EPISODE · Feb 15, 2024 · 5 MIN
Día 57 - Mandamiento 9 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Da ma s de lo que es requerido! Una de las causas más serias de fracaso en las áreas de las relaciones, finanzas y salud, es tener una actitud de resistencia hacia aquellos a quienes hemos ofendido, o hacia aquellos con quienes tenemos responsabilidad. Si se halla culpable a alguien de una ofensa o ha fallado en cumplir alguna de sus responsabilidades, subsecuentemente se le requiere hacer restitución, pero su espíritu de resistencia se hará manifiesto cuando solamente haga lo que la ley le requiere hacer. Después de todo, piensa que la ley de Dios está de su lado porque dice: “Ojo por ojo y diente por diente”, así que dice que no necesita hacer más restitución (Éxodo 21:24). El Señor Jesús retó esta limitación con cuatro mandatos. Mandamiento nueve: Pon la otra mejilla. Déjale la túnica y también la capa. Camina la segunda milla. Da a los que te pidan (Mateo 5:38–42). Todas estas respuestas de “segunda milla” relacionadas a las ofensas eran conocidas por la gente de Israel. Si un hombre insultaba a otra persona con palabras o acciones indecentes, podía esperar ser abofeteado en la mejilla. Esa acción habría satisfecho a la persona ultrajada, pero no iba a lograr cumplir los altos propósitos de Dios sino hasta que el ofensor pusiera su otra mejilla. Si un juez juzgaba que un hombre le había causado pérdida financiera a otra persona, Jesús dijo que no solamente iba a pagar lo que debía pagar, incluyendo la túnica, sino aun darle también la capa, la cual le servía como cubierta que le “protegía” según la ley de Moisés (Éxodo 22:26-27). Por causa de que el pueblo de Dios había desobedecido Sus mandamientos, Él lo sometió bajo el duro gobierno de los romanos. Una ley de los romanos era especialmente repugnante para los judíos. Se requería que un hombre judío, cuando se le demandara, cargara el equipo pesado de un soldado romano por una milla; el Señor Jesús les dijo que fueran cargando el pesado equipo la segunda milla. Todos los judíos estaban en un pacto unos con otros. Esto les requería dar a los que no tenían, aquello que satisfaría sus necesidades básicas de la vida. Para que una persona pobre llegara a pedir, significaba que las personas ricas no estaban alertas a las condiciones de sus demás miembros del pacto. Ir la primera “milla” satisface los requisitos de la ley del hombre, pero falla en cumplir la Ley suprema de Dios; esto es, el amor genuino. Conforme escribo este correo electrónico, Dios me ha dado una clara aplicación para este mandamiento. Desde hace tiempo una persona me ha insistido que le dé una cantidad específica de dinero, sin embargo me había resistido por dos razones. Primero, porque me había afirmado que no había deuda previamente. Y segundo, porque se me advirtió de la fuerte reacción de resistencia que iba a ocasionar a otro individuo, si yo daba el dinero. Conforme estaba en esta encrucijada, el teléfono timbró. Era la persona que yo sabía que podría reaccionar. Hablamos por un buen tiempo el asunto y los dos acordamos que era la voluntad de Dios que diera el dinero. Tengo un sentido de emoción porque, por un lado, esto va a ser un sacrificio personal significativo, pero por otro lado, esto provee una gran oportunidad para que Dios manifieste Su poder. Que Dios nos dé valor a cada uno de nosotros para obedecer Su suprema ley de amor al dar nosotros más de lo que se nos requiere.
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