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Rubén Martínez Fanals (Agilibus): «cuando te dicen no te preocupes, empieza a preocuparte» episode artwork

EPISODE · Jun 1, 2026 · 55 MIN

Rubén Martínez Fanals (Agilibus): «cuando te dicen no te preocupes, empieza a preocuparte»

from Cryptocapital · host Carlos Puig Sagi-Vela

Rubén Martínez Fanals es ingeniero químico de formación y reinventó su carrera pasados los treinta gracias a su dominio de los modelos financieros, lo que le llevó a Nueva York a trabajar en un fondo de capital privado. Durante casi una década lideró como director financiero grandes proyectos de energía solar en El Salvador y Panamá, y su cabeza inquieta —adicta al aprendizaje continuo y a programar en Python— acabó empujándole a la Web3. Hoy es director de operaciones de una firma de inversión multiestrategia, gestiona un hedge fund denominado en bitcoin y coordina operativas desde Estados Unidos hasta las Islas Caimán y las Islas Vírgenes Británicas. Su marca personal se llama Agílibus, de un término latino que habla de habilidad, destreza e ingenio para desenvolverse en la vida y resolver problemas: «una habilidad fundamental en esta época que nos ha tocado vivir». DE QUÉ SE HABLÓ «Moverse antes de que te muevan.» En 2014 trabajaba en una empresa de aerogeneradores que iba a ser comprada por General Electric. Miró los organigramas de las dos compañías y vio lo que nadie decía en voz alta: demasiadas duplicidades, sobraba gente. Mientras los canales oficiales repetían que no se preocupara. Su conclusión es de las que se guardan: «cuando te dicen no te preocupes, comienza a preocuparte, y comienza a plantear cuáles son los escenarios alternativos». No tenía contactos, ni experiencia, ni formación en finanzas, solo lo aprendido en el sector; así que aplicó lo que Taleb llama opciones asimétricas —poco que perder, mucho que ganar—, se formó por su cuenta con cursos online y, en sus palabras, «saqué la metralleta y empecé a disparar a todo lo que se meneaba». Uno de los disparos aterrizó en un fondo de infraestructuras de Nueva York que negociaba un parque eólico en México y no tenía a nadie que supiera de eólica. Y la letra pequeña de esa decisión, que no suele contarse. Su mujer estaba embarazada y avanzada de embarazo, así que llegaron solos a Nueva York, «sin familia, sin amigos y sin ginecólogo», porque ningún médico quería asumir la responsabilidad a esas alturas. Varias semanas de incertidumbre muy largas. Su hijo nació allí y salió bien, pero no edulcora el final: «si ahora me preguntas, no creo que lo volviera a repetir». El salto a la Web3, por curiosidad y publicando en abierto. Se interesó por Bitcoin en 2012 —LocalBitcoins, intercambios entre particulares, ingresos en cajeros, cuando las unidades eran enteras— y lo cuenta con una honestidad poco habitual: «con todo esto debería ser ya un criptobro, pero todavía no, porque la mente te juega malas pasadas y en cuanto sube un poquito dices: esta es la mía». Años después llegaron a sus oídos los tokenomics, que encajaban como un guante con lo suyo, los modelos financieros. Y como formarse sin tocar la realidad no sirve de nada, hizo un modelo de tokenomics «porque sí» y lo publicó. Le contactó el fundador de Grindery —un monedero de criptomonedas dentro de Telegram— y acabó diseñando el modelo para canjear sus tokens sociales por tokens reales. El proyecto no llegó donde prometía, y también eso lo cuenta: «el fundador te va a hablar maravillas, te va a decir que es el siguiente unicornio; hay que blindarse frente a esos cantos de sirena». Qué mirar en unos tokenomics, en una frase. «Tokenomics es un término muy sofisticado para hablar de oferta y demanda.» La oferta es fácil: la define el proyecto —21 millones, y punto, en el caso de Bitcoin— y puedes complicarla con bolsillos para fundadores o airdrops, pero la creas tú. «La demanda no la creas tú.» Ahí está todo: por qué alguien querría ese token, qué valor le aporta. Y su conclusión es desmitificadora: no es