EPISODE · Jul 2, 2020 · 49 MIN
Esta paz, ni el Dalai la tiene
from unaVidaReformada · host samuel hernández clemente
En el tema de la paz, muchas veces se piensa emocionalmente, en términos de lo que sentimos. Mucha gente reduce la paz a una sensación, a una experiencia - hablan de la paz como si fuera un asunto de “equilibrio” personal, buscando un mero “desahogo” de malas vibras. Y es así como encontramos muchas “recetas” para la paz, desde técnicas de respiración y relajación, pasando por todas las “terapias” habidas y por haber - aromaterapia, musicoterapia, risoterapia – incluidos recursos como la práctica del yoga o masajes relajantes, hasta toda clase de hierbas para prepararnos un te y diversos remedios caseros. ¿Funciona? Bueno, un masajito y un buen tecito a nadie le cae mal, pero si fuera tan sencillo, esta no sería la generación que consume más antidepresivos y ansiolíticos en la historia – si fuera tan fácil, no veríamos que se incrementa el índice de quienes padecen estés y ansiedad, así como el número de personas que se suicidan porque ya no encontraron más alivio. Sólo en Jesucristo se encuentra la paz, la de verdad – no la que se esfuma cuando se acaba el dinero, no la que desaparece cuanto terminan las vacaciones; no la falsificación de paz que languidece cuando pasa el efecto de los calmantes - sino la verdadera paz; aquella con la que podemos irnos a la cama cada noche confesando “en paz me acostaré y así mismo dormiré” y vivir sin estar afanosos ni ansiosos por qué comeremos o qué vestiremos. Hablamos de aquella paz con que los cristianos del primer siglo podían mantenerse en pie en el coliseo romano, sabiendo que en breve soltarían a las fieras y serían devorados sólo por su fe en Cristo, pero llenos de esperanza y en la certeza de que el Dios de paz les había dado la victoria. La paz de Dios en Cristo Jesús ha venido a solucionar el caos interior en que alguna vez se encontraron los hoy redimidos. Es en esa paz que se pueden soportar las más duras aflicciones con valor y esperanza - y es esa misma paz la que debemos promover en nuestro entorno, dando testimonio de que nuestra norma de vida es muy diferente a la corriente del mundo y a las obras de la carne – ira, enojo, gritería, pleitos, contiendas, celos, disputas necias, envidias, homicidios, contiendas, engaños, malignidades, murmuración, chisme, injurias, traiciones – todo esto proviene de una sola fuente: la ruptura de la PAZ. Como hijos de Dios: 1) Somos perdonados por un Dios de PAZ 2) Somos portadores de la PAZ que viene de Dios Como constructores de paz: 3) Somos procuradores de la PAZ que desea Cristo 4) Somos predicadores del Evangelio de PAZ Cristo vino al mundo a restablecer la paz; reconciliándonos con el Padre, a quien traicionamos. Llenándonos con su Espíritu de manera que podamos vivir en piedad, contentamiento, esperanza y gozo – y convirtiéndonos en embajadores de su reino de paz y predicadores de su mensaje de RECONCILIACIÓN. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5:9)
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