EPISODE · Jun 14, 2024 · 4 MIN
Día 101 - Mandamiento 15 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Convierte el Juicio en un Espejo! Cuando era niño, un día entré a la cocina y encontré a una de mis hermanas mayores comiéndose una galleta. Exclamé: “¡Sabes que esas galletas son para el postre de esta noche!”. Ella me miró con sorpresa y culpabilidad. Esto me produjo una gran satisfacción porque, usualmente, era ella quien me encontraba haciendo algo malo. Observando la escena, noté que también se había servido un vaso de leche y le dije: “Esa es tu segunda galleta, ¿verdad?”. Con sorpresa, ella preguntó: “¿Cómo lo sabes?”. Respondí: “Porque con la primera galleta te dio sed”. Ella se maravilló de la sabiduría de su hermano pequeño, pero no había nada de qué maravillarse: ¡yo sabía lo que había hecho porque yo mismo lo había hecho el día anterior! Este incidente me enseñó una lección valiosa sobre el juicio: tenemos una habilidad sorprendente para detectar y reaccionar a las faltas de los demás, muchas de las cuales no hemos corregido en nosotros mismos. Pablo afirma esta realidad en Romanos 2:1-3: “Tú, que condenas a los demás, ¡no tienes ninguna excusa! Porque cuando juzgas a otros, y después haces cosas iguales, te condenas a ti mismo. Y sabemos que Dios, en su justicia, castigará a todos los que hacen tales cosas. ¿Piensas que Dios dejará de juzgarte a ti solo porque juzgas a otros y haces lo mismo que ellos?” (NTV). Pablo se refiere a pecados terribles como la injusticia, fornicación, perversidad, avaricia y otros, que enumera en Romanos 1:29-31. Nos recuerda que, a menudo, juzgamos en otros los mismos pecados de los cuales somos culpables. Santiago nos advierte sobre la importancia de mirarnos en el espejo de la Palabra de Dios y corregir nuestras faltas: “Porque si escuchas la palabra pero no la obedeces, sería como ver tu cara en un espejo. Te ves a ti mismo, luego te alejas y te olvidas de cómo eres. Pero si miras atentamente en la ley perfecta que te hace libre, y la pones en práctica sin olvidar lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia.” (Santiago 1:23-25, NTV). Cuando nos tentemos a juzgar a otros, debemos primero examinar nuestro propio corazón. Nuestra capacidad de detectar ciertas faltas en los demás a menudo revela áreas en nuestras vidas que también necesitan corrección. El sistema reticular activado en nuestro cerebro determina lo que capta nuestra atención. Cuando era adolescente, no podía identificar las diferentes marcas de carros hasta que decidí comprar un Plymouth. De repente, notaba cada Plymouth en la calle. De manera similar, cuando somos culpables de una acción, nuestra sensibilidad a esa acción en otros aumenta. Por ejemplo, David reaccionó severamente al juzgar a un hombre que había robado una oveja porque él mismo había cometido un pecado de similar naturaleza (2 Samuel 12:1-7). Esto nos enseña que, antes de juzgar, debemos usar el espejo de la Palabra de Dios para reflejar nuestras propias faltas. El juicio hacia otros debe ser transformado en una oportunidad para la sanidad personal. La próxima vez que seamos tentados a juzgar a alguien, saquemos el espejo de la Palabra de Dios y observemos nuestro propio reflejo. Esto nos ayudará a identificar y corregir nuestras faltas, y nos permitirá actuar con gracia y compasión hacia los demás. Como Jesús enseñó en Mateo 7:5: “¡Hipócrita! Primero quita la viga de tu propio ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo.” (NTV). Al convertir el juicio en un espejo, no solo evitamos la hipocresía, sino que también crecemos en humildad y amor, reflejando mejor el carácter de Cristo en nuestras vidas. ¡Propongámonos convertir el juicio en un espejo y permitir que la Palabra de Dios transforme nuestras vidas para que podamos ayudar a otros con amor y verdad!
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