EPISODE · Jan 21, 2023 · 4 MIN
Día 37 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
Las fuentes de las ofensas más dolorosas no son siempre las acciones, sino las actitudes. Las personas que ofenden a los demás sin ninguna intención, son juzgados con menos severidad que aquellos que intencionalmente hieren. Aún en la ley, la intención detrás del crimen es un factor clave para diagnosticar la culpabilidad de alguien que está delante del juez. La ofensa de Jacob no solo incluía acciones, sino que fueron las actitudes las que causaron las acciones de su ofensa. ¿Cuál fue la ofensa principal de Jacob en contra de su hermano Esaú? Esaú acusó a Jacob de haberle robado su primogenitura y su bendición. Sin embargo, lágrimas de angustia salieron de sus ojos cuando Isaac su padre le informó que iba a ser servidor de Jacob su hermano. Isaac dijo: “He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos” (Génesis 27:37). Por causa de esto, Esaú se propuso matar a Jacob. Sabemos que este espíritu dominante era molesto para Esaú, porque Isaac le aseguró que en el futuro, las cosas iban a cambiar: “Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz” (Génesis 27:40). El fuego ardió en el corazón de Esaú por 20 años. Durante ese tiempo, Dios cambió el corazón de Jacob de querer dominar sobre su hermano, a mirarse a sí mismo como siervo de su hermano Esaú. Cuando Jacob al final se preparó para el encuentro con su hermano, le envió manadas de ganado como una restitución y les dio instrucciones a sus servidores acerca de qué decirle a Esaú cuando éste les preguntara de quién eran los ganados. Los servidores le iban a contestar: “Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros” (Génesis 32:18). Jacob también trató el asunto de las actitudes equivocadas hacia Esaú con todos los miembros de su familia. Sabemos que este fue el caso, porque cuando Esaú le preguntó a Jacob acerca de la gente que lo acompañaba, Jacob le respondió: “Son los niños que Dios ha dado a tu siervo” (Génesis 33:5). Entonces toda la casa de Jacob se postró en reverencia ante Esaú. Esta acción de humildad es muy importante, porque aquellos que están cerca de nosotros muchas veces toman para sí las actitudes equivocadas hacia las demás personas. Las personas son lastimadas por causa de nuestras acciones equivocadas, pero más heridas por causa de nuestras actitudes ofensivas. El problema con las actitudes es que no podemos ocultarlas. Siempre aparecen. Los demás las miran en nuestras expresiones faciales, en el lenguaje de nuestro cuerpo, en el tono de nuestra voz, en la falta de una sonrisa sincera, en las palabras que empleamos y en nuestra falta de respeto. Si realmente estamos dispuestos a aplicar este mandamiento a nuestras vidas, necesitamos evaluar honestamente nuestras actitudes, especialmente con aquellos a quienes hemos ofendido, antes de buscar reconciliación con ellos. Recibe el beneficio de una perspectiva exterior al pedirle a un amigo cercano o a miembros de la familia, que te hagan saber si estás o no demostrando una actitud correcta y amable hacia los demás.
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