EPISODE · Jun 18, 2021 · 52 MIN
¿De quién y para quién son las vacunas? | Daniel Vizuete, Andrea Gómez, Inti Kory Quevedo
from Frente Radiosa · host Frente Radiosa
El viernes 11 de junio, el presidente Guillermo Lasso anunció la firma de un contrato para adquirir vacunas contra la COVID-19 al laboratorio chino, CanSino. A diferencia de las otras vacunas disponibles en Ecuador, las vacunas CanSino requieren una sola dosis y servirán para inocular a 6 millones de personas. El gobierno nacional fortalece así el stock de vacunas disponibles en un futuro cercano, sin embargo, ¿es suficiente para cumplir su meta de vacunar 9 millones en 100 días? Una arista del debate alrededor de las metas del plan de vacunación supone la escasez de vacunas disponibles en el mundo. Los datos son reveladores: solo 15 de los 193 países reconocidos por la ONU tienen capacidad de producir vacunas y solo 8 de estos pueden producir al menos dos de las vacunas aprobadas por agencias sanitarias nacionales o el mecanismo COVAX. A la fecha, de los países latinoamericanos solo México y Argentina pertenecen al dilecto club de los 15. Por otro lado, el 85% de las vacunas inoculadas a junio del 2021 están concentradas en los países de altos ingresos. Al ritmo actual, tomaría 57 años inmunizar a la población mundial. Pocos actores se han atrevido a cuestionar el sentido político de esta escasez. A inicios de año, varios países, liderados por Sudáfrica e India abogaron en el seno de la Organización Mundial de Comercio por la liberación de las patentes de las vacunas COVID-19. La iniciativa no tuvo respaldo suficiente. Ecuador y Brasil, el epicentro de la pandemia en el continente, votaron en contra de esta iniciativa. La campaña #LiberenLasPatentes sigue activa y tuvo el espaldarazo del presidente Biden en mayo reciente. La liberación de las patentes de las vacunas, sin embargo, resultaría insuficiente sin desandar el complejo regulatorio que limita la acción de los Estados no centrales. Liberar las patentes sin la maquinaria y acceso a capacitación a personal sanitario podría, no solo quedarse en la anécdota sino ser un desperdicio de recursos. Por otro lado, son escasas las iniciativas conjuntas de países de la región para poner a disposición y aumentar las capacidades productivas para la vacunación. Aunque errático, la colaboración entre Argentina y México para la producción de AstraZéneca, sería la excepción. Si a esto se añaden los argumentos de la supuesta superioridad tecnológica de Estados Unidos y la vacuna Pfizer y la oposición a la vacunación universal, se refuerzan patrones racistas y conspirativos, que en el corto plazo complicaría alcanzar metas de inmunidad colectiva y en el largo plazo refuerzan la poca inversión en I+D, que refuerza la condición de dependencia en materia tecnológica de los países latinoamericanos. En ese contexto las interrogantes son varias: ¿de quiénes y para quienes son las vacunas? ¿Interesaría que haya vacunas nacionales o regionales en mediano plazo? ¿Hay "superioridad tecnológica" de las vacunas estadounidenses y europeas por sobre rusas, chinas y latinoamericanas? ¿Qué lugar ocupa la gestión privada en el proceso de vacunación? Esto y más en Frente Radiosa. ¡Bienvenidas y bienvenidos!
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