tan distinto del lanzamiento de un producto al mercado, solo que cuesta más analizarlo. Cómo funciona por dentro un hedge fund denominado en bitcoin. Cuenta lo que los contratos de confidencialidad le permiten contar, y es bastante: una estructura máster-feeder con el fondo máster en Caimán, un brazo para inversores no estadounidenses y otro —un limited partnership de Delaware— para los americanos, confluyendo ambos en el máster, que es donde se invierte. El ticket de entrada: cien bitcoins. Y la operativa, con certificado EPAT de trading algorítmico a la espalda: como el mercado cripto está muy fragmentado, se reparte el capital entre varios mercados a través de un prime broker y se operan pares contra moneda estable con estrategias que no buscan dirección sino volatilidad y volumen. «Nosotros no nos comemos el spread, estamos al otro lado»: aportan liquidez cuando hace falta, y por eso un desplome les beneficia. Sobre la custodia es igual de claro, aunque le duela: usan Coinbase «a pesar del dolor de cabeza del KYC y el compliance», porque con dinero de inversores la responsabilidad de la autocustodia es demasiado grande para asumirla. Como Strategy, recuerda el programa, que tampoco guarda sus bitcoins en una billetera con doce palabras apuntadas. El momento en el que el invitado cambia de opinión en directo. Llega diciendo que no es maximalista por prudencia, y que uno de sus miedos es la computación cuántica. Carlos le devuelve la pregunta: si llegara a romper claves, ¿no tendríamos antes un problema mucho más grave con las cuentas, los fondos y las acciones del sistema tradicional, que son la inmensa mayoría de los activos del mundo? Y responde lo que casi nadie responde en una entrevista: «la verdad es que no había pensado en eso, pero tienes toda la razón. Me acabas de abrir una ventana que me va a hacer replanteármelo». De paso baja el debate al suelo con un caso real de phishing en una plataforma de inversión: «no hace falta ni siquiera irse a la computación cuántica». El eslabón más débil sigue siendo el humano. La energía, los bancos centrales y la historia del dinero. Sobre el consumo de Bitcoin —cifra que él mismo da, unos 169 teravatios hora al año— su argumento no es que no se gaste, sino en qué se convierte: «estás convirtiendo energía en seguridad y en valor», porque cada bloque minado hace la cadena anterior más difícil de reescribir. Sobre la hostilidad inicial de los bancos centrales ofrece dos hipótesis y ninguna les favorece: «puede que sean malos o puede que sean tontos». Y cierra con la idea que más le preocupa que la gente ignore: durante la mayor parte de la historia de la humanidad el dinero fue privado, no estatal, y Bitcoin es dinero privado con una capacidad tecnológica que no tuvieron ni las ciudades hanseáticas ni Venecia. Con un apunte histórico incómodo: la Primera Guerra Mundial se alargó más de lo que debía porque cuatro bancos centrales abandonaron a la vez el patrón oro. EL CRIPTOENIGMA ¿A qué desarrollador le envió Satoshi Nakamoto una correspondencia de 120 páginas entre 2009 y 2011, en la que predecía que el altísimo consumo energético de la prueba de trabajo se convertiría en el principal argumento en contra de Bitcoin? A Martti Malmi, que hizo públicos esos correos hace poco. En ellos Nakamoto ya anticipaba la crítica, y la contestaba por adelantado: el coste energético seguiría siendo infinitamente menor que el despilfarro de mantener el sistema bancario tradicional. Y el criptoconsejo, que es del propio invitado: la educación online está muy bien, pero muchas veces es procrastinación disfrazada. Puedes ver cientos de vídeos sobre cómo invertir, pero el conocimiento real no llega hasta que pasas a la acción. ENLACES DEL INVITADO Web y newsletter: https://agilibus.es LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/fanals/ Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.

Episode metadata supplied by the publisher feed · Published Jun 1, 2026

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