EPISODE · Apr 17, 2024 · 5 MIN
Día 70 - Mandamiento 10 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Clasifica a tus enemigos! Una guerra civil se desató en la nación de Israel. Un hijo arrogante se levantó en contra de su famoso padre: el rey David. Conforme David huía de la capital con un pequeño ejército, un hombre airado, maldiciente y burlesco comenzó a vituperar y a maldecir a David, y aun le tiraba piedras. Esas acciones irrespetuosas causaron gran ira en uno de los generales de David quien le dijo: “¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza” (2 Samuel 16:9). La profunda respuesta de David claramente explica la primera clasificación de nuestros enemigos: aquellos que hacemos por nuestras propias faltas. David contestó: “Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?” (2 Samuel 16:10). David reconocía que las acciones de este hombre y las de su hijo Absalón eran parte del castigo de Dios por causa de su pecado personal con Betsabé. Sin embargo, Dios nos ha dado una hermosa promesa con respecto a nuestros enemigos: “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7). Hay una segunda clasificación de nuestros enemigos: aquellos que están en contra de Dios y Sus propósitos. Estos enemigos nos atacan por causa de nuestra relación con el Señor Jesucristo y por nuestro potencial de dañar al reino de las tinieblas. David también tuvo su parte con esta clase de enemigos, comenzando con sus hermanos mayores quienes le despreciaron cuando llegó al campo de batalla, luego Goliat quien desafío a los ejércitos de Dios, y también el rey Saúl quien se llenó de temor por la fama creciente de David. La respuesta de David a estos enemigos se menciona en varios salmos: “Todo el día mis enemigos me pisotean; porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Todos los días ellos pervierten mi causa; contra mí son todos sus pensamientos para mal” (Salmos 56:2-5). Luego empleó su arma poderosa: “Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí” (Salmos 56:9). Cuando clamamos a Dios, le estamos diciendo: “Señor me rindo incondicionalmente a ti y a tu voluntad para mi vida, y yo desesperadamente te necesito; necesito tu intervención en este momento”. Con este espíritu de humildad, confianza y dependencia, Dios es poderoso no sólo para tratar con nuestros enemigos, sino que también obra poderosamente a través de nuestras vidas, en maneras que muchas veces no nos imaginamos (ver 1 Pedro 5:6-7). En este día, en tu diario, haz una lista de todos tus enemigos y clasifícalos al escribir “míos” y “de Dios” en cada uno de sus nombres. Luego podemos darle gracias a Dios por los beneficios que Él tiene en su mente al permitirles que se nos opongan; entonces podremos dar pasos apropiados para responderle a cada enemigo.
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