EPISODE · Jul 19, 2019 · 15 MIN
Entr. Franck Hanselman Director de la gira Totem del Cirque du Soleil
from Canarias matinal-magazine
Gran Canaria se rinde ante 'Totem' espectáculo que subió el telón el pasado 5 de julio en su emblemática carpa instalada en la explanada frente al Palacio de ExpoMeloneras, en Maspalomas, donde permanecerá hasta el próximo 22 de septiembre con nueve funciones a la semana. Un montaje frenético Desde esa chispa inicial del hombre de cristal, Totem es pura electricidad. Un inicio frenético, arrebatador, marca el pulso de un montaje que combina, a través de 17 escenas, los espectaculares números acrobáticos y circenses, la vertiente más conocida -y elogiada- del Circo del Sol, con una vis cómica que explota mejor que nadie el payaso ucraniano Mikhail (Misha) Usov, marinero cariacontecido que lo mismo hace música con unos cazos repartidos por todo el cuerpo y una pelota de ping-pong que magia para convertir una bolsa de plástico en un cisne. El hombre de cristal. El clown ejerce de hilo conductor junto a su contrapunto, el escuálido e histriónico Valentino, personaje interpretado por el estadounidense Jon Monastero, un playboy italiano que trata de encandilar a una espectadora. Y es que Totem incorpora en su narrativa el juego de la seducción unido a la idea de la perpetuación de la especie. Un concepto que recorre de forma transversal el montaje a lo largo de numerosas escenas, desde el ejercicio de anillas en la que un trío de artistas (dos hombres y una mujer) vuela sobre el escenario con música de Bollywood a través de torsiones y tensiones asombrosas, de esas de aguantar todo el peso del cuerpo con una sola mano, hasta el dúo de trapecistas que se funde en un tierno abrazo después de encoger los corazones de los espectadores en un salto sin red en medio del cortejo. También subyace en el número en el que un malabarista vestido de torero hace bailar por bulerías un diábolo en medio de un tablao flamenco antes de marcharse con una mujer con peineta, o en la escena culmen del espectáculo, en la que una pareja de patinadores caracterizados como indios navajos, Denise y Massimo, compañeros sentimentales también en la vida, danzan piruetas a velocidad de vértigo en una ceremonia sobre una pequeña plataforma en forma de tambor. Dúo de trapecistas. Totem es un viaje por el tiempo y las civilizaciones que no atiende a un orden cronológico. El espectador se sumerge en China y en otoño de la mano de cinco malabaristas que, subidas a monocicletas y vestidas con los colores de la cosecha, consiguen el más difícil todavía, que (casi) ningún cuenco se caiga después de lanzarlos desde sus pies a sus propias cabezas o a las de sus compañeras, en una coreografía circular en la que el público celebra la enmienda de los (escasos) errores cometidos como si de una victoria se tratara. Las civilizaciones perdidas de América del Sur sirven de inspiración para el vestuario de la decena de artistas que saltan sobre las barras rusas para representar el anhelo de volar de la humanidad y las tribus amerindias, para el número de danza de aros que pretende simbolizar la eternidad. Entre medias, el montaje de Lepage homenajea a Stanley Kubrick y su 2001: Odisea en el Espacio con un guiño a su memorable escena del mono y los huesos, en esta ocasión representada por criaturas simiescas que desnudan y abandonan en la selva al moderno hombre de negocios con maletín y enganchado al teléfono móvil. Y también concede espacio a la ciencia y al descubrimiento de la electricidad, a través de un número de malabares con bolas fluorescentes de colores que dibujan trayectorias elípticas dentro de un gigante embudo transparente.
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Entr. Franck Hanselman Director de la gira Totem del Cirque du Soleil
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