EPISODE · May 3, 2026 · 9 MIN
Evangelio Diario V Domingo de Pascua 3 de Mayo Mons Enrique Diaz Diaz
from El podcast de #DeDosEnDos · host DeDosEnDos Comunidad Digital De Evangelizacion
V Domingo de Pascua Hechos de los Apóstoles 6, 1-7: “Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo” Salmo 32: “El Señor cuida de aquellos que le temen” I Pedro 2, 4-9: “Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real” San Juan 14, 1-12: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” En este día que se entrecruzan la fiesta de la Santa Cruz y la celebración del 5º domingo de Pascua, se nos presenta el Señor Resucitado como el único camino. Hay quienes quisieran siempre un camino claro, fácil y directo, y cuando aparecen las dificultades y la oscuridad, les cuesta mucho trabajo descubrir el rostro de Dios en nuestras vidas y en las personas. En las crisis de la Iglesia muchos creyentes no tienen la luz suficiente para descubrir detrás de los rostros desfigurados de los hombres, el rostro amoroso, fiel y cercano de Dios. Con frecuencia una crisis se transforma en una desbandada y la huida de discípulos como aconteció desde los primeros días. La liturgia de este domingo nos centra en una Iglesia muy humana, con sus problemas, deficiencias y limitaciones, pero buscando construirse y sostenerse en Cristo. El libro de los Hechos venía presentando a las primeras comunidades de una forma idealizada: con un solo corazón, una sola alma, compartiendo y viviendo en un idilio que al contrastarlo con nuestras propias comunidades nos producía un cierto desencanto. Las primeras comunidades también sufren estas mismas limitaciones y hoy en la primera lectura se nos muestra un pequeño ejemplo de lo que sucede en ella: hay divisiones a causa de preferencias, de mejores atenciones a unos que a otros y, en el fondo, la división de dos grupos: los helenistas y los judaizantes, que no acaban de aceptarse. Pero en la oscuridad siempre aparece un rayo de luz. En la oscuridad brilla más la luz. Al mostrarse estas divisiones, también nos muestran la forma en que resuelven el problema. La solución no es ni callarse, ni aguantarse, no aporta solución quien solamente critica o se separa del grupo. La solución es aportar luz a esas dificultades y resolverlas teniendo muy en cuenta a cada una de las personas. Las crisis y dificultades también son oportunidades para nuevas expectativas. Así, de la fuerte división y los cuestionamientos, nacen “los diáconos” como una expresión de servicio y de unidad. Buscando priorizar las necesidades, a ellos se les encomienda el servicio de las mesas, pero no se les excluye, como lo comprobamos en las narraciones posteriores, de la predicación de la Palabra. De una grave dificultad brotó una gran riqueza: los diáconos como expresión de servicio y atención a los más necesitados. La Iglesia actualmente también reflexiona en búsqueda de nuevas formas para ser servidora y el diaconado permanente es una bella expresión del servicio que puede ayudar en las situaciones de frontera y dificultad. Es una gran riqueza en muchas de nuestras diócesis pues aportan ese servicio desinteresado, más cercano a las familias y llegan a ambientes y situaciones que otros agentes no han podido acercarse. Los diáconos no sólo son una solución a la escasez de sacerdotes, son una expresión de la Iglesia que a ejemplo de Jesús quiere ser servidora. Cuando contemplamos las deficiencias humanas tendemos a desalentarnos, a alejarnos y a quedarnos en la distancia, San Pedro nos propone todo lo contrario: “Ustedes son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo... por medio de Jesucristo”. Amén.
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V Domingo de Pascua Hechos de los Apóstoles 6, 1-7: “Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo” Salmo 32: “El Señor cuida de aquellos que le temen” I Pedro 2, 4-9: “Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real” San Juan 14, 1-12: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” En este día que se entrecruzan la fiesta de la Santa Cruz y la celebración del 5º domingo de Pascua, se nos presenta el Señor Resucitado como el único camino. Hay quienes quisieran siempre un camino claro, fácil y directo, y cuando aparecen las dificultades y la oscuridad, les cuesta mucho trabajo descubrir el rostro de Dios en nuestras vidas y en las personas. En las crisis de la Iglesia muchos creyentes no tienen la luz suficiente para descubrir detrás de los rostros desfigurados de los hombres, el rostro amoroso, fiel y cercano de Dios. Con frecuencia una crisis se transforma en una desbandada y la huida de discípulos como aconteció desde los primeros días. La liturgia de este domingo nos centra en una Iglesia muy humana, con sus problemas, deficiencias y limitaciones, pero buscando construirse y sostenerse en Cristo. El libro de los Hechos venía presentando a las primeras comunidades de una forma idealizada: con un solo corazón, una sola alma, compartiendo y viviendo en un idilio que al contrastarlo con nuestras propias comunidades nos producía un cierto desencanto. Las primeras comunidades también sufren estas mismas limitaciones y hoy en la primera lectura se nos muestra un pequeño ejemplo de lo que sucede en ella: hay divisiones a causa de preferencias, de mejores atenciones a unos que a otros y, en el fondo, la división de dos grupos: los helenistas y los judaizantes, que no acaban de aceptarse. Pero en la oscuridad siempre aparece un rayo de luz. En la oscuridad brilla más la luz. Al mostrarse estas divisiones, también nos muestran la forma en que resuelven el problema. La solución no es ni callarse, ni aguantarse, no aporta solución quien solamente critica o se separa del grupo. La solución es aportar luz a esas dificultades y resolverlas teniendo muy en cuenta a cada una de las personas. Las crisis y dificultades también son oportunidades para nuevas expectativas. Así, de la fuerte división y los cuestionamientos, nacen “los diáconos” como una expresión de servicio y de unidad. Buscando priorizar las necesidades, a ellos se les encomienda el servicio de las mesas, pero no se les excluye, como lo comprobamos en las narraciones posteriores, de la predicación de la Palabra. De una grave dificultad brotó una gran riqueza: los diáconos como expresión de servicio y atención a los más necesitados. La Iglesia actualmente también reflexiona en búsqueda de nuevas formas para ser servidora y el diaconado permanente es una bella expresión del servicio que puede ayudar en las situaciones de frontera y dificultad. Es una gran riqueza en muchas de nuestras diócesis pues aportan ese servicio desinteresado, más cercano a las familias y llegan a ambientes y situaciones que otros agentes no han podido acercarse. Los diáconos no sólo son una solución a la escasez de sacerdotes, son una expresión de la Iglesia que a ejemplo de Jesús quiere ser servidora. Cuando contemplamos las deficiencias humanas tendemos a desalentarnos, a alejarnos y a quedarnos en la distancia, San Pedro nos propone todo lo contrario: “Ustedes son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo... por medio de Jesucristo”. Amén.
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