Episodio 1: Los orígenes de la aljama: De la Tvriaso romana a la “Edad de Oro” episode artwork

EPISODE · Dec 17, 2025 · 12 MIN

Episodio 1: Los orígenes de la aljama: De la Tvriaso romana a la “Edad de Oro”

from Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria

Judería medieval de Tarazona: Historia y memoria hispano judía Episodio 1: Los orígenes de la aljama: De la Tvriaso romana a la “Edad de Oro” Sol de Almalí: Shalom. Mi nombre es Sol de Almalí, y mi voz os llega desde el siglo XIV, desde las bulliciosas calles de la judería de Tarazona. A través de mis palabras, os invito a un viaje en el tiempo, a redescubrir la historia y la memoria de mi pueblo, los judíos de Sefarad, en esta tierra que tanto amamos. En esta serie de encuentros, pasearemos por las estrechas rúas de nuestra aljama, escucharemos el eco de nuestras plegarias en la sinagoga, compartiremos el aroma del pan recién horneado en nuestros hornos y reviviremos los tiempos de esplendor y también los de tribulación. Porque la historia de la judería de Tarazona es una historia de vida, de fe, de trabajo y de convivencia. En este primer episodio, desandaremos el camino hasta los orígenes de nuestra comunidad. ¿Cuándo llegaron los primeros judíos a estas tierras? ¿Cómo se forjó la aljama que llegó a ser una de las más importantes del Reino de Aragón? Acompañadme, y desvelemos juntos los secretos de nuestros antepasados. Sol de Almalí: Nuestra historia en Tarazona se hunde en la noche de los tiempos. Algunos sabios sugieren que ya en la Tvriaso romana, la ciudad que precedió a la que yo conozco, hubo presencia judía. Pequeños grupos de comerciantes, quizás, que recorrían las calzadas del Imperio llevando sedas, especias y conocimientos de tierras lejanas. E incluso durante el dominio visigodo, cuando la ciudad se convirtió en un enclave defensivo contra vascones, astures y cántabros, se cree que una pequeña comunidad hebrea ya habitaba entre sus muros. Esta nueva situación, la lejanía relativa de las zonas en conflicto y la utilización del enclave como base de aprovisionamiento de las tropas acantonadas en invierno, operó un influjo positivo sobre nuestros antepasados. La condición episcopal de la ciudad y la restauración del flujo comercial permitieron que floreciera la vida judía. De hecho, sabemos que al declinar el siglo VI y comenzar el VII, se acuñaba moneda áurea en Tarazona, señal inequívoca de prosperidad. Pero es con la llegada de los musulmanes cuando nuestra presencia se hace más notable y documentada. Tarazona floreció como un importante centro mercantil bajo el dominio islámico, y con ella, nuestra comunidad. Los judíos, como pueblo del Libro, gozábamos de cierta protección bajo el estatuto de dhimmíes, lo que nos permitió dedicarnos al comercio, la medicina, la traducción y las finanzas. Sin embargo, la fundación de la vecina Tudela, en una posición más estratégica sobre el río Ebro, atrajo a muchas de nuestras familias, que se trasladaron a tierras navarras en busca de nuevas oportunidades. Tudela se convertiría en una de las juderías más importantes de la península, pero Tarazona nunca perdió su relevancia. De hecho, cuando el célebre rabino Benjamín bar Jonás de Tudela emprendió su periplo euroasiático a finales del año 1165, fijando su primera singladura en Zaragoza tras descender por el río Ebro, la aljama de Tarazona ya era una realidad. Sol de Almalí: El verdadero punto de inflexión en nuestra historia llegó con la conquista cristiana. En el año 1119, las tropas del rey Alfonso I de Aragón, conocido como el Batallador, tomaron la ciudad tras su campaña de reconquista del valle del Ebro. Para nosotros, los judíos de Tarazona, se abría un nuevo capítulo, lleno de incertidumbre, pero también de esperanza. El rey Alfonso, consciente de la importancia de repoblar y asegurar el territorio recién conquistado, nos otorgó fueros y privilegios. Necesitaba de nuestras habilidades como comerciantes, artesanos, médicos y administradores para hacer prosperar la ciudad. En el año 1123, apenas cuatro años después de la conquista, el monarca donó al obispo de Tarazona los derechos tributarios y mercantiles sobre nuestra comunidad. Este acto tuvo consecuencias profundas para nuestro futuro. Desde entonces, la figura del obispo tendría un papel fundamental en nuestras vidas, actuando a veces como protector, otras como vigilante, y en ocasiones como árbitro en nuestros conflictos internos. Esta relación con el poder episcopal marcaría el devenir de la aljama durante los siglos venideros. Fue así como nació oficialmente la aljama de Tarazona, nuestra comunidad organizada, con sus propias leyes basadas en la Torá y el Talmud, sus propios jueces o dayyanim, y sus propios representantes ante las autoridades cristianas. Una aljama que, con el tiempo, se convertiría en un faro para las comunidades judías de la región, como Borja, Magallón, Mallén y, de manera más efímera, Torrellas. Con estas comunidades vecinas, tejimos