EPISODE · Apr 12, 2024 · 4 MIN
Día 66 - Mandamiento 10 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Neutraliza su veneno! En las junglas del África, un misionero caminaba por entre el pasto y la maleza hacia una de las villas. De repente, sintió el piquete agudo en una de sus piernas y cuando miró hacia abajo, vio a una serpiente venenosa deslizarse en el césped. El podría en pocos minutos haber esperado los síntomas de un dolor inmenso, náuseas, hinchazón o de debilidad; sin embargo, nada de esto le aconteció, porque ya estaba preparado para esta clase de ataques. Se detuvo, buscó en su mochila y sacó una pequeña unidad que empleó para aplicar una descarga eléctrica al área afectada, neutralizando así el veneno de la serpiente. Cuando un enemigo nos maldice con palabras amargas, el efecto es el mismo que el de esa serpiente venenosa. Inclusive, Dios describe aquellas palabras amargas como venenosas (Salmos 58:3-4; Santiago 3:8). Esas palabras venenosas tendrán su efecto en nuestras emociones, a no ser que pronto neutralicemos su veneno con la reacción de bendecirlos con el corazón. Esta es una de las razones por las que Jesús nos manda que bendigamos a aquellos que nos maldicen. La Escritura claramente dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21). José fue maldecido por sus hermanos mayores, pero rehusó maldecirlos en venganza; al contrario, buscó a Dios por su vindicación. Miramos esta actitud muchos años después cuando les respondió: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20). En otro caso, un padre le gritó a su hijo: “Eres un idiota, nunca vas a servir para nada!” Esas palabras penetraron en el corazón y el alma del niño, y por años afectaron su habilidad para relacionarse con su padre, y aun con otras personas. Fue hasta que comenzó a bendecir a su padre, que se fue liberando de la esclavitud emocional que había estado experimentando todos esos años. Las bendiciones se pueden iniciar empleando el nombre del Señor y pueden incluir las cualidades que son deficientes en las vidas de nuestros atacantes. Por ejemplo, un niño que ha sido maldecido puede decir: “Señor, bendice a mi padre con sabiduría y entendimiento. Hazlo fuerte en la bondad y compasión. Haz que tu rostro resplandezca sobre él para que irradie amor genuino, y dale gracia para que conozca Tu voluntad”. ¡Maldecir a nuestros enemigos, es como si nosotros bebiéramos veneno y esperáramos que nuestros enemigos murieran! Personalmente testifico del poder de este mandamiento, ya que varias personas a través de los años me han atacado de muchas formas con palabras venenosas. Pero cuando le he pedido a Dios que los bendiga con la cualidades que les hacen falta, mi actitud personal cambia hacia ellos; Dios llenó mi corazón con amor genuino y expectación de lo que Él iba a hacer en sus vidas. Que el Señor nos dé Su sabiduría y gracia para contrarrestar el daño de las palabras venenosas al aprender a bendecir a aquellos que nos maldicen.
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