EPISODE · Jul 21, 2026 · 25 MIN
Isabel: "Qué vergüenza pasé; me compré una peluca para una fiesta y mi marido quería subir en los coches de choque. Imagínate el final"
from RSS - Audios de COPE
El programa 'Herrera en COPE', conducido por Alberto Herrera, ha vuelto a dejar una colección de momentos memorables en su sección 'La Hora de los Fósforos'. En esta ocasión, el comunicador invitó a los oyentes a compartir sus peores desastres de vestuario, y las anécdotas no defraudaron, destacando la de una mujer que perdió su peluca en los coches de choque.La protagonista de la historia más comentada ha sido Isabel, una oyente que vive en Barcelona pero es originaria de un pueblo de Badajoz. Su relato transportó a la audiencia a las fiestas de su pueblo, un 15 de agosto durante los años 60 o 70, una época en la que, según contó, "se llevaba mucho lo que era la peluca".Isabel se compró una y, desoyendo los consejos de su hermana que le aseguraba que tenía "el pelo bien", decidió ponérsela "con horquillas" a su manera para ir a la fiesta por la noche. El giro inesperado llegó cuando su marido le propuso subir a los coches de choque, un plan que acabaría en un momento de "tierra, trágame".En mitad de la atracción, la peluca salió volando, provocando las risas de todos los presentes. "No vea la vergüenza que pasamos, que todo el mundo riéndose", ha explicado Isabel. Su marido fue quien recuperó el postizo entre los coches y ella, tras bajar, se la volvió a colocar. "Menos mal que el pelo no lo tenía tan mal y, bueno, pude pasar", ha añadido.El recuerdo sigue tan vivo que Isabel está convencida de que sus paisanos se acordarán. "Si alguien me oye, se debe de acordar de lo que pasó en aquellos momentos", ha concluido, dejando una de las anécdotas más divertidas de la jornada.El de Isabel no fue el único desastre capilar. Un colaborador del programa ha recordado la bochornosa situación que vivió un hombre en un bar cuando el camarero se llevó su peluquín enganchado en los botones de la manga. El señor, avergonzado, "cogió el peluquín y se fue solo", sin despedirse de su acompañante.Por su parte, Álvaro ha contado cómo se cargó medio bigote con la maquinilla mientras se arreglaba para una boda. Desesperado y negándose a ir, su mujer le sugirió una solución improvisada. "Cogí un lápiz de eso de los ojos de las mujeres, me lo maquillé un poquito", ha confesado, aunque no pudo evitar que los invitados notaran que "faltaba medio bigote".A Norberto casi le cuesta un puesto de trabajo. Tras una entrevista en la que le confirmaron que empezaba al día siguiente, decidió cortarse su larga melena. Al presentarse con el pelo corto, sus jefes no le reconocieron: "Es que no te conocíamos, con el pelo así, tan cortito".Los zapatos también han sido fuente de grandes disgustos. Mercedes, de Huelva, se preparaba para la boda de su hermano con unos zapatos guardados para ocasiones especiales. Una tira se rompió y su hermano se la grapó con una grapadora de carpintería. La solución no duró mucho: al subir los tres escalones del altar para leer las peticiones, "se me parten los 2 zapatos". Acabó descalza en la sacristía y saliendo así en todas las fotos, aunque "en todas salía empinada y no se me veían ni los pies".A María José le ocurrió algo similar al dar el pregón de la Semana Santa de Albacete. De los nervios, "se me hicieron los pies pequeños" y los zapatos se le quedaron "abajo" al subir las escaleras del escenario. También Marisa ha protagonizado un despiste memorable al salir a la calle en San Lorenzo de El Escorial con "un zapato de tacón negro y un corinto bajo" sin darse cuenta.Las bodas parecen ser un escenario propicio para estos incidentes. Pilar ha relatado cómo el día de su propia boda, una amiga le advirtió de que tenía un descosido de unos 15 centímetros en el lateral del vestido. Pese a la vergüenza inicial, decidió "bailar normalmente y pasara lo que pasara".El caso de José Luis y su mujer en la boda de un amigo en el santuario de Nuestra Señora de la Cabeza fue especialmente cómico. A su mujer se le cayó el cancán del vestido y, para arreglarlo, se escondieron en la iglesia ya vacía. La escena, con él subiéndole la falda, fue presenciada por el sacerdote, que "bajó la mirada y se lió a apagar las velas" pensando que estaban haciendo "algo". Por si fuera poco, al llegar al convite, a ella se le rompió una sandalia de 300 euros.La colección de catastróficas desdichas estilísticas se completó con pantalones puestos del revés, bikinis que se dan la vuelta en la piscina o que directamente desaparecen por el revolcón de una ola, demostrando que nadie está a salvo de un mal día con su look.
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Los oyentes de 'Herrera en COPE' relatan sus peores desastres estilísticos, desde postizos voladores a zapatos que se desintegran en el momento más inoportuno Peluquines y otros desastres capilares Cuando los zapatos te abandonan Bodas y eventos de alto riesgo
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Isabel: "Qué vergüenza pasé; me compré una peluca para una fiesta y mi marido quería subir en los coches de choque. Imagínate el final"
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