EPISODE · May 4, 2026 · 55 MIN
Aldona Zukowska y Cristina Gil (MadBitcoin Summit): la inflación es el robo más institucionalizado
from Cryptocapital · host Carlos Puig Sagi-Vela
Hoy vienen dos. Aldona Zukowska-Caramés tiene casi veinte años de carrera en la banca tradicional: fue directora de transformación y responsable de operaciones en Banco Santander, Openbank, Liberbank y UniCredit, gestionando equipos de hasta 150 personas, y fue profesora de macroeconomía y finanzas en la Universidad de Cracovia. Desde mayo de 2025 es fundadora y CEO de MadBitcoin y organizadora del MadBitcoin Summit, que se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los días 11 y 12 de mayo de 2026, con eventos paralelos el fin de semana previo. En el programa cuenta además que acaba de incorporarse como profesora del Máster en Bitcoin de la Universidad de las Hespérides, en su edición global. Cristina Gil es su directora de desarrollo de negocio: se dedica a la venta de grúas, contactó con Aldona por LinkedIn en febrero y acabó dentro del proyecto. Es la segunda visita de Aldona al programa, y la primera de Cristina. La conversación se grabó una semana antes del evento. DE QUÉ SE HABLÓ De la gran banca a Bitcoin, sin pasar por el escepticismo. Casi todos los invitados cuentan que al principio desconfiaron. Ella no: «yo no fui escéptica en ningún momento». Descubrió Bitcoin en 2017, lo dejó aparcado por la carga de trabajo del banco, volvió en 2019 al escuchar a Michael Saylor y se enganchó del todo cuando en agosto de 2020 lo vio entrar all in. Lo que vino después lo describe sin adornos: «empecé a tener una esquizofrenia, porque trabajar en el banco y descubrir Bitcoin es que hay tanta fricción entre estos dos mundos». Su salida fue escribir sobre cómo el banco podría aprovechar Bitcoin como colateral, hace dos años, cuando casi nadie hablaba de eso; hoy varios exchanges y bancos ya anuncian préstamos con bitcoin como garantía. Y hay un detalle que explica su cambio: daba clase de la macroeconomía tradicional «que pensaba que así debería funcionar el mundo», hasta que Bitcoin se lo tumbó entero. Por qué hacía falta un evento así en Madrid. El diagnóstico es simple: el conocimiento existe, pero está en inglés y fuera. «Cualquier persona con quien hablo sobre Bitcoin no sabe ni siquiera que existe.» Después de un año recorriendo conferencias por el mundo, lo que la convenció no fue el contenido sino el ambiente: «la energía que se respira, cómo la gente se ayuda, cómo se cuida, cómo quiere colaborar, no la encontré en mi vida en ningún sitio». De ahí el enfoque, que la distingue de los eventos más técnicos: empresas, instituciones y banca, casos de uso reales. Su argumento es de banquera: nadie pregunta cómo funciona el correo bancario cuando abre una cuenta, solo quiere que su tarjeta funcione, y con Bitcoin debería pasar lo mismo. Hubo talleres prácticos de cómo abrir una cartera fría y cómo montar un nodo, y también mesas sobre inteligencia artificial y longevidad. Lo más difícil no fue traer ponentes —«todos quieren venir a hablar»— sino los patrocinios: arrancaron en marzo con el precio en máximos y por el camino llegaron la caída y la guerra. Hubo momentos de tirar la toalla, y lo dice con todas las letras. Lo que la sostuvo: «no me imagino volver atrás». El agujero que hay debajo de todo: la educación financiera. Es la parte más dura del programa y la menos cómoda. «Aquí no hay educación sobre economía, no hay mucha educación sobre tus finanzas privadas», y lo ejemplifica con su hija en secundaria: le enseñan mucho sobre neandertales y nadie le ha explicado nunca qué es el dinero ni por qué conviene ahorrar. En la universidad tampoco: salvo que estudies economía, y aun así «todo es la filosofía de Keynes», con la escuela austríaca —Mises, Rothbard— fuera del temario; por eso valora iniciativas académicas que sí la incluyen. Su comparación incomoda: en El Salvador se enseña a usar una cartera desde primaria. Y su receta, literal: «menos fútbol y menos Netflix y más libros». Del lado político añade un aviso sobre la identidad digital y el control, con una conclusión práctica: si la gente no sabe que esas cosas existen, no va a levantar la mano para decir que no está de acuerdo. El momento en el que el entrevistador corrige a la invitada. Aldona dice que la gente quiere saber que su dinero está en el banco y que puede sacarlo cuando quiera, y Carlos la para: eso no es verdad, y precisamente por eso existe Bitcoin. Ella lo acepta en el acto —«en teoría el dinero es tuyo»— y Cristina lo remata con algo que vivió en sus propias carnes. De ahí sale el hilo más afilado de la hora: en España la ley de seguridad nacional permite expropiar activos por interés nacional, hay casas ocupadas de las que nadie sale, y los bancos solo guardan una fracción de lo que figura en las cuentas. La pregunta que queda en el aire