intensos vínculos familiares e intereses socioeconómicos. Los matrimonios entre familias de distintas aljamas eran frecuentes, y los negocios se extendían por toda la comarca. Éramos, en definitiva, una red de solidaridad y apoyo mutuo que trascendía las fronteras de cada judería. Sol de Almalí: El siglo XIII fue para nosotros una verdadera "Edad de Oro". Un tiempo de fulgor, de crecimiento y de esplendor que aún hoy recordamos con orgullo y nostalgia. Tarazona, situada como ciudad fronteriza entre los reinos de Aragón, Castilla y Navarra, era un hervidero de actividad comercial y política. Y nosotros, los judíos, desempeñamos un papel crucial en su desarrollo y prosperidad. Nuestras familias, cuyos apellidos aún resuenan en mi memoria, como los Abenabez, los Abenpesat, los de la Caballería, los Almalí, mi propio linaje, se dedicaban a múltiples actividades. Había entre nosotros comerciantes que traían paños de Flandes y especias de Oriente, artesanos que trabajaban el cuero y los metales, médicos que curaban tanto a cristianos como a judíos y musulmanes, y sí, también prestamistas, una actividad que nos era permitida por la ley cristiana y que resultó fundamental para la economía del reino. El préstamo con interés, prohibido entre cristianos por la Iglesia pero permitido a los judíos, nos convirtió en financieros indispensables. Financiamos las empresas de reyes y nobles, las campañas militares, la construcción de castillos y catedrales. Contribuimos con nuestros impuestos al sostenimiento de la Corona, y a cambio, recibíamos protección real. En esta época de florecimiento, surgieron figuras que marcaron nuestra historia para siempre. Hombres como Mosé de Portella, o Muça, como gustaba firmar en los documentos de la Real Cancillería, un personaje de una talla política inmensa. Nacido en nuestra ciudad, llegó a ser baile y merino de Tarazona, y a controlar gran parte de las finanzas del reino de Aragón durante los reinados de Jaime I el Conquistador y Pedro III el Grande. La familia Portella representa el arquetipo del judío cortesano de la época. Gracias a una inteligente inversión de sus recursos en el tráfico lanero y cerealístico, el préstamo y el arrendamiento de las rentas reales, Mosé comenzó su andadura política en 1273, cuando ostentaba el cargo de alcaide y baile de nuestra aljama. Su fortuna era tal que en 1267 obtuvo un privilegio que limitaba la contribución de su estirpe a un máximo de un quinto de los impuestos comunitarios, una cifra extraordinaria que da cuenta de su riqueza. A comienzos de 1276, su influencia se extendió al reino de Valencia, donde fue baile de Morella, Onda, Peñíscola, Sagunto, Segorbe y Villarreal. En el trienio de 1279 a 1281, rigió las merindades de Tarazona, Ejea y Jaca, así como la bailía de Sariñena. No sólo se ocupó de la recaudación de impuestos y de la consolidación de las fortificaciones fronterizas con Castilla y Navarra, sino que se implicó en la administración de rentas episcopales y nobiliarias. Tres años antes de que las Cortes de 1286 exigieran al soberano su destitución del cargo, su influencia se extendía por todo Aragón. Pero como sucede a menudo con quienes alcanzan las cumbres del poder, su caída fue estrepitosa. Mosé de Portella fue asesinado en circunstancias que aún hoy no están del todo esclarecidas, en los turbulentos tiempos de la Unión. Su fortuna fue confiscada por el rey Alfonso III para contribuir parcialmente a los gastos de la conquista de Menorca. Sin embargo, un acuerdo posterior permitió a su familia recuperar parte de su patrimonio, con el compromiso de trasladar su residencia a Borja o poblaciones aledañas. De hecho, su hermano Ismael desempeñó tareas de recaudación de impuestos hasta 1289, y fue administrador privado del infante don Pedro, así como rab de los judíos de Aragón con Jaime II. Cuando los Portella perdieron su influencia en la Administración, se mudaron al vecino reino de Navarra, aunque el linaje nunca se extinguió definitivamente en la ciudad. Con posterioridad, este apellido aparecería en puntos tan dispares como Daroca, Uncastillo y Albarracín. (Sonido de plumas escribiendo sobre pergamino, murmullo de voces en hebreo y latín, pasar de páginas) Sol de Almalí: Pero nuestro esplendor no fue solo económico o político. Tarazona se convirtió también en un centro de cultura y saber, un lugar donde el conocimiento fluía entre las tres culturas que convivían en la península: la cristiana, la judía y la musulmana. En nuestra ciudad floreció una importante escuela de traductores, donde sabios judíos, en colaboración con eruditos cristianos y musulmanes, vertieron al latín y al romance las grandes obras de la ciencia y la filosofía árabes y hebreas. Obras de medicina, astronomía, matemáticas y filosofía que habían sido preservadas y enriquecidas por los sabios de Al-Ándalus, y que ahora se transmitían a la Europa cristiana. Este fue un puente de conocimiento entre Oriente y Occidente, del que aún hoy perduran