a los trece le echaron de una academia de informática porque el profesor llamó a su madre para decirle que ahorrase ese dinero, que no tenía nada que enseñarle. DE QUÉ SE HABLÓ El origen del invento es su padre. Después de oírle hablar de Bitcoin durante años, un día le dijo que quería comprar… y le enseñó unas monedas doradas que vendían en Amazon preguntándole cuál le compraba. Cuando su hijo le explicó lo del exchange, después lo de la billetera fría, después la generación de la clave y el cuidado con el papel, su padre llegó a una conclusión inamovible: «ya no quiero Bitcoin». Él lo quería tocar. «Es que él entiende las cosas tocando.» De ahí salió la pregunta que montó la empresa: ¿y si el problema no es mi padre, sino cómo estamos obligando a la gente a guardar bitcoin? Qué es exactamente el Xaka. Una hucha, y la palabra está elegida a propósito. El dispositivo genera la clave privada dentro y no te la da: se la queda bajo un precinto digital. Puedes ingresar bitcoin tantas veces como quieras, y el día que quieras sacarlo tienes que romper el precinto, con lo que el aparato queda marcado para siempre. Mientras el precinto está cerrado es un objeto al portador —ideal para regalar en una boda o un bautizo, y para heredar—, y es lo contrario de un monedero convencional, donde la clave o las doce palabras están expuestas desde el primer instante. Es cerámica de alúmina o de circonia con corona de plata o de oro, unos cuatro centímetros y medio, y pesa: «si vas a guardar mucho bitcoin, no puede ser cualquier cosa». Tres colecciones y tres mujeres. Inés es la accesible, de alúmina, pensada para quien quiera probar la tecnología, y se llama así por Inés de Suárez, la extremeña que cruzó el Atlántico buscando a su marido, no lo encontró y acabó fundando Chile con Pedro de Valdivia: «una mujer valiente, exploradora; creo que los valores están ahí». Cristina, de circonia y joyería de verdad, lleva el nombre de su pareja, que fue quien le dio la idea de diseño que resolvió el producto. Y Josefina, la colección a medida, lleva el nombre de su madre y el de Josefina de Beauharnais, que escribía mensajes cifrados en sus joyas con las iniciales de sus familiares. Del lanzamiento salen primero 42 unidades de Inés, un número que no es casual en la mitología de Bitcoin. La pregunta incómoda: ¿y si os pasa lo de Coldcard? Este verano, un fallo en la generación de números aleatorios dejó predecibles las semillas de una de las billeteras más respetadas del mercado. Su respuesta no es una promesa, son procedimientos: el chip lleva un generador por hardware certificado, pero en fábrica se le piden miles de muestras y se comprueba estadísticamente la distribución, y además se le corta la corriente para ver si al arrancar repite el mismo número —el test que el análisis estadístico por sí solo no detecta—. Han publicado una herramienta de código abierto para que cualquier usuario verifique por su cuenta que su propio generador funciona, «para esos muy expertos a los que les dices don't trust, verify». Y el Xaka se autodiagnostica en cada consulta: si detecta que el generador se ha roto, deja de crear claves nuevas y solo te permite una última firma, la de sacarlo todo. El firmware, dice, no se actualiza: es el que hay. Lo que hace y lo que no hace. Sí hay copia de seguridad, pero cuesta algo: hacen falta dos Xakas y una ceremonia en la que uno cifra su clave para el otro sin que salga nunca en claro, y los dos quedan desprecintados, porque ya no son únicos. La contraseña tiene un mínimo de doce letras, solo mayúsculas y espacios —nada de números, porque a mano una O y un cero se confunden—, pasa por un proceso criptográfico lento (Argon2id) y cada intento fallido alarga la respuesta hasta unos veinte segundos, sin llegar a bloquearse nunca. Y reconoce el punto flaco que le señaló Lunaticoin: la clave pública no cambia, así que si se la das a alguien, esa persona ve toda tu historia. Su respuesta es coherente con el producto: para eso no es. Recibe el dinero en otra billetera y envíatelo tú mismo a la hucha. La herencia, que casi nadie prepara. «Todos los días se pierden bitcoins» porque alguien se muere sin dejar instrucciones. El Xaka trae una opción en el menú que genera un PDF para imprimir y guardar junto al aparato, explicando a quien lo encuentre qué es eso que tiene delante y cómo sacar los fondos: el aparato, la contraseña y las instrucciones. Y como la aplicación será de código abierto, funcionaría aunque la empresa desapareciese. También se habló de aduanas y de por qué llevarlo encima no es como llevar oro. Transparencia: Carlos Puig declaró en antena que él mismo es uno de los compradores del dispositivo. EL CRIPTOENIGMA Hace quince años, un americano de Sandy (Utah) llamado Mike Caldwell se puso a acuñar monedas de metal de verdad y a esconder dentro de cada una, bajo un holograma antimanipulación que al despegarse deja a la vista un panal de abeja, la clave privada de unos bitcoins. Se llamaban Casascius, por su apodo. Quien tenía la moneda tenía los bitcoins. Se vendieron hasta el 26 de noviembre de 2013, y al día siguiente paró en seco. No fue un fallo técnico ni un robo: fue FinCEN, la unidad antiblanqueo del Tesoro de Estados Unidos, que le comunicó que acuñar bitcoins físicos le convertía en un negocio de transmisión de dinero. A partir de ahí solo vendió monedas vacías para coleccionistas. Y fijaos en la vuelta que da esto: aquellas monedas llevaban bitcoin de verdad dentro; las monedas doradas de Amazon que el padre de Ricard le puso delante no llevaban ni uno. Entre una cosa y otra está el hueco que ha venido a contarnos el invitado de hoy. ENLACES DEL INVITADO LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/ricardbou/ Web: https://xakamoto.com Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.
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