EPISODE · Dec 10, 2022 · 4 MIN
Día 16 - Mandamiento 3 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Espera sorpresas! Nosotros jamás debemos olvidar que estamos en un combate constante. La vida de aquellos que están bajo nuestro cuidado y protección dependen de nuestro éxito. En la batalla, una de las tácticas más efectivas del enemigo es el ataque sorpresa. Esta táctica la emplea Satanás para lanzarnos sus dardos de vituperio. “Aún el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (Salmos 41:9). Este salmo profético fue experimentado por David y se repite en Salmos 55:12-14: “Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios”. Cuando la verdad se recibe y se practica, causa división. Jesús lo dijo claramente: “¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión” (Lucas 12:51). Jesús mismo demostró esta verdad que requería un cambio de vida. Muchos de sus seguidores se ofendieron y ya no caminaron más con Él (Juan 6:66). La traición que experimentó la llevó a cabo el discípulo menos esperado, el único que tenía una posición establecida: Judas era el tesorero (Juan 13:29). Los ataques sorpresivos también producen resultados sorpresivos en aquellos que los están viendo. Cuando yo observé a mi padre tomar la firme decisión de vivir justamente y abandonar la posibilidad de ser el presidente de la compañía, yo me dije a mí mismo: “Si él lo puede hacer en el mundo de los negocios, también yo lo puedo hacer en la escuela”. Así fue como inicié una serie de proyectos acerca de cómo explicar el evangelio a cada compañero de escuela. Algunos ataques sorprendentes me sobrevinieron, y no de los estudiantes, sino del superintendente de la escuela. Un día me llamó a la oficina y me exigió respuesta a su pregunta: “¿Estás tratando de convertir a todo el cuerpo estudiantil?” Con respeto pero con entusiasmo le dije que esa era mi intención. Me amenazó si no paraba a un grupo de oración que se reunía en la cafetería antes de las clases, diciéndome que iba a enviar una carta a cada familia diciéndoles qué es lo que creía de “mi fe”. Pero Dios tiene la última palabra. Durante esos años yo seguía meditando en las Escrituras de día y de noche y comencé a experimentar las bendiciones de Dios en cada área de mi vida. Así que un día, el superintendente tuvo que felicitarme enfrente de todo el cuerpo estudiantil por haber ganado una competencia: “El futuro científico de América”. También, al final de mi graduación, él mismo tuvo que entregarme una beca especial colectada por los demás estudiantes agradecidos. Propongámonos ahora regocijarnos siempre que seamos vituperados. Esto va a causar que las demás personas examinen más profundamente las cosas contra las cuales están reaccionando.
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