algunos testimonios en los archivos de la catedral de Tarazona. Manuscritos bíblicos en hebreo, tratados médicos, obras de filosofía. Cada página es un testimonio de aquella época en que el saber no conocía fronteras de religión. Entre los personajes eximios que acogió nuestra ciudad, destaca Shem Tov ben Isaac Shaprut, físico y talmudista de Tudela, que fue recibido en Tarazona tras la polémica que mantuvo con el futuro papa Benedicto XIII. Shem Tov era un hombre de vasta erudición, conocedor de la medicina, la filosofía y la teología, y su presencia entre nosotros elevó aún más el prestigio intelectual de nuestra aljama. Nuestra aljama, en el último tercio del siglo XIII, ya figuraba entre las más importantes del reino de Aragón. De las aproximadamente veinte comunidades de realengo que existían en el reino, Tarazona se situaba entre las principales. Pagábamos un 3% del impuesto ordinario y un 2% de los subsidios extraordinarios, una cifra que demuestra nuestro peso demográfico y económico. Para que os hagáis una idea, la comunidad mudéjar local abonaba la mitad en ambos conceptos. Éramos una comunidad viva, orgullosa de su fe y de su cultura, que contribuía activamente a la prosperidad de Tarazona. Nuestras casas se apiñaban en el barrio de la judería vieja, en torno a la sinagoga, nuestro centro espiritual y comunitario. Allí celebrábamos nuestras festividades, educábamos a nuestros hijos en la Torá, y resolvíamos nuestros conflictos según la ley judía. La vida en la judería era intensa y rica. Cada día, al amanecer, los hombres acudían a la sinagoga para las oraciones matutinas. Las mujeres se ocupaban de las tareas del hogar, preparando las comidas según las leyes de la kashrut, las normas dietéticas judías. Los niños asistían a la escuela, donde aprendían hebreo, arameo y los textos sagrados. Y los artesanos abrían sus talleres, llenando las calles de sonidos y olores: el martilleo de los herreros, el olor del cuero curtido, el aroma del pan horneado. Pero como toda edad dorada, esta también tuvo su ocaso. Tras la caída en desgracia de los Portella, la situación de la aljama empeoró. Debieron adoptarse medidas estabilizadoras, incluidas condonaciones fiscales parciales, para frenar la crisis financiera y el descontento social. La gestión interna de la aljama fue sometida a un férreo control, lo que no logró frenar la emigración de algunas familias hacia Castilla y Navarra. A todo ello se añadieron las amenazas de invasión provenientes de la guerra con Francia. Y sin embargo, a pesar de estas dificultades, nuestra comunidad perseveró. Porque somos un pueblo acostumbrado a las adversidades, un pueblo que ha aprendido a sobrevivir y a mantener viva su fe y su cultura en las circunstancias más difíciles. Y así lo hicimos en Tarazona, adaptándonos a los nuevos tiempos, reorganizando nuestras instituciones, y manteniendo siempre la esperanza en un futuro mejor. Sol de Almalí: Hemos llegado al final de nuestro primer viaje por la memoria de la judería de Tarazona. Hemos desenterrado las raíces de nuestra aljama, desde los inciertos tiempos de la Tvriaso romana, pasando por el dominio visigodo y musulmán, hasta la deslumbrante "Edad de Oro" del siglo XIII bajo los reyes de Aragón. Hemos visto cómo, a base de trabajo, de fe, de inteligencia y de un profundo sentido de comunidad, nuestros antepasados echaron los cimientos de una de las juderías más prósperas de Aragón. Hemos conocido a personajes extraordinarios como Mosé de Portella, cuya vida resume las grandezas y miserias de la condición judía en la Edad Media: el ascenso vertiginoso, la influencia política, y la caída trágica. Hemos descubierto que Tarazona no fue solo un centro económico, sino también un faro de cultura y conocimiento, donde judíos, cristianos y musulmanes colaboraron en la traducción y transmisión del saber antiguo. Pero la historia, como la vida, está llena de altibajos. Y tras el fulgor, llegarían también los tiempos de tribulación. La Peste Negra, las guerras, las persecuciones, la Inquisición y, finalmente, el destierro. Pero esas son historias que contaremos en los próximos episodios. En nuestro próximo encuentro, nos adentraremos más profundamente en la vida de Mosé de Portella y su familia. Descubriremos los detalles de su increíble ascenso al poder, su influencia en la corte del rey Pedro el Grande, las intrigas que rodearon su trágico final, y el legado que dejó a nuestra comunidad. Os espero en la próxima luna, aquí, en la judería de Tarazona, donde las piedras susurran historias a quienes saben escucharlas. Donde cada rincón guarda la memoria de un pueblo que amó esta tierra, que trabajó por su prosperidad, y que nunca olvidó sus raíces. Shalom, y que la paz os acompañe hasta nuestro próximo encuentro. (La música sube de volumen y finaliza el episodio) Narradora: Sol de Almalí, personaje real siglo XIV. Dirección y producción: Javier Bona Zhakor

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