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EPISODE · Oct 31, 2025 · 11 MIN

Disfraces, monstruos de moda y otros sucedáneos

from Cuaderno de una escritora · host Ana de Beraza

Noto cierta atemporalidad en las ciudades. Cierta no-pertenencia. Desapasionamiento. Septiembre no había terminado y ya asomaban las primeras máscaras, calabazas y disfraces de monstruos en el paisaje urbano. Hoy todo huele a jengibre; si pides un pastel en una cafetería, debe tener forma de calavera o de fruto otoñal. Tal vez vivir en esta época sea renunciar a lo sorpresivo.Halloween, esa fiesta pagana que rinde homenaje al miedo y a la muerte, a algo tan inconmensurable, se ha reducido al consumismo. Me repito que no debo ser tan analítica. Debo disfrutar. Las galletas de jengibre están realmente ricas.Estudié en un colegio de monjas hasta los dieciocho años. De aquella educación conservo cierto misticismo, una rigidez de ánimo y la admiración por la iconografía religiosa. No en el sentido moral ni creyente, sino en la forma en que mi sistema nervioso y sensitivo se deja moldear, acoge la vida.Hubo un tiempo, en mi adolescencia, en que disfrazarse era un gesto de rebeldía. Este octubre, las franquicias y los escaparates—decorados al milímetro según la festividad de turno— ofrecen un amplio repertorio de máscaras y atuendos. Mi mente automatizada busca, casi asustada, ante la posibilidad de no hallar nada —ni una mínima perplejidad—, y sentir que cada celebración está marcada por fuerzas externas que poco o nada tienen que ver con la tradición, la complejidad humana, o cualquier forma de ritualismo.Lo predecible no encierra misterio alguno. Corroe al miedo.El monstruo de modaEd Gein, el monstruo por excelencia esta temporada. Infame asesino. Profanador de tumbas. En la Noche de los Muertos será un disfraz más.He sido incapaz de pasar del tercer capítulo de la serie: Monstruo: La historia de Ed Gein. Mi tolerancia al asco no estaba lo suficientemente entrenada. Vivir es también dejar un poco los escrúpulos a un lado, me digo. Cuando alguien saque el tema de la serie de moda, asentiré, por cortesía, para no aguar la fiesta.¿Qué es el miedo, después de todo?El miedo va con uno mismo; lo adormecemos, lo ignoramos para seguir siendo funcionales. A veces lo intuimos en un reflejo, en un pensamiento intrusivo al que no hacemos caso, en una sensación de pérdida repentina que no sabemos explicar. El miedo son las preguntas que no deseamos responder, a las que ni siquiera nos asomamos.El algoritmo y las modas estandarizan la inquietud, la felicidad. ¿Cuáles son los deseos, los gustos, las verdaderas apetencias? Esta noche los niños y los adultos juegan a invocar lo que en verdad temen. Cada año, el mismo rito: domesticar, atenuar ese residuo primitivo para que no nos devore. Enseñar a los más pequeños a nombrar el miedo sin conocerlo.Bajo la fiesta edulcorada, algo antiguo despierta: una herencia biológica, un resto de animalidad que aún transita en el cuerpo.Hoy comentamos, rememoramos nuestra película de terror favorita, aquel disfraz comprado con prisas que causó verdadero impacto en una fiesta a la que, en realidad, no fuimos invitadas; donde, en lo irreconocible, en lo monstruoso, nos sentimos otras; hicimos y deshicimos lo inconfesable.También, en esta noche repleta de símbolos que evitan mirar al verdadero miedo, volvemos a nuestras lecturas predilectas: aquellas que nos mantuvieron en vilo, al borde de la verdad que siempre hemos eludido, pero a la que ansiamos mirar.Edgar Allan Poe dijo: “I became insane, with long intervals of horrible sanity.” Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura.Sus personajes no temen al monstruo, sino a sí mismos. Roderick Usher siente cómo su mansión se pudre al mismo ritmo que su mente; el narrador de El corazón delator escucha su culpa latir bajo el suelo; Ligeia regresa de la muerte solo para recordar que el deseo es más fuerte que la razón; el protagonista de El gato negro encarna la violencia que habita en todo amor corrompido. En Berenice, Ligeiay Morella, las mujeres son espectros bellos y decadentes, símbolos del deseo que devora; en El cuervo, el duelo se convierte en palabra obsesiva: Nevermore.El miedo, ese desbordamiento del ser: lo que nos impide reír, incluso pensar, y que en esta Noche de los Muertos se invoca con ligereza, porque en su verdad reside lo insoportable.