es «¿qué es realmente tuyo?», y la respuesta que se dan es «nada». Frente a eso, su definición de Bitcoin: «es el único dinero del mundo que nadie puede controlar», y la primera vez en la historia que alguien tiene en sus manos una propiedad que de verdad es privada. La inflación, explicada como lo que ella cree que es. Aquí está el titular: «el robo más institucionalizado, y el que la gente menos entiende, es la inflación». Y lo baja a números que cualquiera puede seguir: si el objetivo declarado de los bancos centrales es un 2 % anual, en treinta y dos años se ha ido la mitad de tus ahorros. Da además un dato propio, suyo, que conviene tomar como suyo: según sus cuentas el euro habría perdido cerca de la mitad de su poder adquisitivo en los últimos siete años. La consecuencia la plantea como una pregunta moral más que financiera: trabajas toda la vida, no ves a tu familia, pierdes salud esperando la jubilación, y todo ese esfuerzo lo guardas en algo cuyo valor alguien puede reducir pulsando un botón. Frente a eso, los 21 millones: ya se han emitido veinte y el último se acabará de minar hacia 2140, y detrás de esa cifra hay energía y matemáticas que impiden falsificarla. Ni siquiera el oro cumple eso, porque cada año se mina más. El hermano que cree que te han abducido los extraterrestres. Carlos le plantea un caso real y personal: un hermano con su misma educación, buena carrera profesional, persona inteligente, convencido de que se ha vuelto majara o de que está metido en algo turbio. ¿Qué harías tú? La respuesta empieza por reconocer el límite: «es difícil estudiar Bitcoin en cinco minutos, porque son miles de horas». Y sigue por donde ella cree que sí se entra: es el único activo que nadie puede estropear. El resto del argumento son analogías que la audiencia reconoce: el correo electrónico, que iba a desaparecer en dos años y acabó con las cartas; el pago con tarjeta; las compras por internet, cuando se decía que nadie compraría algo sin verlo. Cristina añade el matiz institucional: que los grandes ya lo adopten funciona como garantía para quien se acerca por primera vez. Los productos que casi nadie conoce, contados con su pega. Es la parte más técnica y la más delicada, así que conviene decir de dónde sale: es el relato de la invitada. Las empresas que guardan su tesorería en bitcoin han empezado a emitir acciones preferentes que pagan en el entorno del 11 o el 12 % anual con una volatilidad de apenas uno o tres puntos, pensadas justo para quien ve el potencial de Bitcoin pero no soporta sus vaivenes; hay además plataformas que permiten comprarlas desde cualquier país e incluso prestan el dinero para hacerlo a cambio de un 3 %. Su lectura de a dónde lleva esto es que el creador de la mayor de esas tesoreras «ha creado el Banco Central Mundial», y como prueba cita que levanta miles de millones en días. El propio programa pone la pega que falta: el riesgo no desaparece, se desplaza a que la compañía que hay detrás siga existiendo. Nada de esto es una recomendación de inversión, y la propia invitada remata el programa con el criptoconsejo contrario a la euforia. Y una etiqueta que ella misma se quita. Se la presenta como maximalista de Bitcoin, y a mitad de entrevista matiza: «yo soy bitcoiner, pero en la definición pura de maximalista no lo soy», porque el maximalista de verdad no quiere saber nada de bancos ni de instituciones financieras. Su posición es la opuesta, y es coherente con el evento que montó: si de verdad se busca una adopción masiva, el paso natural es que Bitcoin entre en el día a día financiero. «No podemos dejarlo solamente en las manos del retail.» EL CRIPTOENIGMA ¿Por qué los primeros 50 bitcoins generados por Satoshi Nakamoto en el bloque Génesis no se pueden gastar ni transferir nunca, y qué representa eso para la red? Por una peculiaridad en cómo se codificó el bloque 0, minado el 3 de enero de 2009: la transacción base de ese bloque no se añadió a la base de datos de transacciones no gastadas —el conjunto UTXO— del software original. Los 50 BTC existen en la dirección, pero la red no los reconoce como gastables. Con el tiempo esa dirección se ha convertido en una especie de santuario digital al que la comunidad sigue enviando fracciones de bitcoin a modo de tributo. Y el criptoconsejo del día, que va justo en contra del ruido: el mercado de las criptomonedas está lleno de euforia de redes sociales, así que no tomes decisiones financieras basándote en ella. Estudia primero, invierte después. ENLACES DE LAS INVITADAS MadBitcoin Summit: https://madbitcoinsummit.com Aldona Zukowska-Caramés en LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/aldonazukowskacarames/ Cristina Gil Hernández en LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/cgilhernandez/ Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.
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