EPISODE · Jan 25, 2023 · 3 MIN
Día 41 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Examina tu espíritu! La verdadera reconciliación nos demanda estar genuinamente arrepentidos, ser humildes y transparentes, sinceros delante de Dios y delante de la persona a quien hemos ofendido. Estas cualidades han de ser expresadas por medio de actitudes, acciones y palabras que usemos para pedir su perdón. La reconciliación abarca una comunicación de espíritu a espíritu en la cual nuestra sensibilidad y sinceridad sean claramente discernidas. Ya que pocas ofensas son 100% nuestra culpa, y ya que instintivamente buscamos maneras de justificar nuestras acciones, nuestro reto más grande en la reconciliación será enfocarnos en nuestra parte de la ofensa y sinceramente lamentarnos en ella. La falta de un arrepentimiento sincero será demostrado por expresiones tales como: “Si yo tuve la culpa, ¿Me perdonas?” O “Yo reconozco que tuve parte de la culpa, por favor perdóname” o “comprendo que te ofendiste por lo que hice, te pido disculpas”. Jacob sabía que la preservación de su vida y la de su familia dependían de que hiciera una reconciliación de la manera correcta. Esaú venía al encuentro de Jacob con 400 hombres, pero Jacob sabiamente le envió regalos antes de estar cara a cara con él. La Escritura declara: “La dádiva en secreto calma el furor, y el don en el seno, la fuerte ira” (Proverbios 21:14). Jacob se refirió a sí mismo ante Esaú como siervo y describió a Esaú como señor. Había luchado con el ángel de Dios por una bendición y se había postrado delante de Esaú siete veces antes de abrazar a su hermano ofendido. Cuando Esaú detectó evidencias de un arrepentimiento sincero, corrió a encontrarse con Jacob, lo abrazó y se colgó de su cuello llorando, y ambos se besaron llorando. Jacob demostró más sinceridad al decirle: “…yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido” (Génesis 33:10). El hijo pródigo escogió cuidadosamente las palabras que iba a emplear en la reconciliación: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado tu hijo; hazme como uno de tus jornaleros” (Lucas 15:18-19). Una petición de perdón debe ser lo más corta posible ya que es el espíritu de uno el que hará la verdadera comunicación. Debes explicar la manera en que Dios te convenció de qué tan equivocado estabas en ofender a la persona, y que has venido a pedir perdón. Explica también cómo sientes que tu ofensa lo haya lastimado. Entre más comprendas y “sientas” su herida, será más fácil para la otra persona perdonarte. Prepárate para hacer restitución financiera si los daños son tangibles. Antes de ir, pide a un amigo que ore por ti. Esto te fortalecerá y te motivará a seguir a través del acto de “negarte a ti mismo”, para poder experimentar así la profundidad de la experiencia de una vida verdadera.
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