¿Quién está dispuesto hoy a volverse disfuncional? ¿A ser tan temerario? ¿Quién correría ese riesgo? Es el terror del nuevo siglo.El deseo como conductor del horrorUn libro al que vuelvo siempre por estas fechas: Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary W. Shelley.El comienzo: el paisaje gélido del Ártico, el aislamiento, la muerte emocional y la soledad extrema del hombre que desafía los límites de la naturaleza.Las primeras palabras del creador, el doctor Frankenstein, respecto del monstruo:“Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba melancólicamente los cristales, y mi vela estaba casi consumida, cuando, a la luz de la llama vacilante, vi abrirse los ojos amarillentos de la criatura; respiró pesadamente, y un movimiento convulsivo agitó su cuerpo.¡Qué horror! ¡Qué horroroso fue aquel momento! Había trabajado durante casi dos años para infundir vida a un cuerpo inanimado; por ello había privado a mi cuerpo de descanso y salud. Pero ahora que había terminado, la belleza del sueño se desvanecía, y el aliento del terror y del asco llenaba mi corazón. No podía soportar la visión del ser que había creado. (...)Había deseado con un ardor que excedía toda moderación el logro de mis deseos; pero ahora que lo había conseguido, el encanto del sueño desapareció, y un horror sin límites y repugnancia me llenaron el alma.”Así como Prometeo robó el fuego divino —vida, conocimiento—, Frankenstein termina rodeado de hielo: la congelación de su hybris, de su desmesura. El hielo como estancamiento moral. Como prisión de los actos.A veces se ha de temer lo que se desea.Dos películas que siempre veo:La primera, Los inocentes, coescrita por mi admirado Truman Capote. Versión cinematográfica de otra novela corta y fascinante, Otra vuelta de tuerca, de Henry James.Podes ver la película completa aquí. No os la perdáis 👇Capote, con su estilo elegante y sugerente, logra evocar la corrupción de la inocencia y la belleza amenazada. Para ello, intensificó la relación entre la institutriz y los niños, afinó el lenguaje visual y los silencios, usando el subtexto más que la acción explícita, e introdujo escenas y diálogos que profundizan en la idea de la “corrupción de la inocencia”.Si en Los inocentes el mal no reside en los fantasmas, sino en el deseo reprimido, la mirada y la sugestión, en mi siguiente recomendación, It Follows, su director David Robert Mitchell retoma ese principio y lo actualiza: el horror tampoco se explica del todo, sino que se contagia a través del deseo.Si en The Innocents el erotismo reprimido corrompe la inocencia, en It Follows, mi segunda recomendación, el sexo libera, pero también condena. El deseo sexual activa la maldición: lo que se transmite no es solo un virus sobrenatural, sino la culpa y la conciencia del deseo.Planos largos, lentos travellings, ausencia de música explicativa. El monstruo de It Follows camina despacio, casi como un pensamiento del que no puedes desprenderte.Ambas películas tratan el paso de la inocencia a la experiencia, con el cuerpo como territorio amenazado.Me imagino siendo el capitán Robert Walton escuchando la confesión del doctor Frankenstein en su navío, la confesión del creador.Me imagino siendo Capote, dosificando la ambigüedad moral de los personajes a lo largo del metraje.Me imagino siendo Jay Height, la protagonista de It Follows, en Detroit, viendo y viviendo su propio cuerpo como catalizador de la libertad sexual y el horror.Que paséis buena noche.Por cierto, la próxima semana, publicaré el siguiente capítulo de mi novela por entregas El rechazo. Mientras tanto, podéis leer el primer capítulo aquí, disponible para todos los lectores de esta Newsletter This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com

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