EPISODE · Jan 23, 2014 · 5 MIN
"EL LOBO DE WALL STREET" (2013): Drogas, sexo y ... pasta!
from MAGNUM 44 Canal Harry Callahan Good Morning Vietna
“El lobo de Wall Street” es una película machista, misógina y larga, muy larga, en la que, pese a sus tres horas, no se explica bien en que consistieron las estafas que perpetró su protagonista. Como tampoco presta demasiada atención a cómo la Justicia le echa el guante. Está llena de excesos, de dislates y de glorificación de los mismos. Es hasta inmoral, dicen algunos. Pero, amigos míos, pese a todo, es una auténtica gozada. La clave, el tipo que la dirige. Un setentón que filma con el nervio de un niñato que sabe de cine lo que nadie conseguiría aprender en varias vidas. Martín Scorsese, un autor con todas las letras que exprime hasta la última gota los recursos que el lenguaje fílmico le brinda, para parir espectáculos como esta hagiografía descarada de un jodido pecador. Un putero, avaricioso, egoísta, drogadicto y delincuente que encarna en sí la quinta esencia de virtudes del capitalismo más depredador. No es un secreto la fascinación que siente el realizador de Queens por los fuera de la Ley. Los que hacen lo que les da la gana, da igual a costa de qué o de quién. Los que desprecian las reglas. Los que se mofan de ellas. Al malote de Marty le encanta contar su auge y caída. De hecho, este filme no es más que una relectura de “Uno de los nuestros”, con gángsters, eso sí, de cuello blanco. El personaje de Di Caprio es una especia de sosias del que encarnase Ray Liotta. Sus trayectorias y desenlaces van paralelos, aunque sus universos son diferentes. Y sí, hay algo de moraleja. Soltada con muy mala baba y amargura. El epílogo de la cinta es buen ejemplo. Pero se me antoja una imposición para que no te pongan la cara colorada. Pues con lo que se lo ha pasado pipa el realizador de “Casino” es contando el lado más pecaminoso y tentador del sueño americano: el salvaje, el orgiástico, el que no tiene límites, el que hace salivar incluso al más virtuoso, ese que apela a las más bajas pasiones humanas. Y es que, en realidad, “El lobo de Wall Street” por mucha metalectura trascendental que se quiera hacer, por mucha disección sociológica y retrato histórico que se le quiera atribuir, por muy cojonudamente dirigida, interpretada y filmada que esté, no es más que un muy disfrutable desparrame, el velado capricho de alguien a quien nunca llamarían para rodar una de juergas, colegas y despelotes, pero que en el fondo, muy en el fondo, se moría de ganas por hacer.
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