EPISODE · Feb 2, 2023 · 4 MIN
Día 47 - Mandamiento 7 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Da al blanco contra dos gigantes! La lascivia tiene un gigante gemelo llamado ira. Tanto la lascivia como la ira son manifestaciones de una pasión incontrolable. Estas se alimentan la una a la otra y causan gran daño a toda relación. La conexión que hay entre la palabra lascivia e ira se demuestra por una palabra griega para describir enojo, que es orge. El mismo deseo emocional que produce una orgía sexual es el que causa una orgía de ira. Por esto Dios nos instruye: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Colosenses 3:8). La ira es causada muchas veces por heridas profundas del pasado que nunca fueron perdonadas. Cuando ocurren heridas similares, la emoción del pasado resurge a la superficie con una explosión de ira. La explosión de ira en David y su juicio severo contra el hombre que hurtó la ovejita de su vecino, posiblemente fue motivada por la vergüenza y el rechazo que él y sus hombres experimentaron de Nabal en años anteriores (1 Samuel 25:10). Las explosiones de enojo en la vida de Moisés pueden rastrearse desde el rechazo que experimentó por su propio pueblo, cuando había sacrificado tantos años tratando de liberarlos. El siguiente testimonio que me enviaron ilustra la libertad que viene cuando se perdona a los ofensores del pasado: “Treinta años atrás asistí a un Seminario Básico en Seattle USA, siendo yo un hombre muy amargado y lleno de ira. Crecí en un hogar en donde había golpes con ira y abuso sexual. Vivía con el deseo de matar a mi padrastro. En el seminario, tú hablaste sobre mi necesidad de ir a mi padrastro y pedirle perdón. Al principio no lo quería hacer, pero cuando lo hice, en ese momento experimenté la libertad”. “Al siguiente año volví a asistir al seminario y escuché que Dios se convierte en Padre de los huérfanos. El gozo del Señor me llenó tanto que por primera vez en mi vida de 33 años comencé a sonreír. Con el tiempo llegué al pastorado y he compartido estas verdades alrededor del mundo. Tengo 60 años de edad y amo al Señor más de lo que puedo expresar”. Fracasar en perdonar a ofensores del pasado significa que Dios nos va a entregar a los verdugos, quienes pueden incluir la lascivia (Mateo 18:34). Cuando rehusamos perdonar a nuestros ofensores y los mantenemos en prisiones por causa de nuestra ira y amargura, resistimos la gracia de Dios y cedemos a Satanás el “derecho legal” para que nos mantenga prisioneros por pecados que no podemos conquistar (Efesios 4:26-27); así como el siervo malo que no perdonó a su consiervo y fue entregado por el rey a los verdugos hasta que se pagara la deuda. Jesús dijo: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35). La batalla para conquistar la lascivia es tremendamente importante. ¡No debemos perderla por rehusarnos a perdonar a los ofensores! Ahora es el tiempo de pedirle a Dios que nos muestre a alguien a quien no hayamos perdonado completamente, y sinceramente perdonémosle con todo nuestro corazón.
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