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EPISODE · Feb 10, 2016 · 1H 43M

De Vita - Montaner

from Investigadores ParaPreClaros

Franco de Vita Cantautor venezolano. Nacido en la década de los años 50 en Venezuela, Franco de Vita es una de las estrellas de su país y de la música latina actual. Su consolidada carrera profesional lo avala como uno de los cantantes y autores de más éxito en el mercado de América del Sur. La mayor parte de la vida de Franco de Vita se ha desarrollado en Venezuela, aunque cuando contaba con tan sólo tres años de edad su familia, italiana, decidió trasladarse a su país de origen. No volvió a pisar Caracas hasta que cumplió los trece años y vivió su adolescencia en esta ciudad dando clases de música y piano e introduciéndose poco a poco en este mundo artístico. Franco de Vita empezó su carrera profesional de muy joven cantando en Corpus, una conocida banda que actuaba en las fiestas y los locales de Caracas, hasta que en el año 1982 decidió crear su propio grupo al que llamó Ícaro. De Vita cambió su vida y su trabajo cuando en 1983 debutó como solista lanzando al mercado su primer disco, Franco de Vita. Recibió el apoyo contundente de su público y las importantes cifras de ventas que consiguió le valieron el reconocimiento de sendos Discos de Oro y Platino. Este gran éxito hizo que tres años después apareciera su segundo trabajo, Fantasía. Algunos de los temas de este álbum, como Frívola, No hace falta decirlo o Solo importas tú (que fue la sintonía de la famosa telenovela La Dama de Rosa) llevaron al cantante al éxito absoluto. Franco de Vita La fulgurante trayectoria de este cantautor continúa en 1988 al editar Al Norte del Sur, un verdadera bomba en las listas de éxitos venezolanas con el que logra vender más de un millón de copias. Te equivocaste conmigo, Louis o Esta vez son algunas de las canciones que reúne este disco y que se escuchan en las radios de todo el continente. Pero Franco no se para aquí y vuelve a entrar en el estudio para grabar Extranjero, un álbum lleno de historias de amor en el que no falta un toque de contenido social. 1991 es una fecha clave para Franco De Vita. Es en ese año cuando presenta otro de sus trabajos, Marzo 16, con una actuación en vivo en el mítico escenario del Poliedro de Caracas. Este multitudinario concierto le sirve para repasar ante sus numerosos seguidores algunos de sus éxitos más conocidos y para presentarles canciones nuevas, entre ellas No lo había pensado. A lo largo de los 90, y amparado por el éxito con la crítica, este cantante venezolano no deja de grabar un disco tras otro. En 1993 presenta Voces a mi alrededor y tres años después crea temas predominantemente acústicos para dar a su siguiente disco titulado Fuera de este mundo un cálido ambiente intimista. A sus fans les gusta este pequeño giro artístico y sus ventas continúan siendo tan importantes como durante toda su carrera. Franco de Vita no es solo un destacado cantante. Su arte va más allá de su voz y también escribe canciones para muchos otros intérpretes. Uno de sus temas que consigue más popularidad es Vuelve, que realiza para otra gran estrella latinoamericana, Ricky Martín. Pero además de componer para otros, Franco sigue trabajando en sus propias producciones. En 1999 saca a la luz otro de sus discos, Nada es igual. En esta ocasión impone el ritmo latino a la mayoría de sus temas y colabora con Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa en la grabación de Traigo una pena. El último trabajo discográfico de De Vita hasta la actualidad aparece en el año 2004. Se titula Stop y entre sus nueve temas destacan Si lo ves, Un extraño en mi bañera y Ay Dios. Hijo de padres argentinos, Héctor Eduardo Reglero Montaner nació y pasó los primeros años de su vida en la provincia de Buenos Aires, Argentina, para mudarse a Venezuela antes de entrar en la adolescencia. Su padre Eduardo, técnico en telecomunicaciones, aceptó una oferta de trabajo en el vecino país sudamericano y trasladó a la familia. “Me tocó cambiar de país. De próceres. De amigos. De estaciones”, reflexiona. “Ese cambio en mi vida me marcó mucho. A un chamo lo sacas de su ambiente, y es muy duro”. Para hacerle frente a la nueva realidad, el pequeño Montaner combatió las inseguridades de la adolescencia volcándose a la música y al deporte. “Estudié en el colegio de los claretianos y le metía a cualquier deporte, y aprendí de manera autodidacta a tocar la guitarra y la batería. La música me dio seguridad”. Canalizó su creciente interés por la música a través del coro de su iglesia y de grupos a los que perteneció con amigos, bandas de rock y pop como Los Correcaminos y Scala. Fue en esta última agrupación cuando, a los 17 años, pudo conocer a un productor que reconoció su talento, lanzándolo más adelante como solista con un sencillo llamado Mares en 1978. Recuerda Montaner, con su característico buen humor, sobre esa primera grabación: “Ese es un disco que nadie compró y que sólo yo guardo para regalar a mis verdaderos amigos”. Pero el momento fue decisivo en su vida. Estudiante de periodismo, Montaner