EPISODE · Apr 30, 2024 · 6 MIN
Día 77 - Mandamiento 11 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)
from Permanecer · host Sego
¡Sé pérféccionado a travé s dé la débilidad! El deseo de nuestro Señor Jesucristo para nuestra perfección se describe en su oración: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:21, 23). En cada creyente, Dios ha puesto debilidades que están diseñadas para hacernos uno con Cristo. Aquellos que desconocen sus debilidades personales, tienden a demostrar inmadurez y auto-confianza; pero aquellos que reconocen sus debilidades dependen los unos de los otros. La expresión máxima de madurez es demostrar el amor de Dios por el poder del Espíritu Santo. Esto sucede cuando Dios obra a través de nuestras debilidades. Pablo aprendió esto cuando le pidió a Dios que le quitara su debilidad. Jesucristo le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10). La clave para amar a los demás, es reconocer nuestras debilidades y nuestra necesidad de unos por los otros. Las relaciones vitales están basadas en el reconocimiento de que cada parte se necesita una a la otra. Dios diseñó el cuerpo de Cristo para que ningún miembro fuera autosuficiente; inclusive, Dios atribuyó un honor especial a aquellos miembros que no tienen mucho atractivo (1 Corintios 12:24). Este también es el caso del matrimonio. Una esposa que busca ser independiente, daña la motivación más poderosa en su esposo, la cual es cuidar y proteger a su esposa. Un misionero en Etiopía se paró delante de un grupo de hombres de la tribu local los cuales se habían convertido en creyentes, y los retó a que alcanzaran a las demás villas alrededor de ellos. Uno de los hombres que escuchó, sintió que Dios lo estaba llamando para ir a una tribu salvaje que no había sido alcanzada con el evangelio. Cuando expresó esto al grupo de creyentes, ellos sorprendidos lo vieron con incredulidad. ¿Cómo era posible que hiciera ese viaje? Pues era paralítico de ambas piernas. Él les explicó: “Yo voy a ir al lugar en donde se encuentra esta tribu, usando mis brazos para arrastrar mi cuerpo”. Los demás le insinuaron que eso era imposible, pero él sintió tan fuerte el llamado de Dios de ir a esta tribu que una noche salió sin avisarle a nadie. Después de un año, el grupo pensó que había muerto, pero fue cuando recibieron noticias sorprendentes. Ciertamente el hombre casi muere en su difícil viaje, pero cuando la tribu a la cual iba, vio que estaba paralítico, lo recibieron y lo ayudaron a recuperarse. Era la costumbre en esta tribu de demostrar gran honor a las personas paralíticas, porque en una ocasión gracias a una persona paralítica la villa se salvó. Aquellos hombres escucharon su mensaje y muchos de ellos aceptaron a Jesucristo para salvación como resultado de ello. Su debilidad fue el único atributo que Dios empleó para alcanzarlos.
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