EPISODE · Feb 8, 2024 · 5 MIN
Día 53 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Cumple tu palabra a Dios! Si no cumplimos nuestras promesas a Dios, ¿Cómo podremos cumplirlas con las demás personas? Cuando el hombre se enfrenta con peligros físicos extremos, o se halla en situaciones desesperadas, usualmente hace promesas. Este escenario es lo que produce lo que comúnmente se conoce como “conversaciones de trincheras”. Soldados que son heridos en el campo de batalla y que saben que van a morir, claman a Dios: “Dios mío, si tú me salvas, yo te sirvo por el resto de mi vida”. Luego Dios los salva, pero cuando ya están bien físicamente se olvidan de sus promesas. “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes” (Eclesiastés 5:4). Esta advertencia acerca de cumplir las promesas, hizo un impacto en mi vida cuando era adolescente. Yo memoricé toda la advertencia: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?” (Eclesiastés 5:4-6). En el transcurso de mi vida he hecho varias promesas. A través de ellas, Dios me ha dirigido y me ha bendecido; sin embargo, Dios me ha hecho responsable por el cumplimiento de esas promesas. En la escuela preparatoria, escuché a un evangelista explicar con fervor la importancia de testificar de Cristo para ganar almas. Yo prometí en esa ocasión que les iba a testificar por lo menos a tres personas por día acerca del Señor. Esto lo logré hacer durante el tiempo de la preparatoria, pero después me ocupe tanto como director del ministerio de jóvenes, que poco a poco fui descuidando la promesa que había hecho. Un día, el Señor me liberó de la responsabilidad del ministerio juvenil y me volvió a recordar la promesa que le había hecho. Para poder alcanzar la meta que había prometido hacer, me dirigí a las calles de Chicago, buscando grupos de jóvenes pandilleros y comencé a hablarles de Cristo. Lo que aprendí a causa de estos encuentros se convirtió en el fundamento del Seminario Básico1. La meta de hablarles a tres personas por día, se ha hecho realidad por el resto de mi vida. Dios imparte grandes recompensas a aquellos que le hacen promesas y son fieles en cumplirlas. Muchos dudan de la sabiduría de hacer promesas a Dios; sin embargo, David fue un hombre conforme al corazón de Dios mismo quien hizo muchas promesas: “De ti será mi alabanza en la gran congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen” (Salmos 22:25). Hay un padre que está criando a su familia de una manera sorprendente a quien he observado desde hace tiempo. Cuando le pedí que explicara su “secreto”, él identificó dos razones principales para su éxito: Primero, él había instruido a sus hijos e hijas para que hicieran promesas bíblicas, y segundo, habían estado unidos como familia obrando en un ministerio cristiano. ¿Qué promesas le has hecho al Señor? ¿Las has cumplido? Si no, ahora es el tiempo para determinar lo que se requiere y comenzar a dar pasos de acción para cumplir esas promesas que hiciste.
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