EPISODE · Jan 26, 2023 · 2 MIN
Día 42 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Espera que Dios obre! Cuando una aeromoza recordó la manera en que había ofendido unos meses atrás a una persona conocida suya, se propuso lograr la reconciliación. Sin embargo, no tenía idea alguna de cómo contactar a la persona porque vivía en otro país. Para su sorpresa, al siguiente día en la tarde recibió una llamada telefónica de esa persona. Lo mismo le aconteció a un joven que recordó cómo había ofendido en el pasado a uno de sus maestros. Decidió buscarlo, pero no sabía por dónde empezar. Cinco minutos después de ir caminando, se detuvo a tomar agua en una fuente; para su sorpresa, cuando se enderezó y dio la vuelta, al primero que vio fue al maestro que venía caminando hacia donde estaba parado. No todas las reconciliaciones son tan dramáticas como estos dos ejemplos, sin embargo: Cuando nosotros nos disponemos a realizar la reconciliación con las personas, Dios hace lo necesario para que lo logremos. Temprano en la mañana, cuando me disponía a escribir este mensaje electrónico, me propuse aplicar este mandamiento a mi vida. Inmediatamente, Dios trajo a mi mente a un hombre con quien necesitaba reconciliarme. Sin embargo, yo había tratado de reconciliarme durante varios años, pero cada vez las cosas terminaban en un conflicto mayor. Así que concluí que esta reconciliación iba a ser imposible, y le pedí a Dios que me diera otra idea. Una segunda persona vino a mi mente, y decidí que lo iba a contactar. Así que manejé para ir a buscarlo a su casa. Pensé que me acordaba dónde vivía; sin embargo, cuando llegué a la vecindad, no podía recordar cuál era su casa, así que comencé a manejar de arriba a abajo en la calle tratando de identificar algo familiar. Finalmente llegué a un área comercial y por alguna razón mi auto se paró. Traté y traté de echarlo a andar pero fue imposible; el motor no encendió. Esta fue una experiencia nueva para mí (y para el auto). Ahí permanecí sentado, entre tanto los autos seguían llegando detrás de mí. Luego observé que dos jóvenes venían corriendo hacia a mí. Cuando se iban acercando, los reconocí como obreros del IBLP. Habían estado comiendo en un restaurante enfrente de la calle cuando me vieron en angustia. Me ayudaron a empujar el auto fuera de la calle a un estacionamiento, y cuando salí del auto, vino hacia a mí un hombre preguntando: “¿Te puedo ayudar?” ¡Lo miré con sorpresa! Era el primer hombre que Dios había puesto en mis pensamientos esa mañana cuando me propuse aplicar este mandamiento en mi vida. Ahí estábamos, ninguno de los dos en nuestros vecindarios; Dios nos había reunido en esas circunstancias. Yo acepté su oferta de ayudarme y le pedí que si podía llevarme a mi oficina. En el camino, los dos consideramos que realmente había sido Dios quien nos había arreglado ese encuentro bajo tales circunstancias y que era con el propósito de que desarrolláramos nuestra reconciliación. Así que hicimos planes para ese propósito. Cuando la gente mira la mano de Dios en nuestra reconciliación, ellos también son motivados a traer sus ofrendas de alabanza ante el altar de Dios. Uno de los capítulos más emocionantes y significativos que puedes escribir en tu diario, se refiere a aquellos pasos que tomaste para lograr reconciliarte con alguien que ofendiste, y anotando también la manera en que Dios te ayudó a lograrlo.
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