descubrió que no tenía que escudarse tras nadie más. Y, alentado por un profesor, encontró el camino que buscaba. A los 18 años, Montaner ya tenía la responsabilidad de un hijo y un título de la universidad de la vida. Una década después, con demasiados intentos infructuosos encima, sin hallar la oportunidad que anhelaba, se dio un ultimátum. “Me dije, si en dos años, cuando cumpla 29, no termino con un contrato bueno, me retiro”. Afortunadamente, no hubo necesidad de eso, pues la oportunidad llegó. Montaner cantó en un reinado de belleza en Venezuela, y cautivó los corazones de casi 20,000 personas. Así lo descubría el presidente de su primer sello discográfico. La fortuna del cantante continuó tras el éxito del tema Yo que te amé, del álbum Ricardo Montaner 1 de 1986. Esa producción dio a conocer el nombre de Montaner en mercados claves de Latinoamérica. Mercados que hoy todavía lo reclaman como suyo. Ya para 1988, con el álbum Ricardo Montaner 2, y con una intervención suya como actor en la que entonces fuera la telenovela más vista de Venezuela, Niña Bonita, se consolidaba el ascenso meteórico del artista. Los discos, los éxitos, y los galardones eran imparables: en 1990, Montaner lanzó el álbum Un toque de misterio; en 1991, En el último lugar del mundo. Ese mismo año ganó el premio Gaviota, máximo galardón del famoso Festival de la Canción en Viña del Mar, Chile (de hecho, del Festival de Viña, Montaner se ha llevado todas sus preseas: la Antorcha de Plata, la Antorcha de Oro, y la Gaviota). También el galardón de la revista Billboard, como Cantante Masculino del año. En el 92, su tierra venezolana lo celebraba por primera vez como mejor intérprete del país con el premio Meridiano de Oro, galardón que le han otorgado innumerable veces a través de los años. Y es que, no importa cuán difícil o exigente sea la plaza, desde el Auditorio Nacional de México hasta el Madison Square Garden de Nueva York, Montaner el ciudadano del mundo planta bandera y conquista. Sin artificios de ninguna clase, sus presentaciones siempre abarrotadas, las han disfrutado más de un millón de espectadores en todo el continente. En Puerto Rico, por ejemplo, la fiebre Montaner prácticamente no cesó durante los conciertos del artista en el 2003. Lo que comenzó en junio como una corta temporada de conciertos en el Bellas Artes, para promover su álbum “Prohibido Olvidar”, se convirtió en una verdadera revelación de la taquilla en la historia del espectáculo en Puerto Rico (record histórico de 18 presentaciones según el periódico El Nuevo Día). El furor también se extendió a otras plazas visitadas por el intérprete, como México, Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, Chile y Panamá entre otros y que continuará en el 2004 incluyendo ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Boston, y Miami. Incansable y prolífico en su obra como cantante y compositor, y al igual filántropo y solidarizado con las causas sociales, por lo cúal en 1992 Montaner dedicó su producción Los hijos del sol a los niños deambulantes de Latinoamérica. Así, conmovido por la trágica situación de sus vidas, fundó entonces la entidad benéfica del mismo nombre con miras a ayudarlos. “Yo vivo continuamente insatisfecho, siempre preguntándome si he hecho lo que he podido para ayudar a la juventud latinoamericana. Con esta inquietud fundé “Los Hijos del Sol”, dice Montaner. La labor benéfica del artista comienza a extenderse también a su hogar adoptivo, Miami. En febrero del 2004, Montaner, apoyado por la Academia Latina de las Ciencias y Artes de la Grabación, ofreció un concierto en la escuela Belén Jesuit Preparatory con el fin de recaudar fondos para la creación de becas que ayuden a 25 estudiantes con necesidades financieras a completar un año de estudios en esa institución educativa. En 1994, salieron al mercado las producciones Ricardo Montaner y amigos y Una mañana y un camino. Tras Viene del alma en 1995, el artista entró a niveles aún más elevados al firmar contrato con la empresa discográfica multinacional Warner Music International. De esa nueva relación han surgido más producciones musicales que han cosechado un sinfín de éxitos. Es Así (1997), Ricardo Montaner con la London Metropolitan Orchestra (1999), Sueño Repetido (2001), Suma (2002), Prohibido Olvidar (2003), London Metropolitan Orchestra 2 para el verano 2004. En 2005 Todo y Nada, la nueva apuesta musical de Ricardo Montaner bajo su nueva casa disquera EMI Music Latin contiene un espectro que va desde la balada contemporánea hasta canciones más movidas en la que resaltan ritmos provenientes de su país de crianza; Venezuela. y ahora “Las mejores canciones del Mundo (2007) Y de la mano de Montaner, sus fanáticos de todas las generaciones, y el público nuevo que cada día lo descubre a través de sus discos y giras de concierto, seguirán siendo cómplices de aquel diálogo que juntos comenzaron hace muchos años, cuando un chico que llegaría a llamarse Ricardo Montaner, decidió que la poesía y el canto serían fuente de vida para él.

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